EL PRIMER DOCUMENTO
Pero sucedió después de esto que Jesús se levantó de entre los muertos, y pasó once años hablando con sus discípulos y enseñándoles solamente hasta los Lugares del Primer precepto (Ley?), y hasta los Lugares del Primer Misterio, este que es el interior del velo que está dentro del Primer precepto, es decir, el vigésimo cuarto Misterio exterior y de abajo; estos (Lugares) que llegan a estar en el segundo Espacio del Primer Misterio, que está delante de todo misterio, el Padre en forma de paloma.
Jesús dice a sus discípulos: «Yo salí de aquel Primer Misterio, es decir, del Último Misterio, que es el vigésimo cuarto, y los discípulos no sabían ni comprendían que hubiera algo dentro de aquel Misterio; sino que pensaban de aquel Misterio que era la cabeza del Universo y la cabeza de todo lo que llega a existir.
Y pensaban que era la consumación de todas las consumaciones, porque Jesús les decía acerca de aquel Misterio que es aquello que rodea al Primer precepto con las cinco Marcas, y con la gran Luz, y con los cinco Ayudantes, y con todo el Tesoro de la Luz.
Y además Jesús no había dicho a sus discípulos toda la distribución de todos los Lugares del Gran Invisible, con las tres Potencias Triples, con los veinticuatro Invisibles, con todos sus Lugares, con sus Eones, con todos sus órdenes, tal como están distribuidos; es decir, las emanaciones del Gran Invisible, con sus No-engendrados, y con sus Autoengendrados, y con sus Engendrados, y con sus luminarias, y con sus No-emparejados, y con sus Gobernantes, con sus Autoridades, con sus Señores, con sus Arcángeles, con sus Ángeles, con sus Decanos, con sus Ministros, con todas las casas de sus Esferas, y con todos los órdenes de cada uno de ellos.
Y Jesús no había dicho a sus discípulos toda la distribución de las emanaciones del Tesoro, ni sus órdenes, tal como están distribuidos; tampoco les había dicho quiénes son sus Salvadores, según el orden de cada uno de ellos, tal como son. Tampoco les había dicho qué Guardián está en cada puerta del Tesoro de la Luz.
Tampoco les había dicho el Lugar del Salvador Gemelo, es decir, el hijo del hijo.
Y no les había dicho el Lugar de los tres Amén, en qué Lugar están distribuidos.
Y no les había dicho en qué Lugar están distribuidos los cinco Árboles, ni los otros siete Amén, es decir, las siete Voces, cuál es su Lugar según están distribuidas.
Y Jesús no había dicho a sus discípulos de qué clase son los cinco Ayudantes, ni en qué Lugar fueron llevados. Tampoco les había dicho de qué manera fue distribuida la gran Luz, ni en qué Lugar fue llevada.
Tampoco les había dicho las cinco Marcas, ni acerca del Primer precepto, en qué Lugar fue llevado.
Pero solamente hablaba con ellos de manera sencilla, enseñándoles que existen. Pero no les había dicho su distribución, con el orden de sus Lugares, tal como existen.
Por esto, en efecto, no sabían que hay otros Lugares que llegan a estar dentro de aquel Misterio.
Y no había dicho a sus discípulos de qué Lugar salí yo hasta que llegué a aquel Misterio, hasta que salí de él. Sino que solía decirles, enseñándoles: «Yo salí de aquel Misterio».
Por esto, pues, pensaban de aquel Misterio que era la consumación de todas las consumaciones; y que era la cabeza del Universo; y que era [4a] toda la Plenitud; porque Jesús solía decir a sus discípulos que aquel Misterio es aquello que rodea al Universo de todo lo que os he dicho desde el día en que os encontré hasta hoy.
Por esto, pues, los discípulos pensaban que no había nada que llegara a existir dentro de aquel Misterio.
Sucedió, por tanto, mientras los discípulos estaban sentados unos con otros en el monte de los Olivos, diciendo estas cosas y alegrándose con una alegría inmensa y estando muy contentos, y diciéndose unos a otros:
«Felices somos, más que todos los hombres que están sobre la tierra, porque el Salvador nos ha revelado estas cosas y hemos recibido la Plenitud con toda la consumación».
Mientras se decían estas cosas unos a otros, Jesús estaba sentado, un poco alejado de ellos.
Pero sucedió el día quince del mes de Tobe, es decir, el día en que la luna suele estar llena. Aquel día, pues, después de que el sol salió en su recorrido, salió detrás de él una gran potencia de luz que iluminaba enormemente, sin que hubiera medida para la luz que se produjo, porque salió de la Luz de las luces y salió del Último Misterio, es decir, del vigésimo cuarto Misterio, contando desde el interior hacia el exterior; estos Misterios que llegan a estar en el orden del segundo Espacio del Primer Misterio.
Pero aquella potencia de luz vino sobre Jesús y lo rodeó por completo, mientras él estaba sentado a cierta distancia de sus discípulos, y estaba iluminando enormemente, sin que hubiera medida para la luz que se producía.
Y los discípulos no podían ver a Jesús debido a la gran luz en la que estaba, o que procedía de él; porque sus ojos habían quedado oscurecidos por la gran luz en la que estaba.
Pero solamente veían la luz que proyectaba grandes rayos de luz.
Y los rayos de luz no eran iguales entre sí; y la luz era de diferentes clases, y era de diferentes tipos, extendiéndose desde abajo hasta arriba; una era más excelente que otra sucesivamente, en una gran gloria de luz inconmensurable, que se extendía desde abajo, sobre la tierra, hasta los cielos.
Y los discípulos, al ver aquella luz, sintieron un gran temor y una gran perturbación.
Sucedió, pues, que cuando la potencia de aquella luz vino sobre Jesús, lo rodeó completamente, poco a poco.
Entonces Jesús subió, o voló, hacia la Altura, habiendo iluminado enormemente con una luz para la cual no existe medida.
Y los discípulos lo observaban; ninguno de ellos hablaba hasta que él subió al cielo, pero todos permanecían en un gran silencio.
Estas cosas, pues, sucedieron el día quince de la luna, el día en que suele completarse el mes de Tobe.
Sucedió entonces que, después de que Jesús había entrado en el cielo, tres horas después todas las potencias de los cielos se agitaron, y todas temblaron unas contra otras, ellas con todos sus Eones, con todos sus Lugares y con todos sus órdenes; y toda la tierra se estremeció, junto con todos los que habitaban en ella.
Y todos los hombres que estaban en el Mundo se agitaron, junto con los discípulos, y todos pensaban que quizá el Mundo iba a ser enrollado.
Y no cesaron de agitarse todas las potencias que están en los cielos, ellas junto con todo el Mundo, y todas se movían unas contra otras desde las tres de la tarde del día quince de la luna de Tobe hasta las nueve del día siguiente.
Y todos los Ángeles con sus Arcángeles y con todas las Potencias de la Altura entonaban himnos hacia la parte interior de las partes interiores, de modo que toda la tierra escuchaba sus voces, sin cesar hasta las nueve del día siguiente.
Pero los discípulos estaban sentados unos con otros, llenos de temor, y estaban muy, muy perturbados, porque tenían miedo a causa del gran terremoto que estaba ocurriendo, y lloraban unos con otros, diciendo:
«¿Qué va a suceder entonces? Quizá el Salvador está a punto de trastornar todos los Lugares».
Esto, pues, se decían unos a otros mientras lloraban.
A la hora novena del día siguiente se abrieron los cielos, y vieron a Jesús descendiendo, iluminando enormemente, sin que hubiera medida para la luz en la que estaba, porque iluminaba más que en la hora en que había subido a los cielos.
De tal manera que no era posible para los hombres del mundo hablar de la luz que procedía de él; y proyectaba grandes rayos de luz, enormemente, sin que hubiera medida para sus rayos.
Y su luz no era igual a sí misma, sino que era de diferentes clases, y era de diferentes tipos; unas eran más excelentes que otras sucesivamente.
Y toda la luz era diferente en sí misma; estaba formada de tres maneras, y una era más excelente que otra.
La segunda, que estaba en el medio, era más excelente que la primera, que estaba abajo; y la tercera, que estaba por encima de todas ellas, era más excelente que las dos que estaban debajo.
Y el primer rayo, colocado por debajo de todos ellos, era del tipo de luz que había venido sobre Jesús antes de que subiera a los cielos, y era igual a ella solamente en su luz.
Y las tres luces eran de diferentes clases de luz, y eran de diferentes tipos; unas más excelentes que otras sucesivamente.
Pero sucedió que, al ver estas cosas, los discípulos tuvieron mucho miedo y se quedaron perturbados.
Entonces Jesús, el misericordioso y de corazón dulce, al ver que sus discípulos estaban muy perturbados, habló con ellos, diciendo:
«Tened confianza en vuestro corazón. Soy yo. No tengáis miedo».
Sucedió, por tanto, que los discípulos, al haber oído estas palabras, le dijeron: «Señor, si eres tú, retira de nosotros tu luz de gloria, para que podamos mantenernos en pie; de lo contrario, nuestros ojos quedan cegados, estamos turbados, y también todo el mundo ha quedado turbado a causa de la gran luz que procede de ti».
Entonces Jesús retiró de ellos la gloria de su luz. Y, cuando esto sucedió, todos los discípulos recobraron la confianza en su corazón; se acercaron a los pies de Jesús, se postraron todos a la vez y lo adoraron, llenos de una gran alegría.
Le dijeron: «Rabí, ¿adónde fuiste, o cuál fue la misión que realizaste, o por qué ocurrieron todas estas perturbaciones, con todos estos terremotos que sucedieron?».
Entonces Jesús, el misericordioso, les dijo: «Alegraos y regocijaos desde esta hora, porque he ido a los lugares de los que vine. Desde hoy, por tanto, en adelante, hablaré con vosotros con toda franqueza, desde el principio de la Verdad hasta su final; y hablaré con vosotros cara a cara, sin parábolas. Desde esta hora no os ocultaré nada de las cosas de lo Alto ni de las cosas del Lugar de la Verdad, porque me fue dada autoridad por el Inefable y por el Primer Misterio de todos los misterios para hablar con vosotros desde el principio hasta el Pleroma, y desde lo interior hasta lo exterior y desde lo exterior hasta lo interior.
»Escuchad, por tanto, para que pueda deciros todo.
»Sucedió que, mientras estaba sentado, algo alejado de vosotros, en el monte de los Olivos, pensando en la disposición de la misión que me habían enviado a realizar, y que ya estaba cumplida, el Último Misterio aún no me había enviado mi vestidura, es decir, el vigésimo cuarto misterio, contando desde lo interior hasta lo exterior, aquellos que llegan a existir en el segundo Espacio del Primer Misterio, en la disposición de aquel Espacio.
»Sucedió, por tanto, que, al saber que se había cumplido la misión por la que había venido, y que aquel Misterio todavía no me había enviado mi vestidura, permanecí en el lugar en el que la había dejado hasta que se cumpliera su tiempo.
»Mientras pensaba en estas cosas, sentado en el monte de los Olivos, algo alejado de vosotros, sucedió que salió el sol en los lugares donde nace. Después, por medio del Primer Misterio, aquel que existía desde el principio, aquel por cuya causa llegó a existir el Universo, aquel de quien yo también procedo ahora —no en el tiempo anterior a cuando me crucificaron, sino ahora—, sucedió, por mandato de aquel Misterio, que me envió mi vestidura de luz, la que me había dado desde el principio, la que dejé en el Último Misterio, es decir, el vigésimo cuarto misterio, contando desde lo interior hasta lo exterior, aquellos que llegan a existir en las disposiciones del segundo Espacio del Primer Misterio.
»Por tanto, aquella vestidura de luz que dejé en el Último Misterio, hasta que llegara el momento de ponérmela y comenzar a hablar con la humanidad y revelarles todo, desde el principio de la Verdad hasta su final, y hablar con ellos desde la parte interior de las partes interiores hasta la parte exterior de las partes exteriores, y desde la parte exterior de las partes exteriores hasta la parte interior de las partes interiores.
»Alegraos, por tanto, con alegría y aumentad vuestro regocijo, porque vosotros sois aquellos a quienes se les concedió que yo les hablara desde el principio de la Verdad hasta su final. Por eso os elegí desde el principio, por medio del Primer Misterio.
»Alegraos, por tanto, y regocijaos, porque cuando vine, saliendo al mundo desde el principio, traje conmigo doce poderes, tal como os dije desde el principio, que recibí de los doce Salvadores del Tesoro de la Luz, según el mandato del Primer Misterio.
»Estos fueron los poderes que arrojé en el vientre de vuestra madre cuando vine al mundo, los mismos que están hoy en vuestro cuerpo. Os dieron estos poderes por encima de todo el mundo, porque vosotros sois aquellos que salvaréis a todo el mundo; y para que pudierais resistir y soportar la amenaza de los Gobernantes del mundo, con las fatigas del mundo, con sus peligros y con sus persecuciones, todo lo cual los Gobernantes de lo Alto harán recaer sobre vosotros.
»Porque os dije muchas veces que el poder que existe dentro de vosotros, aquel que saqué de los doce Salvadores que están en el Tesoro de la Luz, es la razón de esto. Por eso os dije desde el principio que no sois del mundo; yo tampoco soy de él. Porque todo hombre que está en el mundo recibió su alma de los Gobernantes de los eones, pero el poder que existe en vosotros procede de mí.
»Pero vuestras almas están destinadas a lo Alto. Traje doce poderes de los doce Salvadores del Tesoro de la Luz, que tomé de la parte de mi poder, aquella que recibí al principio.
»Y cuando vine, al venir al mundo, entré en medio de los Gobernantes de la Esfera. Tenía la apariencia de Gabriel, el ángel de los eones, y los Gobernantes de los eones no me reconocieron. Pensaban que yo era Gabriel, el ángel.
»Sucedió, por tanto, que, habiendo llegado en medio de los Gobernantes de los eones, miré hacia abajo, hacia el mundo de la humanidad, por mandato del Primer Misterio. Encontré a Elisabet, la madre de Juan el Bautista, antes de que aquella mujer lo hubiera concebido. Sembré en ella un poder, el que había recibido del pequeño Iao, el bueno, aquel que está en el Medio, para que pudiera proclamar delante de nosotros, preparar mi camino y bautizar con agua para el perdón de los pecados.
»Aquel poder, por tanto, es el que llegó a estar en el cuerpo de Juan y también en el lugar del alma de los Gobernantes, destinado a recibirlo. Encontré el alma de Elías, el profeta, en los eones de la Esfera de los Gobernantes; la tomé y tomé también su alma y la llevé a la Virgen de la Luz. Ella se la entregó a sus Receptores, y ellos la llevaron a la Esfera de los Gobernantes y la arrojaron en el vientre de Elisabet.
»Por tanto, el poder del pequeño Iao, el que está en el Medio, y el alma de Elías, el profeta, son los que están unidos en el cuerpo de Juan el Bautista.
»Por eso dudasteis cuando os dije que Juan había dicho: “Yo no soy el Cristo”. Y vosotros me dijisteis: “Está escrito en la Escritura que, si viene el Cristo, Elías vendrá antes que él y preparará su camino”.
»Pero cuando me dijisteis estas cosas, yo os respondí: “En efecto, Elías ha venido y ha preparado todo, tal como está escrito, y le hicieron lo que quisieron hacerle”.
»Y cuando comprendí que no entendíais que os hablaba del alma de Elías, que está unida a Juan el Bautista, os respondí claramente, de frente: “Si estáis dispuestos a aceptarlo, Juan el Bautista es Elías, aquel de quien dije que vendría”».
Jesús añadió también estas palabras y dijo: «Sucedió, por tanto, que después de estas cosas, por mandato del Primer Misterio, miré también hacia el mundo de la humanidad. Encontré a María, a quien suelen llamar mi madre según el cuerpo material.
»También hablé con ella bajo la forma de Gabriel. Y, cuando ella se volvió hacia lo Alto, hacia mí, arrojé en ella el primer poder, el que había tomado de Barbelo, es decir, el cuerpo que llevo en lo Alto. Y, en el lugar del alma, arrojé en ella el poder que había tomado del gran Sabaot, el bueno, aquel que está en el Lugar de la Derecha.
»Y los doce poderes de los doce Salvadores del Tesoro de la Luz, los que había tomado de los doce Diáconos que están en el Medio, los arrojé en la Esfera de los Gobernantes. Y el Decano de los Gobernantes, junto con sus servidores, pensaron que eran almas de los Gobernantes y sus servidores las llevaron y las unieron al cuerpo de vuestra madre.
»Y cuando llegó vuestro momento, os dieron a luz en el mundo, sin que hubiera en vosotros ningún alma de los Gobernantes. Y recibisteis vuestra parte del poder, aquel que el último Auxiliar insufló en la Confusión, el poder que está mezclado con todos los Invisibles, con todos los Gobernantes, con todos los eones, una vez que quedó simplemente mezclado en el mundo de la corrupción, que es la Confusión.
»Este es el poder que saqué de mí desde el principio. Lo arrojé en el Primer Mandato, y el Primer Mandato arrojó una parte de él en la Gran Luz. Y la Gran Luz arrojó una parte de aquello que había recibido en los cinco Auxiliares. Y el último Auxiliar recibió una parte de aquello que había recibido y la arrojó en la Confusión. Y llegó a estar en todas las cosas que existen en la Confusión, tal como ya os he dicho».
Estas son, por tanto, las palabras que Jesús dijo a sus discípulos en el monte de los Olivos.
Jesús añadió también estas palabras a sus discípulos: «Alegraos y regocijaos, y aumentad vuestra alegría, porque se han cumplido los tiempos para que me ponga mi vestidura, la que había sido preparada para mí desde el principio, la que dejé en el Último Misterio hasta el momento de su cumplimiento.
»Pero el momento de su cumplimiento es el momento en que el Primer Misterio ordenará que yo hable con vosotros desde el principio de la Verdad hasta su final, y desde la parte interior [15b] de las partes interiores, porque por medio de vosotros el mundo será liberado.
»Alegraos, por tanto, y regocijaos, porque sois felices por encima de todos los hombres que están sobre la tierra, porque vosotros sois aquellos que liberaréis a todo el mundo».
Sucedió, por tanto, que, cuando Jesús terminó de decir estas palabras a sus discípulos, añadió también estas palabras y les dijo: «Mirad, pues: me he puesto mi vestidura, y el Primer Misterio me ha dado todas las autoridades.
»Aún queda un poco de tiempo, y os diré el misterio de Todo, junto con el Pleroma de Todo. Desde esta hora no os ocultaré nada, sino que, cuando llegue el cumplimiento, os completaré en todo Pleroma, en toda plenitud y en todo misterio; es decir, en la plenitud de todas las plenitudes, en el Pleroma de todos los Pleromas y en el conocimiento de todos los conocimientos, aquellos que existen en mi vestidura. Os diré todos los misterios, desde la parte exterior de las partes exteriores hasta la parte interior de las partes interiores.
»Sin embargo, escuchad para que os diga todo lo que me sucedió.
»Sucedió, pues, que cuando el sol salió en los lugares donde nace, descendió una gran fuerza de luz, y en ella estaba mi vestidura, la que dejé en el vigésimo cuarto Misterio, tal como os he dicho ahora.
»Y encontré un misterio en mi vestidura, escrito con la escritura de las cosas de lo Alto:
“Zama zama ozza rakhama ozai”.
»Su interpretación es:
“El misterio que está fuera del mundo, aquel por cuya causa llegó a existir el Universo. Este es el origen de toda salida y de toda retirada hacia lo Alto, aquel que distribuyó todas las distribuciones y todo lo que hay en ellas, y aquel por cuya causa llegó a existir todo misterio, junto con todos sus Lugares.
»“Ven hasta nosotros, porque somos miembros tuyos, pero todos nosotros estamos también contigo. Somos Uno de Uno, y tú eres Uno de Uno, es decir, el Primer Misterio que existió desde el principio en el Inefable, antes de que él saliera.
»“Y el nombre de aquel Uno somos todos nosotros.
»“Ahora, por tanto, todos nosotros juntos te esperamos en el Último Límite, es decir, el último misterio, contando desde lo interior. Él también es una parte de nosotros.
»“Ahora, por tanto, te hemos enviado tu vestidura, la que es verdaderamente tuya desde el principio, la que dejaste en el Último Límite, es decir, el Último Misterio, hasta que llegara su momento, según el mandato del Primer Misterio.
»“Mira: su momento se ha cumplido. Póntela.
»“Ven hasta nosotros; todos te esperamos para revestirte del Primer Misterio con toda su gloria, según su propio mandato.
»“El Primer Misterio nos lo ha dado para que te pongamos dos vestiduras, además de esta que te hemos enviado, porque eres digno de ellas, ya que tú eres aquel que nos precedió y que llegó a existir antes que nosotros”».
Por esta razón, el Primer Misterio te envió por medio de nosotros el misterio de toda su gloria, que consta de dos vestiduras. La primera contiene toda la gloria de los nombres de todos los misterios, junto con todas las emanaciones de los órdenes de los Espacios de lo Inefable. Y la segunda vestidura contiene toda la gloria de los nombres de todos los misterios, junto con todas las emanaciones que se producen en los órdenes de los dos Espacios del Primer Misterio.
Y esta vestidura que ahora te hemos enviado contiene la gloria del nombre del misterio del Heraldo, es decir, el Primer Mandamiento; y el misterio de las Cinco Marcas; y el misterio del gran Enviado de lo Inefable, es decir, la Gran Luz; junto con el misterio de los Cinco Guías, que son los Cinco Compañeros.
También se encuentra en esa vestidura la gloria del nombre de los misterios de todos los órdenes de las emanaciones del Tesoro de la Luz, junto con sus Salvadores; y con los órdenes de los órdenes, es decir, los Siete Amén; y los Siete Voces; y los Cinco Árboles; y los Tres Amén; y el Salvador Gemelo, es decir, el hijo del hijo; y con el misterio de los Nueve Guardianes de las Tres Puertas del Tesoro de la Luz.
También contiene toda la gloria del nombre de todos los que están a la Derecha, junto con todos los que se encuentran en el Medio. Y contiene asimismo toda la gloria del nombre del Gran Invisible, es decir, el Gran Antepasado; junto con los misterios de las Tres Potencias Triples; y con los misterios de todos sus Lugares; y con los misterios de todos sus Invisibles; junto con todos los que se encuentran en el Decimotercer Eón; y con el nombre de los Doce Eones y todos sus Gobernantes, sus Arcángeles y sus Ángeles, y con todos los que se encuentran en los Doce Eones.
También contiene todos los misterios de los nombres de todos los que se encuentran en el Destino, junto con todos los cielos; y todos los misterios de los nombres de todos los que se encuentran en la Esfera, junto con sus firmamentos, con todos los que están en ellos y con todos sus Lugares.
Mira, pues: te hemos enviado esa vestidura, que nadie conocía desde el Primer Mandamiento hacia abajo, porque la gloria de su luz estaba oculta en ella; y tampoco las Esferas ni todos los Lugares la conocían.
Apresúrate, por tanto, y ponte esta vestidura. Ven hasta nosotros, porque te estamos esperando, para que podamos colocarte tus dos vestiduras por mandato del Primer Misterio —estas que te corresponden desde el principio, junto con el Primer Misterio— hasta que se cumpla el tiempo establecido por lo Inefable.
Mira, pues: el tiempo ya se ha cumplido. Ven, por tanto, rápidamente hacia nosotros, para que podamos ponértelas y así completes todo el servicio destinado a la consumación del Primer Misterio, el servicio que ha sido establecido por lo Inefable.
Ven, pues, rápidamente hacia nosotros, para que podamos ponértelas según el mandato del Primer Misterio. Porque aún queda muy poco tiempo; es extremadamente breve. Tú subirás hacia nosotros y dejarás de estar en el Mundo.
Ven, por tanto, rápidamente, para que recibas toda tu gloria, que es la gloria del Primer Misterio.
Entonces sucedió que, al contemplar el misterio de todas estas palabras en la vestidura que él me había enviado, me la puse en aquel momento. Y mi luz aumentó enormemente, enormemente, y volé hacia lo Alto. Llegué a la puerta del firmamento, brillando con una luz inmensa, inmensa, sin medida para la luz que emanaba de mí.
Y las puertas del firmamento se estremecieron unas contra otras y todas se abrieron al mismo tiempo. Todos los Gobernantes, todas las Autoridades y todos los Ángeles que estaban allí se estremecieron juntos a causa de la gran luz que emanaba de mí.
Y contemplaron la vestidura de luz que llevaba puesta, que resplandecía. Vieron el misterio sobre el cual estaba escrito su nombre, y sintieron un temor inmenso. Todas sus ataduras se soltaron, aquellas con las que estaban ligados, y cada uno abandonó su propio orden.
Todos se postraron ante mi presencia y adoraron, diciendo:
«¿De qué manera ha pasado por nuestro dominio el Señor del Universo sin que nosotros lo supiéramos?»
Y todos juntos cantaron himnos hacia la parte interior de las partes interiores.
Pero ellos no me veían a mí; solo veían la luz. Y estaban llenos de un gran temor y profundamente perturbados, y cantaban himnos hacia la parte interior de las partes interiores.
Entonces abandoné aquel Lugar y subí hasta la Primera Esfera, resplandeciendo muchísimo más de lo que había resplandecido en el firmamento, cuarenta y nueve veces el doble de tiempo.
Y sucedió que, cuando llegué a la puerta de la Primera Esfera, sus puertas se estremecieron y se abrieron inmediatamente por sí mismas. Entré en las moradas de la Esfera, resplandeciendo enormemente, enormemente, sin medida para la luz que emanaba de mí.
Todos los Gobernantes, junto con todos los que se encontraban en aquella Esfera, se estremecieron. Vieron la gran luz que emanaba de mí y contemplaron mi vestidura. Vieron en ella el misterio de su propio nombre y se estremecieron, llenándose de gran temor, diciendo:
«¿Cómo ha pasado por nuestro dominio el Señor del Universo sin que nosotros lo supiéramos?»
Todas sus ataduras se soltaron, junto con sus Lugares y sus órdenes. Cada uno abandonó su propio orden.
Todos se postraron juntos y adoraron ante mi presencia, o ante la presencia de mi vestidura, y todos juntos cantaron himnos hacia la parte interior de las partes interiores, llenos de gran temor y profunda perturbación.
Entonces dejé aquel Lugar atrás y llegué hasta la puerta de la Segunda Esfera, es decir, el Destino.
Todas sus puertas se estremecieron y se abrieron unas tras otras, y entré en las moradas del Destino, resplandeciendo enormemente, enormemente, sin medida para la luz que emanaba de mí.
Porque en el Destino resplandecí cuarenta y nueve veces más que en la Esfera, durante el doble de tiempo.
Todos los Gobernantes, junto con todos los que se encontraban en el Destino, se estremecieron. Cayeron unos sobre otros y se llenaron de un gran temor al contemplar la gran luz que emanaba de mí.
Miraron mi vestidura de luz y vieron en ella el misterio de su propio nombre. Entonces se perturbaron todavía más y se llenaron de gran temor, diciendo:
«¿De qué manera ha pasado por nuestro dominio el Señor del Universo sin que nosotros lo sepamos?»
Todas las ataduras de sus Lugares, sus órdenes y sus moradas se soltaron. Todos acudieron juntos, se postraron y adoraron ante mi presencia, y todos juntos cantaron himnos hacia la parte interior de las partes interiores, llenos de gran temor y profunda perturbación.
Entonces dejé aquel Lugar atrás y llegué hasta los grandes Eones de los Gobernantes.
Llegué ante sus velos y sus puertas, resplandeciendo enormemente, enormemente, sin medida para la luz que emanaba de mí.
Y sucedió que, cuando llegué hasta los Doce Eones, sus velos y sus puertas se estremecieron unos contra otros. Los velos se apartaron por sí mismos y sus puertas se abrieron unas tras otras.
Entré en sus Eones, resplandeciendo enormemente, enormemente, sin medida para la luz que emanaba de mí; una luz mucho mayor que aquella con la que había resplandecido en las moradas del Destino, cuarenta y nueve veces el doble de tiempo.
Y todos los Ángeles de los Eones, con sus Arcángeles, sus Gobernantes, sus Dioses, sus Señores, sus Autoridades, sus Tiranos, sus Poderes, sus Chispas, sus Luminares, sus Unigénitos, sus Invisibles, sus Antepasados y sus Potencias Triples, me vieron resplandeciendo intensamente, sin medida para la luz que emanaba de mí.
Y se estremecieron unos contra otros, y un gran temor cayó sobre ellos al contemplar la gran luz que emanaba de mí.
Y su gran perturbación y su gran temor llegaron hasta el Lugar del Gran Invisible, el Gran Antepasado, y hasta las Tres Grandes Potencias Triples.
Pero, debido al gran temor producido por aquella perturbación, el Gran Antepasado siguió corriendo de un lado a otro dentro de su Lugar, junto con las Tres Potencias Triples.
Y no pudieron cerrar todos sus Lugares a causa del gran temor que experimentaban.
Todos sus Eones se movieron juntamente con todas sus Esferas y todos sus órdenes, llenos de temor y profundamente perturbados por la gran luz que emanaba de mí.
Y no era como la luz que una vez emanó de mí cuando estaba sobre la tierra de la humanidad, después de que la vestidura de luz había venido sobre mí. Porque el Mundo no habría podido soportar la luz tal como era en realidad; de otro modo, el Mundo se habría disuelto junto con todos los que se encontraban en él.
Pero la luz que emanaba de mí en los Doce Eones era mayor que la que había emanado de mí en el Mundo, junto con vosotros, en ocho mil setecientos diez mil veces el doble de tiempo.
Sucedió, por tanto, que todos aquellos que llegaron a existir en los doce Eones, al haber visto la gran luz que procedía de mí, quedaron todos perturbados unos por otros, y corrieron de un lado a otro por los Eones, y se movieron unos contra otros todos los Eones, con todos los cielos y con toda su ordenación, a causa del gran temor que se apoderó de ellos, porque no conocían el gran misterio que había sucedido. Y Adamas, el gran Tirano, junto con todos los Tiranos que llegaron a existir en todos los Eones, comenzó a luchar sin motivo contra la luz, y no sabían contra quién estaban luchando, porque no veían a nadie excepto la luz, que los superaba ampliamente.
Sucedió, por tanto, que, al haber luchado contra la luz, todos se consumieron unos con otros y cayeron en los Eones; quedaron como los seres terrestres que están muertos, sin aliento en ellos. Y les quité una tercera parte de todos sus poderes, para que no pudieran actuar en sus malas acciones y para que, cuando los hombres que están en el Mundo los invocaran en sus misterios, aquellos que los habían hecho descender —es decir, los Ángeles que habían transgredido—, que les habían enseñado su magia, no pudieran realizarla cuando los invocaran en sus malas acciones. Y retiré el Destino junto con la Esfera, que es su señora, [24b] y hice que pasaran seis meses orientados hacia la Izquierda, ejerciendo sus influencias, y seis meses mirando hacia la Derecha, ejerciendo sus influencias. Pero esto fue por mandato del Primer Precepto y por mandato del Primer Misterio. Ieou, el supervisor de la luz, hizo que permanecieran mirando hacia la izquierda en cada hora, ejerciendo sus influencias y realizando sus acciones.
Sucedió, por tanto, que cuando llegué a su lugar, se mostraron rebeldes y lucharon contra la luz. Les quité una tercera parte de su poder, para que no pudieran prevalecer en la realización de sus malas acciones; y retiré el Destino junto con la Esfera [25a] que es su señora, y los hice permanecer mirando hacia la Izquierda durante seis meses, ejerciendo sus influencias, y durante otros seis meses los hice volverse hacia la Derecha, ejerciendo sus influencias.
Después de haber dicho estas cosas a sus discípulos, les dijo: «El que tenga oídos para oír, que oiga».
Sucedió entonces que Mariham, al haber escuchado estas palabras y después de que el Salvador las pronunciara, contempló el aire durante una hora. Dijo: «Mi Señor, ordéname que pueda hablar con libertad».
Respondió Jesús, el misericordioso, y dijo a Mariham: «Mariham, la bienaventurada, aquella a quien completaré en todos los misterios [25b] de las cosas de lo Alto. Habla con libertad, porque tú eres aquella cuyo corazón se inclina hacia el Reino de los cielos más que el de todos tus hermanos».
Entonces Mariham dijo al Salvador: «Mi Señor, acerca de la palabra que nos dijiste: “El que tenga oídos para oír, que oiga”, ¿quieres decir que debemos comprender la palabra que dijiste? Escucha, pues, mi Señor, y yo hablaré con libertad.
La palabra que dijiste, de que quitaste una tercera parte del poder de los Gobernantes de todos los Eones y de que retiraste su Destino junto con sus Esferas, que son sus señoras, significa que, cuando la raza de los hombres los invoque en sus misterios —los que les enseñaron los Ángeles que transgredieron— para realizar sus malas [26a] y perversas obras mediante el misterio de su magia, ya no podrán, desde esta hora, realizar sus obras ilícitas, porque tú les quitaste su poder.
Y esto también se refiere a sus calculadores de las horas, a sus adivinos y a aquellos que acostumbran a mostrar a los hombres que están en el Mundo todo lo que sucederá, para que desde esta hora tampoco puedan comprender ni mostrarles lo que sucederá, porque tú retiraste sus Esferas y les hiciste pasar seis meses vueltos hacia la izquierda, ejerciendo sus influencias, y otros seis meses mirando hacia la derecha, ejerciendo sus influencias.
Por esta palabra, pues, mi Señor, que dijiste de esta manera, se refiere a lo que está en Isaías el profeta y que expresó en una parábola espiritual, [26b] cuando habló una vez acerca de la visión de Egipto:
“¿Dónde están, pues, Egipto, dónde están tus adivinos, tus calculadores de las horas, aquellos que acostumbran a invocar desde la tierra, aquellos que acostumbran a invocar desde su vientre? Que te muestren, pues, desde esta hora las obras que hará el Señor Sabaoth”.
¿De quién profetizó, pues, anteriormente, antes de que tú vinieras, el poder que está en Isaías el profeta, quien profetizó acerca de ti, diciendo que quitarías el poder de los Gobernantes de los Eones y retirarías su Esfera junto con su Destino, para que desde esta hora no conocieran nada?
Acerca de esto, en efecto, dijo: “No conoceréis, pues, lo que el Señor Sabaoth hará”, es decir, que ninguno de los Gobernantes podrá conocer lo que tú harás desde esta hora. Estos Gobernantes son llamados “Egipto” porque pertenecen a la materia.
El poder que está, por tanto, en Isaías profetizó acerca de ti cuando dijo una vez: “No conoceréis, pues, desde esta hora las cosas que hará el Señor Sabaoth”, a causa del poder de la luz que recibiste de Sabaoth, el bueno, aquel que está en el Lugar de la Derecha, poder que ha llegado a estar en tu cuerpo material de hoy.
Por esto, pues, nos dijiste, mi Señor Jesús: “El que tenga oídos para oír, que oiga”, para que supieras quién es aquel cuyo corazón está ansioso por el Reino [27b] de los cielos».
Sucedió, pues, que María, después de terminar de decir estas palabras, él dijo: «¡Bien hecho, María! Porque eres bienaventurada por encima de toda mujer que está sobre la tierra, porque tú eres aquella que llegará a ser la Plenitud de todas las Plenitudes y la consumación de todas las consumaciones».
Pero María, al escuchar al Salvador decir estas palabras, se alegró mucho y se acercó a Jesús; se postró ante él, lo adoró a sus pies y le dijo: «Mi Señor, escúchame, para que pueda preguntarte acerca de esta palabra, pues todavía no nos has hablado de los Lugares a los que fuiste».
Respondió Jesús y dijo a Mariham: «Habla con libertad [28a] y no temas. Todo lo que quieras preguntar te lo revelaré».
Ella dijo: «Mi Señor, todo hombre que conozca el misterio de la magia de todos los Gobernantes de todos los Eones, y la magia de los Gobernantes del Destino y la de la Esfera, tal como se la enseñaron los Ángeles que transgredieron, si los invoca en sus misterios, es decir, en su magia maligna, para impedir las obras que son buenas, ¿podrán realizarlas desde esta hora o no?».
Pero Jesús respondió y dijo a María: «No las realizarán como las realizaban al principio, porque les quité una tercera parte de su poder. Pero encontrarán un pretexto en aquellos que conocen los misterios de la magia del decimotercer Eón.
Y si invocan los misterios de la magia de aquellos que llegan a existir en el decimotercer Eón, los realizarán bien y con exactitud, porque no quité poder de aquel Lugar, conforme al mandato del Primer Misterio».
Pero sucedió que, después de que Jesús terminó de decir estas palabras, María añadió: «Mi Señor, entonces, ¿los calculadores de las horas y los adivinos ya no mostrarán a los hombres lo que les sucederá desde esta hora?».
Pero Jesús respondió y dijo a María: «Si los calculadores de las horas encuentran el Destino junto con la Esfera vueltos [29a] hacia la Izquierda, según su disposición original, sus palabras suelen resultar correctas y dirán lo que debe suceder.
Pero si encuentran el Destino o la Esfera vueltos hacia la Derecha, no suelen decir nada verdadero, porque he cambiado sus influencias, con sus cuatro ángulos, sus tres ángulos y sus ocho formas.
Antes sus influencias permanecían constantes mientras estaban vueltos hacia la Izquierda, con sus cuatro ángulos, sus tres ángulos y sus ocho formas. Pero ahora hice que pasaran seis meses vueltos hacia la Izquierda y seis meses vueltos hacia la Derecha.
Por tanto, quien conozca su disposición desde el momento en que los cambié, después de haberlos establecido para que pasaran seis meses mirando hacia sus caminos de la Izquierda y seis meses hacia sus caminos de la Derecha, quien les preste atención de esta manera conocerá con exactitud sus influencias y anunciará todo lo que harán.
Del mismo modo, también los adivinos: si invocan el nombre de los Gobernantes y los encuentran mirando hacia la Izquierda, todo aquello que les pregunten acerca de sus Decanos se lo dirán con exactitud.
Pero si sus adivinos invocan sus nombres cuando están mirando hacia la Derecha, no los escucharán, porque están orientados de una forma diferente de su disposición original, en la cual Ieou los estableció. Porque algunos de sus nombres [30a] están vueltos hacia la Izquierda y otros de sus nombres están vueltos hacia la Derecha.
Y si los invocan cuando están vueltos hacia la Derecha, no les dirán la verdad, sino que los confundirán con confusión y los amenazarán con una amenaza.
Por tanto, aquellos que no conozcan su orientación hacia la Derecha, ni sus tres ángulos, ni sus cuatro ángulos, ni todas sus figuras, no encontrarán nada verdadero, sino que quedarán sumidos en una gran confusión, caerán en un gran error y se desviarán enormemente de la verdad.
Porque las obras que antes acostumbraban a realizar en sus cuatro ángulos vueltos hacia la Izquierda, y en sus tres ángulos y en sus ocho formas, aquellas en las que permanecían constantes, las realizaban vueltos hacia la Izquierda. [30b]
Ahora las he cambiado y he hecho que pasen seis meses realizando todas sus formas vueltos hacia la Derecha, para que queden completamente confundidos en todo su recorrido. Y además hago que pasen seis meses vueltos hacia la Izquierda, realizando las obras de sus influencias con todas sus formas, para que los Gobernantes que llegan a existir en el Eón, en sus Esferas, en sus cielos y en todos sus Lugares, queden confundidos y se equivoquen, y no comprendan sus propios movimientos».
Sucedió, pues, que, cuando Jesús terminó de decir estas palabras, Felipe estaba sentado escribiendo todo lo que Jesús decía. [31a] Sucedió, pues, que después de estas cosas Felipe se acercó, se postró y adoró a los pies de Jesús, diciendo:
—Mi Señor, el Salvador, dame autoridad para hablar en tu presencia y preguntarte acerca de esta cuestión que antes nos expusiste sobre los Lugares a los que fuiste a causa de tu ministerio.
El Salvador respondió con compasión y le dijo a Felipe:
—Te ha sido dada autoridad para expresar la palabra que quieras decir.
Pero Felipe respondió y dijo a Jesús:
—Mi Señor, ¿por qué misterio quitaste las ataduras de los Gobernantes con sus Eones, con su Destino, con su Esfera y con todos sus Lugares, y los hiciste caer en confusión en sus caminos, de modo que se desviaron [31b] de su curso? ¿Hiciste esto, entonces, para la salvación del mundo, o por alguna otra razón?
Pero Jesús respondió y dijo a Felipe, junto con todos los discípulos:
—Cambié su camino para la salvación de todas las almas. En verdad, en verdad os digo que, si no hubiera cambiado su camino, habrían destruido una multitud de almas y habrían hecho que pasara mucho tiempo sin que fueran disueltos los Gobernantes de los Eones, y los Gobernantes del Destino con la Esfera y con todos sus Lugares, con todos sus cielos y con todos sus Eones.
Y las almas habrían pasado muchísimo tiempo fuera de este lugar; y habrían retrasado que se completara el número de las almas perfectas, aquellas que serán contadas para la herencia de la Altura mediante los misterios y llegarán a estar en el Tesoro de la Luz.
Por esto, pues, cambié su camino para que quedaran confundidos y perturbados, y para quitarles el poder, ese que se produce en la materia de su mundo, ese que suele hacer que las almas sean purificadas rápidamente y que sean elevadas hacia aquellos que serán salvados, junto con todo el poder; y para que fueran disueltos rápidamente aquellos que no serán salvados.
Sucedió, pues, que, cuando Jesús terminó de decir estas palabras a sus discípulos, María, la de hermosa manera de hablar, se acercó, y la bienaventurada se postró a los pies de Jesús. [32b] Ella dijo:
—Mi Señor, ten paciencia conmigo para que pueda hablar en tu presencia, y no te enojes conmigo porque muchas veces te causo molestias al preguntarte.
El Salvador respondió con compasión y dijo a María:
—Di lo que quieras decir, y yo te lo revelaré con toda libertad.
Pero María respondió y dijo a Jesús:
—Mi Señor, ¿de qué manera estarán las almas fuera de este lugar durante tanto tiempo? ¿O de qué forma serán purificadas realmente con rapidez?
Pero Jesús respondió y dijo a María:
—Bien, María. Preguntas correctamente, con una pregunta buena, y arrojas luz sobre todo con precisión y exactitud. Ahora, pues, no os ocultaré nada desde este momento, sino que os revelaré todo con precisión y con toda libertad. Escucha, pues, María, y escuchad todos vosotros, discípulos.
Antes de que predicara a todos los Gobernantes de los Eones y a todos los Gobernantes del Destino con la Esfera, todos estaban atados en sus ataduras, en sus Esferas y en sus sellos, tal como los había atado desde el principio Ieou, el supervisor de la Luz. Cada uno de ellos permanecía en su orden, y cada uno caminaba según su curso, tal como Ieou, el supervisor de la Luz, los había establecido.
Y cada vez que llegaba el momento del número de Melquisedec, el Gran Receptor de la Luz solía venir [33b] al centro de los Eones, junto con todos los Gobernantes que están atados en la Esfera y en el Destino, y solía retirar la purificación de la luz de todos los Gobernantes de los Eones y de todos los Gobernantes del Destino junto con los de la Esfera.
Porque solía retirar de allí aquello que los perturbaba. Y solía poner en movimiento al encargado de las tareas que está sobre ellos, y hacer que giraran rápidamente en su órbita; y solía quitarles el poder que había en ellos mediante el aliento de su boca, las lágrimas de sus ojos y el sudor de sus cuerpos.
Y Melquisedec, el Receptor de la Luz, solía purificar esos poderes y llevar su luz al Tesoro de la Luz. Y toda su materia, cualquiera que fuera, solían recogerla los Ministros de todos los Gobernantes. [34a] Y los Ministros de todos los Gobernantes del Destino, junto con los Ministros de la Esfera, aquellos que están debajo de los Eones, solían tomarla y convertirla en almas de hombres, de animales, de reptiles, de bestias salvajes y de aves, y las enviaban a este mundo de la humanidad.
Además, el Receptor del Sol, junto con el Receptor de la Luna, cada vez que miraban al cielo y veían las formas de los cursos de los Eones, las formas del Destino y las de la Esfera, solían retirar de ellos el poder de la luz. Y los Receptores del Sol solían prepararlo y colocarlo, hasta que se lo entregaban al Receptor de Melquisedec, el purificador de la luz.
Y sus purificaciones materiales solían llevarlas a la Esfera que está debajo de los Eones [34b], y las convertían en alma de hombre. También las destinaban a reptiles, animales, bestias salvajes y aves, según el ciclo de los Gobernantes de aquella Esfera y según todas las formas de su movimiento.
Y las arrojaban a este mundo de la humanidad, y allí se convertían en almas, según lo que acabo de deciros.
Estas cosas, pues, se completaban continuamente antes de que su poder disminuyera dentro de ellos, antes de que se debilitaran, quedaran deteriorados o perdieran su fuerza.
Sucedió, pues, que, cuando quedaron sin poder y su fuerza comenzó a desaparecer, se debilitó su poder, y cesó su luz, la que se producía en su Lugar; su reino se disolvió y el Universo fue arrebatado [35a] rápidamente.
Sucedió, pues, que, al conocer estas cosas en aquel momento, y cuando llegó el número señalado de Melquisedec, el Receptor también solía salir y entrar en medio de los Gobernantes de todos los Eones, y en medio de todos los Gobernantes del Destino junto con los de la Esfera.
Y solía perturbarlos y hacer que aceleraran realmente sus ciclos; entonces se angustiaban y expulsaban el poder fuera de ellos, mediante el aliento de su boca, las lágrimas de sus ojos y el sudor de sus cuerpos.
Y Melquisedec, el Receptor de la Luz, solía purificarlos, según lo que hacía continuamente; y [35b] llevaba su luz al Tesoro de la Luz.
Pero toda la materia de su purificación solían rodearla y tragársela todos los Gobernantes de los Eones y los Gobernantes del Destino junto con los de la Esfera. No permitían que llegara a convertirse en alma en el mundo. Se tragaban, pues, su materia para que no quedaran sin poder ni se debilitaran, para que su poder no cesara en ellos y su reino no se disolviera.
Se la tragaban para no ser disueltos, sino para permanecer y pasar mucho tiempo, hasta que no se hubiera completado el número de las almas perfectas, aquellas que llegarán a estar en el Tesoro de la Luz.
Sucedió, pues, que mientras los Gobernantes de los Eones, junto con los del Destino y los de la Esfera, permanecían haciendo esto [36a], haciéndolos girar, devorando la purificación de su materia y sin permitirles crear almas en el mundo de la humanidad, para permanecer como reyes y pasar mucho tiempo fuera de este lugar —es decir, de los poderes en los que se convierten las almas—, estos permanecieron actuando así durante dos ciclos continuamente.
Sucedió, pues, que yo, habiendo venido y estando a punto de subir para el ministerio, después de haber sido llamado para ello por mandato del Primer Misterio, subí en medio de los tiranos de los Gobernantes de los doce Eones, llevando sobre mí mi vestidura de luz, que resplandecía enormemente; no había medida para la luz que procedía de mí.
Sucedió, pues, que, cuando vieron la gran luz que procedía de mí, aquellos tiranos [36b], el gran Adamas, el Tirano, junto con todos los tiranos de los doce Eones, comenzaron todos a luchar contra la luz de mi vestidura, deseando retenerla junto con ellos para permanecer todavía en su reino.
Esto era lo que hacían, sin saber contra quién estaban luchando.
Después de haberse rebelado y haber luchado contra la luz, yo, conforme al mandato del Primer Misterio, cambié los caminos de los cursos de sus Eones, los caminos de su Destino y su Esfera.
Hice que pasaran seis meses mirando hacia los tres ángulos de la Izquierda, hacia los cuatro ángulos, hacia los que estaban delante de ellos y hacia su figura de ocho, tal como estaban en un principio. [37a]
Pero cambié su giro y su orientación hacia otro orden. E hice que pasaran otros seis meses mirando las obras de sus influencias en los cuatro ángulos de la Derecha, en sus tres ángulos, hacia los que estaban delante de ellos y hacia su figura de ocho.
Y los hice caer en una gran confusión, e hice que se desviaran profundamente los Gobernantes de los Eones y todos los Gobernantes del Destino junto con los de la Esfera. Los perturbé enormemente.
Y desde aquel momento ya no pudieron dirigirlos hacia la purificación de su materia para tragársela, de modo que sus Lugares permanecieran continuamente y pasaran mucho tiempo siendo reyes.
Pero, después de quitarles una tercera parte de su poder, [37b] cambié sus Esferas para que pasaran un tiempo mirando hacia la Izquierda y otro tiempo mirando hacia la Derecha.
Cambié todo su camino y todo su curso, y aceleré el camino de su curso para que su purificación se realizara rápidamente y fueran arrebatados rápidamente.
Acorté su órbita y facilité su camino. Y se apresuraron enormemente, y quedaron confundidos en su camino, y desde aquel momento ya no pudieron tragarse la materia de la purificación de su luz.
También acorté sus períodos y sus tiempos, para que se completara rápidamente el número perfecto de las almas que recibirán los misterios, aquellas que llegarán a estar en el Tesoro de la Luz.
Por tanto, si no hubiera cambiado [38a] sus cursos y si no hubiera acortado sus tiempos, no habrían permitido que ninguna de las almas llegara al mundo, debido a la materia de su purificación que se tragaban, y habrían destruido una multitud de almas.
Por esto, pues, os dije una vez que acorté los tiempos por causa de mis elegidos; de otro modo, ninguna alma podría salvarse.
Pero acorté los períodos y los tiempos por causa del número perfecto de las almas que recibirán los misterios, es decir, los elegidos.
Y si no hubiera acortado sus tiempos, ninguna alma material se salvaría. Al contrario, habrían sido consumidas por el fuego que se produce en la carne de los Gobernantes.
Esto, pues, es la palabra acerca de la cual me preguntaste con precisión.
Pero sucedió que, cuando Jesús terminó de decir estas palabras a sus discípulos, todos se postraron juntos, lo adoraron y le dijeron:
«Somos más felices que todos los hombres, porque nos has revelado estas grandes grandezas».
Jesús continuó hablando y dijo a sus discípulos:
«Escuchad, escuchad acerca de lo que me sucedió entre los Gobernantes de los doce Eones, con todos sus Gobernantes, sus Señores, sus Autoridades, sus Ángeles y sus Arcángeles.
Cuando vieron la vestidura de luz que está sobre mí, cada uno de ellos, junto con sus Incomparables, vio el misterio de su propio nombre manifestándose en mi vestidura de luz, esta que está sobre mí. Entonces todos se postraron, uno tras otro, y adoraron la vestidura de luz que está sobre mí. Y todos exclamaron juntos, diciendo:
“¿Cómo ha atravesado por nosotros el Señor del Universo sin que lo supiéramos?”.
Y todos entonaron himnos juntos hacia lo más interior de los interiores.
Y todas sus Potencias Triples, junto con su gran Antepasado, sus No Engendrados, sus Autogenerados, sus Engendrados, sus Dioses, sus chispas, sus luminarias y, en una palabra, todos sus grandes seres, vieron a los Tiranos de sus lugares permaneciendo en debilidad, con su poder disminuido dentro de ellos. Y ellos mismos quedaron en una gran debilidad y también en un gran temor, un temor que no tenía medida.
Y contemplaban el misterio de su nombre en mi vestidura, y habían comenzado a acercarse para adorar el misterio de su nombre que está en mi vestidura. Pero no podían prevalecer a causa de la gran luz que se manifestaba conmigo.
Sin embargo, adoraron desde cierta distancia de mí. Adoraron la luz de mi vestidura y todos exclamaron juntos, entonando himnos hacia lo más interior de los interiores.
Sucedió entonces, después de que estas cosas ocurrieran a los Tiranos que están entre los Gobernantes, que todos ellos quedaron debilitados. Cayeron en sus Eones y se volvieron como los hombres del mundo cuando están muertos, sin aliento en ellos, tal como sucedió también en la hora en que les quité su poder.
Después de estas cosas, salí hacia aquellos Eones. Cada uno de todos los que existen en los doce Eones quedó sujeto a su orden establecido, y completaron sus obras según la disposición que yo les había dado: durante seis meses, vueltos hacia la Izquierda, realizando sus obras en sus cuatro esquinas y en sus tres esquinas, junto con los que están delante de ellos.
Y durante otros seis meses, contemplando hacia la Derecha, en sus tres esquinas y en sus cuatro esquinas, junto con los que están delante de ellos.
Así también se moverán los que están en el Destino con la Esfera.
Después de estas cosas, llegué a la Altura, hasta los velos del decimotercer Eón.
Cuando llegué a sus velos, estos se apartaron por sí mismos y se abrieron para mí.
[40a]
Entré en el decimotercer Eón y encontré a Pistis Sophia debajo del decimotercer Eón, sola, sin que ninguno de ellos estuviera con ella.
Estaba sentada allí, afligida y lamentándose, porque no la habían llevado al decimotercer Eón, su lugar en la Altura.
También estaba afligida por las tribulaciones que le había causado el Autodeterminado, aquel que es uno de las tres Potencias Triples.
Pero cuando llegue el momento de hablaros acerca de su distribución, os explicaré el misterio de cómo llegaron a existir estas cosas.
Sucedió entonces que Pistis Sophia me vio, mientras yo resplandecía con una luz inmensamente grande, una luz cuya intensidad no tenía medida. Ella quedó profundamente perturbada.
[41a]
Miró hacia la luz de mi vestidura y vio el misterio de su propio nombre en mi vestidura, así como toda la gloria de su misterio, porque originalmente había estado en el Lugar de la Altura, en el decimotercer Eón.
Acostumbraba a entonar himnos a la luz que está en la Altura, aquella que había visto en el velo del Tesoro de la Luz.
Mientras continuaba entonando himnos a la Luz que está en la Altura, todos los Gobernantes que están junto a las dos grandes Potencias Triples, y junto a su Invisible que está unido a ella, miraron.
Pistis Sophia y su compañero, junto con las otras veintidós emanaciones invisibles, forman las veinticuatro emanaciones.
[41b]
Estas fueron emanadas por el gran Antepasado Invisible, junto con las dos grandes Potencias Triples.
Mientras Jesús decía estas cosas a sus discípulos, Mariham se adelantó y dijo:
«Señor mío, te he oído decir anteriormente que Pistis Sophia no es ella misma una de las veinticuatro emanaciones y que no se encuentra en su lugar. Pero dijiste que la encontraste debajo del decimotercer Eón».
Jesús respondió y dijo a sus discípulos:
«Sucedió que, mientras Pistis Sophia estaba en el decimotercer Eón, en el lugar de todos sus hermanos, los Invisibles, es decir, las veinticuatro emanaciones del gran Invisible, ocurrió que, por mandato del Primer Misterio, Pistis Sophia miró hacia la Altura.
[42a]
Vio la luz del velo del Tesoro de la Luz y deseó ir hacia aquel lugar, pero no pudo llegar hasta allí.
Entonces dejó de realizar el misterio del decimotercer Eón y comenzó a entonar himnos a la Luz de la Altura, aquella que había visto en la luz del velo del Tesoro de la Luz.
Mientras ella entonaba himnos al Lugar de la Altura, todos los Gobernantes que existen en los doce Eones la odiaron. Estos son los que están debajo de ella, porque había dejado de realizar sus misterios y porque deseaba subir a la Altura y estar por encima de todos ellos.
Por eso se enojaron contra ella y la odiaron.
[42b]
Y la gran Potencia Triple, el Autodeterminado, que es la tercera de las Potencias Triples, aquel que existe en el decimotercer Eón, el que fue desobediente y no había emanado toda la purificación del poder que estaba en él, ni había entregado la purificación de su luz en el momento en que los Gobernantes entregaron sus purificaciones en él, deseaba ser señor sobre todo el decimotercer Eón y sobre los que existen debajo de él.
Entonces, cuando los Gobernantes de los doce Eones se enojaron contra Pistis Sophia, que estaba por encima de ellos, la odiaron enormemente.
Y la gran Potencia Triple, el Autodeterminado, de quien acabo de hablaros, siguió a los Gobernantes de los doce Eones. Él también se enojó contra Pistis Sophia y la odió enormemente, porque ella había pensado subir hacia la Luz que está por encima de ella.
[43a]
Entonces emanó de sí mismo una gran potencia con rostro de león.
Y de la materia que había en él emanó muchas otras emanaciones materiales, extremadamente crueles, y las envió a los lugares inferiores, a las regiones del Caos, para que emboscaran allí a Pistis Sophia y le quitaran su poder.
Esto ocurrió porque ella había pensado subir a la Altura, que está por encima de todos ellos, y porque también había dejado de realizar sus misterios.
Sin embargo, ella continuaba lamentándose y buscando la Luz que había visto.
Los Gobernantes que están vivos, es decir, los que permanecen en el misterio, la odiaban porque había dejado de realizar sus misterios. También la odiaban todos los Guardianes que están en las puertas de los Eones.
Después de estas cosas, por mandato del Primer Mandato, la gran Potencia Triple, el Autodeterminado, que es una de las tres Potencias Triples, persiguió a Sophia en el decimotercer Eón para hacer que mirara hacia las regiones inferiores.
Quería que viera allí su potencia de luz con rostro de león, la cual deseaba atraerla hacia sí y hacer que descendiera a aquel lugar para quitarle su luz.
[44a]
Después de estas cosas, ella miró hacia abajo y vio su potencia de luz en las regiones inferiores. No sabía que pertenecía a la Potencia Triple, el Autodeterminado.
Pensó que provenía de la Luz, la misma que había visto al principio en la Altura.
Y pensó para sí:
“Voy a ir a aquel lugar sin mi compañero y tomaré la luz que ha formado para mí algunos Eones de Luz, para poder llegar a la Luz de las Luces, que está en la Altura de las Alturas”.
Mientras pensaba estas cosas, salió de su lugar en el decimotercer Eón y descendió a los doce Eones.
Los Gobernantes de los Eones la persiguieron y se enojaron con ella porque había pensado en elevarse por encima de ellos.
Pero ella también salió de los doce Eones y llegó al lugar del Caos.
[44b]
Y se acercó a la potencia de luz con rostro de león para apoderarse de ella.
Pero todas las emanaciones materiales del Autodeterminado la rodearon, y la gran potencia de luz con rostro de león absorbió los poderes de luz que había en Sophia.
Después de absorber su luz, la purificó, y su materia fue arrojada al Caos.
Así surgió un Gobernante con rostro de león en el Caos, cuya mitad era fuego y cuya otra mitad era oscuridad: Ialdabaoth, aquel de quien os he hablado muchas veces.
Cuando sucedieron estas cosas, Sophia quedó enormemente debilitada.
Y aquella potencia de luz con rostro de león comenzó también a apoderarse de todos los poderes de luz que había en Sophia.
Todas las potencias materiales del Autodeterminado la rodearon y la afligieron.
[45a]
Entonces Pistis Sophia gritó con gran intensidad. Clamó hacia la Luz de las Luces, aquella que había visto al principio y en la que había creído, y pronunció esta primera Penitencia, diciendo:
“Oh Luz de las Luces, aquella en quien creí desde el principio, escucha ahora mi penitencia.
Líbrame, oh Luz, porque pensamientos malvados vinieron sobre mí.
Miré, oh Luz, hacia las regiones inferiores. Vi allí una luz y pensé que podría ir a aquel lugar y apoderarme de aquella luz.
Y descendí. Quedé en la oscuridad que está en el Caos inferior y no pude salir de allí ni regresar a mi lugar.
[45b]
Porque fui afligida por todas las emanaciones del Autodeterminado, y la potencia con rostro de león me quitó la luz que estaba en mí.
Clamé pidiendo ayuda, pero mi grito no llegó hasta la oscuridad.
Miré hacia la Altura para que me ayudara, hacia la Luz en la que había confiado.
Y cuando miré hacia la Altura, vi a todos los numerosos Gobernantes de los Eones.
Ellos me miraban y se alegraban de mi desgracia, aunque yo no les había hecho ningún mal. Sin embargo, me odiaban sin causa.
Cuando las emanaciones del Autodeterminado vieron que los Gobernantes de los Eones se alegraban de mí, comprendieron que los Gobernantes no iban a ayudarme.
Entonces aquellas emanaciones se alegraron aún más en su corazón, ellas que me afligían con violencia.
Y la luz que yo no les había quitado fue precisamente la que ellos me quitaron.
[46a]
Ahora, pues, oh Luz de la Verdad, tú sabes que hice estas cosas en mi inocencia, pensando que la luz que vi pertenecía a la luz de la potencia con rostro de león.
Y el pecado que cometí está manifiesto ante ti.
No permitas, pues, que sea separada de ti, oh Señor, porque desde el principio confié en tu luz.
Oh Señor, oh Luz de las Potencias, no permitas que sea separada de mi luz.
Por causa de ti y de tu luz he caído en mi aflicción y la vergüenza me ha cubierto.
Y por causa de tu luz me he vuelto extraña para mis hermanos, los Invisibles, y para las grandes emanaciones de Barbelo.
Estas cosas me han sucedido, oh Luz, porque tuve celo por tu morada.
Y la ira del Autodeterminado cayó sobre mí, aquel que no obedeció tu mandato de emanar de la emanación de su poder.
[46b]
Porque yo estaba en su Eón y no realizaba su misterio.
Todos los Gobernantes de los Eones se burlaban de mí.
Yo estaba allí lamentándome y buscando la luz que había visto en la Altura.
Los Guardianes de las puertas de los Eones me buscaban, y todos se burlaban de mí, incluso aquellos que viven en sus misterios.
Pero yo miraba hacia la Altura, hacia ti, oh Luz, y confiaba en ti.
Ahora, pues, oh Luz de las Luces, estoy afligida en la oscuridad del Caos.
Si deseas venir a liberarme, grande es tu misericordia.
Escúchame en verdad y líbrame.
Líbrame de la materia de esta oscuridad, para que no sea sumergida en ella y no sea entregada a las emanaciones del Dios Autodeterminado,
[47a]
esas que me afligen, y líbrame de su maldad.
No permitas que esta oscuridad me trague, ni que esta potencia con rostro de león absorba para siempre todo mi poder.
No permitas que este Caos cubra mi poder.
Escúchame, oh Luz, porque buena es tu misericordia, y mírame según la abundancia de tu misericordia luminosa.
No apartes tu rostro de mí, porque estoy siendo atormentada enormemente.
Date prisa, escúchame y libera mi poder.
Líbrame de los Gobernantes que me odian, porque tú eres quien conoce mi aflicción, mi tormento y el tormento de mi poder que ellos me han quitado.
Están ante ti aquellos que me plantaron en todos estos males. Trátalos según lo que tú quieras.
Mi poder miró desde el centro del Caos y desde el centro de las tinieblas.
[47b]
Miré para encontrar a mi compañero, para que viniera a luchar por mí, pero no vino.
Esperaba que viniera y me diera poder, pero no lo encontré.
Y cuando busqué la luz, me dieron oscuridad.
Cuando busqué mi poder, me dieron materia.
Ahora, pues, oh Luz de las Luces, que la oscuridad y la materia que las emanaciones del Autodeterminado han traído sobre mí se conviertan para ellos en una trampa.
Que queden atrapados en ellas y reciban su recompensa.
Que tropiecen y no lleguen al lugar de su Autodeterminado.
Que permanezcan en la oscuridad y no vean la luz.
Que miren hacia el Caos en todo momento y no miren hacia la Altura.
Haz que recaiga sobre ellos su venganza y que tu juicio los alcance.
[48a]
No permitas que regresen a su lugar desde este momento junto con su Autodeterminado.
Y no permitas que sus emanaciones regresen desde este momento a sus lugares, porque su Dios es impío y autodeterminado, y pensaba que hacía estos males por sí mismo.
No sabía, en realidad, que, si no me hubieran humillado por mandato tuyo, él no habría podido prevalecer contra mí.
Pero tú me humillaste por tu mandato, y entonces ellos me persiguieron todavía más.
Sus emanaciones aumentaron mi aflicción durante mi humillación y me quitaron un poder de luz.
Y nuevamente comenzaron a afligirme enormemente para quitarme toda la luz que hay en mí.
A causa de aquellos entre quienes me plantaron, no permitas que suban al decimotercer Eón, el Lugar de la Justicia.
[48b]
No permitas que sean contados entre la porción de aquellos que se purifican a sí mismos y su luz.
No permitas que sean contados entre aquellos que se arrepentirán rápidamente para recibir rápidamente el misterio en la Luz.
Porque me quitaron mi propia luz, y mi poder comenzó a desfallecer dentro de mí, y me faltaba mi luz.
Ahora, pues, oh Luz que está en mí, la que se manifiesta conmigo, yo alabo tu nombre, oh Luz, con gloria.
Y que mi himno, oh Luz, te sea agradable como un misterio que supera este que conduce a las puertas de la Luz, aquel que pronunciarán quienes se arrepientan y purifiquen su luz.
[49a]
Ahora, pues, que todas las puertas se alegren.
Buscad todos la Luz, para que pueda vivir el poder de vuestra alma que está en vosotros.
Porque la Luz escuchó las cosas de la materia y no quiso dejar ninguna materia sin purificar.
Que las almas, junto con las cosas de la materia, bendigan al Señor de todos los Eones, junto con la materia y con todos los que están en ella.
Porque Dios liberará sus almas de toda materia, y prepararán una ciudad en la Luz.
Todas las almas que sean liberadas habitarán en aquella ciudad y la heredarán.
[49b]
Y las almas de aquellos que reciban el misterio estarán en aquel lugar.
Y aquellos que reciban el misterio en su nombre llegarán a estar allí.
Sucedió entonces que, mientras Jesús decía estas palabras a sus discípulos, les dijo:
“Esta es la primera penitencia que Pistis Sophia pronunció, arrepintiéndose a causa de su pecado y diciendo todo lo que le había sucedido.
Ahora, pues, quien tenga oídos para oír, que oiga”.
María se adelantó nuevamente y dijo:
—Mi Señor, mi compañero de Luz tiene oído, y yo oigo por medio de mi poder de Luz, y tu espíritu, que está conmigo, ha despertado en mí. Escucha, por tanto, para que pueda hablar acerca del arrepentimiento que expresó la Pistis Sophia, relatando su aflicción y todo lo que le sucedió. Tu poder de Luz profetizó acerca de ella una vez por medio de David, el profeta, en el salmo sesenta y ocho:
«Oh Dios, sálvame, porque las aguas han entrado hasta mi alma. Me hundo, o estoy sumergida, en el lodo del abismo y ya no queda fuerza en mí. He llegado a las profundidades del mar. Un torbellino es el que me ha sumergido.
Me he fatigado clamando; mi garganta se ha agotado; mis ojos desfallecen mientras espero en Dios. Son más numerosos que los cabellos de mi cabeza quienes me odian sin causa. Han prevalecido mis enemigos, aquellos que me persiguen con violencia. Me exigen aquello que no robé.
Oh Dios, tú conoces mi insensatez, y mis pecados no están ocultos para ti. Que por causa de mí no sean avergonzados quienes esperan en ti, Señor. Señor de los ejércitos, no permitas que por causa de mí sean deshonrados quienes te buscan, Señor, Dios de Israel, Dios de los ejércitos.
Porque por causa de ti soporté el reproche; la vergüenza cubrió mi rostro. Me convertí en un extraño para mis hermanos, en un desconocido para los hijos de mi madre. Porque el celo de tu casa me consumió; y los reproches de quienes te reprochaban cayeron sobre mí.
Humillé mi alma con ayuno, y esto se convirtió para mí en motivo de reproche. Me puse un saco como vestidura, y me convertí para ellos en objeto de burla. Los que se sientan en las puertas levantaron su voz contra mí, y los que beben vino cantaban contra mí.
Pero yo oraba en mi alma a ti, Señor. Este es el tiempo de tu voluntad, oh Dios. En la abundancia de tu misericordia, escucha mi salvación con verdad.
Sálvame de este lodo, para que no me hunda en él; para que sea salvado de quienes me odian y de las profundidades de las aguas. Que no me ahogue el torrente de las aguas; que el abismo no me trague; que el pozo no cierre su boca sobre mí.
Escúchame, Señor, porque tu misericordia es bondadosa. Según la abundancia de tu compasión, mírame. No apartes tu rostro de tu siervo, porque estoy afligido. Escúchame pronto; atiende a mi alma y redímela.
Líbrame por causa de mis enemigos, porque tú eres quien conoce mi reproche, mi vergüenza y mi deshonra. Todos los que me afligen están ante ti.
Mi corazón esperaba un reproche acompañado de miseria; esperaba encontrar a alguien que se afligiera conmigo, pero no lo encontré. Busqué a alguien que me consolara, pero no descubrí a nadie.
Me dieron hiel por alimento; me dieron a beber vinagre cuando tenía sed.
Que su mesa se convierta ante ellos en una trampa, en un lazo y en una retribución que les cause escándalo. Que su espalda se incline continuamente.
Derrama sobre ellos tu ira, y que el ardor de tu cólera los alcance. Que su morada quede desierta, y que no haya nadie que habite en sus casas.
Porque al que tú heriste, ellos lo persiguieron; añadieron dolor a sus heridas y añadieron injusticia a sus injusticias. Que no entren en tu justicia. Que sean borrados del libro de los vivientes y que no sean inscritos entre los justos.
Yo soy pobre y también sufro dolores; pero la salvación de tu rostro, oh Dios, me ha sostenido.
Alabaré el nombre de Dios con un canto y lo exaltaré con una bendición. Esto agradará a Dios más que un becerro nuevo que levanta cuernos y pezuñas.
Que los pobres lo vean y se alegren. Buscad a Dios para que vuestras almas vivan. Porque el Señor escucha a los pobres y no desprecia a los que están encadenados.
Que los cielos y la tierra alaben al Señor; el mar y todo lo que hay en él. Porque el Señor salvará a Sion; ellos reconstruirán las ciudades de Judea, habitarán allí y las heredarán.
La descendencia de sus siervos las poseerá, y quienes aman su nombre habitarán en ellas».
Cuando María hubo terminado estas palabras ante Jesús, en medio de los discípulos, le dijo:
—Mi Señor, esta es la explicación del misterio del arrepentimiento de la Pistis Sophia.
Entonces Jesús, al oír a María decir estas palabras, le respondió:
—Bien hecho, María, la bienaventurada, la Pléroma, es decir, la plenamente bendita del Pléroma. Esta es la mujer a la que llamarán bienaventurada en todas las generaciones.
Jesús añadió también estas palabras:
—Además, la Pistis Sophia entonó un segundo arrepentimiento, diciendo:
«Oh Luz de las Luces, he creído en ti. No me abandones en la oscuridad hasta que se cumpla mi tiempo. Ayúdame y líbrame por medio de tus misterios.
Inclina tu oído hacia mí y líbrame. Que el poder de tu Luz me libere y me lleve hasta los Eones que están en lo alto, porque tú eres quien me librará y me llevará a la Altura de tus Eones.
Líbrame, oh Luz, de este poder con rostro de león y de las emanaciones del Autocentrado de los dioses.
Porque tú, oh Luz, eres aquel cuya Luz creí y en cuya Luz confié verdaderamente desde el principio. Y creí en él desde la hora en que me emanó. Y tú eres, en verdad, aquel que hizo que ellos me emanaran. Y yo misma creí en tu Luz desde el principio.
Y después de haber creído en ti, ¿no se burlaban de mí los Gobernantes de los Eones, diciendo: “Ella ha abandonado su misterio”?
Tú eres quien me librará; tú eres mi Salvador; tú eres mi misterio, oh Luz.
Mi boca estaba llena de gloria, para proclamar en todo momento el misterio de tu grandeza.
Ahora, pues, oh Luz, no me abandones en el Caos hasta que se cumpla todo mi tiempo.
No me dejes atrás, oh Luz, porque ellos han quitado de mí todo mi poder de Luz, y todas las emanaciones del Autocentrado me han rodeado.
Quisieron quitar para siempre toda la Luz que hay en mí, y vigilaban mi poder, diciéndose unos a otros inmediatamente:
“¡La Luz la ha abandonado! Apoderaos de ella y quitemos toda la Luz que hay en ella”.
Por esto, oh Luz, no te apartes de mí. Vuélvete hacia mí, oh Luz, y líbrame de los despiadados.
Que caigan y queden sin poder aquellos que quieren quitarme mi poder. Que sean envueltos en la oscuridad y queden impotentes aquellos que quieren quitarme el poder de Luz que hay en mí».
Este es, por tanto, el segundo arrepentimiento que la Pistis Sophia entonó en himno a la Luz.
Cuando Jesús terminó de decir estas palabras a sus discípulos, les dijo:
—Comprended de qué manera estoy hablando con vosotros.
Pedro se levantó y dijo a Jesús:
—Mi Señor, no podemos soportar a esta mujer, porque habla en nuestro lugar. No deja que ninguno de nosotros hable, sino que ella habla muchas veces.
Jesús respondió y dijo a sus discípulos:
—Aquel en quien el poder de su espíritu brote dentro de él y le haga comprender lo que digo, que se adelante y hable.
Sin embargo, Pedro, veo tu poder en ti, pues comprendes la explicación del misterio del arrepentimiento que expresó la Pistis Sophia. Ahora, pues, Pedro, di el significado de su arrepentimiento ante tus hermanos.
Pedro respondió y dijo a Jesús:
—Señor, escucha, para que pueda expresar el significado de su arrepentimiento, acerca del cual tu poder profetizó una vez por medio de David, el profeta, cuando habló de su arrepentimiento en el salmo setenta:
«Señor, Dios mío, en ti he confiado. No permitas que sea avergonzado para siempre. Sálvame en tu justicia y líbrame. Inclina tu oído hacia mí y sálvame.
Sé para mí un Dios digno de confianza y un lugar firme para la salvación, porque tú eres mi fortaleza y mi refugio. Dios mío, sálvame de la mano del pecador y de la mano del transgresor y del impío.
Porque tú eres el Señor de mi paciencia; Señor, tú eres mi esperanza desde mi juventud. En ti me apoyé desde el vientre; tú me sacaste del vientre de mi madre. Mi recuerdo de ti estará siempre.
Me convertí para muchos en objeto de burla. Tú eres mi ayuda y mi fortaleza. Tú eres mi Salvador, Señor.
Mi boca se llenó de bendición, para bendecir todo el día la gloria de tu grandeza.
No me rechaces cuando llegue la vejez; cuando mi fuerza desfallezca, no me abandones.
Porque mis enemigos hablan mal contra mí, y quienes acechan mi alma conspiraron contra ella, diciendo juntos:
“Dios lo ha abandonado. Corred y atrapadlo, porque no hay nadie que lo libre”.
Oh Dios, atiende a mi ayuda. Que sean avergonzados y fracasen quienes calumnian mi alma. Que sean cubiertos de vergüenza e ignominia quienes buscan hacerme el mal».
Esta es, por tanto, la explicación del segundo arrepentimiento que expresó la Pistis Sophia.
El Salvador respondió a Pedro:
—Bien dicho, Pedro. Esta es la explicación de su arrepentimiento. Sois bienaventurados por encima de todo hombre que está sobre la tierra, porque os he revelado estos misterios.
En verdad, en verdad os digo: os completaré con todo el Pléroma, desde los misterios de lo interior hasta los misterios de lo exterior, y os llenaré del espíritu, para que os llamen espirituales, completos con todo el Pléroma.
Y en verdad, en verdad os digo que os daré todos los misterios de todos los Lugares de mi Padre y de todos los Lugares del Primer Misterio, de modo que aquello que aceptéis en la tierra será aceptado en la Luz de lo Alto, y aquellos a quienes rechacéis en la tierra serán rechazados en el reino de mi Padre, que está en los cielos.
Sin embargo, escuchad y prestad atención a todos los arrepentimientos que expresó la Pistis Sophia.
Ella añadió también un tercer arrepentimiento, diciendo:
«Oh Luz de los Poderes, atiende y líbrame.
Que sean disminuidos y queden en la oscuridad aquellos que quieren quitarme la Luz que hay en mí.
Que sean devueltos al Caos y sean avergonzados aquellos que quieren quitarme mi poder.
Que sean arrojados rápidamente a la oscuridad aquellos que me afligen y dicen: “Nosotros somos sus señores”.
Que se alegren y estén gozosos todos los que buscan la Luz, y que digan siempre:
“¡Que sea exaltado el Misterio, aquellos que desean tu misterio!”
Pero ahora, oh Luz, líbrame, porque mi Luz ha disminuido, pues ellos me la han quitado, y me falta el poder que me han arrebatado.
Tú, por tanto, oh Luz, eres mi Salvador y eres mi Libertador.
Oh Luz, apresúrate y líbrame de este Caos».
Pero sucedió que, cuando Jesús terminó de decir estas palabras a sus discípulos, dijo: «Esta es la tercera penitencia que pronunció la Pistis Sophia. Aquel en quien fue exaltado el espíritu de percepción, que se adelante y diga el significado de la penitencia que pronunció la Pistis Sophia».
Entonces sucedió que, antes de que Jesús terminara de hablar, Marta se adelantó, se postró a sus pies, los besó y exclamó llorando con gran aflicción y humildad:
«Señor mío, ten misericordia de mí y compadécete de mí, y permíteme [58a] explicar el significado de la penitencia que pronunció la Pistis Sophia».
Y Jesús ayudó a Marta y le dijo:
«Bienaventurado todo aquel que acostumbra humillarse, porque sobre él tendrán misericordia. Ahora, pues, Marta, eres bienaventurada. Sin embargo, expresa la explicación del significado de la penitencia de la Pistis Sophia».
Pero Marta respondió y dijo a Jesús en medio de los discípulos:
«Señor mío Jesús, acerca de la penitencia que pronunció la Pistis Sophia, tu poder de Luz, que está en David, profetizó una vez acerca de ella en el salmo sesenta y nueve, diciendo:
“Dios mío, Señor, presta atención para ayudarme. Que sean avergonzados y confundidos los que buscan mi alma. Que retrocedan y queden avergonzados los que me dicen: ‘¡Bien hecho! ¡Bien hecho!’. Que se alegren y se regocijen en ti todos los que te buscan, y que digan continuamente: ‘¡Sea Dios exaltado!’, aquellos que aman tu salvación. Pero yo soy pobre y miserable; Señor, ayúdame. Tú eres mi ayudador y mi refugio; Señor, no tardes”.
Esta, pues, es la explicación de la tercera penitencia que pronunció la Pistis Sophia, alabando a la Altura».
Entonces sucedió que, al oír Jesús a Marta decir estas palabras, dijo:
«Bien hecho, Marta, y has hablado correctamente».
Jesús añadió también [59a] estas palabras y dijo a sus discípulos:
«La Pistis Sophia también pronunció la cuarta penitencia, antes de que fuera afligida por segunda vez, cuando iban a quitarle toda la luz que había en ella, incluso el poder del rostro de león, junto con todas las emanaciones materiales que estaban con ella, aquellas que el Autoengendrado había enviado al Caos.
Pronunció, pues, esta penitencia:
“Oh Luz en quien he confiado, escucha mi penitencia y deja que mi clamor llegue hasta tu morada. No apartes de mí tu imagen de luz, sino atiéndeme cuando me aflijan. Date prisa y líbrame cuando clame a ti.
[59b] Porque mi tiempo se desvaneció como un aliento, y me convertí en materia. Me quitaron mi luz y mi poder se secó. Olvidé mi misterio, aquel que acostumbraba realizar al principio.
A causa del grito de temor producido por el poder del Autoengendrado, mi poder desfalleció dentro de mí. Me convertí en algo semejante a un simple demonio que habita en la materia, donde no hay luz. Y me convertí en un espíritu falsificado, que está en un cuerpo material en el que no existe poder de luz. Y me convertí en un decano que está sobre el aire, solo.
Las emanaciones del Autoengendrado me afligieron profundamente, y él había dicho dentro de sí: ‘Mi compañera’. En lugar de la luz que había en ella, la llenaron de Caos.
Tragué el sudor [60a] de mi propia materia, junto con la angustia de las lágrimas de la materia de mis ojos, por temor a que quienes me afligen también me quitaran estas cosas.
Todo esto, oh Luz, me sucedió por tu mandato y conforme a tu orden. Tu mandato era que yo llegara a estar en estas circunstancias: tu mandato me hizo descender, y descendí como un poder del Caos. Y mi poder quedó paralizado dentro de mí.
Pero tú, oh Señor, eres Luz para la eternidad, y acostumbras visitar a los afligidos en todo momento.
Ahora, pues, oh Luz, levántate y busca mi poder junto con el alma que está en mí. Se ha cumplido tu mandato que me diste en mis aflicciones. Ha llegado para ti el momento de buscar mi poder junto con mi alma.
Y este es el [60b] momento que ordenaste para buscarme, porque tus redentores buscaron el poder que está en mi alma; pues se ha cumplido el número y ha llegado el momento de que ellos liberen también su materia.
Entonces, en aquel momento, todos los Arcontes de los eones materiales temerán tu Luz, y todas las emanaciones del decimotercer eón material temerán el misterio de tu Luz, para hacer que los demás se revistan de la purificación de su luz.
Porque el Señor buscará el poder de vuestra alma. Él manifestó su misterio para contemplar la penitencia de quienes están en los Lugares inferiores, y no abandonó su penitencia.
Este es, pues, el misterio [61a] que se convirtió en modelo para la raza que ellos están a punto de engendrar. Y la raza que ellos están a punto de engendrar cantará himnos a la Altura.
Porque la Luz miró desde la Altura de su Luz; él mirará sobre toda la materia para escuchar el gemido de los que están encadenados, para liberar el poder de las almas, aquellas cuyo poder ellos habían atado, para poner su nombre en el alma y su misterio en el poder”.
Pero sucedió que, mientras Jesús decía estas palabras a sus discípulos, les dijo:
«Esta es la cuarta penitencia que pronunció la Pistis Sophia. Ahora, pues, quien tenga entendimiento, que entienda».
Entonces sucedió que, después de que Jesús hubo dicho estas palabras, Juan se adelantó, adoró ante el pecho de Jesús y dijo:
«Señor mío, ordéname también a mí y permíteme decir la explicación de la cuarta penitencia [61b] que pronunció la Pistis Sophia».
Jesús dijo a Juan:
«Te ordeno y te permito que digas la explicación de la penitencia que pronunció la Pistis Sophia».
Juan respondió y dijo:
«Señor mío, Salvador, acerca de esta penitencia que pronunció la Pistis Sophia, tu poder de Luz, que estaba en David, profetizó una vez acerca de ella en el salmo ciento uno:
“Señor, escucha mi oración y que mi clamor llegue hasta ti. No apartes de mí tu rostro; inclina tu oído hacia mí el día en que esté afligido. Date prisa y escúchame el día en que clame a ti.
Porque mis días se desvanecieron como humo y mis huesos se quemaron como una piedra. Fui abrasado como la hierba y mi corazón se secó, hasta el punto de que olvidé comer mi pan.
A causa del sonido de mi gemido, mi hueso se pegó a mi carne. Fui como un pelícano en el desierto; me convertí en una lechuza en una casa. Pasé la noche en vela; fui como un gorrión solitario sobre un tejado.
Mis enemigos me insultaban todo el día, y los que antes me honraban me maldecían. Porque comí ceniza en lugar de pan y mezclé mi bebida con lágrimas, ante tu ira y tu indignación; porque tú me levantaste y luego me arrojaste abajo.
Mis días se inclinaron como una sombra y me sequé como la hierba.
Pero tú, Señor, permaneces para siempre, y tu recuerdo permanece de generación en generación.
Levántate y ten compasión de Sion, porque ha llegado el tiempo de tener compasión de ella; porque ha llegado el momento señalado.
Tus siervos desean sus piedras y sienten compasión por su tierra. [62b] Las naciones temerán el nombre del Señor, y todos los reyes de la tierra temerán tu gloria.
Porque el Señor edificará Sion y se manifestará en su gloria. Miró la oración de los humildes y no despreció su súplica.
Que esto se escriba para otra generación, y que el pueblo que será creado alabe al Señor.
Porque él miró desde su Altura santa; el Señor miró desde el cielo hacia la tierra para escuchar el gemido de los encadenados, para liberar a los hijos de aquellos a quienes habían dado muerte, para proclamar el nombre del Señor en Sion y su alabanza en Jerusalén”.
Esta, Señor mío, [es] la explicación del misterio de la penitencia que pronunció la Pistis Sophia».
Entonces sucedió que, cuando Juan terminó de decir estas palabras a Jesús en medio de [63a] sus discípulos, Jesús le dijo:
«Bien hecho, Juan, el Virgen, aquel que gobernará en el reino de la Luz».
Pero Jesús añadió también estas palabras y dijo a sus discípulos:
«Sucedió también de esta manera: las emanaciones del Autoengendrado afligieron igualmente a la Pistis Sophia en los Caos. Querían quitarle toda su luz, pero todavía no se había cumplido su mandato de hacerla subir del Caos, y aún no había llegado hasta mí la orden del Primer Misterio para que yo la liberara del Caos.
Sucedió, pues, que, después de que todas las emanaciones materiales del Autoengendrado la hubieron afligido, ella clamó diciendo la quinta penitencia:
“Oh Luz de mi salvación, te alabo en el Lugar de la Altura y también en el Caos. Te alabaré con mi himno.
Lo que te alabé en la Altura, y aquello con lo que te alabé mientras estaba en el Caos, llegue ante tu rostro. Y atiende, oh Luz, a mi penitencia, porque mi poder estaba lleno de oscuridad y mi luz descendió al Caos.
Me convertí también en uno de los Arcontes del Caos, aquellos que descienden hacia la oscuridad inferior. Me convertí en un cuerpo material que no tiene quien lo libere en la Altura.
Me convertí también en materia de la cual habían quitado su poder, arrojándola al Caos; estas son las cosas que tú no liberaste y que perecieron por tu mandato.
Ahora, pues, me pusieron en la oscuridad [64a] inferior, en las tinieblas y en la materia, estando muerta y sin poder en ella.
Tú trajiste sobre mí tu mandato y todo lo que ordenaste; y tu espíritu se apartó, me abandonó. Y también, debido a tu mandato, las emanaciones de mi eón no me ayudaron, sino que me odiaron y se apartaron de mí.
También perecí, aunque no para siempre, y mi luz disminuyó dentro de mí.
Clamé a la Luz con toda la luz que había en mí y extendí mis manos hacia ti.
Ahora, pues, oh Luz, ¿no completarás tu mandato en el Caos? ¿No se levantarán los liberadores que vienen conforme a tu mandato y llegarán a ser discípulos tuyos en la oscuridad?
¿No proclamarán el misterio de tu nombre en el Caos —o, mejor dicho, proclamarán tu nombre en esta materia caótica que tú no purificarás—?
Pero yo [64b] te alabé, oh Luz, y mi penitencia llegará hasta ti en la Altura.
Haz que tu Luz venga sobre mí, porque me quitaron mi luz y quedé en tribulaciones a causa de la luz desde el momento en que me emanaron.
Y cuando miré hacia la Altura, hacia la Luz, miré hacia abajo, hacia el poder de la Luz que está en el Caos.
Me levanté y descendí. Tu mandato vino sobre mí, y los temores que ordenaste para mí me perturbaron. Me rodearon, numerosos como las aguas, y se apoderaron de mí durante todo mi tiempo.
Y por tu mandato no permitiste que mis compañeras de emanación me ayudaran; tampoco permitiste que mi compañera me liberara de mis aflicciones.
[65a] Esta, pues, es la quinta penitencia que pronunció la Pistis Sophia en el Caos, después de que todas las emanaciones materiales del Autoengendrado hubieron terminado de afligirla”».
Por tanto, mientras Jesús decía estas cosas a sus discípulos, les dijo:
—Quien tenga oídos para oír, que oiga; y aquel cuyo espíritu se agite dentro de él, que se adelante y exponga la explicación del significado de la quinta penitencia de Pistis Sophia.
Y cuando Jesús terminó de decir estas palabras, Philippos se levantó de un salto. Se puso de pie y dejó el libro que tenía en la mano, pues él era quien escribía cada palabra que Jesús decía, junto con todo lo que hacía. Philippos se adelantó, pues, y le dijo:
—Mi Señor, ¿acaso no soy yo el único a quien tú diste la tarea de cuidar del mundo y de escribir cada palabra que tú dirás, junto con todo lo que hagas? ¿Y no me permites adelantarme para que pueda exponer la explicación de los misterios de la penitencia de Pistis Sophia? Porque mi espíritu se ha agitado dentro de mí muchas veces, y se ha liberado y me ha impulsado con gran fuerza a adelantarme para exponer la explicación de la penitencia de Pistis Sophia. Pero no he podido adelantarme, porque soy yo quien escribe cada palabra.
Entonces sucedió que, al escuchar a Philippos, Jesús le dijo:
—Escucha, oh Philippos, el bienaventurado, para que pueda hablar contigo. Tú, junto con Thomas y Maththaios, sois aquellos a quienes el Primer Misterio dio la tarea de escribir cada palabra que yo diré, [66a] junto con todo lo que haré y todo lo que veréis.
Pero en tu caso, el número de las 36 palabras que debes escribir todavía no se ha completado. Cuando se hayan completado, entonces te adelantarás y expresarás aquello que quieras.
Ahora, pues, vosotros sois los tres que escribiréis cada palabra que yo diga, junto con todo lo que haga y todo lo que vea, y que daréis testimonio de todas las cosas del reino de los cielos.
Después de decir estas cosas, Jesús dijo a sus discípulos:
—Quien tenga oídos para oír, que oiga.
Entonces Mariham se levantó de nuevo, se acercó al centro y se puso junto a Philippos. Le dijo a Jesús:
—Mi Señor, mi compañero de luz tiene oídos, y yo me preparo para escuchar con todo mi poder, y he comprendido las palabras [66b] que has dicho. Ahora, mi Señor, escucha para que pueda hablar con confianza.
Tú nos dijiste: «Quien tenga oídos para oír, que oiga». Y acerca de la palabra que dijiste a Philippos: «Tú, junto con Thomas y Maththaios, sois los tres a quienes el Primer Misterio dio la tarea de escribir cada palabra del reino de la Luz y de dar testimonio de ellas», escucha, pues, para que pueda exponer la explicación de esta palabra.
Esto es lo que tu poder de luz profetizó una vez por medio de Moisés: que por el testimonio de dos y tres todo quedará establecido.
Los tres testigos son Philippos, Thomas y Maththaios.
Entonces sucedió que, al escuchar Jesús estas palabras, dijo:
—Bien hecho, Maria. Esta es la explicación [67a] de la palabra.
Ahora, Philippos, adelántate y expón la explicación del misterio de la quinta penitencia de Pistis Sophia. Después siéntate y escribe cada palabra que yo diga, hasta que se complete la parte que te corresponde escribir de las palabras del reino de la Luz.
Después de esto te adelantarás y dirás aquello que tu espíritu comprenda.
Sin embargo, ahora expón la explicación del misterio de la quinta penitencia de Pistis Sophia.
Pero Philippos respondió y dijo a Jesús:
—Mi Señor, escucha para que pueda exponer la explicación de su penitencia. Porque tu Poder profetizó acerca de ella una vez por medio de David, diciendo en el salmo ochenta y siete: «Señor, Dios de mi salvación, he clamado a ti de día y de noche. Que llegue mi oración ante tu presencia. Inclina tu oído, Señor, a mi súplica, porque mi alma está llena de males y mi vida se acerca a Amente. Me cuentan entre los que descienden al foso.
»Me he vuelto como un hombre que no tiene ayuda, libre entre los muertos, como los heridos que yacen muertos, arrojados y dormidos en las tumbas, aquellos de quienes ya no te acuerdas y que perecieron de tus manos.
»Me pusieron en un foso profundo, en la oscuridad y en la sombra de la muerte. Tu ira pesa sobre mí y todas tus aflicciones han caído sobre mí.
»Diapsalma.
»Has alejado de mí a quienes me conocen; me has hecho abominable para ellos. Me abandonaron, y yo no me alejé.
[68a] »Mis ojos se debilitaron por mi aflicción. He clamado a ti, Señor, todo el día; he extendido mis manos hacia ti.
»¿Acaso harás un milagro entre los muertos? ¿Se levantarán los médicos para confesarte? ¿Hablarán de tu nombre en las tumbas y de tu justicia en una tierra que has olvidado?
»Pero yo he clamado a ti, Señor, y mi oración llegará hasta ti a la hora de la mañana. No apartes de mí tu rostro, porque soy pobre. Desde mi juventud estoy afligido y lleno de tribulaciones.
»Pero después de haber sido exaltado, me humillé y me levanté. Tus iras cayeron sobre mí y tus terrores me perturbaron. Me rodearon como agua; se apoderaron de mí todo el día.
»Hicieron que mis compañeros se alejaran de mí, y que quienes me conocían se apartaran de mi aflicción».
Esta es, por tanto, la explicación del misterio de la quinta penitencia que Pistis Sophia pronunció cuando la afligieron en el Caos.
Entonces sucedió que, después de escuchar estas palabras que Philippos había pronunciado, Jesús dijo:
—Bien hecho, Philippos, el amado. Ahora ven, siéntate y escribe tu parte de cada palabra que yo diga, junto con todo lo que haga y con todo lo que veas.
Y en aquella hora Philippos se sentó y escribió.
Después de estas cosas, Jesús añadió también a su discurso y dijo a sus discípulos:
—Entonces Pistis Sophia clamó a la Luz. Ella perdonó su pecado, porque había abandonado su Lugar y había descendido a la oscuridad. Pronunció la sexta penitencia, diciendo así:
«Te he cantado alabanzas, oh Luz, en la oscuridad de abajo. Escucha mi penitencia y que tu luz atienda al clamor de mi oración.
»Oh Luz, si recordaras mi pecado, no podría acercarme a ti y tú me abandonarías. Porque tú, oh Luz, eres mi salvador, por causa de la luz de tu nombre.
»He creído en ti, oh Luz, y mi poder ha creído en tu misterio. También mi poder ha confiado en la luz que llega a las cosas de lo Alto, y ha confiado en aquel que está en el Caos de abajo.
»Que todo poder que está en mí confíe en la Luz mientras estoy en la oscuridad de abajo. Y que también confíen en él si llegan al Lugar de lo Alto.
»Porque él es quien nos verá y nos redimirá, [69b] y en él existe un gran misterio de liberación. Él es quien liberará a todos los poderes del Caos a causa de mi transgresión, porque abandoné mi Lugar y descendí al Caos.
»Ahora, pues, quien tenga una mente elevada, que comprenda».
Entonces sucedió que, después de que Jesús terminó de decir estas palabras a sus discípulos, les dijo:
—¿Comprendéis de qué manera os estoy hablando?
Andreas se adelantó y dijo:
—Mi Señor, acerca de la explicación de la sexta penitencia de Pistis Sophia, tu poder de luz profetizó una vez por medio de David en el salmo ciento veintinueve, diciendo:
«Desde lo profundo he clamado a ti, Señor; escucha mi clamor. Que tus oídos estén atentos al clamor de mi súplica.
»Señor, si tienes en cuenta las injusticias, ¿quién podrá mantenerse en pie? Porque de ti procede el perdón.
»Por causa de tu nombre he esperado en ti, Señor. Mi alma ha esperado tu palabra. Mi alma ha esperado en el Señor desde la mañana hasta la tarde.
»Que Israel espere en el Señor desde la mañana hasta la tarde. Porque del Señor procede la misericordia y en él hay una gran redención. Él es quien redimirá a Israel de todas sus injusticias».
Jesús le dijo:
—Bien hecho, Andreas, el bienaventurado. Esta es la explicación de su penitencia.
«Amén, amén, os digo: os llenaré de todos los misterios de la Luz y de todo conocimiento, desde el interior de los interiores hasta el exterior de los exteriores, desde el Inefable hasta la oscuridad de las oscuridades, [70b] y desde la Luz de las Luces hasta la materia de la materia; desde todos los dioses hasta los demonios, desde todos los señores hasta los Decanos, desde todas las Autoridades hasta los Ministros, desde la formación de los seres humanos hasta la de las fieras, los animales y los reptiles.
»Porque os llamarán los perfectos, aquellos que han sido completados con toda la Plenitud (Pleroma).
»Amén, amén, os digo: el Lugar en el que yo estaré en el reino de mi Padre, vosotros también estaréis allí conmigo.
»Y cuando se haya cumplido el número perfecto para que la Confusión sea disuelta, ordenaré que traigan a todos los dioses tiranos, aquellos que no entregaron la purificación de su luz.
»Y ordenaré al fuego discernidor, el fuego sabio que los perfectos suelen atravesar, que devore a esos tiranos hasta que entreguen la última parte de la purificación de su luz».
Entonces sucedió que, después de que Jesús terminó de decir estas palabras a sus discípulos, les dijo:
—¿Comprendéis de qué manera os estoy hablando?
Maria dijo:
—Sí, Señor, he comprendido la palabra que dices.
Acerca de la palabra que dijiste: «Cuando toda la Confusión sea disuelta, te sentarás sobre un poder de luz, y tus discípulos, es decir, nosotros, nos sentaremos a tu derecha; y juzgarás a los dioses tiranos, aquellos que no entregaron la purificación de su luz. Y el fuego discernidor los devorará hasta que entreguen la última parte de la luz que hay en ellos».
Por causa de esta palabra, tu poder de luz profetizó una vez por medio de David, diciendo en el salmo vigésimo cuarto con un salmo:
«Dios se sentará en la asamblea de los dioses y juzgará a los dioses».
Jesús le dijo:
—Bien hecho, Maria.
Jesús añadió también estas palabras y dijo a sus discípulos:
Sucedió entonces que, después de que Pistis Sophia hubo terminado de pronunciar la sexta penitencia por el perdón de su transgresión, volvió también su mirada hacia lo Alto para ver si le habían perdonado sus pecados y si la sacarían del Caos. Pero todavía no habían escuchado de ella, por mandato del Primer Misterio, que debían perdonarle su pecado y sacarla del Caos.
Al volver, pues, su mirada hacia lo Alto para ver si habían recibido su penitencia, vio a todos los Gobernantes de los doce Eones burlándose de ella y alegrándose por ella, porque no habían recibido su penitencia.
Al ver, pues, que se burlaban de ella, se afligió mucho. Elevó su voz hacia lo Alto, diciendo en la séptima Penitencia:
«Oh Luz, he elevado mi poder hacia ti; mi Luz, he creído en ti. No permitas que sea despreciada, ni que los Gobernantes de los doce Eones, estos que me odian, se alegren de mí. Porque todo aquel que cree en ti no será avergonzado. Quedarán en las tinieblas aquellos que se apoderaron de mi poder y no obtendrán provecho de él; más bien, les será quitado.
Oh Luz, muéstrame tus caminos, y seré liberada de ellos; y muéstrame tus senderos, para que sea liberada del Caos, y guíame en tu luz. Y hazme saber, oh Luz, que tú eres mi libertador; en ti confiaré todos mis días.
Escúchame para liberarme, oh Luz, porque tu misericordia llega hasta la eternidad. Por la transgresión que cometí desde el principio, en mi ignorancia, no me la tengas en cuenta, oh Luz; más bien, líbrame en tu gran misterio de perdón de los pecados, por tu bondad, oh Luz, porque buena y recta es la Luz. Por esto me mostrarás tu camino para que sea liberada de mi transgresión.
Y mis poderes, que fueron debilitados por el temor de las emanaciones materiales [73a] del Autodeterminado, él los acercará mediante su mandato; y mis poderes, que fueron debilitados por los despiadados, él les enseñará su conocimiento. Porque todos los conocimientos de la Luz son liberaciones y son misterios para todo aquel que busca los Lugares de su herencia con sus misterios.
Por el misterio de tu nombre, oh Luz, perdona mi transgresión, porque es muy grande. Todo aquel que confía en la Luz recibirá para sí el misterio que desea, y su alma llegará a estar en el Lugar de la Luz, y su poder heredará el Tesoro de la Luz.
La Luz es aquella que da poder a quienes creen en ella, y el nombre de su misterio pertenece a aquellos que confían en ella, y ella les mostrará el Lugar de la herencia [73b] que está en el Tesoro de la Luz.
Pero yo he creído en la Luz en todo momento, porque ella es quien liberará mis pies de las ataduras de las tinieblas. Escúchame, oh Luz, y líbrame.
Porque ellos me quitaron mi nombre en el Caos. Más allá de todas las emanaciones, mis aflicciones y mis opresiones se multiplicaron enormemente. Líbrame de mis transgresiones y de estas tinieblas, y mira la tribulación de mi opresión, y perdona mi transgresión.
Escucha a los Gobernantes de los doce Eones, estos que me odiaron con celos. Vigila mi poder y líbrame, y no permitas que permanezca en estas tinieblas, porque creí en ti y ellos me hicieron grandemente necia porque creí [74a] en ti, oh Luz.
Ahora, pues, oh Luz, libera mis poderes de las emanaciones del Autodeterminado, aquellas en las que estoy oprimida.»
Ahora bien, quien esté sobrio, que permanezca sobrio.
Entonces Jesús hubo dicho estas cosas a sus discípulos, y Tomás se adelantó y dijo:
«Mi Señor, estoy sobrio; me vuelvo aún más sobrio, y mi espíritu está preparado dentro de mí. Y me alegro mucho porque nos has revelado estas palabras. Sin embargo, sigo teniendo paciencia con mis hermanos hasta ahora, para no enojarme con ellos. Pero tengo paciencia con cada uno de ellos, acercándome a ti para explicar la penitencia de Pistis Sophia.
Ahora, pues, mi Señor, acerca de la explicación de la séptima penitencia de Pistis Sophia, tu poder de luz profetizó sobre ella por medio de David el profeta, diciendo así en el vigésimo cuarto salmo:
“Oh Señor, he elevado mi alma hacia ti; Dios mío, he confiado en ti. No permitas que sea avergonzado ni que mis enemigos se burlen de mí. Porque todo aquel que tiene paciencia contigo no será avergonzado. Serán avergonzados aquellos que actúan injustamente sin causa.
Oh Señor, muéstrame tus caminos y enséñame tus senderos. Guíame por el camino de tu verdad y enséñame, porque tú eres mi Dios, mi Salvador. Tendré paciencia contigo todo el día.
Recuerda tus compasiones, oh Señor, y tus [75a] misericordias, porque existen desde la eternidad. No recuerdes los pecados de mi juventud ni mi ignorancia; recuérdame más bien según la abundancia de tu misericordia, por tu bondad, oh Señor. Bueno y recto es el Señor; por esto enseñará el camino a los pecadores.
Guiará a los humildes en el juicio; enseñará a los humildes sus caminos. Todos los caminos del Señor son misericordia y verdad para quienes buscan su justicia y sus testimonios.
Por causa de tu nombre, oh Señor, perdona mi pecado, porque es muy grande.
¿Quién es el hombre que teme al Señor? Él le establecerá una ley en el camino que haya escogido. Su alma [75b] habitará en la prosperidad, y su descendencia heredará la tierra.
El Señor es la firmeza de quienes le temen, y el nombre del Señor pertenece a quienes le temen, para mostrarles su alianza.
Mis ojos están siempre dirigidos al Señor, porque él es quien sacará mis pies de la trampa.
Mírame y ten misericordia de mí, porque estoy huérfano y verdaderamente soy pobre. Las aflicciones de mi corazón se han multiplicado. Sácame de mis angustias.
Mira mi humildad y mis tribulaciones, y perdona todos mis pecados. Mira a mis enemigos, porque han aumentado y me odian con un odio violento.
Guarda mi alma [76a] y sálvame. No permitas que sea avergonzado, porque he esperado en ti.
Los inocentes y los rectos se unirán a mí, porque tengo paciencia contigo, Señor Dios. Redime a Israel de todas sus aflicciones.”»
Pero Jesús, al escuchar las palabras de Tomás, le dijo:
«Bien hecho, Tomás, y justamente.
Esta es la explicación de la séptima penitencia de Pistis Sophia.
En verdad, en verdad os digo: todas las generaciones del mundo os llamarán bienaventurados sobre la tierra, porque os he revelado estas cosas y las habéis recibido de mi espíritu, y os habéis hecho comprensivos y espirituales, comprendiendo las cosas que digo.
Y después de estas cosas [76b] os llenaré de toda la luz y de todo el poder del espíritu, para que, desde esta hora, comprendáis todas las cosas que os dirán y las cosas que veréis.
Dentro de poco tiempo volveré a hablar con vosotros de todas las cosas de lo Alto, desde lo exterior hasta lo interior y desde lo interior hasta lo exterior.»
Jesús añadió también estas palabras y dijo a los discípulos:
Sucedió entonces que, después de que Pistis Sophia hubo pronunciado su séptima penitencia en el Caos, todavía no había llegado hasta mí el mandato del Primer Misterio para que yo la liberara y la sacara del Caos.
Pero yo, por mí mismo, movido por la misericordia y sin recibir un mandato, la llevé a un lugar un poco más amplio dentro del Caos.
Y cuando las emanaciones materiales del Autodeterminado supieron que yo la había llevado a un lugar un poco más amplio dentro del Caos, dejaron de oprimirla por un tiempo, pensando que iban a sacarla completamente del Caos.
Al suceder estas cosas, Pistis Sophia no sabía que yo era quien la ayudaba, ni me conocía en absoluto. Pero continuaba cantando himnos a la Luz del Tesoro, aquella que había visto en ese momento y en la que había creído; y pensaba que también ella era quien la ayudaba, y que era a ella a quien dirigía sus himnos, creyendo que era la Luz [77b] de la verdad.
Pero como había creído en la Luz, que pertenece a la verdad del Tesoro, por esto la sacarían del Caos y recibirían de ella su penitencia. Sin embargo, todavía no se había cumplido el mandato del Primer Misterio para que recibieran de ella su penitencia.
No obstante, escuchad, para que os diga todas las cosas que le sucedieron a Pistis Sophia.
Sucedió entonces que, después de que yo la llevé a un lugar un poco más amplio dentro del Caos, las emanaciones del Autodeterminado dejaron por completo de oprimir a Pistis Sophia, pensando que iban a sacarla completamente del Caos.
Pero sucedió que, cuando las emanaciones del Autodeterminado supieron que no habían sacado a Pistis Sophia del Caos, volvieron a oprimirla con gran intensidad.
Por esto, entonces, pronunció la octava Penitencia, porque antes habían dejado de oprimirla, pero después volvieron a hacerlo y la oprimieron hasta el final.
Pronunció esta penitencia diciendo:
«He confiado en ti, oh Luz. No me dejes en el Caos. Redímeme y líbrame mediante tu conocimiento.
He confiado en ti y tú me liberas. Sé para mí un libertador, oh Luz, y líbrame y acércame a tu luz, porque tú eres mi Salvador y tú me acercarás a ti.
Y por el misterio de tu nombre, guíame y dame tu misterio; y me librarás de este poder de rostro de león que me ha atrapado, porque tú eres mi Salvador, y pondré la purificación de mi luz en tus manos.
Tú me has liberado, oh Luz, mediante tu conocimiento. Te has enojado con aquellos que me vigilan, estos que nunca podrán apoderarse de mí.
Pero yo he confiado en la Luz; me alegraré y cantaré himnos, porque has tenido compasión de mí, has prestado atención a las angustias en las que me encuentro y me has liberado.
Y también salvarás mi poder del Caos, y no me dejarás en manos del poder de rostro de león, sino que me llevarás a un lugar donde no haya opresión.»
Por tanto, después de que Jesús hubo dicho esto a sus discípulos, también les respondió y les dijo:
Sucedió, pues, que, al conocer el Poder de Rostro de León, aquellos que habían llevado a Pistis Sophia al Caos no la sacaron de allí por completo; y aquel Poder vino también con todas las demás emanaciones materiales del Autocentrado, y también ellas oprimieron a Pistis Sophia.
Sucedió, pues, que, después de haberla oprimido, ella clamó en la misma Repentencia, diciendo:
«Ten compasión de mí, oh Luz, porque también ellas me han oprimido. La luz que está en mí ha sido perturbada por causa de tu mandato. También mi poder y mi mente: mi poder comenzó a desfallecer mientras me encontraba en estas opresiones, y el número de mis tiempos mientras estoy en el Caos.
Mi luz se ha debilitado porque me quitaron mi poder, y sacudieron todos los poderes que están en mí. Me volví impotente más allá de todos los Gobernantes de los Eones, aquellos que me odian, y más allá de las veinticuatro emanaciones, aquellas en cuyo Lugar yo estaba.
Y mi hermano, mi compañero, tuvo miedo de ayudarme a causa de aquello en lo que me habían plantado. Y todos los Gobernantes de la Altura me consideraron como materia en la que no hay luz.
Me convertí en un poder material que había caído de los Gobernantes, y todos los que están en los Eones dijeron: “Ella se ha convertido en Caos”.
Después de esto, me rodearon los poderes despiadados y dijeron acerca de mí: “Vamos a quitarle toda la luz que hay en ella”.
Pero yo confié en ti, oh Luz, y dije: “Tú eres mi Salvador”.
Y mi mandato, que tú me ordenaste cuando estaba en tus manos, está en tus manos. Líbrame de las emanaciones del Autocentrado, aquellas que me oprimen y me persiguen.
Envía tu luz sobre mí, porque no soy nada sin ti.
Y líbrame en tu compasión. No permitas que sea despreciada, porque tú eres aquel a quien he alabado, oh Luz.
El Caos cubrirá las emanaciones del Autocentrado y las llevará abajo, a las tinieblas.
Que sea cerrada la boca de aquellos que, con engaño, quieren tragarme, aquellos que dicen: “Quitemos toda la luz que hay en ella”, aunque yo no les haya hecho ningún mal».
Después de que Jesús hubo dicho esto, Mateo se adelantó y dijo:
«Mi Señor, tu espíritu me ha movido, y tu luz está serena dentro de mí para que pronuncie la octava Repentencia de Pistis Sophia.
Porque tu Poder profetizó acerca de ella una vez por medio de David, en el trigésimo salmo, diciendo:
“En ti confío, oh Señor; no permitas que sea avergonzado para siempre. Sálvame en tu justicia.
Inclina tu oído hacia mí. Date prisa y sálvame.
Sé para mí un Dios protector y una casa de refugio, para salvarme; porque tú eres mi firmeza y mi refugio.
Por causa de tu nombre me guiarás, me alimentarás y me sacarás de esta trampa que han escondido para mí, porque tú eres mi defensa.
En tus manos encomendaré mi espíritu. Tú me has redimido, oh Señor, Dios de la verdad.
Tú has odiado a quienes se aferran a lo que es vano sin causa; pero yo he confiado en el Señor.
Me alegraré y me regocijaré por tu misericordia, porque has mirado mi humildad y has salvado mi alma de las angustias.
No me has entregado en manos de las tinieblas; has puesto mis pies en un lugar espacioso.
Ten misericordia de mí, oh Señor, porque estoy afligido.
Mis ojos se han turbado por la ira, y también mi alma y mi cuerpo.
Porque mis años se consumieron en el dolor del corazón, y mi vida en los gemidos.
Mi poder se debilitó en la pobreza, y mis huesos se estremecieron.
Me convertí en objeto de reproche para todos mis enemigos y para quienes están cerca de mí.
Me convertí en motivo de temor para quienes me conocen, y quienes me ven huyen de mí.
Me olvidaron como a un cadáver en su corazón, y fui como un recipiente que se ha perdido.
Porque escuché el desprecio de las multitudes que me rodeaban por todas partes, cuando se reunieron contra mí.
Conspiraron para quitarme la vida.
Pero yo confié en ti, oh Señor.
Dije: ‘Tú eres mi Dios’.
Mi destino está en tus manos.
Líbrame de la mano de mis enemigos y sálvame de quienes me persiguen.
Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo y sálvame en tu misericordia, oh Señor.
No permitas que sea avergonzado, porque clamé a ti.
Que sean avergonzados los impíos y que desciendan a Amente.
Que sean silenciados los labios engañosos, los que hablan contra el justo con orgullo y desprecio”».
Pero Jesús, después de escuchar estas palabras, dijo:
«Bien has hablado, Mateo.
Ahora, pues, en verdad os digo: cuando se haya completado el número perfecto y el Universo sea elevado, me sentaré en el Tesoro de la Luz, y vosotros también os sentaréis sobre doce poderes de luz, hasta que restauremos todas las órdenes de los doce Salvadores al Lugar de la herencia que corresponde a cada uno de ellos».
Después de haber dicho esto, les dijo:
«¿Comprendéis lo que estoy diciendo?»
María se adelantó y dijo:
«Señor, por esto mismo nos dijiste una vez en una parábola:
“Vosotros habéis permanecido conmigo en las pruebas. Yo estableceré con vosotros un reino, tal como mi Padre lo estableció conmigo, para que comáis y bebáis en mi mesa en mi reino; y vosotros os sentaréis sobre doce tronos y juzgaréis a las doce tribus de Israel”».
Él le dijo:
«Bien hecho, María».
Jesús continuó y dijo a sus discípulos:
Sucedió, pues, también después de esto que, habiendo sido oprimida Pistis Sophia en el Caos por las emanaciones del Autocentrado, ella pronunció la novena Repentencia, diciendo:
«Oh Luz, golpea a aquellos que me han quitado mi poder y quita el poder de aquellos que me han quitado el mío, porque yo soy tu poder junto con tu luz.
Ven y líbrame.
Que una gran oscuridad cubra a aquellos que me oprimen.
Di a mi poder: “Yo soy aquel que te librará”.
Que disminuya el poder de todos aquellos que quieren quitarme por completo mi luz.
Que regresen al Caos y queden sin poder aquellos que quieren quitarme por completo mi luz.
Que su poder se vuelva como polvo, y que Ieou, tu ángel, los golpee.
Y cuando intenten subir a la Altura, que las tinieblas los alcancen; que resbalen, caigan y regresen al Caos.
Y que Ieou, tu ángel, los persiga y los envíe a las tinieblas de abajo.
Porque me tendieron una trampa mediante el Poder de Rostro de León, aunque yo no les había hecho ningún mal; este es el poder cuya luz me quitarán.
Oprimieron el poder que está en mí, aquel cuya luz no podrán quitar.
Ahora, pues, oh Luz, quita las purificaciones de la luz del Poder de Rostro de León, que no conocía; y el pensamiento que el Autocentrado concibió para quitarme mi luz, quítaselo también a él.
Y que le quiten la luz al Poder de Rostro de León, aquel que me tiende una trampa.
Mi propio poder se alegrará en la luz y se regocijará, porque tú lo liberarás.
Y todas las partes de mi poder dirán:
“No existe otro libertador aparte de ti, porque tú eres aquel que me librará del Poder de Rostro de León, que me quitó mi poder y mi luz.
Y tú eres aquel que me libera de quienes me quitaron mi poder junto con mi luz.
Porque se levantaron contra mí, mintiendo acerca de mí y diciendo:
‘Conozco el misterio de la Luz que está en la Altura, aquella en la que yo creía’.
Y me obligaron, diciendo:
‘Dinos el misterio de la Luz que está en la Altura, ese misterio que tú conoces’.
Y me devolvieron todos estos males porque yo creía en la Luz de la Altura.
Hicieron que mi poder quedara sin luz.
Pero cuando me obligaron, me senté en las tinieblas, con mi alma humillada y llena de lamentación.
Y, oh Luz, por causa de quien te canto, líbrame.
Sé que me librarás, porque he cumplido tu voluntad desde que llegué a existir en mi Eón.
He cumplido tu voluntad como los Invisibles que existen en mi Lugar y como mi compañero.
Y he lamentado, contemplando y buscando tu Luz.
Ahora, pues, me rodearon todas las emanaciones del Autocentrado, y se alegraron de mí, y me oprimieron grandemente, aunque yo no conozco la causa.
Corrieron y se alejaron de mí, y no tuvieron compasión de mí.
Volvieron, me pusieron a prueba y me oprimieron con una gran opresión.
Rechinaban los dientes contra mí, queriendo quitarme por completo mi luz.
¿Cuánto tiempo, pues, oh Luz, vas a soportar que me opriman?
Libra mi poder de sus malos pensamientos y líbrame del Poder de Rostro de León, porque yo soy la única entre los Invisibles que existe en este Lugar.
Te cantaré alabanzas, oh Luz, estando en medio de todos aquellos que se han reunido contra mí, y clamaré hacia ti en medio de todos aquellos que me oprimen.
Ahora, pues, oh Luz, no permitas que se alegren de mí quienes me odian y quienes quieren quitarme mi poder; aquellos que me odian y que me miran con desprecio, aunque yo no les haya hecho nada.
Porque me halagaban con palabras agradables, buscando de mí los misterios de la Luz, aquellos que yo no conozco.
Me hablaban con astucia y se enojaban conmigo porque yo creía en la Luz que está en la Altura.
Abrieron su boca contra mí y dijeron:
“Sí, le quitaremos su luz”.
Ahora, pues, oh Luz, tú conoces su engaño.
No los toleres y no permitas que tu ayuda se aleje de mí.
Date prisa, oh Luz.
Hazme justicia y venga mi causa, y juzga en mi favor según tu bondad.
Ahora, pues, oh Luz de las Luces, no permitas que me quiten mi luz y no permitas que digan dentro de sí:
“Nos hemos saciado con su luz”.
Ni que digan:
“Nos hemos tragado su poder”.
Que, en cambio, las tinieblas vengan sobre ellos y que queden sin poder quienes quieren quitarme mi luz.
Que se cubran de Caos y de tinieblas aquellos que dicen:
“Le quitaremos su luz junto con su poder”.
Ahora, pues, líbrame para que pueda alegrarme, porque deseo el Lugar de la Justicia en el decimotercer Eón.
Y en todo momento diré:
“Que se haga más luminosa la luz de Ieou, tu ángel, porque anhelo la luz”.
Y mi lengua te cantará alabanzas por tu conocimiento durante todo mi tiempo en el decimotercer Eón».
Sucedió que, cuando Jesús terminó de decir estas palabras a sus discípulos, les dijo:
—Aquel de vosotros cuyo espíritu se sienta movido, que se adelante y dé la interpretación de estas palabras.
Se adelantó Jacobo y besó el pecho de Jesús. Dijo:
—Mi Señor, mi espíritu está despierto en mí y estoy dispuesto a dar su interpretación. En efecto, acerca de esto, tu poder profetizó una vez por medio de David, en el salmo treinta y cuatro, diciendo así acerca de la novena penitencia de Pistis Sophia:
«Juzga, Señor, a los que me maltratan; combate contra los que combaten contra mí. Toma un arma y un escudo, y levántate para ayudarme. Saca la espada y cierra el paso delante de los que me persiguen. Di a mi alma: “Yo soy tu salvación”.
Que sean avergonzados y queden confundidos los que buscan mi alma. Que retrocedan y queden avergonzados los que piensan hacerme mal. Que sean como el polvo ante el viento, y que el ángel del Señor los persiga. Que su camino se vuelva oscuro y resbaladizo, y que el ángel del Señor los aflija.
Porque sin motivo escondieron para mí una trampa destinada a su propia destrucción. Y sin causa reprocharon a mi alma. Que les sobrevenga la trampa que no conocen, y que los atrape la red que escondieron para mí; que caigan en ella.
Pero mi alma se alegrará en el Señor y se regocijará en su salvación. Todos mis huesos dirán: “Señor, ¿quién puede compararse contigo? Tú salvas al pobre de la mano de quien es más fuerte que él, y libras al pobre y al miserable de quienes los despojan”.
Se levantaron testigos violentos; me preguntaron acerca de cosas que no conozco. Me devolvieron mal por bien y dejaron desolada mi alma.
Pero yo, cuando me afligieron, me vestí de cilicio y humillé mi alma con ayuno; mi oración volverá a mi propio pecho.
Me comportaba contigo como con mi prójimo y como con mi hermano; me humillaba como quien lamenta y como quien está de duelo.
Pero ellos se alegraron de mi desgracia y se reunieron contra mí, aunque yo no lo sabía. Se separaron y no sintieron dolor en su corazón. Me tentaron y se burlaron de mí con burla; rechinaron sus dientes contra mí.
Señor, ¿cuándo mirarás? Libra mi alma de sus malas acciones y rescata mi única vida de los leones.
Te daré gracias, Señor, en una gran congregación y te alabaré entre un pueblo innumerable.
Que no se alegren de mí mis enemigos injustamente, ni los que me odian sin causa guiñen sus ojos contra mí.
Porque ellos no hablan conmigo palabras de paz, sino que en su corazón traman engaños contra los pacíficos de la tierra.
Abrieron ampliamente su boca contra mí y dijeron: “¡Bien hecho! Nuestros ojos han visto lo que deseábamos”.
Tú lo has visto, Señor. No guardes silencio, Señor; no te alejes de mí. Levántate, Señor, y presta atención a mi juicio; atiende a mi causa, Dios mío y Señor mío.
Júzgame, Señor, conforme a mi justicia; que no se alegren de mí, Dios mío. Que no digan en su corazón: “¡Bien! Nuestra alma ha conseguido lo que quería”. Que no digan: “Lo hemos devorado”.
Que sean avergonzados y queden confundidos todos juntos los que se alegran de mi desgracia. Que sean cubiertos de vergüenza y deshonra los que hablan con arrogancia contra mí.
Que se alegren y se regocijen los que desean mi justicia, y que digan continuamente: “Grande es el Señor; sea exaltado”. Que sean exaltados los que desean la paz de su siervo.
Mi lengua se alegrará por tu justicia y te alabará todo el día».
Después de que Jacobo hubo dicho estas palabras, Jesús le dijo:
—Bien hecho, Jacobo; lo has dicho correctamente. Esta es la interpretación de la novena penitencia de Pistis Sophia.
—Amén, amén, os digo: vosotros entraréis primero en el Reino de los Cielos, antes que todos los Invisibles, todos los dioses y todos los gobernantes que llegaron a existir en el decimotercer eón y en los doce eones. Y no vosotros solos, sino también todo aquel que practique mis misterios.
Después de decir esto, les dijo:
—¿Comprendéis de qué manera os estoy hablando?
María se adelantó nuevamente y dijo:
—Sí, Señor. Esto es lo que nos dijiste una vez: “Los últimos serán primeros y los primeros serán últimos”. Los primeros son, por tanto, aquellos que fueron creados antes que nosotros, los Invisibles. Puesto que ellos existieron antes que la humanidad, ellos, junto con los gobernantes y los hombres que recibirán los misterios, serán los primeros en entrar en el Reino de los Cielos.
Jesús le dijo:
—Bien hecho, María.
Jesús añadió también a sus discípulos:
—Sucedió, por tanto, que después de que ella hubo pronunciado la novena penitencia, el poder con rostro de león volvió a oprimir a Pistis Sophia, con la intención de quitarle todo el poder.
Ella clamó nuevamente hacia la Luz, diciendo:
—Oh, Luz, en quien creí desde el principio, por causa de quien he sufrido estas grandes tribulaciones, ayúdame.
Y en aquel momento aceptaron su penitencia. El Primer Misterio la escuchó y, por mandato suyo, me envió. Vine a ayudarla y la saqué del Caos, porque se arrepintió y también porque creyó en la Luz. Ella sufrió estas grandes tribulaciones y estos grandes peligros porque fue engañada por el Dios de voluntad propia; pero no fue engañada por ninguna otra obra, sino por un poder de luz, debido a su semejanza con la Luz en la que había creído.
Por eso me enviaron por mandato del Primer Misterio para ayudarla en secreto, aunque todavía no debía entrar por completo en el Lugar de los Eones.
Pero salí de en medio de todos ellos, y ningún poder lo supo: ni los que estaban en la parte interior de lo interior, ni los que estaban en la parte exterior de lo exterior. Solo el Primer Misterio lo sabía.
Sucedió, por tanto, que cuando llegué al Caos para ayudarla, ella me vio, siendo yo comprensible y resplandeciente en gran manera, y mostrando gran misericordia hacia ella.
Porque yo no actuaba por voluntad propia, como el poder con rostro de león, aquel que había quitado el poder de luz de Sophia y también la había oprimido para quitarle toda la luz que había en ella.
Cuando Sophia me vio resplandeciente, vio que yo era diez mil veces más luminoso que el poder con rostro de león, y que mostraba hacia ella una gran misericordia.
Entonces Pistis Sophia supo que yo procedía de la Altura de las Alturas, aquella cuya Luz había creído desde el principio.
Pistis Sophia cobró confianza en su corazón y pronunció la décima penitencia, diciendo:
«Clamé hacia ti, oh Luz de las Luces, en mi aflicción, y tú me escuchaste.
Oh Luz, libera mi poder de los labios violentos y de los injustos, y de las trampas del engaño.
Oh Luz, aquello que quieren quitarme mediante una trampa de engaño, no lo habrían llevado ante ti.
Porque las trampas del Dios de voluntad propia están extendidas por todas partes, junto con las redes de los despiadados.
¡Ay de mí!, porque mi lugar de residencia estaba lejos y llegué a habitar en los lugares del Caos. Mi poder llegó a estar en lugares que no me pertenecen. Yo halagaba a aquellos despiadados, y cada vez que intentaba halagarlos, ellos luchaban contra mí sin causa».
Después de que Jesús hubo dicho estas palabras a sus discípulos, les dijo:
—Ahora, aquel cuyo espíritu lo impulse, que se adelante y diga la interpretación de la décima penitencia de Pistis Sophia.
Pedro respondió y dijo:
—Señor, también acerca de esto profetizó una vez tu poder de luz por medio de David, diciendo en el salmo ciento diecinueve:
«Clamé hacia ti, Señor, en mi aflicción, y tú me escuchaste.
Oh, Señor, libra mi alma de los labios violentos y de la lengua engañosa.
¿Qué te darán y qué añadirán a ti con una lengua engañosa?
Las flechas del poderoso son agudas, con brasas del desierto.
¡Ay de mí!, porque mi lugar de residencia se ha alejado. Habité en las moradas de Cedar.
Mi alma se convirtió en extranjera entre una multitud de lugares.
Yo buscaba la paz con los que odian la paz; cada vez que hablaba con ellos, ellos luchaban contra mí sin causa».
Esta, por tanto, oh Señor, es ahora la interpretación de la décima penitencia de Pistis Sophia: ella pronunció estas palabras mientras las emanaciones materiales del Dios de voluntad propia la oprimían y su poder con rostro de león la afligía enormemente.
Jesús le dijo:
—Bien hecho, Pedro, y lo has dicho correctamente. Esta es la interpretación de la décima penitencia de Pistis Sophia.
También añadió Jesús a sus palabras y dijo a sus discípulos:
«Sucedió, pues, que, al ver que yo me acercaba al poder de rostro de león y que lo iluminaba grandemente, este se enfureció todavía más y emanó de sí otras muchas emanaciones, extremadamente feroces.
Cuando esto sucedió, la Pistis Sophia pronunció la undécima penitencia, diciendo:
“¿Por qué se ha exaltado el poder del fuerte en medio de las maldades? Su pensamiento está quitándome la luz en todo momento; y, como si fueran hierro, cortaron y se llevaron una parte de mi poder. Yo quise bajar al Caos más que permanecer en el Lugar del decimotercer Eón, el Lugar de la justicia. Y ellos quisieron apoderarse de mí mediante engaño, para devorar toda mi luz.
Por eso, la Luz les quitará toda su luz; toda su otra materia será abatida, y les quitará su luz. No les permitirá habitar en el decimotercer Eón, su lugar de morada, ni dejará su nombre en el Lugar de aquellos que vivirán.
Y verán lo que te ha sucedido, oh poder de rostro de león, las veinticuatro emanaciones; tendrán miedo y no serán desobedientes, sino que abandonarán la purificación de su luz. Te verán, se alegrarán por ti y dirán:
‘He aquí una emanación que no abandonó la purificación de su luz para ser liberada, sino que se jactó de la abundancia de la luz de su poder, porque no emanó del poder que hay en ella. Y dijo: “Quitaré la luz de la Pistis Sophia, esa que ellos no le quitarán”’.
Ahora, pues, que aquel cuyo poder fue exaltado en él se adelante y pronuncie la explicación de la undécima penitencia de la Pistis Sophia».
Entonces se adelantó Salomé y dijo:
«Señor mío, acerca de este poder de luz, David profetizó una vez diciendo en el salmo quincuagésimo:
“¿Por qué se jacta el poderoso de su maldad? Tu lengua maquina violencia todo el día; como una navaja afilada, has obrado con engaño. Amaste el mal más que el bien; amaste la violencia más que hablar de justicia. Amaste todas las palabras de engaño con una lengua mentirosa.
Por eso Dios te derribará para siempre; te arrancará y te expulsará de tu morada; arrancará tu raíz y la arrojará fuera de entre los que viven.
Pausa.
Los justos lo verán, tendrán miedo y se burlarán de él, y dirán:
‘He aquí un hombre que no tomó a Dios como su ayuda, sino que confió en sus muchas riquezas y se apoyó en su vanidad’.
Pero yo soy como un olivo que da fruto en la casa de Dios; he confiado en la misericordia de Dios por los siglos de los siglos.
Y te manifestaré lo que has hecho conmigo, y esperaré en tu nombre, porque es bueno delante de tus santos”.
Esta, pues, mi Señor, es la explicación de la undécima penitencia de la Pistis Sophia. Tu poder de luz me ha movido y la he pronunciado según tu voluntad».
Sucedió entonces que Jesús, al oír estas palabras que había pronunciado Salomé, dijo:
«Bien hecho, Salomé. Amén, amén, os digo: os perfeccionaré en todo misterio del reino de la Luz».
Jesús añadió también a sus palabras y dijo a sus discípulos:
«Sucedió, pues, después de estas cosas, que me acerqué al Caos, iluminándolo grandemente, muy grandemente, para quitar la luz de aquel poder de rostro de león.
Mientras lo iluminaba grandemente, este tuvo miedo y clamó a su Dios, el Autocentrado, para que lo ayudara. En aquel momento, desde el decimotercer Eón, el Dios Autocentrado miró hacia abajo; miró hacia el Caos, estando sumamente enfurecido y deseando ayudar a su poder de rostro de león.
En aquel momento, el poder de rostro de león rodeó a la Pistis Sophia, junto con todas sus emanaciones, deseando quitar toda la luz que había en la Sophia.
Sucedió, pues, que, al oprimirla, la Sophia clamó hacia lo Alto, clamando hacia mí para que la ayudara.
Cuando la Sophia miró hacia lo Alto, vio al Autocentrado, que estaba sumamente enfurecido, y tuvo miedo. Entonces pronunció la duodécima penitencia acerca del Autocentrado y sus emanaciones.
Y clamó contra mí diciendo:
“No olvides, oh Luz, mi himno, porque el Autocentrado y su poder de rostro de león han abierto sus bocas contra mí. Maquinan engaños contra mí y me han rodeado, deseando quitarme mi poder. Me odiaron porque te cantaba himnos. En lugar de amarme, me calumniaron.
Pero yo seguía cantando himnos; tramaron quitarme mi poder porque te cantaba himnos, oh Luz, y me odiaron porque te amaba.
Que venga la oscuridad sobre el Autocentrado, y que permanezca a su derecha el Gobernante de la Oscuridad que está fuera. Y cuando lo juzgues, quítale su poder. Y la obra que él mismo planeó, para quitarme mi luz, quítasela tú a él. Que fallen todos sus poderes de luz que están en él.
Y que otro reciba su grandeza entre los tres Poderes Triples.
Que todos los poderes de sus emanaciones queden sin luz, y que su materia quede sin ninguna luz en ella. Que sus emanaciones permanezcan en el Caos y no les permitas ir a su Lugar. Que falle la luz que está en ellas, y no les permitas subir al decimotercer Eón, su Lugar.
Que el Receptor, el purificador de las luces, purifique todas las luces que han surgido en el Autocentrado y se las quite.
Que se apoderen de sus emanaciones, los Gobernantes de la Oscuridad que están abajo; que nadie lo reciba en su Lugar, y que nadie obedezca al poder de sus emanaciones en el Caos.
Que les quiten la luz que está en sus emanaciones y borren sus nombres del decimotercer Eón. Y que también le quiten a él su propio nombre de ese Lugar para siempre.
Y en cuanto al poder de rostro de león, que hagan recaer sobre él el pecado de aquel que lo emanó delante de la Luz, y que no borren la transgresión de la materia que él, el Autocentrado, envió.
Y su pecado en su totalidad permanecerá para siempre delante de la Luz; no les permitirán volver a ver el exterior y quitarán sus nombres de todo Lugar.
Porque no tuvieron compasión de mí y oprimieron a aquella cuya luz habían tomado junto con su poder.
Además, aquellos en quienes me plantaron quisieron quitarme toda mi luz. Amaron descender al Caos; permanecerán en él y no los harán subir desde esta hora.
No quisieron el lugar de morada del Lugar de la justicia, y desde esta hora no los recibirán en él.
Se vistió de oscuridad como de una vestidura, y esta entró en su vientre como agua y penetró en todos sus poderes como aceite.
Que se envuelva en el Caos como en una vestidura y que se ciña con la oscuridad como con un cinturón de cuero para siempre.
Esto les sucederá a aquellos que han hecho estas cosas contra mí por causa de la luz, y a aquellos que dijeron: ‘Quitemos todo su poder’.
Pero tú, oh Luz, ten compasión de mí por el misterio de tu nombre y sálvame por la bondad de tu misericordia.
Porque me quitaron mi luz junto con mi poder, y mi poder fue sacudido dentro de mí, y no fui capaz de mantenerme en pie en medio de ellos.
Yo era como materia que había caído; me arrojaron de un lado a otro, como un demonio que está en el aire.
Mi poder pereció porque no tengo misterio, y mi materia está agotada (?) a causa de mi luz, porque se la llevaron.
Y ellos se burlaban de mí; acostumbran mirarme y hacerme señas.
Ayúdame según tu compasión”.
Ahora, pues, que aquel cuyo espíritu está dispuesto se adelante y pronuncie la explicación de la duodécima penitencia de la Pistis Sophia».
Pero Andrés se adelantó y dijo:
—Mi Señor, el Salvador, tu poder profetizó una vez por medio de David acerca de esta penitencia, que dijo la Pistis Sophia en el salmo ciento ocho:
«Oh Dios, no guardes silencio ante mi alabanza, porque la boca del pecador y del engañador se ha abierto contra mí. Han hablado contra mí con lengua engañosa y me han rodeado con palabras de odio; han luchado contra mí sin motivo, en lugar de amarme. Me calumniaron, pero yo oraba. Me devolvieron mal por bien y odio por mi amor.
Pon sobre él a un pecador, y que el Acusador esté a su derecha. Cuando sea juzgado, que salga condenado, y que su oración se convierta en pecado. Que sus días sean acortados y que otro ocupe su cargo. Que sus hijos queden huérfanos y su esposa viuda. Que sus hijos sean expulsados y alejados, y que tengan que mendigar. Que sean expulsados de sus casas. Que el prestamista reclame todo lo que le pertenece, y que los extranjeros saqueen todo el fruto de sus trabajos. Que no haya nadie que lo ayude ni compasión para sus huérfanos. Que sus hijos sean borrados y que su nombre sea borrado de una generación.
Que el pecado de sus padres sea recordado delante del Señor, y que no sea borrada la maldad de su madre. Que estén siempre delante del Señor, y que su memoria sea borrada de la tierra. Porque no se acordó de mostrar misericordia, sino que persiguió al pobre y al necesitado, y persiguió al afligido de corazón hasta darle muerte.
Amó la maldición, y esta vendrá sobre él. No quiso la bendición, y esta se alejará de él. Se vistió de maldición como de una túnica, y esta penetró en su interior como agua; fue como aceite en sus huesos. Que sea para él como un vestido con el que se cubra y como un cinturón con el que se ciña en todo momento.
Esta es la obra de quienes calumnian ante el Señor y de quienes hablan contra mi alma cosas contrarias a la ley.
Pero tú, oh Señor, ten misericordia de mí por causa de tu nombre. Sálvame, porque soy pobre y miserable. Mi corazón está turbado dentro de mí. Me llevaron lejos de en medio de ellos como una sombra que declina. Me ahuyentan como langostas. Mis rodillas se debilitaron por el ayuno y mi carne cambió por falta de aceite. Pero yo me convertí para ellos en objeto de desprecio; me veían y movían la cabeza.
Ayúdame, oh Señor Dios mío, y sálvame según tu misericordia. Que sepan que esta es tu mano y que tú, Señor, la has formado».
Esta es, por tanto, la explicación de la duodécima penitencia, la que pronunció la Pistis Sophia mientras estaba en el Caos.
Pero Jesús volvió a hablar y dijo a sus discípulos:
—Sucedió también después de estas cosas que la Pistis Sophia volvió a clamar hacia mí, diciendo:
«Oh Luz de las Luces, transgredí en los doce eones y descendí de ellos. Por esta razón pronuncié doce penitencias, una por cada uno de los eones. Ahora, oh Luz de las Luces, perdóname mis transgresiones, porque mi transgresión es muy grande: abandoné el Lugar de la Altura y vine a habitar en el Lugar del Caos.
Después de haber dicho estas cosas, la Pistis Sophia añadió también, en la decimotercera penitencia:
»Escúchame mientras te alabo, oh Luz de las Luces. Escúchame mientras pronuncio la penitencia del decimotercer eón, el Lugar del que descendí, para completar la decimotercera penitencia del decimotercer eón, estos eones de los que transgredí y de los que descendí.
Ahora, oh Luz de las Luces, escúchame mientras te alabo en el decimotercer eón, mi Lugar, del que procedí. Líbrame, oh Luz, por tu gran misterio, y perdona mi transgresión mediante tu perdón. Concédeme los bautismos y perdona mis pecados; límpiame de mi transgresión.
Y mi propia transgresión es el poder del rostro de león, aquel que no estará oculto para ti en ningún momento, porque por causa de él descendí. Y yo, yo transgredí sola entre los Invisibles, en cuyo Lugar llegué a estar. Descendí al Caos y transgredí ante ti, para que se cumpliera tu mandato».
Estas fueron, por tanto, las palabras de la Pistis Sophia.
Ahora bien, aquel cuyo espíritu lo impulse a comprender sus palabras, que se adelante y explique su significado.
Marta se adelantó y dijo:
—Oh Señor, mi espíritu me impulsa a explicar aquellas palabras que pronunció la Pistis Sophia. Tu poder profetizó una vez acerca de ellas por medio de David en el salmo cincuenta, diciendo:
«Ten misericordia de mí, oh Dios, conforme a tu gran misericordia. Conforme a la multitud de tus compasiones, borra mi pecado. Lávame por completo de mi maldad. Y mi pecado está siempre delante de mí, para que seas justo en tus palabras y prevalezcas cuando me juzgues».
Esta es la explicación de las palabras que pronunció la Pistis Sophia.
Jesús le dijo:
—Bien hecho y justamente, Marta, la bienaventurada.
Pero Jesús volvió a hablar y dijo a sus discípulos:
—Sucedió, por tanto, que después de que la Pistis Sophia pronunció estas palabras, se cumplió el tiempo de sacarla del Caos. Y por medio de mí mismo, sin el Primer Misterio, hice salir de mí un poder de luz. Lo envié al Caos para que sacara a la Pistis Sophia del lugar profundo del Caos y la llevara al lugar superior del Caos, hasta que saliera el mandato del Primer Misterio para que fuera sacada completamente del Caos.
Y mi poder de luz llevó a la Pistis Sophia a los lugares que están por encima del Caos.
Sucedió entonces que las emanaciones del Obstinado, al saber que habían llevado a la Pistis Sophia a los lugares que están por encima del Caos, volvieron a perseguirla hasta las alturas, queriendo llevarla nuevamente a los lugares del Caos que están abajo.
Y mi poder de luz, aquel que envié para sacar a la Pistis Sophia del Caos, brillaba intensamente.
Sucedió, pues, que cuando las emanaciones del Obstinado persiguieron a Sophia y la llevaron a los lugares que están por encima del Caos, ella volvió a cantar un himno y clamó hacia mí, diciendo:
«Te cantaré alabanzas, oh Luz, porque deseé acercarme a ti. Te cantaré alabanzas, oh Luz, porque tú eres mi liberador. No me abandones en el Caos. Líbrame, oh Luz de la Altura, porque eres aquel a quien he alabado. Tú enviaste hacia mí tu luz por medio de ti mismo y me libraste. Me llevaste a los lugares que están por encima del Caos.
»Que caigan, pues, abajo, a los lugares que están debajo del Caos, las emanaciones del Obstinado, esas que me persiguen. Que no lleguen a los lugares que están arriba para verme.
»Que una gran oscuridad los cubra y que una oscuridad tenebrosa venga sobre ellos. Que no me vean en la luz de tu poder, la que enviaste para librarme, para que no puedan apoderarse de mí.
»Que no se cumpla su plan, con el que pensaban arrebatarme mi poder. Y así como hablaron contra mí para quitarme mi luz, quítales también la suya en lugar de la mía.
»Intentaron quitarme toda mi luz, pero no pudieron hacerlo, porque tu poder de luz está verdaderamente conmigo. Ellos tramaron su plan sin tu mandato, oh Luz; por eso no pudieron quitarme mi luz, porque yo creí en la luz y no tendré miedo. La luz es mi liberadora y no tendré miedo».
Ahora bien, aquel cuyo poder sea elevado, que explique las palabras que pronunció la Pistis Sophia.
Pero sucedió que, cuando Jesús terminó de decir estas palabras a sus discípulos, Salomé se adelantó y dijo:
—Mi Señor, mi poder me impulsa a explicar las palabras que pronunció la Pistis Sophia. Tu poder profetizó una vez por medio de Salomón, diciendo:
«Te manifestaré, oh Señor, porque tú eres mi Dios. No me abandones, oh Señor, porque tú eres mi esperanza. Tú me hiciste justicia sin motivo y por medio de ti fui librada.
»Que caigan aquellos que me persiguen y que no me vean. Que una nube de humo cubra sus ojos y que una niebla de aire los envuelva en oscuridad. Que no vean el día, para que no puedan apoderarse de mí.
»Que su plan quede sin poder, y que las cosas que tramaron caigan sobre ellos. Ellos idearon un plan contra mí, pero no se cumplió. Y aunque eran poderosos, fueron vencidos; las cosas malas que prepararon cayeron sobre ellos.
»Mi esperanza está en el Señor y no tendré miedo, porque tú eres mi Dios, mi Salvador».
Cuando Salomé terminó de decir estas palabras, Jesús le dijo:
—Bien hecho y justamente, Salomé. Esta es la explicación de las palabras que pronunció la Pistis Sophia.
Pero Jesús añadió también estas palabras a sus discípulos:
«Sucedió, por tanto, que, después de que la Pistis Sophia hubo terminado de pronunciar estas palabras en el Caos, hice que el poder de la Luz que había enviado para liberarla hiciera una corona de luz sobre su cabeza, para que, desde ese momento, las emanaciones del Autoengendrado no pudieran prevalecer contra ella.
Y cuando hubo hecho una corona de luz sobre su cabeza, removió toda la materia maligna que había en ella, y toda fue purificada de ella [104b]. Desapareció y quedó en el Caos, donde las emanaciones del Autoengendrado la contemplaban y se regocijaban en ella.
Y las purezas de la verdadera Luz que estaban en la Sophia se unieron con la verdadera Luz de ella para dar poder a la luz de mi poder de Luz, aquella que había hecho una corona para su cabeza.
Sucedió, por tanto, que, mientras mi poder rodeaba la verdadera Luz que estaba en la Sophia, su verdadera Luz no salió de la corona del poder de la llama de Luz, para que las emanaciones del Autoengendrado no pudieran robársela.
Después de que estas cosas le sucedieron, el poder de la verdadera Luz que estaba en la Sophia comenzó a cantar himnos. Y cantó a mi poder de Luz, que se había convertido en una corona para su cabeza, [105a] diciendo:
“**La Luz se ha convertido en una corona sobre mi cabeza, y no me apartaré de ella, para que las emanaciones del Autoengendrado no puedan robarme.
Aunque removieran toda mi materia, yo no sería removida.
Aunque toda mi materia pereciera y quedara en el Caos, donde es contemplada por las emanaciones del Autoengendrado, yo no pereceré, porque la Luz está conmigo, y yo también estoy con la Luz.**”
Estas fueron, pues, las palabras de la Pistis Sophia.
Ahora bien, quien comprenda el significado de estas palabras, que se adelante y exponga su explicación.
Entonces se adelantó María, la madre de Jesús, y dijo:
«Hijo mío según el mundo, [105b] mi Dios y mi Salvador según lo Alto, ordéname y permíteme explicar las palabras que pronunció la Pistis Sophia».
Jesús respondió y le dijo:
«Tú también, María, eres aquella que recibió una forma que está en Barbelo según la materia, y recibiste una semejanza que está en la Virgen de la Luz según la Luz, tú junto con la otra Mariham, la bienaventurada.
Y la oscuridad llegó a existir a causa de ti, y de ti salió también el cuerpo material en el que yo habito, aquel que limpié y purifiqué.
Ahora, por tanto, te ordeno que expongas la explicación de las palabras que pronunció la Sophia».
Pero María, la madre de Jesús, respondió y dijo:
«Señor mío, tu poder de Luz profetizó una vez estas palabras por medio de Salomón, en su decimonovena oda, cuando dijo:
“**El Señor está sobre mi cabeza como una corona, y no me apartaré de él.
Plantaron para mí la corona de la verdad y él hizo que tus ramas brotaran en mí.
Porque él no es como una corona que se seca y que ya no vuelve a brotar;
sino que tú estás vivo sobre mi cabeza y brotas sobre mí.
Tus frutos están llenos y han alcanzado su plenitud, llenos de tu salvación.**”
Sucedió entonces que, cuando Jesús oyó estas palabras que María, su madre, había pronunciado, le dijo:
«Bien hecho, y muy bien. Amén, amén, te digo: te llamarán bienaventurada desde un extremo del mundo hasta el otro, porque [106b] el depósito del Primer Misterio ha permanecido contigo; y por medio de ese depósito serán liberadas todas las cosas de la tierra junto con todas las cosas de lo Alto.
Y ese mismo depósito es el principio y el fin».
Pero Jesús añadió también estas palabras a sus discípulos:
«Sucedió que, después de que la Pistis Sophia hubo pronunciado la decimotercera penitencia, desde aquel momento se completó el mandato relativo a todas las aflicciones que habían sido impuestas a la Pistis Sophia, a causa del cumplimiento del Primer Misterio, aquel que existe desde el principio.
Y llegó el momento de liberarla del Caos [107a] y sacarla de todas las tinieblas, porque el Primer Misterio había recibido de ella su arrepentimiento.
Y ese mismo Misterio envió hacia mí un gran poder de Luz desde lo Alto, para que me ayudara a liberar a la Pistis Sophia y sacarla de su Caos.
Pero miré hacia la Altura de los Eones y vi el poder de Luz que el Primer Misterio me había enviado para que liberara a la Sophia del Caos.
Sucedió entonces que, cuando lo vi salir de los Eones y venir rápidamente hacia mí, mientras yo estaba sobre el Caos, otro poder de Luz salió también de mí, para ayudar a la Pistis Sophia.
Y el poder de Luz que había salido de lo Alto por medio del Primer Misterio descendió sobre el poder de Luz que había salido de mí, y ambos se encontraron y produjeron una gran efusión de Luz.
Después de decir estas cosas a sus discípulos, Jesús les dijo:
“¿Comprendéis de qué manera os estoy hablando?”»
Mariham se adelantó nuevamente y dijo:
«Señor mío, comprendo lo que estás diciendo acerca de la explicación de estas palabras.
Tu poder de Luz profetizó una vez por medio de David, en el salmo ochenta y cuatro, diciendo:
“**La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron.
La verdad brotó de la tierra y la justicia miró desde el cielo.**”
La misericordia es, por tanto, el poder de Luz que vino por medio del Primer Misterio, porque, al escuchar a la Pistis Sophia, el Primer Misterio tuvo misericordia de ella en todas sus aflicciones.
La verdad es también el poder que salió de ti, porque tú completaste la verdad para liberarla del Caos.
Y nuevamente, la justicia es el poder que vino por medio del Primer Misterio, el cual guiará a la Pistis Sophia.
Y nuevamente, la paz es el poder que salió de ti, porque irá contra las emanaciones del Autoengendrado y les quitará las luces que habían arrebatado a la Pistis Sophia, es decir, para que puedas reunirlas en la Sophia [108b] y hacerlas estar en paz con su poder.
La verdad es también el poder que salió de ti mientras estabas en el Lugar que se encuentra debajo del Caos.
Por esto tu poder dijo por medio de David:
“La verdad brotó de la tierra”,
porque tú estás en el Lugar que se encuentra debajo del Caos.
Y la justicia que miró desde el cielo es el poder que salió de lo Alto por medio del Primer Misterio, aquel que entró en la Sophia».
Sucedió entonces que, cuando Jesús oyó estas palabras, dijo:
«Bien hecho, Mariham, la bienaventurada, aquella que heredará todo el reino de la Luz».
Después de esto, se adelantó también María, la madre de Jesús, y dijo:
«Señor mío y mi Salvador, permíteme también decir estas palabras como respuesta».
Jesús le dijo:
«A aquel cuyo espíritu llegue a comprender, no se lo prohíbo; al contrario, lo animo aún más a expresar el significado que lo ha impulsado a hablar.
Ahora, pues, María, mi madre según la materia en la que habité, te ordeno que expreses también el significado de estas palabras».
Pero María respondió y dijo:
«Señor mío, acerca de las palabras que tu poder profetizó por medio de David:
“La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron; la verdad brotó de la tierra y la justicia miró desde el cielo”:
tu poder profetizó estas palabras una vez acerca de ti, cuando todavía eras pequeño, antes de que el espíritu viniera sobre ti.
Cuando estabas en una viña con José, el espíritu salió de lo Alto y vino a mi casa, teniendo tu misma apariencia, y yo no lo reconocí y pensé que eras tú.
Y el espíritu me dijo:
“¿Dónde está Jesús, mi hermano, para que pueda encontrarme con él?”
Cuando me dijo esto, quedé desconcertada y pensé que se trataba de un fantasma que intentaba engañarme.
Pero lo tomé y lo até al pie de mi lecho, en mi casa, hasta que salí al campo para ir a buscaros a ti y a José.
Y cuando te encontré en la viña, mientras José entregaba la viña al viñador, sucedió que, al oírme pronunciar estas palabras a José, comprendiste lo que decía, te alegraste y dijiste:
“¿Dónde está, para que pueda verlo? De lo contrario, permaneceré aquí esperándolo”.
Pero sucedió que, cuando José te oyó decir estas palabras, se quedó perturbado, y juntos regresamos a la casa.
Encontramos al espíritu atado al lugar donde estaba el lecho, y te vimos junto a él. Teníais la misma apariencia.
Entonces soltamos al que estaba atado al lecho. Él te abrazó y te besó, y tú también lo besaste, y ambos llegasteis a ser uno solo.
Esta es, pues, la palabra y su explicación.
La misericordia es el espíritu que vino de lo Alto por medio del Primer Misterio, porque tuvo misericordia de la raza humana y envió su espíritu para perdonar los pecados de todo el mundo, para que los seres humanos recibieran el misterio y heredaran el reino de la Luz.
La verdad es también el poder que habitó en mí, después de haber venido de Barbelo; se convirtió para ti en un cuerpo material y proclamó el Lugar de la verdad.
La justicia es tu espíritu, aquel que trajo los misterios desde lo Alto para entregarlos a la raza humana.
Y la paz es el poder que habitó en tu cuerpo material según el mundo, aquel que bautizó a la raza humana hasta hacerla ajena al pecado, la puso en paz con tu espíritu y la hizo estar en paz con las emanaciones de la Luz.
Es decir, la justicia y la paz se besaron.
Y de acuerdo con lo que dijo:
“La verdad brotó de la tierra”,
la verdad es tu cuerpo material, aquel que brotó de mí según la tierra de la humanidad, el cual proclamó el Lugar de la verdad, el Lugar de la Verdad.
Y también, de acuerdo con lo que dijo:
“La justicia miró desde el cielo”,
la justicia es el poder que miró desde lo Alto, aquel que dará los misterios de la Luz a la raza humana, para que se hagan justos, sean buenos y hereden el reino de la Luz».
Sucedió entonces que, cuando Jesús oyó estas palabras que María, su madre, había pronunciado, dijo:
«Bien hecho, y muy bien, María».
Se adelantó la otra María y dijo:
«Señor mío, ten paciencia conmigo y no te enojes conmigo».
Mientras tu madre hablaba contigo acerca de la explicación de estas palabras, mi poder me impulsó a adelantarme y explicar también estas palabras».
Jesús le dijo:
«Te ordeno que expongas su explicación».
María respondió y dijo:
«Señor mío:
“La misericordia y la verdad se encontraron”.
La misericordia es el espíritu que vino sobre ti cuando recibiste el bautismo de Juan.
La misericordia es el espíritu de la divinidad, aquel que vino sobre ti. Tuvo misericordia de la raza humana y descendió; se encontró con el poder de Sabaoth el Bueno, que está en ti y que proclamó los Lugares de la verdad.
Y también:
“La justicia y la paz se besaron”.
[112a]
La justicia es el espíritu de la Luz, aquel que vino sobre ti y trajo los misterios de lo Alto para entregarlos a la raza humana.
La paz es también el poder de Sabaoth el Bueno que está en ti, aquel que bautizó y perdonó a la raza humana y la puso en paz con los hijos de la Luz.
Y también, según dijo tu poder por medio de David:
“La verdad brotó de la tierra”,
esto significa el poder de Sabaoth el Bueno. Él dijo:
“Brotó de la tierra”.
Este es el poder que brotó en María, tu madre, la nacida de la tierra.
Y la justicia que miró desde el cielo [112b] es el espíritu que está en lo Alto, aquel que trajo todos los misterios desde lo Alto y los entregó a la raza humana; así llegaron a ser justos y buenos y heredaron el reino de la Luz».
Sucedió entonces que, cuando Jesús terminó de escuchar estas palabras que había pronunciado Mariham, dijo:
«Bien hecho, Mariham, heredera de la Luz».
Nuevamente se adelantó María, la madre de Jesús. Se postró a sus pies, los besó y dijo:
«Señor mío, hijo mío y mi Salvador, no te enojes conmigo, sino ten misericordia de mí y permíteme explicar estas palabras una vez más.
“La misericordia y la verdad se encontraron”.
Yo soy María, tu madre, con Elisabet, la madre de Juan. Yo me encontré con ella.
La misericordia es el poder de Sabaoth que está en mí, aquel que salió de mí, es decir, tú. Tú tuviste misericordia de toda la raza humana.
La verdad es también el poder que está en Elisabet, es decir, Juan, aquel que vino y proclamó el camino de la verdad, es decir, a ti; él predicó antes que tú.
Y nuevamente, “la misericordia y la verdad se encontraron” son tú, mi Señor, que te encontraste con Juan el día en que estabas a punto de recibir el bautismo.
Y tú y Juan sois también [113b] la justicia y la paz que se besaron».
La verdad brotó de la tierra, y la justicia miró desde el cielo, es decir, el momento en que tú mismo te serviste a ti mismo: diste forma a Gabriel, me miraste desde el cielo, hablaste conmigo y, después de haber hablado conmigo, brotaste dentro de mí, es decir, la verdad, es decir, el poder de Sabaot, el Bueno, aquello que llega a existir en tu cuerpo material, es decir, la verdad que brotó de la tierra.
Por tanto, cuando Jesús oyó estas palabras, que María, su madre, le decía, respondió: «Bien hecho, y muy acertadamente». Esta es la explicación de todas estas palabras, las que mi poder de luz profetizó acerca de ellas en otro tiempo por medio del profeta David.
[Escrito en la página en blanco situada entre el primer y el segundo Documento.]
[114b] Pero estos son los nombres que daré, comenzando por el Ilimitado y descendiendo desde él. Escríbelos con un signo, para que los hijos de Dios sean manifestados a partir de este punto.
Este es el nombre del Inmortal: ααα ωωω.
Y este es el nombre del sonido mediante el cual fue movido el Hombre Perfecto: ιιι.
Pero estas son las interpretaciones de los nombres de estos Misterios.
La primera es ααα. Su interpretación es φφφ.
La segunda es μμμ, o bien ωωω. Su interpretación es ααα.
La tercera es ψψψ. Su interpretación es οοο.
La cuarta es φφφ. Su interpretación es ννν.
La quinta es δδδ. Su interpretación es ααα.
El que está sobre el trono es ααα.
Esta es la interpretación del segundo αααα αααα αααα.
Esta es la interpretación del nombre completo.
EL SEGUNDO DOCUMENTO
EL SEGUNDO TOMO DE PISTIS SOPHIA
[115a] También se adelantó Juan y dijo:
—Señor, ordéname también a mí que explique las palabras que tu poder de luz profetizó en otro tiempo por medio de David.
Pero Jesús respondió y dijo a Juan:
—También a ti, Juan, te ordeno que expliques estas palabras que mi poder de luz profetizó por medio de David:
«La misericordia y la verdad se encontraron;
la justicia y la paz se besaron.
La verdad brotó de la tierra
y la justicia miró desde el cielo.»
Pero Juan respondió y dijo:
[115b]
—Estas son las palabras que una vez nos dijiste: «Salí de lo Alto y entré en Sabaoth el Bueno. Abracé el poder de luz que está en él».
Ahora bien, respecto de «la misericordia y la verdad que se encontraron»: tú eres la misericordia, pues tu Padre, el Primer Misterio que mira hacia dentro, te envió desde los Lugares de lo Alto para tener misericordia de todo el mundo.
La verdad es también el poder de Sabaoth el Bueno, aquel que se plantó en ti, aquel que tú arrojaste hacia la Izquierda, tú, el Primer Misterio que mira hacia fuera.
Y el pequeño Sabaoth el Bueno lo recibió y lo arrojó dentro de la materia de Barbelo.
[116a] Y él predicó acerca del Lugar de la verdad en todos los Lugares de los que están a la Izquierda.
Por tanto, esa materia de Barbelo es la que hoy se convierte en tu cuerpo.
Y respecto de «la justicia y la paz que se besaron»: la justicia eres tú, que sacaste todos los misterios de tu Padre, el Primer Misterio que mira hacia dentro. Tú bautizaste el poder de Sabaoth el Bueno y llegaste al Lugar de los Gobernantes. Les diste los misterios de lo Alto, y ellos se hicieron justos y buenos.
La paz es también el poder de Sabaoth, aquel que es tu alma, aquel que entró en la materia de Barbelo.
[116b] Y todos los Gobernantes de los seis eones de Sabaoth (Iabraoth) hicieron la paz con el misterio de la luz.
Y respecto de «la verdad que brotó de la tierra»: ese es el poder de Sabaoth el Bueno, el que salió del Lugar de la Derecha, el que está fuera del Tesoro de la Luz.
Y entró en el Lugar de los que están a la Izquierda; entró en la materia de Barbelo y les predicó los misterios del Lugar de la verdad.
Y respecto de «la justicia que miró desde el cielo»: tú eres el Primer Misterio que mira hacia fuera, que salió de los Espacios de lo Alto con los misterios del reino de la luz.
[117a] Y descendiste sobre la vestidura de luz que tomaste de Barbelo, la cual es Jesús, nuestro Salvador, y descendiste sobre él como una paloma.
Cuando Juan hubo pronunciado estas palabras, el Primer Misterio que mira hacia fuera le dijo:
—Bien hecho, Juan, hermano amado.
El Primer Misterio continuó diciendo:
—Sucedió entonces que el poder que salió de lo Alto —que soy yo, a quien mi Padre envió— vino para liberar a Pistis Sophia del Caos.
Yo, junto con el poder que salió de mí y con el alma que tomé de Sabaoth el Bueno, nos acercamos unos a otros y nos convertimos en una sola emanación de luz, que iluminaba enormemente.
[117b] Entonces llamé a Gabriel desde los eones de abajo y, junto con Miguel, por mandato de mi Padre, el Primer Misterio que mira hacia dentro, les di la emanación de luz.
Hice que descendieran al Caos para ayudar a Pistis Sophia y para quitar a las emanaciones del Obstinado los poderes de luz que habían tomado de ella, y entregárselos de nuevo a Pistis Sophia.
Inmediatamente llevaron la emanación de luz al Caos, y esta iluminó enormemente todo el Caos.
Se extendió por todos sus Lugares.
[118a] Cuando las emanaciones del Obstinado vieron la gran luz de aquella emanación, se llenaron de temor unas ante otras.
Y aquella emanación les arrancó todos los poderes de luz que habían tomado de Pistis Sophia.
Las emanaciones del Obstinado no se atrevieron a apoderarse de aquella emanación de luz en el Caos de las tinieblas, ni pudieron apoderarse de ella mediante el arte del Obstinado, aquel que había dominado a las emanaciones.
Gabriel y Miguel llevaron la emanación de luz sobre el cuerpo de la materia de Pistis Sophia y depositaron en él todas las luces que habían recuperado de ella.
[118b] Y el cuerpo de su materia recibió de nuevo toda la luz, así como todos sus poderes que estaban en ella, aquellos cuya luz habían tomado.
Y dejó de estar privado de luz, porque recuperó la luz que le habían quitado, pues ellos se la devolvieron por medio de mí.
Miguel y Gabriel, los que me servían y llevaron la emanación de luz al Caos, les darán los misterios de la luz.
Ellos son aquellos a quienes se confió la emanación de luz, la que yo les entregué y que llevaron al Caos.
Y Gabriel —«Miguel» añadido en el margen, sin «con»— no tomó para sí ninguna de las luces de Pistis Sophia, aquellas que recuperaron de las emanaciones del Obstinado.
[119a] Sucedió entonces que, después de que la emanación de luz hubo depositado en Pistis Sophia todos sus poderes de luz que había recuperado de las emanaciones del Obstinado, ella quedó completamente llena de luz.
Y los demás poderes de luz que estaban en Pistis Sophia, aquellos que las emanaciones del Obstinado no habían tomado, volvieron a alegrarse y se llenaron de luz.
Las luces que depositaron en Pistis Sophia dieron vida al cuerpo de su materia, aquel en el que no había luz y que estaba a punto de perecer.
Y levantaron todos sus poderes, aquellos que estaban a punto de disolverse.
[119b] Y recibieron en sí un poder de luz y volvieron a ser como eran al principio.
De nuevo fueron elevados en la percepción de la luz.
Y todos los poderes de luz de Sophia se reconocieron unos a otros por medio de la emanación de luz, y fueron liberados por la luz de aquella emanación.
Y mi emanación de luz, después de haberles quitado a las emanaciones del Obstinado las luces que habían tomado de Pistis Sophia, las depositó de nuevo en Pistis Sophia.
Después regresó y ascendió desde el Caos.
Mientras el Primer Misterio decía estas cosas a los discípulos —explicándoles lo que había sucedido a Pistis Sophia en el Caos—, les respondió y dijo:
—¿Comprendéis de qué manera estoy hablando con vosotros?
Petros se adelantó y dijo:
—Mi Señor, acerca de la explicación de las palabras que pronunciaste, tu poder de Luz profetizó una vez por medio de Salomón en sus Odas:
«Salió una emanación y se convirtió en un gran río, de gran anchura. Arrastró todas las cosas y se dirigió hacia el Templo. No pudieron contenerla con fuertes diques ni con construcciones; tampoco pudieron contenerla las artes de quienes saben controlar las aguas. La llevaron por toda la tierra y lo llenó todo.
Bebieron los que estaban sobre la arena seca; su sed se disolvió y quedó saciada, pues se les dio de beber de aquello que está en lo alto. Dichosos son los diáconos de esa bebida, aquellos a quienes se confió el agua del Señor. Refrescaron los labios resecos; recibieron un corazón alegre aquellos que estaban abatidos. Sostuvieron las almas que estaban entregando el aliento, para que no murieran. Levantaron los miembros que habían caído; dieron fuerza a su valentía y dieron luz a sus ojos, porque todos se conocieron unos a otros en el Señor y fueron liberados por un agua de vida eterna».
Escucha, por tanto, mi Señor, y pronunciaré la palabra con valentía, conforme a lo que tu poder profetizó por medio de Salomón.
«Salió una emanación y se convirtió en un gran río, de gran anchura».
Esto significa que la emanación de Luz se extendió ampliamente por el Caos, en todos los lugares de las emanaciones del Autocentrado.
Y también la palabra que tu poder pronunció por medio de Salomón:
«Arrastró todas las cosas y las llevó hacia el Templo».
Esto significa que atrajo todos los poderes de Luz fuera de las emanaciones del Autocentrado, aquellos que estas habían arrebatado a Pistis Sophia, y los arrojó nuevamente dentro de Pistis Sophia.
Y también la palabra que tu poder pronunció:
«No pudieron contenerla con fuertes diques ni con construcciones».
Esto significa que las emanaciones del Autocentrado no pudieron contener la emanación de Luz dentro del muro de oscuridad del Caos.
Y también la palabra que dijo:
«La llevaron por toda la tierra y lo llenó todo».
Esto significa que Gabriel y Miguel, después de llevarla sobre el cuerpo de Pistis Sophia, arrojaron dentro de ella todas las luces que las emanaciones del Autocentrado le habían arrebatado, y el cuerpo de su materia se hizo luz.
Y la palabra que dijo:
«Bebieron los que estaban sobre la arena seca».
Esto significa que recibieron luz todos aquellos que se encontraban en Pistis Sophia, aquellos cuya luz habían arrebatado anteriormente.
Y la palabra que dijo:
«Su sed se disolvió y quedó saciada».
Esto significa que cesó su poder de estar disminuida en luz y quedaron satisfechos con luz, porque les devolvieron su luz [122a], la que les habían arrebatado.
Y también, conforme a lo que dijo tu poder:
«Les dieron de beber por medio de aquel que está en lo alto».
Esto significa que les dieron la Luz por medio de la emanación de Luz, aquella que salió de mí, yo, el Primer Misterio.
Y conforme a lo que dijo tu poder de Luz:
«Dichosos son los diáconos de esa bebida».
Esto se refiere a las palabras que pronunciaste sobre Miguel y Gabriel, quienes sirvieron y llevaron la emanación de Luz al Caos, y también la hicieron subir desde el Caos. Ellos les darán los misterios de la Luz de lo Alto, aquellos a quienes se confió la emanación de Luz.
Y también, conforme a lo que dijo tu poder:
«Refrescaron los labios resecos».
Esto significa que Gabriel y Miguel no tomaron para sí la luz de Pistis Sophia, aquella que arrebataron a las emanaciones del Autocentrado, sino que la arrojaron dentro de Pistis Sophia.
Y también la palabra que dijo:
«Recibieron alegría de corazón aquellos que estaban abatidos».
Esto significa que todos los demás poderes de Pistis Sophia, aquellos a quienes las emanaciones del Autocentrado no habían arrebatado [122b] su luz, se alegraron mucho y se llenaron de luz procedente de la otra Luz, porque esta fue arrojada dentro de ellos.
Y la palabra que tu poder dijo:
«Dieron vida a las almas que estaban entregando el aliento, para que no murieran».
[123a] Esto significa que, después de arrojar las luces dentro de Pistis Sophia, dieron vida al cuerpo de su materia, aquella de la que anteriormente habían retirado su luz y que estaba a punto de perecer.
Y también la palabra que tu poder dijo:
«Levantaron los miembros que habían caído» —o «para que no cayeran»—.
Esto significa que, después de arrojar sus luces dentro de ella, levantaron todos sus poderes, aquellos que estaban a punto de disolverse.
Y también, conforme a lo que dijo tu poder de Luz:
«Dieron fuerza a su valentía».
Esto significa que recuperaron su luz y volvieron a ser como eran al principio.
Y también la palabra que [123b] dijo:
«Dieron luz a sus ojos».
Esto significa que recibieron percepción de la luz y reconocieron la emanación de Luz, comprendiendo que pertenece a lo Alto.
Y también la palabra que dijo:
«Todos se conocieron en el Señor».
Esto significa que todos los poderes de Pistis Sophia se conocieron unos a otros por medio de la emanación de Luz.
Y la palabra que dijo:
«Fueron liberados por un agua de vida eterna».
Esto significa que fueron liberados por toda la emanación de Luz.
Y la palabra que dijo:
«Los atrajo a todos la emanación de Luz y los llevó hacia el Templo».
Esto significa que la emanación de Luz, [124a] después de recoger todas las luces de Pistis Sophia y arrebatárselas a las emanaciones del Autocentrado, las arrojó dentro de Pistis Sophia; y regresó, salió del Caos y vino hacia ti, que eres el Templo.
Esta es la explicación de todas las palabras que tu poder de Luz pronunció por medio de la Oda de Salomón.
Entonces sucedió que el Primer Misterio, después de haber escuchado estas palabras que Petros había pronunciado, le dijo:
—Bien hecho, oh dichoso Petros. Esta es la explicación de las palabras que fueron dichas.
Pero el Primer Misterio añadió también a sus palabras:
—Sucedió, pues, que yo todavía no había sacado a Pistis Sophia del Caos, porque mi Padre aún no me lo había ordenado, el Primer Misterio que mira hacia dentro.
Entonces, después de esto, las emanaciones del Autocentrado supieron que mi emanación de Luz les había arrebatado los poderes de luz, aquellos que ellas habían quitado a Pistis Sophia, y los había arrojado dentro de Pistis Sophia. También vieron que Pistis Sophia se había vuelto luminosa, tal como era al principio.
Por eso se enfurecieron contra Pistis Sophia y también clamaron a su Autocentrado para que viniera a ayudarlas y les permitiera arrebatar nuevamente los poderes que estaban en Sophia.
Y el Autocentrado envió desde lo Alto, desde el decimotercer Eón, otro gran poder de Luz. Lo envió hacia el Caos como una flecha que vuela, para que ayudara a sus emanaciones y les permitiera arrebatar nuevamente las luces de Pistis Sophia.
Cuando aquel poder de Luz descendió, las emanaciones del Autocentrado que estaban en el Caos, las mismas que habían afligido a Pistis Sophia, cobraron gran confianza y volvieron a perseguir a Pistis Sophia con gran temor y en medio de una gran perturbación.
Algunas de las emanaciones del Autocentrado se transformaron: una de ellas adoptó la forma de una gran serpiente; otra adoptó la forma de una serpiente basilisco de siete cabezas; otra adoptó la forma de un dragón; y también estaba el primer poder del Autocentrado, que tenía rostro de león. Todas sus demás emanaciones, que eran numerosísimas, se reunieron.
Oprimieron a Pistis Sophia y también la llevaron a los lugares inferiores del Caos. Allí la perturbaron enormemente.
Entonces, después de haberla perturbado, ella huyó de ellas y llegó a los lugares de la parte superior del Caos. Las emanaciones del Autocentrado la persiguieron y la perturbaron enormemente.
Después de esto, el tirano Adamas miró desde los doce Eones. También él estaba enojado con Pistis Sophia, porque ella deseaba ir hacia la Luz de las Luces, aquella que estaba por encima de todos ellos. [126a] Por esto se enfureció contra ella.
Entonces sucedió que el tirano Adamas, después de mirar desde los doce Eones, vio que las emanaciones del Autocentrado oprimían a Pistis Sophia hasta quitarle todas las luces que había en ella.
Pero entonces el poder de Adamas descendió al Caos, junto a todas las emanaciones del Autocentrado.
Sucedió, pues, que aquel demonio descendió al Caos y empujó a Pistis Sophia hacia abajo. El poder con rostro de león, junto con el de rostro de serpiente, el de rostro de serpiente basilisco y el de rostro de dragón, y todas las demás emanaciones del Autocentrado, que eran numerosísimas, [126b] rodearon a Pistis Sophia, deseando arrebatarle nuevamente los poderes que estaban en ella.
Y la oprimieron enormemente y la amenazaron.
Entonces sucedió que, después de haberla oprimido y perturbado enormemente, ella volvió a clamar hacia la Luz y entonó un himno diciendo:
«Oh Luz, tú eres quien me ha ayudado. Haz que tu luz venga sobre mí, porque tú eres quien me recibe y yo vengo hacia ti, oh Luz.
Creo en ti, oh Luz, porque tú eres mi libertador de las emanaciones del Autocentrado y de Adamas el tirano; tú eres quien me libera de todas sus crueles amenazas».
Después de que Pistis Sophia hubo dicho estas palabras, también yo, por orden de mi Padre, el Primer Misterio que mira hacia dentro, envié a Gabriel y a Miguel junto con las diez (?) grandes emanaciones de Luz, para que ayudaran a Pistis Sophia.
Y ordené a Gabriel y a Miguel que tomaran a Pistis Sophia sobre sus manos, para que sus pies no tocaran la oscuridad de abajo. También les ordené que la guiaran desde los lugares del Caos hacia aquellos lugares a los que estaban a punto de llevarla.
Entonces los ángeles descendieron al Caos. Ellos, junto con la emanación de Luz, vieron también a todas las emanaciones del Autocentrado [127b] y a la emanación de Adamas.
Vieron que la emanación de Luz resplandecía enormemente, hasta tal punto que no había medida para la luz que procedía de ella. Tuvieron miedo y soltaron a Pistis Sophia.
Y la gran emanación de Luz rodeó a Pistis Sophia por todos sus lados: a su izquierda, a su derecha y por todas partes. Se convirtió en una corona de luz sobre su cabeza.
Entonces, cuando la emanación de Luz hubo rodeado a Pistis Sophia, ella cobró una confianza enorme y la emanación no dejó de rodearla por todas partes.
Ella ya no temía a las emanaciones del Autocentrado que estaban en el Caos, ni tampoco temía al otro nuevo [128a] poder del Autocentrado, aquel que él había arrojado al Caos como una flecha que vuela. Tampoco temblaba ante el poder demoníaco de Adamas, aquel que había salido de los Eones.
Y también, por mi orden, yo, el Primer Misterio que mira hacia afuera, hice que mi emanación de Luz, aquella que rodeaba a Pistis Sophia por todas partes, resplandeciera enormemente.
Pistis Sophia permaneció en medio de la luz. Había una gran luz a su izquierda, a su derecha y por todas partes, y también una corona sobre su cabeza.
Y todas las emanaciones del Autocentrado no pudieron mantener su forma ni soportar el ímpetu de la gran [128b] luz de la emanación, aquella que se había convertido en una corona sobre su cabeza.
Muchas de las emanaciones del Autocentrado cayeron a su derecha, porque ella resplandecía enormemente; otras multitudes cayeron a su izquierda. No pudieron acercarse en absoluto a Pistis Sophia debido a la gran luz.
Sin embargo, todas cayeron unas sobre otras —o bien, todas las que estaban cerca unas de otras se reunieron—.
Y no pudieron hacerle ningún mal a Pistis Sophia, porque ella confiaba en la Luz.
Y por orden de mi Padre, el Primer Misterio que mira hacia dentro, yo también descendí al Caos, resplandeciendo enormemente.
[129a] Llegué hasta el poder con rostro de león, aquel que resplandecía enormemente, y le quité toda la luz que había en él.
También mantuve sujetas a todas las emanaciones del Autocentrado, para que desde ese momento no pudieran regresar a su Lugar, que es el decimotercer Eón.
Y quité el poder a todas las emanaciones del Autocentrado. Todas cayeron en el Caos, sin poder.
Y saqué a Pistis Sophia, estando ella a la derecha de Gabriel y Miguel.
La gran emanación de Luz entró también en ellas y llenó su visión con sus enemigos, Pistis Sophia, porque yo les había quitado su poder de luz.
Y saqué a Pistis Sophia del Caos, después de que ella hubiera pisoteado la emanación del Autocentrado con rostro de serpiente. También estaba pisoteando la emanación con rostro de basilisco de siete cabezas.
Y estaba pisoteando el poder con rostro de león, junto con el de rostro de dragón.
Hice que Pistis Sophia permaneciera de pie sobre la emanación del Autocentrado que tenía rostro de serpiente basilisco de siete cabezas, la cual era más fuerte que todas las demás en su maldad.
Y yo, el Primer Misterio, me puse sobre ella y le quité todos los poderes que había en ella. Destruí toda su materia, para que desde ese momento no pudiera surgir de ella ninguna semilla.
Pero mientras el Primer Misterio decía estas cosas a los discípulos, respondió diciendo:
—¿Habéis comprendido de qué manera os estoy hablando?
Se adelantó Jacobo y dijo:
—Mi Señor, acerca de la explicación de las palabras que has pronunciado, tu poder de luz profetizó acerca de ellas una vez por medio de David, en el salmo noventa:
«El que habita bajo la protección del Altísimo permanecerá bajo la sombra del Dios del cielo. Dirá al Señor: “Tú eres mi protector y mi refugio; mi Dios, en ti confío”, porque él es quien me salvará de la trampa del que pone trampas y de una palabra cruel. Él te cubrirá bajo su pecho (tu pecho, MS), y tú confiarás bajo sus alas. Su verdad te rodeará como una armadura (un arma, MS). No tendrás miedo del temor de la noche ni de la flecha que vuela durante el día, ni de aquello que se mueve en la oscuridad, ni de la calamidad causada por el demonio de la hora del mediodía. Caerán mil a tu izquierda y diez mil a tu derecha, pero no se acercarán a ti. Sin embargo, tus ojos contemplarán todo esto; verás la recompensa de los pecadores, porque tú, Señor, eres mi esperanza; has puesto para ti al Altísimo como lugar de refugio. No habrá mal que pueda acercarse a ti, ni plaga que se aproxime a tu morada, porque él dará órdenes a sus ángeles acerca de ti para que te guarden en todos tus caminos. Ellos te llevarán en sus manos, para que nunca tropieces con una piedra. Caminarás sobre la serpiente y la víbora, y pisotearás al león y al dragón. Porque confió en mí, yo lo salvaré; lo protegeré, porque conoció mi nombre. Me invocará y yo le responderé; estaré con él en su aflicción, lo salvaré y le daré gloria. Lo colmaré de muchos días y le mostraré mi salvación».
Esta, oh Señor, es la explicación de las palabras que pronunciaste. Escucha, por tanto, para que pueda decirlas con valentía.
La palabra que tu poder pronunció por medio de David:
«El que habita bajo la protección del Altísimo permanecerá bajo la sombra del Dios del cielo»,
significa que, cuando Pistis Sofía había confiado en la Luz, permaneció bajo la luz de la emanación de la Luz, aquella que vino desde lo Alto por medio de ti.
Y la palabra que tu poder pronunció por medio de David:
«Diré al Señor: “Tú eres mi protector y mi refugio; mi Dios, en ti confié”»,
es la palabra con la que Pistis Sofía entonó su himno:
«Tú eres mi protector y yo me acerco a ti».
Y también la palabra que tu poder pronunció:
«Mi Dios, en quien confío, tú eres quien me salvará de la trampa de los que ponen trampas y de una palabra cruel»,
es aquello que dijo Pistis Sofía:
«Oh Luz, creo en ti, porque tú eres quien me librará de las emanaciones del Autodeterminado y de los de Adamas, el tirano. Tú también eres quien me librará de todas sus crueles amenazas».
Y también la palabra que tu poder pronunció por medio de David:
«Él te cubrirá bajo su pecho (tu pecho, MS), y tú confiarás bajo sus alas»,
significa que Pistis Sofía estaba en la luz de la emanación de la Luz, aquella que salió de ti, y permaneció con el corazón lleno de confianza, porque la luz que estaba a su izquierda [132b] y la que estaba a su derecha eran las alas de la emanación de la Luz.
Y la palabra que tu poder de luz profetizó por medio de David:
«La verdad te rodeará como una armadura (un arma, MS)»,
significa la luz de la emanación de la Luz, aquella que rodeó a Pistis Sofía por todas partes como una armadura.
Y la palabra que tu poder pronunció:
«No tendrá miedo del temor de la noche»,
significa que Pistis Sofía no tuvo miedo de los terrores y las perturbaciones con las que la atormentaron en el Caos, que es la noche.
Y la palabra que tu poder pronunció:
«No tendrá miedo de la flecha que vuela durante el día»,
significa que Pistis Sofía no tuvo miedo del poder que el Autodeterminado envió desde lo Alto al final, el cual llegó al Caos como una flecha que vuela, y por eso tu poder de luz dijo:
«No tendrás miedo de la flecha que vuela durante el día».
Porque aquel poder salió del decimotercer Eón, es decir, de aquel que gobierna sobre los doce Eones y que ilumina a todos los Eones. Por eso dijo: «el día».
Y también la palabra que tu poder pronunció:
«No tendrá miedo de aquello que camina en la oscuridad»,
significa que Sofía no tuvo miedo de la emanación con rostro de león (serpiente, MS), que atemorizaba a Pistis Sofía en el Caos, es decir, en la oscuridad.
Y la palabra que tu poder pronunció:
«No tendrá miedo de un accidente causado por un demonio de la hora del mediodía»,
significa que Pistis Sofía no tuvo miedo de la emanación demoníaca de Adamas, el tirano, aquella que arrojó a Pistis Sofía a una gran calamidad, que vino de Adamas desde los doce Eones.
Por eso tu poder dijo:
«No tendrá miedo de una calamidad causada por el demonio de la hora del mediodía».
La hora del mediodía se refiere a que vino de los doce Eones, es decir, al mediodía. Y también la noche, porque vino del Caos, es decir, de la noche, y salió de los doce Eones, que se encuentran entre ambos.
Por eso tu poder de luz dijo: «la hora del mediodía», porque los doce Eones se encuentran entre el decimotercer Eón y el Caos.
Y también la palabra que tu poder de luz pronunció por medio de David:
«Caerán mil a su izquierda y diez mil a su derecha, pero no se acercarán a él»,
significa que, cuando las emanaciones del Autodeterminado, que eran enormemente numerosas, no pudieron soportar la gran luz de la emanación de la Luz, una multitud de ellas cayó a la izquierda de Pistis Sofía y otra multitud cayó a su derecha. Y no pudieron acercarse a ella para hacerle daño.
Y la palabra que tu poder de luz pronunció por medio de David:
«Sin embargo, tus ojos contemplarán todo esto y verás la recompensa de los pecadores, porque tú, Señor, eres mi protector»,
es la palabra que significa que Pistis Sofía contempló a sus enemigos, las emanaciones del Autodeterminado, todas ellas, que habían caído unas sobre otras.
No solo contempló a sus enemigos de esta manera, sino que tú también, mi Señor, el Primer Misterio, retiraste el poder de luz que estaba en el poder del rostro de león. También retiraste el poder de todas las emanaciones del Autodeterminado y las mantuviste sometidas en el Caos para que, desde aquel momento, fueran a su Lugar.
Por eso Pistis Sofía contempló a sus enemigos, es decir, las emanaciones del Autodeterminado en todas sus formas, acerca de las cuales David profetizó respecto de Pistis Sofía diciendo:
«Sin embargo, tus ojos contemplarán todo esto y verás la recompensa de los pecadores».
No solo los contempló cuando cayeron unos sobre otros en el Caos, sino que también vio su recompensa, aquello que recibieron a cambio de lo que habían hecho. Pues, del mismo modo que las emanaciones del Autodeterminado habían pensado quitarle la luz a Pistis Sofía, tú les devolviste lo que les correspondía y les diste su recompensa.
Y retiraste de ellos el poder de luz que había en ellos, en lugar de la luz de Sofía, aquella que había creído en la Luz de lo Alto.
Y, conforme a lo que tu poder de luz dijo por medio de David:
«Has puesto para ti al Altísimo como lugar de refugio; no habrá mal que pueda acercarse a ti, ni plaga que se aproxime a tu morada»,
significa que, cuando Pistis Sofía había creído firmemente en la Luz y, al verse oprimida, entonó su himno hacia él, las emanaciones del Autodeterminado no pudieron hacerle ningún mal, ni pudieron herirla, ni pudieron acercarse a ella en absoluto.
Y la palabra que tu poder de luz pronunció por medio de David:
«Él dará órdenes a sus ángeles acerca de ti para que te guarden en todos tus caminos y te lleven en sus manos, para que nunca tropieces con una piedra»,
es también la palabra que significa que tú ordenaste a Gabriel y a Miguel que condujeran a Pistis Sofía por todos los Lugares del Caos, hasta que la llevaron arriba y la elevaron en sus manos, para que sus pies no tocaran la oscuridad que estaba debajo y para que los seres de la oscuridad que estaban abajo tampoco pudieran apoderarse de ella.
Y la palabra que tu poder de luz pronunció por medio de David:
«Caminarás sobre la serpiente y la víbora, y pisotearás al león y al dragón. Porque confió en mí, yo la salvaré y la protegeré, porque conoció mi nombre»,
significa que, cuando Pistis Sofía salió del Caos y ascendió, pisoteó las emanaciones del Autodeterminado. Pisoteó a aquellos que tenían rostro de serpiente y a aquellos que tenían rostro de basilisco, la serpiente de siete cabezas. Y pisoteó el poder que tenía rostro de león, junto con aquel que tenía rostro de dragón, porque había creído en la Luz y fue liberada de todos ellos.
Esta, mi Señor, es la explicación de las palabras que pronunciaste.
Sucedió entonces que, cuando el Primer Misterio hubo escuchado estas palabras, dijo:
—Bien hecho, Jacobo, el amado.
Pero el Primer Misterio añadió también una palabra y dijo a los discípulos:
—Sucedió que, después de haber llevado a Pistis Sofía fuera del Caos, ella también clamó diciendo:
«He sido liberada del Caos y he sido desatada de las cadenas de la oscuridad. Me acerqué a ti, oh Luz, porque te convertiste en luz a mi alrededor; tú me estás liberando y me estás ayudando. Y las emanaciones del Autodeterminado, que luchan contra mí, tú las detuviste mediante tu luz, y no pudieron acercarse a mí, porque tu luz estaba conmigo y me estaba liberando por medio de tu emanación de Luz.
Porque las emanaciones del Autodeterminado me oprimieron; me quitaron mi poder y me arrojaron al Caos, donde no había luz en mí. Me convertí en algo pesado en comparación con ellas.
Después de esto, vino a mí un poder procedente de tu emanación, que me liberó. Hizo luz a mi izquierda y a mi derecha y me rodeó por todas partes, para que ninguna parte de mí quedara sin luz.
Y me cubriste con la luz de tu emanación. Y purificaste de mí todas mis materias malignas. Y llegué a estar por encima de todas mis materias gracias a tu luz y a tu emanación de Luz.
Esta es la que me exaltó y me quitó las emanaciones del Autodeterminado, aquellas que solían afligirme.
Y mi corazón se llenó de confianza en tu luz y en la luz purificada por tu emanación. Y se alejaron de mí las emanaciones del Autodeterminado, aquellas que me oprimían. Y me convertí en luz por tu gran poder, porque tú eres quien acostumbra a liberar en todo momento».
Esta es la Repentencia que pronunció Pistis Sofía después de haber salido del Caos y de haber sido liberada de las cadenas del Caos.
Ahora bien, quien tenga oídos para oír, que oiga.
Sucedió entonces que, cuando el Primer Misterio terminó de decir estas palabras a los discípulos, se adelantó Tomás y dijo:
—Mi Señor, mi morador de luz tiene oído y mi entendimiento comprende las palabras que has pronunciado. Ahora, pues, ordéname que explique claramente el significado de las palabras.
Pero el Primer Misterio respondió y dijo a Tomás:
—Te ordeno que expliques el himno que Pistis Sofía entonó hacia mí.
Entonces Tomás respondió y dijo:
—Mi Señor, acerca del himno que pronunció Pistis Sofía después de haber sido liberada del Caos, tu poder de luz profetizó acerca de él una vez por medio de Salomón, hijo de David, en sus Odas:
«Fui liberado de las cadenas; corrí hacia ti, oh Señor, porque te convertiste para mí en la derecha; tú me estás liberando y me estás ayudando. Detuviste a quienes luchaban contra mí, y no se manifestaron, porque tu rostro estaba conmigo y me liberaba por tu gracia.
Fui insultado delante de una multitud y me expulsaron; me convertí en plomo ante ellos.
Me llegó un poder procedente de ti para ayudarme, porque pusiste antorchas a mi derecha y a mi izquierda, para que ninguna parte de mí quedara sin luz.
Me protegiste bajo la sombra de tu misericordia y me elevaste por encima de las túnicas de piel.
Tu derecha es la que me exaltó y quitó mi debilidad. Me hice fuerte en tu verdad, purificado en tu justicia.
Se alejaron de mí quienes luchaban contra mí. Y fui justificado por tu bondad, porque tu reposo permanece por los siglos de los siglos».
Esta, por tanto, oh mi Señor, es la explicación de la Repentencia que pronunció Pistis Sofía después de haber sido liberada del Caos.
Escucha, por tanto, para que pueda decirla con valentía.
La palabra que tu poder de luz pronunció por medio de Salomón:
«Fui liberado de las cadenas; corrí hacia ti, oh Señor»,
es la palabra que pronunció Pistis Sofía:
«He sido liberada de las cadenas de la oscuridad; me acerqué a ti, oh Luz».
Y la palabra que pronunció tu poder:
«Te convertiste para mí en la derecha; tú me estás liberando y me estás ayudando»,
es también la palabra que pronunció Pistis Sofía:
«Te convertiste en luz a mi alrededor y me estás ayudando».
Y la palabra que pronunció tu poder:
«Detuviste a quienes luchaban contra mí y no se manifestaron»,
es la palabra que pronunció Pistis Sofía:
«Y las emanaciones del Autodeterminado, aquellas que luchan contra mí, tú las detuviste mediante tu luz, y no pudieron acercarse a mí».
Y la palabra que pronunció tu poder:
«Tu rostro estaba conmigo por tu gracia»,
es la palabra que pronunció Pistis Sofía:
«Tu luz estaba conmigo y me liberaba mediante tu emanación de Luz».
Y la palabra que pronunció tu poder:
«Fui insultado delante de una multitud y me expulsaron»,
es la palabra que pronunció Pistis Sofía:
«Me oprimieron las emanaciones del Autodeterminado. Me quitaron mi poder y fui despreciada por ellos. Y me arrojaron al Caos, donde no había luz en mí».
Y la palabra que pronunció tu poder de luz:
«Me convertí en plomo ante ellos»,
es la palabra que pronunció Pistis Sofía:
«Después de que me quitaron mi luz, me convertí en algo pesado ante ellos».
Y también la palabra que pronunció tu poder:
«Y vino a mí un poder procedente de ti para ayudarme»,
es también la palabra que pronunció Pistis Sofía:
«Después de esto, vino a mí un poder de luz procedente de ti para liberarme».
Y la palabra que pronunció tu poder:
«Pusiste antorchas a mi derecha y a mi izquierda, para que ninguna parte de mí quedara sin luz»,
es la palabra que pronunció Pistis Sofía:
«Tu poder hizo luz a mi derecha y a mi izquierda y me rodeó por todas partes, para que ninguna parte de mí quedara sin luz».
Y la palabra que pronunció tu poder:
«Me protegiste bajo la sombra de tu misericordia»,
es también la palabra que pronunció Pistis Sofía:
«Y me cubriste con la luz de tu emanación».
Y la palabra que pronunció tu poder:
«Me convertí en algo que está por encima de las túnicas de piel»,
es también la palabra que pronunció Pistis Sofía:
«Y purificaron de mí todas mis materias malignas. Y fui exaltada por encima de ellas mediante tu luz».
Y la palabra que tu poder pronunció por medio de Salomón:
«Tu derecha es la que me exaltó y quitó mi debilidad»,
es la palabra que pronunció Pistis Sofía:
«Y tu emanación de Luz es la que me exaltó mediante tu luz y me quitó las emanaciones del Autodeterminado, aquellas que me afligían».
Y la palabra que pronunció tu poder:
«Me hice fuerte en tu verdad y fui purificado en tu justicia»,
es la palabra que pronunció Pistis Sofía:
«Me hice fuerte mediante tu luz y me estoy convirtiendo en luz, purificada por tu emanación».
Y la palabra que pronunció tu poder:
«Se alejaron de mí quienes luchaban contra mí»,
es la palabra que pronunció Pistis Sofía:
«Se alejaron de mí las emanaciones del Autodeterminado, aquellas que me oprimían».
Y la palabra que tu poder de luz pronunció por medio de Salomón:
«Y fui justificado por tu bondad, porque tu reposo permanece por los siglos de los siglos»,
es la palabra que pronunció Pistis Sofía:
«Fui liberada por tu bondad, porque tú eres quien acostumbra a liberar a todos».
Esta, por tanto, mi Señor, es toda la explicación de la Repentencia que pronunció Pistis Sofía después de haber sido liberada del Caos y desatada de las cadenas.
Sucedió, por tanto, que el Primer Misterio, después de haber escuchado estas palabras de Tomás, le dijo:
—Bien hecho y justamente, Tomás, el bienaventurado. Esta es la explicación del himno que pronunció Pistis Sophia.
Pero el Primer Misterio añadió también, y dijo a los discípulos:
—Pistis Sophia añadió también estas palabras en su himno, diciendo:
«Te canto este himno a ti, conforme a tu mandato; tú me sacaste del Aeón que está en lo alto, que es la región superior, y me hiciste descender a los lugares que están abajo. Y también, conforme a tu mandato, me libraste de los lugares que están abajo.
Y por medio de ti quitaste la materia que había allí y que se encontraba en mis poderes de luz, y yo la vi.
Y tú eres aquel que aparta de mí las emanaciones del Autovoluntado, las que me oprimían y eran mis enemigas.
Y me diste autoridad para desatar las ataduras de las emanaciones de Adamas, y golpeaste a la serpiente basilisco, la de siete cabezas; la expulsaste de mis manos y me hiciste permanecer sobre su materia; la destruiste, para que desde este momento su semilla no volviera a levantarse.
Y tú eres aquel que estaba conmigo, dándome poder en todas estas cosas.
Y tu luz me rodeó en todos los lugares.
Y por medio de ti dejaste sin poder a todas las emanaciones del Autovoluntado, porque les quitaste el poder de su luz.
Y dirigiste mi camino para sacarme del Caos.
Y me sacaste de las tinieblas materiales, y les quitaste todos mis poderes, aquellos cuya luz habían tomado.
Y pusiste en ellos una luz purificada, y a todos mis miembros que carecían de luz les diste una luz purificada procedente de la luz de lo Alto.
Y les dirigiste el camino.
Y la luz de tu rostro se me manifestó como incorruptible.
Me elevaste por encima del Caos, al lugar que está sobre el Caos, al lugar del Caos destinado a la destrucción, para que fueran disueltas todas las materias que están en él, las que se forman y llegan a existir en aquel lugar, y para que todos mis poderes fueran renovados por tu luz, y tu luz llegara a estar en todos ellos.
Pusiste en mí la luz de tu emanación, y me convertí en luz purificada».
Este es, nuevamente, el segundo himno que pronunció Pistis Sophia. Por tanto, aquel que comprenda esta penitencia, que se adelante y la pronuncie.
Sucedió, por tanto, que el Primer Misterio terminó de decir estas palabras y se adelantó Mateo. Dijo:
—He comprendido la explicación del himno que pronunció Pistis Sophia. Ahora, pues, ordéname que lo diga con confianza.
Pero el Primer Misterio respondió y le dijo:
—Te ordeno, Mateo, que pronuncies la explicación del himno que pronunció Pistis Sophia.
Pero Mateo respondió y dijo:
—En cuanto a la explicación del himno que pronunció Pistis Sophia, tu poder de luz ya había profetizado acerca de ella una vez por medio de la Oda de Salomón. Dice:
«Él es quien me hizo descender de los lugares que están muy arriba, y quien me hizo subir de los lugares que están abajo.
Él es quien allí quitó las cosas que están en medio y me las enseñó.
Él es quien dispersó a mis enemigos junto con mis adversarios.
Él es quien me dio autoridad sobre las ataduras para desatarlas.
Él es quien golpeó a la serpiente que tiene siete cabezas con mis manos.
Él me hizo permanecer sobre su raíz, para que yo borrara su semilla.
Y tú estabas conmigo; me ayudabas en todos los lugares.
Tu nombre me rodeó.
Tu mano derecha destruyó el veneno del que habla el mal.
Tu mano abrió el camino para tus fieles.
Los redimiste de las tumbas y los sacaste de en medio de los cadáveres embalsamados.
Tomaste huesos muertos y los vestiste con un cuerpo; y a aquellos que no se movían les diste una fuerza de vida.
Tu camino se convirtió en incorruptibilidad, junto con tu rostro.
Trajiste tu Aeón sobre la corrupción, para que todo fuera disuelto y renovado, y tu luz se convirtiera en fundamento de todas las cosas.
Edificaste sobre ellos tu riqueza, y se convirtieron en una morada santa».
Esto, por tanto, mi Señor, es la explicación del himno que pronunció Pistis Sophia.
Escucha ahora, para que pueda explicarlo claramente.
La palabra que tu poder pronunció por medio de Salomón:
«Él es quien me hizo descender de los lugares que están muy arriba, y también tú me hiciste subir de los lugares que están abajo»,
es la palabra que pronunció Pistis Sophia:
«Te canto este himno a ti, por cuyo mandato me sacaste de este Aeón que está en lo alto y me llevaste a los lugares de abajo. Y también me libraste por tu mandato; me hiciste subir de los lugares que están abajo».
Y la palabra que tu poder pronunció por medio de Salomón:
«Él es quien allí quitó las cosas que están en medio y me las enseñó»,
es la palabra que pronunció Pistis Sophia:
«Y también por medio de ti hiciste que fuera purificada la materia que está en medio de mi poder, y yo la vi».
Y también la palabra que tu poder pronunció por medio de Salomón:
«Él es quien dispersó a mis enemigos junto con mis adversarios»,
es la palabra que pronunció Pistis Sophia:
«Y tú eres aquel que apartó de mí todas las emanaciones del Autovoluntado, las que me oprimían y se habían convertido en mis enemigas».
Y la palabra que tu poder pronunció:
«Él es quien me dio su sabiduría para desatar las ataduras»,
es la palabra que pronunció Pistis Sophia:
«Y me dio su sabiduría para que yo fuera liberada de las ataduras de aquellas emanaciones».
Y la palabra que tu poder pronunció:
«Él es quien golpeó a la serpiente que tiene siete cabezas con mis manos, y me hizo permanecer sobre su raíz, para que yo borrara su semilla»,
es la palabra que pronunció Pistis Sophia:
«Y golpeaste a la serpiente, la de siete cabezas, por medio de mis manos. Y me colocaste sobre su materia; la destruiste, para que su semilla no volviera a levantarse desde este momento».
Y la palabra que tu poder pronunció:
«Y tú estabas conmigo y me ayudabas»,
es la palabra que pronunció Pistis Sophia:
«Y tú estabas conmigo; me ayudabas en todas estas cosas».
Y la palabra que tu poder pronunció:
«Y tu nombre me rodeó en todos los lugares»,
es la palabra que pronunció Pistis Sophia:
«Y tu luz me rodeó en todos sus lugares».
Y la palabra que tu poder pronunció:
«Y tu mano derecha destruyó el veneno del que habla el mal»,
es la palabra que pronunció Pistis Sophia:
«Y por medio de ti quedaron sin poder las emanaciones del Autovoluntado, porque les quitaste la luz de su poder».
Y la palabra que tu poder pronunció:
«Tu mano abrió el camino de tus fieles»,
es la palabra que pronunció Pistis Sophia:
«Dirigiste mi camino para sacarme del Caos, porque creí en ti».
Y la palabra que tu poder pronunció:
«Los redimiste de las tumbas y los sacaste de en medio de los cadáveres embalsamados»,
es la palabra que pronunció Pistis Sophia:
«Y me redimiste del Caos, y me sacaste de las tinieblas materiales, es decir, de las emanaciones de las tinieblas que están en el Caos, aquellas cuya luz les quitaste».
Y la palabra que tu poder pronunció:
«Tomaste huesos muertos, los vestiste con un cuerpo, y a los que no se movían les diste una fuerza de vida»,
es la palabra que pronunció Pistis Sophia:
«Y tomaste todos mis poderes, aquellos en los que no había luz, y pusiste en ellos una luz purificada.
Y a todos mis miembros en los que no había luz que se moviera, les diste una luz de vida procedente de tu Altura».
Y la palabra que tu poder pronunció:
«Tu camino se convirtió en incorruptibilidad, junto con tu rostro»,
es la palabra que pronunció Pistis Sophia:
«Y dirigiste mi camino, y la luz de tu rostro se convirtió para mí en una vida indestructible».
Y la palabra que tu poder pronunció:
«Trajiste tu Aeón sobre la destrucción, para que fueran desatadas todas las ataduras»,
es la palabra que pronunció Pistis Sophia:
«Me trajiste a mí, a tu poder, sobre el Caos y sobre la destrucción, para que fuera disuelta toda la materia que llega a existir en aquel lugar, y para que todos mis poderes fueran renovados por la luz».
Y la palabra que tu poder pronunció:
«Y tu luz es fundamento para todos ellos»,
es la palabra que pronunció Pistis Sophia:
«Y tu luz llegó a estar en todos ellos».
Y la palabra que tu poder de luz pronunció por medio de Salomón:
«Pones tu riqueza sobre él, y él hizo una morada santa»,
es la palabra que pronunció Pistis Sophia:
«Fortaleces sobre mí la luz de tu emanación, y me convertí en luz purificada».
Esto, por tanto, mi Señor, es la explicación del himno que pronunció Pistis Sophia».
Sucedió, por tanto, que el Primer Misterio, después de escuchar estas palabras que pronunció Mateo, le dijo:
—Bien hecho y justamente, Mateo, el bienaventurado. Esta es la explicación del himno que pronunció Pistis Sophia.
Pero el Primer Misterio añadió también, y dijo a los discípulos:
—Pistis Sophia añadió también estas palabras en este himno. Dijo:
«Tú eres la Luz que está en lo alto, porque me libraste; me acercaste a ti y no permitiste que me quitaran mi luz las emanaciones del Autovoluntado, aquellas que son mis enemigas.
¡Oh Luz de las Luces! Te canté, porque me libraste.
¡Oh Luz! Elevaste mi poder desde el Caos.
Me libraste de aquellos que descendieron a las tinieblas».
Estas son también las palabras que pronunció Pistis Sophia.
Ahora, por tanto, aquel cuya mente se haya vuelto inteligente y haya comprendido las palabras que pronunció Pistis Sophia, que se adelante y dé su explicación.
Sucedió, por tanto, que el Primer Misterio terminó de decir estas palabras a los discípulos y María se adelantó. Dijo:
—Mi Señor, mi mente está siempre iluminada, para que pueda adelantarme en todo momento y dar la explicación de las palabras que ella pronunció. Pero temo a Pedro, porque acostumbra a amenazarme y odia a nuestro sexo.
Después de que ella dijo esto, el Primer Misterio le respondió:
—Todo aquel que esté lleno del espíritu de luz y se adelante para dar la explicación de las cosas que digo, no podrá ser impedido por nadie.
Ahora, María, da la explicación de las palabras que pronunció Pistis Sophia.
Entonces María respondió y dijo al Primer Misterio, en medio de los discípulos:
—Mi Señor, acerca de la explicación de las palabras que pronunció Pistis Sophia, tu poder de luz las profetizó una vez por medio de David:
«Te exaltaré, Señor, porque me acogiste y no permitiste que mis enemigos se alegraran sobre mí.
Señor, Dios mío, clamé a ti y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi alma de Amente y me salvaste de aquellos que descendieron al pozo».
Después de que María dijo estas palabras, el Primer Misterio le dijo:
—Bien hecho y justamente, María, la bienaventurada.
Pero el Primer Misterio añadió también estas palabras y dijo a los discípulos:
—Pistis Sophia añadió también en el himno estas palabras. Dijo:
«La Luz se convirtió para mí en liberadora, y convirtió mis tinieblas en luz.
Rasgó el Caos que me rodeaba; me ciñó de luz».
Sucedió, por tanto, que cuando el Primer Misterio terminó de decir estas palabras, Marta se adelantó y dijo:
—Mi Señor, tu poder profetizó una vez por medio de David acerca de estas palabras:
«El Señor se convirtió para mí en ayudante; convirtió mi lamento en alegría. Rasgó mi vestidura de duelo y me ciñó de alegría».
Sucedió entonces que el Primer Misterio, después de escuchar estas palabras pronunciadas por Marta, le dijo:
—Bien hecho y justamente, Marta.
Pero el Primer Misterio añadió también, y dijo a los discípulos:
—Pistis Sophia añadió también estas palabras en el himno:
«Mi poder canta a la Luz, y no olvida ninguno de los poderes de la luz que él te dio.
Y todos los poderes que están en ti cantan al nombre de su misterio, que es santo.
Él es quien perdona todas tus transgresiones.
Él es quien te libra de todas sus opresiones, con las que te afligieron las emanaciones del Autovoluntado.
Él es quien liberó tu luz de las emanaciones del Autovoluntado, las que pertenecían a la destrucción.
Él es quien puso una corona de luz sobre tu cabeza, en su compasión, hasta que te liberó.
Él es quien te llenó de luz purificada.
Y tu comienzo será renovado como el de un Invisible de lo Alto».
Después de haber cantado estas palabras, Pistis Sophia lo hizo porque había sido liberada y recordaba todas las cosas que yo le había dado.
Sucedió, por tanto, que el Primer Misterio terminó de pronunciar estas palabras a los discípulos y les dijo:
—Aquel que comprenda la explicación de estas palabras, que se adelante y las pronuncie con confianza.
María se adelantó nuevamente y dijo:
—Mi Señor, acerca de estas palabras con las que cantó Pistis Sophia, tu poder de luz las profetizó por medio de David:
«Alma mía, bendice al Señor; todo lo que hay en mi interior bendiga su santo nombre.
Alma mía, bendice al Señor y no olvides ninguna de sus recompensas:
él es quien perdona todas tus iniquidades;
él es quien sana todas tus enfermedades.
Él es quien redime tu vida de la destrucción.
Él es quien pone una corona de misericordia sobre tu cabeza, y de compasión.
Él es quien satisface tus deseos con bienes;
tu juventud la renovará como la de un águila».
Es decir, que la Sophia se volverá como los Invisibles que están en lo Alto.
Después de decir esto, María añadió:
—Como un águila, porque la morada de las águilas está en lo alto, y los Invisibles también están en lo Alto; es decir, que la Sophia se volverá luminosa como los Invisibles, tal como era desde su comienzo.
Sucedió, por tanto, que el Primer Misterio, después de escuchar estas palabras pronunciadas por María, le dijo:
—Bien hecho, María, la bienaventurada.
Sucedió entonces, después de estas cosas, que el Primer Misterio añadió también estas palabras y dijo a los discípulos:
—Tomé a Pistis Sophia y la llevé a un lugar situado debajo del decimotercer Aeón, y le di un nuevo misterio de la luz que no pertenece a su Aeón, el lugar de los Invisibles.
Y también le di un himno de la luz, para que desde ese momento los Gobernantes de los Aeones no pudieran prevalecer contra ella.
Y la puse en aquel lugar hasta que yo viniera por ella y la llevara a su lugar, que está en lo Alto.
Sucedió, por tanto, que después de haberla puesto en aquel lugar, ella pronunció también este himno, diciendo:
«En la fe creí en la Luz, y él se acordó de mí; escuchó mi himno.
Elevó mi poder desde el Caos, desde las tinieblas que están abajo, con toda la materia.
Y me elevó y me puso en un Aeón exaltado y firme.
Me puso en el camino que conduce a mi lugar, y me dio un nuevo misterio que no pertenece a mi Aeón, y me dio un himno de la luz.
Ahora, pues, oh Luz, todos los Gobernantes verán las cosas que hiciste conmigo, y tendrán miedo y creerán en la Luz».
Este himno lo pronunció Pistis Sophia, alegrándose porque la habían sacado del Caos.
Y la llevaron al lugar que está debajo del decimotercer Aeón.
Ahora, por tanto, aquel cuya mente se mueva a comprender la explicación del significado del himno que pronunció Pistis Sophia, que se adelante y lo diga.
Andrés se adelantó y dijo:
—Mi Señor, esto es lo que tu poder de luz profetizó una vez por medio de David:
«Esperé con paciencia al Señor; él me atendió y escuchó mi súplica.
Sacó mi alma del pozo de la miseria, del fango de la suciedad.
Puso mis pies sobre una roca y dirigió mis pasos.
Puso en mi boca un cántico nuevo, una alabanza para nuestro Dios.
Muchos lo verán, tendrán miedo y pondrán su esperanza en el Señor».
Sucedió, por tanto, que Andrés, después de haber explicado el significado de Pistis Sophia, recibió del Primer Misterio estas palabras:
—Bien hecho, Andrés, el bienaventurado.
Pero el Primer Misterio añadió también estas palabras y dijo a los discípulos:
—Estas son todas las cosas que le sucedieron a Pistis Sophia.
Sucedió, por tanto, que después de haberla llevado al lugar que está debajo del decimotercer Aeón, yo estaba a punto de ir hacia la Luz y dejar de estar con ella.
Ella me dijo:
«Oh Luz de las Luces, ya que estás a punto de ir hacia la Luz y dejar de estar conmigo, Adamas, el tirano, sabrá que has dejado de estar conmigo y sabrá que no habrá quien me libere.
Él vendrá también contra mí, a este lugar, junto con todos sus Gobernantes que me odian.
Y también el Autovoluntado dará poder a su emanación con rostro de león.
Todos ellos vendrán y me oprimirán de una sola vez, y me quitarán toda mi luz, y quedaré sin poder.
También quedaré sin luz.
Ahora, pues, oh Luz y mi Luz, quítales el poder de su luz, para que desde este momento no puedan prevalecer contra mí ni oprimirme».
Sucedió, por tanto, que después de escuchar estas palabras pronunciadas por Pistis Sophia, le respondí y dije:
«Mi Padre, el que me emanó, todavía no me ha ordenado que les quite su luz.
Pero sellaré sus lugares, los del Autovoluntado, junto con todos sus Gobernantes que te odian, porque creíste en la Luz.
Y también sellaré los lugares de Adamas junto con sus Gobernantes, para que no puedan luchar contra ti hasta que se cumpla su tiempo y llegue la ocasión en que mi Padre me ordene quitarles su luz».
Pero después también le dije:
«Escucha, y te hablaré del tiempo en que sucederán estas cosas que te he dicho.
Sucederán cuando se hayan cumplido tres tiempos».
Pistis Sophia respondió y me dijo:
«Oh Luz, ¿cómo sabré cuándo se cumplirán los tres tiempos, para poder alegrarme y regocijarme porque se acerca el momento en que me llevarás a mi lugar?
Y también me alegraré porque habrá llegado el momento en que quitarás los poderes de la luz a todos aquellos que me odian, porque creí en tu luz».
Pero yo le respondí y dije:
«Cuando veas la puerta del Tesoro de la Gran Luz, la que está abierta hacia el decimotercer Aeón, es decir, hacia la izquierda, y cuando ellos abran esa puerta, entonces se habrán cumplido los tres tiempos».
Pistis Sophia respondió también y dijo:
«Oh Luz, ¿cómo sabré, estando en este lugar, que han abierto esa puerta?»
Pero yo respondí y le dije:
«Cuando abran esa puerta, lo sabrán quienes están en todos los Aeones, debido a la gran luz que aparecerá en todos sus lugares.
Sin embargo, he dispuesto que no se atrevan a hacerte ningún mal hasta que se hayan cumplido los tres tiempos.
Pero tú tendrás autoridad para subir a sus doce Aeones en el momento que quieras, y también podrás regresar y volver a tu lugar, este que está debajo del decimotercer Aeón, en el que estás ahora.
Pero no tendrás autoridad para entrar por la puerta de lo Alto, la que está en el decimotercer Aeón, para entrar en tu lugar, aquel del que saliste.
Sin embargo, cuando se hayan cumplido los tres tiempos, el Autovoluntado te oprimirá junto con todos sus Gobernantes para quitarte tu luz.
Él estará enojado contigo, pensando que tú has contenido su poder en el Caos y pensando que tú le quitaste su luz.
Se enfurecerá contra ti para quitarte tu luz, enviarla al Caos y entregársela a su emanación que está allí, para que esta pueda subir desde el Caos y llegar a su lugar.
Pero entonces comenzará Adamas.
Y yo le quitaré todos tus poderes y te los devolveré.
Y vendré y los quitaré de él.
Ahora, por tanto, cuando te opriman en aquel momento, canta a la Luz, y yo no dejaré de ayudarte.
Y vendré rápidamente hacia ti desde los lugares que están abajo.
Y descenderé a sus lugares y les quitaré su luz.
Vendré a este lugar en el que te puse, el que está debajo del decimotercer Aeón, hasta que te lleve a tu lugar, aquel del que saliste».
Sucedió, por tanto, que Pistis Sophia, al oír estas palabras que le dije, se alegró con gran alegría. Pero yo la dejé en el Lugar que está debajo del decimotercer Eón. Fui hacia la Luz y dejé de estar con ella. Pero todas estas palabras las decía el Primer Misterio a los discípulos, explicándoles lo que le había sucedido a Pistis Sophia. Y estaba sentado sobre el monte de los Olivos, diciendo todas estas palabras en medio de los discípulos.
Pero añadió también —les dijo—: «Sucedió también [158a] que, después de todas estas cosas, mientras yo estaba en el mundo de los hombres, sentado junto al camino que está en este Lugar, que es el monte de los Olivos, antes de que enviaran mi vestidura, aquella que dejé en el vigesimocuarto Misterio (contando desde dentro, mientras que el Primero mismo se cuenta desde fuera), que es el Gran Incontenible, aquel en el que resplandecí, y antes de que subiera a lo Alto para recibir mis otras dos vestiduras, mientras estaba sentado junto a vosotros en este Lugar, es decir, en el monte de los Olivos, se cumplió el tiempo acerca del cual dije a Pistis Sophia: “Adamas te oprimirá con todos sus Gobernantes”.
Sucedió, pues, cuando llegó aquel tiempo, que yo estaba [158b] en el mundo de los hombres, sentado junto a vosotros en este lugar, el monte de los Olivos. Vi a Adamas desde los doce Eones. Él miró hacia abajo, hacia el Lugar del Caos, y vio su poder demoníaco que estaba en el Caos, donde no había ninguna luz, porque yo le había quitado su luz. Y vio que se había convertido en oscuridad, y ya no podía llegar a su propio Lugar, que son los doce Eones.
Adamas recordó también a Pistis Sophia y se enfureció muchísimo contra ella, pensando que era ella quien había restringido su poder en el Caos y pensando que era ella quien le había quitado su luz. Se enfureció enormemente y añadió ira sobre ira. Hizo emanar de sí una emanación de oscuridad, junto con otro poder cruel del mal del Caos, para perturbar con ellos a Pistis Sophia.
Y creó un Lugar de oscuridad en su propio Lugar, para oprimir con él a Sophia. Tomó también a una multitud de sus propios Gobernantes, y ellos persiguieron a Sophia para llevarla al Caos de oscuridad que había creado y oprimirla allí.
Y para perturbarla, las dos emanaciones de oscuridad, aquellas que Adamas había hecho emanar, continuaron persiguiéndola, hasta que le quitaron toda su luz. Entonces Adamas tomó la luz de Pistis Sophia y se la entregó a las dos emanaciones crueles, y estas la llevaron al gran Caos que está debajo de este Lugar oscuro. La arrojaron a su poder de oscuridad caótica, con la esperanza de que pudiera llegar a aquel Lugar, pues se había vuelto completamente oscuro porque yo le había quitado su poder de luz.
Sucedió, por tanto, que después de que persiguieron a Pistis Sophia, ella también clamó y entonó un himno a la Luz, pues yo le había dicho: “Cuando te opriman y entones un himno hacia mí, vendré rápidamente y te ayudaré”.
Sucedió, pues, que cuando la oprimieron, yo estaba sentado junto a vosotros en este lugar, el monte de los Olivos. Ella alabó a la Luz diciendo:
“¡Oh Luz de las Luces, en ti he creído! Líbrame de estos Gobernantes que me persiguen y ayúdame, no sea que alguna vez me quiten mi luz, como hizo el poder con rostro de león. Porque tu luz no está conmigo, ni tu emanación de Luz está conmigo para librarme de ellos.
De otro modo, Adamas se ha enojado contra mí, diciéndome: ‘Tú restringiste mi poder en el Caos’.
Ahora, pues, oh Luz de las Luces, si yo hice esto y restringí su poder, si no hice violencia contra aquel poder, o si lo oprimí como él me oprimió a mí, entonces que todos estos Gobernantes que me persiguen me quiten mi luz y me expulsen, dejándome vacía. Y que el enemigo, Adamas, persiga mi poder, lo capture, me quite mi luz y la arroje a su poder de oscuridad, el que está en el Caos, y ponga mi poder en el Caos.
Ahora, pues, oh Luz, júzgame según tu ira y eleva tu poder sobre mis enemigos, estos que se han levantado finalmente contra mí. Date prisa, vivifícame, tal como dijiste: ‘Te ayudaré’”.
Sucedió, pues, que cuando el Primer Misterio terminó de decir estas palabras a los discípulos, dijo:
«Quien haya comprendido estas palabras que he dicho, que se adelante y dé su explicación».
Se adelantó Iakkobos y dijo:
«Mi Señor, respecto a este himno que Pistis Sophia entonó, tu poder de luz lo profetizó una vez por medio de David en el séptimo salmo:
“Señor, Dios mío, en ti he confiado. Sálvame de quienes me persiguen y líbrame, no sea que él se lleve mi alma como un león, sin que haya quien la redima y quien la libre.
Señor, Dios mío, si hice esto, si hay violencia en mis manos, si devolví el mal a quienes me hicieron mal, que perezca yo a manos de mi enemigo, quedando vacío.
Que mis enemigos persigan mi alma y la capturen; que pisoteen mi vida hasta la tierra y hagan que mi gloria llegue a estar en el Caos.
Selah.
Levántate, Señor, en tu ira; elévate contra mis enemigos hasta el final. Levántate según el mandamiento que has ordenado”».
Sucedió, pues, que el Primer Misterio, al oír estas palabras que Iakkobos había dicho, respondió:
«Bien hecho, Iakkobos, el amado».
Pero el Primer Misterio añadió también —les dijo a los discípulos—:
«Sucedió, pues, que Pistis Sophia, después de terminar de pronunciar las palabras de este himno, se volvió para ver si Adamas regresaba con sus Gobernantes para ir a su Eón. Y vio que corrían detrás de ella.
Ella se volvió hacia ellos y les dijo:
“¿Por qué me perseguís, diciendo que no tengo quien pueda ayudarme a librarme de vosotros? Ahora, pues, la Luz es un juez de verdad y es fuerte. Pero es compasiva y espera hasta el momento que me prometió, cuando me dijo: ‘Vendré y te ayudaré’. Y no descargará su ira sobre vosotros a cada momento.
Este es, pues, el momento que me prometió.
Ahora, si no os volvéis atrás y dejáis de perseguirme, la Luz preparará su poder y lo dispondrá con todos sus poderes. Y preparará su poder para quitaros la luz que hay en vosotros, y os convertiréis en oscuridad. Sus poderes los ha preparado para quitaros vuestros poderes, y pereceréis”.
Después de decirles esto, Pistis Sophia miró hacia el Lugar de Adamas. Vio el Lugar de oscuridad [162b] y de Caos que él había creado. Vio también las dos emanaciones de oscuridad, extremadamente crueles, que Adamas había hecho emanar para que se apoderaran de Pistis Sophia, la arrojaran al Caos que él había creado, la oprimieran allí y la perturbaran hasta quitarle su luz.
Sucedió, pues, que Pistis Sophia, al ver aquellas dos emanaciones de oscuridad y el Lugar de oscuridad que Adamas había creado, tuvo miedo y clamó a la Luz diciendo:
“¡Oh Luz! Mira: Adamas, el violento, se ha enfurecido. Ha creado una emanación de oscuridad y también ha hecho emanar otra del Caos. Ha creado otra cosa oscura y caótica y la ha preparado.
Ahora, pues, oh Luz, respecto al Caos que él ha creado para arrojarme a él y quitarme mi poder de luz: quítaselo a él. Y respecto al pensamiento que tuvo de quitarme mi luz: quítaselo a él. Y respecto a la violencia que planeó para quitarme mi luz: quítale todos sus poderes”.
Estas son las palabras que Pistis Sophia dijo en su himno.
Ahora, pues, quien sea sobrio en su espíritu, que se adelante y dé la explicación de las palabras que Pistis Sophia dijo en su himno».
También se adelantó Martha y dijo:
«Mi Señor, soy sobria en mi espíritu y comprendo las palabras que dices. Ahora, pues, ordéname que pueda explicar su significado con valentía».
Pero el Primer Misterio respondió y dijo a Martha:
«Te ordeno, Martha, que expliques las palabras que Sophia dijo en su himno».
Martha respondió y dijo:
«Mi Señor, estas son las palabras que tu poder de luz profetizó una vez por medio de David en el séptimo salmo:
“Dios es un juez verdadero y fuerte, compasivo, que no acostumbra a descargar su ira día tras día. Si no os volvéis atrás, afilará su espada; tensará su arco y lo preparará. Preparará para él armas de muerte; hará sus flechas para aquellos a quienes quemará.
Mira: la violencia concibió, quedó encinta de la aflicción y dio a luz la injusticia. Cavó un pozo y lo excavó, pero caerá en el hoyo que él mismo hizo. Su aflicción volverá sobre su propia cabeza y su violencia caerá sobre la coronilla de su cabeza”.
Después de que Martha dijo estas cosas, el Primer Misterio, que mira hacia fuera, le dijo:
“Bien hecho y muy bien, Martha, la bienaventurada”.
Sucedió, pues, que Jesús terminó de decir a sus discípulos todas las cosas que le habían sucedido a Pistis Sophia mientras estaba en el Caos, y cómo había entonado himnos a la Luz hasta que él la liberó y la sacó del Caos [164b], y la llevó a los doce Eones, y cómo la liberó de todas las opresiones con las que los Gobernantes de los Caos la habían oprimido, porque ella había deseado acercarse a la Luz.
Jesús continuó hablando y dijo a sus discípulos:
«Sucedió, pues, después de todas estas cosas, que tomé a Pistis Sophia y la llevé al decimotercer Eón. Yo, resplandeciendo enormemente, con una luz que no podía medirse, entré en el Lugar de los veinticuatro Invisibles. Yo resplandecía enormemente, y ellos se llenaron de una gran perturbación.
Me miraron y vieron a Sophia, que estaba conmigo, y la reconocieron. Pero a mí no me reconocieron, sino que pensaban que yo era una emanación de la tierra de la Luz.
Sucedió, pues, que Sophia, al ver a sus compañeros Invisibles, se alegró con gran alegría y se llenó de gran dicha. Quiso mostrarles las maravillas que yo había hecho con ella abajo, en la tierra de los hombres, hasta que la liberé.
Se acercó al centro de los Invisibles y entonó un himno hacia mí en medio de ellos, diciendo:
“Te manifestaré, oh Luz, porque tú eres un Salvador y eres un Redentor en todo momento.
Entonaré este himno a la Luz porque él me ha liberado; me ha liberado de la mano de mis enemigos, los Gobernantes.
Y me has liberado en todos los Lugares. Me has liberado de la exaltación y de la humillación de los Caos, y de los Eones de los Gobernantes de la Esfera.
Cuando salí de lo Alto, me extravié por los Lugares donde no había luz. No podía regresar al decimotercer Eón, mi morada, porque no había luz ni poder en mí. Mi poder había quedado completamente debilitado, pero la Luz me liberó de todas mis aflicciones.
Clamé a la Luz; él me escuchó cuando estaba afligida. Me guio en la creación de los Eones para llevarme al decimotercer Eón, mi morada.
Te manifestaré, oh Luz, porque tú me has liberado y por tus maravillas en la raza de los hombres [166a].
Cuando mi poder se había debilitado, tú me diste poder. Cuando mi luz se había debilitado, tú me llenaste de luz purificada.
Estaba en la oscuridad, bajo la sombra del Caos, atada con los crueles lazos del Caos, sin ninguna luz en mí, porque había transgredido el mandamiento de la Luz. Había transgredido y había provocado la ira del mandamiento de la Luz porque había salido de mi Lugar.
Cuando descendí, mi poder se debilitó, me quedé sin luz y no había nadie que me ayudara. Cuando me afligieron, clamé a la Luz y él me liberó de todas mis aflicciones.
También rompió todas mis ataduras. Me sacó de la oscuridad y de la opresión del Caos.
Te manifestaré [166b], oh Luz, porque tú me has liberado y tus maravillas han sucedido en la raza de los hombres.
Tú rompiste las altas puertas de la oscuridad y los crueles barrotes del Caos, y me hiciste descender del Lugar del que había transgredido.
También me quitaron mi poder porque había transgredido. Dejé de participar en los misterios y descendí por las puertas del Caos. Cuando me afligieron, clamé a la Luz y él me liberó de todas mis aflicciones.
Enviaste tu emanación; ella me dio poder y me liberó de todas mis opresiones.
Te manifestaré [167a], oh Luz, porque tú me has liberado y por tus maravillas en la raza de los hombres”.
Este es, pues, el himno que Pistis Sophia dijo en medio de los veinticuatro Invisibles, deseando que todos ellos conocieran todas las maravillas que yo había hecho con ella, y deseando que supieran que yo había ido al mundo de los hombres. Les di los misterios de lo Alto.
Ahora, pues, quien tenga entendimiento elevado, que se adelante y explique el himno que Pistis Sophia dijo».
Sucedió, pues, que Jesús terminó de decir estas palabras y se adelantó Philippos [167b]. Dijo:
«Jesús, mi Señor, mi entendimiento es elevado y comprendo la explicación del himno que Sophia dijo.
También David, el profeta, habló de él una vez, diciendo en el salmo ciento seis:
“Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque su misericordia es eterna.
Que lo digan los que el Señor ha redimido: él los redimió de la mano de sus enemigos; los reunió de las tierras, del oriente y del occidente, del norte y del mar.
Anduvieron errantes por el desierto, por un lugar donde no había agua; no encontraron el camino hacia la ciudad donde habitaban. Tenían hambre y sed, y su alma desfallecía en ellos.
Los libró de su necesidad. Clamaron al Señor en su angustia y él los escuchó. Los guio por un camino recto [168a], para que fueran hacia el Lugar donde habitaban.
Que manifiesten al Señor su misericordia y sus maravillas ante los hijos de los hombres, porque sació al alma hambrienta y llenó de bienes al alma sedienta.
Los que estaban sentados en la oscuridad y bajo la sombra de la muerte, los que estaban atados en la miseria con cadenas de hierro, porque habían irritado la palabra de Dios y habían despreciado el consejo del Altísimo, su corazón fue humillado por sus tribulaciones. Se debilitaron y no hubo quien los ayudara.
Clamaron al Señor en su angustia; él los libró de su necesidad. Los sacó de la oscuridad y de la sombra de la muerte y rompió sus ataduras.
Que manifiesten al Señor su misericordia y sus maravillas ante los hijos [168b] de los hombres, porque rompió las puertas de bronce y quebró los barrotes de hierro.
Los recibió en el camino de su iniquidad, porque habían sido humillados a causa de su iniquidad. Su corazón aborreció toda clase de alimento y se acercaron a las puertas de la muerte.
Clamaron al Señor en su angustia; él los libró de su necesidad. Envió su palabra, los sanó y los salvó de su tribulación.
Que manifiesten al Señor su misericordia y sus maravillas ante los hijos de los hombres”.
Esta, pues, mi Señor, es la explicación del himno que Sophia dijo.
Escucha, pues, mi Señor, para que pueda explicarlo claramente.
La palabra que dijo David: “Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque eterna es su misericordia”, es la palabra que Sophia dijo:
“Te manifestaré, oh Luz, porque tú eres un Salvador y eres un Redentor en todo momento”.
Y la palabra que dijo David: “Que lo digan los que el Señor ha redimido: él los redimió de la mano de sus enemigos”, es la palabra que Sophia dijo:
“Entonaré este himno a la Luz: él me ha liberado; me ha liberado de la mano de mis enemigos, los Gobernantes”.
Y lo mismo sucede con el resto del salmo.
Esta, pues, mi Señor, es la explicación del himno que Sophia dijo en medio de los veinticuatro Invisibles, deseando que ellos conocieran [169b] todas las maravillas que yo había hecho con ella, y deseando que supieran que tú diste tus misterios a la raza de los hombres».
Sucedió entonces que Jesús, al oír estas palabras, se las dijo a Felipe:
—Bien hecho, ¡oh, feliz Felipe! Esta es la explicación del himno que dijo la Sabiduría.
Sucedió entonces también que, después de todas estas cosas, Mariham se acercó, se postró a los pies de Jesús y le dijo:
—Mi Señor, no te enojes conmigo por preguntarte esto, porque nosotros buscamos comprender todas las cosas con exactitud y con certeza. Pues una vez nos dijiste: «Buscad y encontraréis, y llamad y se os abrirá. Porque todo el que busca encontrará, y a todo el que llama se le abrirá».
Ahora, pues, mi Señor, ¿a quién encontraré, o a quién habremos de llamar? O, más bien, ¿quién es aquel que puede darnos la respuesta a las cuestiones que te preguntaremos? O, más bien, ¿quién conoce el poder de las palabras sobre las que preguntaremos? Porque nos has dado entendimiento de la Luz y nos has dado percepción mediante un pensamiento que ha sido grandemente elevado.
Por eso, no hay nadie que exista en el mundo de la humanidad, ni nadie que exista en la Altura de los Aeones, que pueda darnos la respuesta a las cuestiones que preguntamos, excepto tú solo, que conoces el Universo y que eres perfecto en el Universo.
Porque yo no estaba preguntando de la manera en que preguntan los hombres del mundo. Nosotros buscamos, en verdad, mediante el conocimiento de la Altura, el conocimiento que tú nos has dado; y buscamos también mediante el tipo de búsqueda que es superior, aquel que tú nos enseñaste para que buscáramos por medio de él.
Ahora, pues, mi Señor, no te enojes conmigo, sino revélame la palabra acerca de la cual voy a preguntarte.
Sucedió entonces que Jesús, al oír estas palabras, dijo a María, la Magdalena:
—Busca aquello que deseas buscar y yo te lo revelaré con exactitud y con certeza. En verdad, en verdad os digo: Alegraos con una gran alegría y regocijaos muchísimo, porque buscáis todas las cosas con exactitud, y yo también me alegraré muchísimo porque buscáis todas las cosas con exactitud. Y buscáis de la manera en que es digno buscar.
Ahora, pues, busca aquello que buscas y yo te lo revelaré con alegría.
Sucedió entonces que María, al oír estas palabras del Salvador, se llenó de una gran alegría y se alegró muchísimo por ello. Le dijo a Jesús:
—Mi Señor y mi Salvador, entonces, ¿de qué clase son los veinticuatro Invisibles y de qué naturaleza son? O, más bien, ¿de qué clase son en su naturaleza? ¿Y de qué naturaleza es su luz?
Pero Jesús respondió y dijo a María:
—¿Qué hay en este mundo que sea semejante a ellos? O, más bien, ¿qué lugar de este mundo es semejante a ellos? Ahora, pues, ¿con qué podría compararlos? O, más bien, ¿qué podría decir acerca de ellos? Porque no hay absolutamente nadie en este mundo con quien pueda compararlos, ni existe en él ninguna apariencia a la que pueda asemejarlos.
Ahora, pues, no hay nada en este mundo que sea de la naturaleza del cielo.
En verdad os digo: cada Invisible es mayor que el cielo, junto con la Esfera que está sobre él, y que los doce Aeones juntos, nueve veces, tal como ya terminé de deciros en otra ocasión.
Y no existe ninguna luz en este mundo que sea superior a la luz del sol.
En verdad, en verdad os digo: los veinticuatro Invisibles son diez mil veces más luminosos que la luz del sol que está en este mundo, tal como ya terminé de deciros en otra ocasión.
Porque la luz del sol, en su verdadera forma, no se encuentra en este Lugar, ya que su luz atraviesa muchos velos de lugares.
Pero la luz del sol en su verdadera forma, aquella que llega a existir en el Lugar de la Virgen de la Luz, brilla diez mil veces más que los veinticuatro Invisibles, que el gran Antepasado invisible y que el gran Dios de Triple Poder, tal como ya terminé de deciros en otra ocasión.
Ahora, pues, María, no existe en este mundo ninguna apariencia, ninguna luz ni ninguna forma comparable a los veinticuatro Invisibles con la que pueda compararlos.
Pero dentro de poco tiempo, tú y tus hermanos, los compañeros discípulos, os llevaré a todos los Lugares de la Altura. Os llevaré a los tres Espacios del Primer Misterio, hasta llegar únicamente a los Lugares del Espacio del Inefable.
Y allí veréis todas sus formas en verdad, sin comparación posible.
Y cuando os lleve a la Altura, veréis la gloria de los que están en la Altura, y quedaréis llenos de un gran asombro, muchísimo.
Y cuando os lleve al Lugar de los Gobernantes del Destino,
veréis la gloria en la que existen. Y, debido a su grandísima gloria, que es superior, este mundo os parecerá oscuridad sobre oscuridad.
Y contemplaréis todo el mundo de la humanidad, que os parecerá aproximadamente del tamaño de una mota de polvo, debido a la enorme distancia que lo separa de aquel lugar y a la inmensa grandeza de aquel lugar, que es muchísimo mayor que él.
Y cuando os lleve a los doce Aeones, veréis la gloria en la que existen. Y, debido a su grandísima gloria, el Lugar de los Gobernantes del Destino os parecerá oscuridad sobre oscuridades; y lo veréis reducido al tamaño de una mota de polvo, debido a la enorme distancia que lo separa de ellos y a la inmensa grandeza en la que existen,
tal como ya terminé de deciros en otra ocasión.
Y nuevamente, cuando os lleve al decimotercer Aeón y veáis la gloria en la que existe, los doce Aeones os parecerán oscuridad sobre oscuridades. Y contemplaréis los doce Aeones, que os parecerán semejantes a una mota de polvo, debido a la enorme distancia que los separa de él y a la inmensa grandeza de su tamaño, que es muchísimo mayor que la de ellos.
Y cuando os lleve al Lugar del Medio, veréis la gloria en la que están, y el decimotercer Aeón os parecerá oscuridad sobre oscuridades.
Y también contemplaréis los doce Aeones, todo el Destino y toda la disposición, y todas las Esferas con todos sus órdenes, en los que existen. Todo ello os parecerá del tamaño de una mota de polvo, debido a la enorme distancia que lo separa de aquel lugar y a la inmensa grandeza de aquel lugar, que es muchísimo mayor que todo ello.
[174a]
Y cuando os lleve al Lugar de los de la Derecha, veréis la gloria en la que existen, y el Lugar del Medio os parecerá como la noche que existe en el mundo de la humanidad.
Y si contempláis el Lugar del Medio, os parecerá del tamaño de una mota de polvo, debido a la enorme distancia que separa de él al Lugar de los de la Derecha.
Y si os llevo a la Tierra de la Luz, es decir, al Tesoro de la Luz, y veis la gloria en la que existe,
[174b]
el Lugar de los de la Derecha os parecerá como la luz del mediodía en el mundo de la humanidad, cuando el sol no está oculto por las nubes.
Y si contempláis el Lugar de los de la Derecha, os parecerá del tamaño de una mota de polvo, debido a la enorme distancia que lo separa del Tesoro de la Luz.
Y cuando os lleve al Lugar de los que han recibido la Herencia, aquellos que han recibido los misterios de la Luz, y veáis la gloria de la luz en la que existen,
[175a]
la Tierra de la Luz os parecerá como la luz del sol que existe en el mundo de la humanidad.
Y si contempláis la Tierra de la Luz, os parecerá como una mota de polvo, debido a la enorme distancia que la separa de aquel lugar y a la grandeza de aquel lugar, que es muchísimo mayor que ella.
Sucedió, pues, que, después de que Jesús hubo terminado de decir estas palabras a sus discípulos, María la Magdalena se levantó y dijo:
«Mi Señor, no te enojes conmigo por preguntarte esto, porque estamos buscando conocer cada cosa con exactitud».
Pero Jesús respondió y dijo a María:
«Busca aquello que deseas buscar, y yo te lo revelaré abiertamente, sin parábolas. Y todo aquello que busques, te lo diré con exactitud y con certeza, y os completaré con todo poder [175b], con todo Pleroma, desde lo más interior de lo interior hasta lo más exterior de lo exterior, desde el Inefable hasta la oscuridad de las oscuridades, para que puedan llamar contra vosotros a los Pleromas que están completos en todo conocimiento.
Ahora, pues, María, busca aquello que estás buscando, y yo te lo revelaré con gran alegría y gran deleite».
Sucedió, pues, que María, al escuchar estas palabras que le dirigía el Salvador, se alegró enormemente y se llenó de gran deleite. Dijo:
«Mi Señor, entonces, ¿los hombres del mundo, aquellos que han recibido los misterios de la Luz, llegarán a ser superiores a las emanaciones del Tesoro en tu reino?
Porque te he oído decir: “Cuando os lleve al Lugar de la Herencia de aquellos que reciben los Misterios, el Lugar, la Tierra de la Luz será considerada para vosotros como una mota de polvo, por la gran distancia que existe entre ella y aquel Lugar, y por la gran gloria en la que se convierte, es decir, la Tierra de la Luz del Tesoro, el Lugar de las emanaciones”.
Entonces, mi Señor, ¿los hombres que reciben los misterios llegarán a ser superiores a los que pertenecen a la Tierra de la Luz, y serán superiores a ellos en el Reino de la Luz?»
Pero Jesús respondió y dijo a María:
«Ciertamente, aunque al menos tú buscas conocer cada cosa con exactitud y con certeza. Pero escucha, María, para que pueda hablar contigo acerca de la Consumación del Aeón y de la captura del Universo.
No sucederá así. Pero os dije: “Cuando os lleve al Lugar de la Herencia de aquellos que reciben el misterio de la Luz, el Tesoro de la Luz, el Lugar de las emanaciones, este será considerado para vosotros como una mota de polvo y como la luz del sol durante el día”.
Dijeron, pues:
“Esto sucederá en el tiempo de la Consumación, cuando el Universo sea capturado”.
Los doce Salvadores del Tesoro, con las doce órdenes de cada uno de ellos, es decir, las emanaciones de las siete Voces con los cinco Árboles, estarán conmigo en el Lugar de las Herencias de la Luz, siendo reyes conmigo: cada uno de ellos será rey sobre sus propias emanaciones [177a], y cada uno de ellos llegará a ser rey según su gloria: el grande según su grandeza y el pequeño según su pequeñez.
Y el Salvador de las emanaciones de la primera Voz estará en el Lugar de las almas de aquellos que recibieron el Primer Misterio del Primer Misterio en mi Reino.
Y el Salvador de las emanaciones de la segunda Voz estará en el Lugar de las almas de aquellos que recibieron el Segundo Misterio del Primer Misterio.
Del mismo modo, el Salvador de las emanaciones de la tercera Voz estará en el Lugar de las almas de aquellos que reciben el Tercer Misterio del Primer Misterio en las Herencias de la Luz.
Y el Salvador de las emanaciones de la cuarta Voz del Tesoro de la Luz [177b] estará en el Lugar de las almas de aquellos que reciben el Cuarto Misterio del Primer Misterio en las Herencias de la Luz.
Y el quinto Salvador de la quinta Voz del Tesoro de la Luz estará en el Lugar de las almas de aquellos que reciben el Quinto Misterio del Primer Misterio en las Herencias de la Luz.
Y el sexto Salvador de las emanaciones de la sexta Voz del Tesoro de la Luz estará en el Lugar de las almas de aquellos que reciben el Sexto Misterio del Primer Misterio.
Y el séptimo Salvador de las emanaciones de la séptima Voz del Tesoro de la Luz estará en el Lugar de las almas [178a] de aquellos que reciben el Séptimo Misterio del Primer Misterio en el Tesoro de la Luz.
Y el octavo Salvador, es decir, el Salvador de las emanaciones del primer Árbol del Tesoro de la Luz, estará en el Lugar de las almas de aquellos que reciben el Octavo Misterio del Primer Misterio en las Herencias de la Luz.
Y el noveno Salvador, es decir, el Salvador de las emanaciones del segundo Árbol del Tesoro de la Luz, estará en el Lugar de las almas de aquellos que reciben el Noveno Misterio del Primer Misterio en las Herencias de la Luz.
Y el décimo Salvador de las emanaciones del tercer Árbol del Tesoro de la Luz [178b] estará en el Lugar de las almas de aquellos que reciben el Décimo Misterio del Primer Misterio en las Herencias de la Luz.
Del mismo modo, el undécimo Salvador, es decir, el Salvador del cuarto Árbol del Tesoro de la Luz, estará en el Lugar de las almas de aquellos que reciben el Undécimo Misterio del Primer Misterio en las Herencias de la Luz.
Y el duodécimo Salvador, es decir, el Salvador de las emanaciones del quinto Árbol del Tesoro de la Luz, estará en el Lugar de las almas de aquellos que reciben el Duodécimo Misterio del Primer Misterio en las Herencias de la Luz.
Y los siete Amén, con los cinco Árboles, con los tres [179a] Amén, estarán a mi derecha, siendo reyes en la Herencia de la Luz.
Y los Salvadores Gemelos, es decir, el hijo del hijo, junto con los nueve Guardianes, permanecerán también a mi izquierda, siendo reyes en la Herencia de la Luz.
Y cada Salvador será rey sobre las órdenes de sus emanaciones en las Herencias de la Luz, tal como lo son también en el Tesoro de la Luz.
Y los nueve Guardianes del Tesoro de la Luz llegarán a ser superiores a los Salvadores en las Herencias de la Luz.
Y los Salvadores Gemelos llegarán a ser superiores a los nueve Guardianes en el Reino.
Y los tres Amén llegarán a ser superiores a los Salvadores Gemelos en el Reino.
Y los cinco Árboles llegarán a ser superiores a los cinco Amén en las Herencias de la Luz.
Y Ieou, con el Guardián del Velo de la Gran Luz, con los Receptores de la Luz, con los dos grandes Capitanes en Jefe y con el gran Sabaoth, el bueno, estarán reinando en el primer Salvador de la primera Voz del Tesoro de la Luz, aquel que estará en el Lugar de aquellos que reciben el Primer Misterio del Primer Misterio.
Porque Ieou, con el Guardián del Lugar de los que están a la derecha, con Melquisedec, el gran Receptor de la Luz, y con los dos grandes [180a] Capitanes en Jefe que salieron de la Luz escogida, que es grandemente pura, desde el primer Árbol hasta el quinto.
Ieou es el Supervisor de la Luz que salió primero de la Luz pura del primer Árbol.
El Guardián del Velo de los que están a la derecha salió también del segundo Árbol.
Y los dos Capitanes en Jefe salieron igualmente de la Luz pura y escogida, grandemente pura, del tercero y del cuarto Árboles del Tesoro de la Luz.
Pero Melquisedec también salió del quinto Árbol.
Sabaoth, el grande, el bueno, aquel a quien llamé “mi Padre” [180b], salió de Ieou, el Supervisor de la Luz.
Estos seis, por mandato del Primer Misterio, fueron hechos por el último Ayudante para estar en el Lugar de los que están a la derecha, con el fin de organizar la reunión de la Luz que pertenece a la Altura de los Aeones de los Gobernantes, y en el mundo con cada raza que se encuentra en ellos.
Os diré acerca de la obra de cada uno de ellos, aquella para la cual fueron puestos a cargo en la distribución del Universo.
Debido a la grandeza de la obra para la cual fue puesto cada uno de ellos, llegarán a ser corregentes en el Primer Misterio de la primera Voz del Tesoro de la Luz, aquel que estará en el Lugar de las almas de aquellos que reciben el Primer Misterio del Primer Misterio.
Y la Virgen de la Luz, junto con el gran [181a] Capitán del Medio, aquel a quien los Gobernantes de los Aeones acostumbraban llamar “el gran Iao”, según el nombre de un gran Gobernante que está en su Lugar; él, junto con la Virgen de la Luz y sus doce Diáconos, de quienes recibisteis la forma y de quienes recibisteis el poder, todos ellos llegarán también a ser reyes con el primer Salvador de la primera Voz, en el Lugar de las almas de aquellos que recibirán el Primer Misterio del Primer Misterio en las Herencias de la Luz.
Y los quince Ayudantes de las siete Vírgenes de la Luz, aquellos que están en el Medio, serán distribuidos en los Lugares de los doce Salvadores [181b], junto con los demás Ángeles del Medio, cada uno según su gloria, y serán reyes conmigo en las Herencias de la Luz.
Y yo gobernaré sobre todos ellos en las Herencias de la Luz.
Todas estas cosas que os he dicho, pues, no sucederán en este tiempo, sino que sucederán en la Consumación del Aeón, es decir, en la disolución del Universo.
Y esta es toda la disolución relacionada con el número de las almas perfectas de las Herencias de la Luz.
Por tanto, antes de la Consumación, estas cosas que os he dicho no sucederán.
Pero cada uno permanecerá en el Lugar en el que fue puesto desde el principio, hasta que se complete el número de la reunión [182a] de las almas perfectas.
Las siete Voces con los cinco Árboles, y con los tres Amén, y con los Salvadores Gemelos, con los nueve Guardianes, y con los doce Salvadores, y con los que están en el Lugar de los que están a la derecha, y con los que están en el Lugar del Medio, cada uno permanecerá en el Lugar en el que fue puesto, hasta que se complete todo el número de las almas perfectas de las Herencias de la Luz.
Y todos los Gobernantes que se arrepintieron permanecerán también en el Lugar en el que fueron puestos, hasta que se complete todo el número de las almas de la Luz.
Todos ellos vendrán, cada uno en el momento en que reciba su Misterio.
Y ellos precederán a todos los Gobernantes que se arrepintieron. [182b]
Y vendrán al Lugar de los que están en el Medio, y los del Medio los bautizarán con la unción espiritual y los sellarán con el sello de su misterio.
Después pasarán a través de todos los Lugares del Medio, y pasarán al Lugar de los que están a la derecha, y al interior del Lugar de los nueve Guardianes, y al interior del Lugar de los Salvadores Gemelos, y al interior del Lugar de los tres Amén, junto con los doce Salvadores, y al interior de los cinco Árboles, junto con las siete Voces.
Cada uno les dará el sello de sus misterios, y todos entrarán y se dirigirán al Lugar de las Herencias [183a] de la Luz.
Y cada uno permanecerá en el Lugar hasta el cual recibió los misterios en las Herencias de la Luz.
En una palabra, todas las almas de la humanidad, aquellas que recibirán los misterios de la Luz, precederán a todos los Gobernantes que se arrepintieron, y precederán a los que están en todos los Lugares del Medio, junto con los que están en todos los Lugares de la derecha, y precederán a los que están en todos los Lugares del Tesoro de la Luz.
En una palabra, precederán a los que están en todos los Lugares del Primer Mandato, y todos entrarán y se dirigirán a las Herencias de la Luz, hasta el Lugar de su misterio, de modo que cada uno permanecerá en el Lugar hasta el cual recibió el misterio.
Y los que están en el Lugar del Medio, junto con los que están a la derecha y con los que están en todos los Lugares del Tesoro, cada uno en el Lugar de la orden en el que fue puesto desde el principio, permanecerá allí hasta que el Universo sea capturado.
Cada uno completará la tarea que le fue asignada, en relación con la reunión de las almas que recibieron el misterio.
Esta es su tarea: sellar a todas las almas que recibirán los misterios, aquellas que pasarán hacia su interior, hacia las Herencias de la Luz.
Ahora, pues, María, esta es la respuesta acerca de aquello que me preguntabas con exactitud y con certeza.
En cuanto al resto, ahora, quien tenga oídos para oír, que oiga».
Sucedió, pues, que, después de que Jesús terminó de decir estas palabras, María la Magdalena se levantó [184a] y dijo:
«Mi Señor, mi Morador de la Luz, tengo oídos para oír y comprendo cada palabra que dices.
Ahora, pues, mi Señor, acerca de la afirmación que dijiste: que todas las almas de la raza humana, aquellas que recibirán el misterio de la Luz, entrarán en las Herencias de la Luz antes que todos los Gobernantes que se arrepientan, y antes que todos los Lugares de los que están a la derecha, y antes que todos los Lugares del Tesoro de la Luz.
Acerca de esta afirmación, pues, mi Señor, que una vez nos dijiste: “Los primeros serán últimos y los últimos serán primeros”, es decir, que toda la raza de los hombres entrará primero en el Reino de la Luz [184b], como aquellos que están en todos los Lugares de la Altura, es decir, los primeros.
Acerca de esto, pues, mi Señor, nos dijiste: “Quien tenga oídos para oír, que oiga”, es decir, deseabas saber si comprendíamos cada palabra que dices.
Esta es, pues, la cuestión».
Sucedió entonces que, cuando ella terminó de decir estas palabras, el Salvador se maravilló enormemente de la afirmación que había hecho, porque ella se había convertido en un espíritu completamente puro.
Jesús respondió de nuevo y le dijo:
«Bien hecho, oh María, espíritu puro. Esta es la explicación de la afirmación».
Sucedió, por tanto, que, después de haber pronunciado todas estas palabras, Jesús continuó hablando con sus discípulos:
—Escuchad, para que pueda hablaros acerca de la gloria de los que están en la Altura, según os estaba explicando hasta hoy. Ahora bien, cuando os lleve al Lugar del último Auxiliador, aquel que rodea el Tesoro de la Luz, y cuando os lleve al Lugar de ese último Auxiliador y veáis la gloria en la que se encuentra, el Lugar de la Herencia de la Luz, esto os parecerá tener solamente el tamaño de una ciudad del mundo, en comparación con la grandeza en la que se encuentra el último Auxiliador y con la gran luz que hay en él.
Después de esto también os hablaré de la gloria del Auxiliador que está por encima del Auxiliador menor. Pero no os hablaré del Lugar de aquellos que están por encima de todos los Auxiliadores, porque en este mundo no existe ninguna palabra que pueda expresarlos; no hay nada semejante en este mundo con lo que pueda compararlos. Tampoco existe una medida ni una luz que puedan compararse con ellos y que me permitan hablar de ellos.
Y no solamente en este mundo: tampoco existe semejanza con ellos en las regiones de la Altura de la Justicia, desde su Lugar hacia abajo. Por esta razón, en realidad, no existe en este mundo una manera de hablar de ellos, debido a la inmensa gloria de los que están en la Altura y a su grandeza inconmensurable. Por esta razón, no existe en este mundo una manera de expresarla.
Sucedió entonces que, cuando Jesús terminó de decir estas palabras a sus discípulos, se adelantó María Magdalena [186a] y dijo a Jesús:
—Señor mío, no te enojes conmigo por preguntarte, porque muchas veces te molesto con mis preguntas. Ahora, pues, Señor mío, no te enojes conmigo por buscar una explicación exacta y segura acerca de todo. Porque mis hermanos predican estas cosas a toda la humanidad, para que las escuchen, se arrepientan, sean liberados de los crueles juicios de los malvados Gobernantes, asciendan a la Altura y hereden el reino de la Luz.
Porque, Señor mío, no solo nos compadecemos de nosotros mismos, sino que también nos compadecemos de toda la humanidad, para que sea liberada de todos los crueles juicios.
Ahora, Señor mío, por esto buscamos una explicación exacta [186b] de todo, porque mis hermanos predican estas cosas a toda la humanidad, para que no caiga en manos de los crueles Gobernantes de las Tinieblas y para que sea liberada de las manos de los crueles Receptores de las Tinieblas exteriores.
Sucedió que, cuando Jesús oyó estas palabras, habló a María y le respondió con gran misericordia. Le dijo:
—Pregunta todo lo que quieras preguntar, y te lo revelaré con exactitud y certeza, sin parábolas.
Sucedió entonces que, cuando María oyó estas palabras del Salvador, se llenó de gran alegría y se regocijó mucho. Dijo a Jesús:
—Señor mío, entonces, ¿el segundo Auxiliador es mayor que el primer Auxiliador? ¿Cuánto mayor es en tamaño? ¿A qué distancia se encuentra de él? O, de otro modo, ¿cuántas veces brilla más que él?
Jesús respondió y dijo a María, en medio de los discípulos:
—En verdad, en verdad os digo: el segundo Auxiliador está separado del primer Auxiliador por una distancia inmensa e inconmensurable en cuanto a la altura, tanto por encima como por debajo; en cuanto a la profundidad, y en cuanto a la longitud y la anchura. Está separado de él por una distancia inmensa, inconmensurable para los ángeles y arcángeles, para los dioses y para todos los Invisibles.
Y es inmensamente mayor que él, de una manera inconmensurable para los ángeles y arcángeles, para los dioses y para todos los Invisibles. Y brilla mucho más que él, de una manera inconmensurable; no existe medida para la luz que procede de él, pues es inconmensurable para los ángeles y arcángeles, para los dioses y para todos los Invisibles, tal como ya os expliqué anteriormente.
Del mismo modo ocurre con el tercer Auxiliador, con el cuarto y con el quinto: cada uno es infinitamente mayor que el anterior, brilla más que él y está separado de él por una distancia inmensa e inconmensurable para los ángeles y arcángeles, para los dioses y para todos los Invisibles, tal como ya os expliqué anteriormente.
Y también os explicaré la naturaleza de cada uno según su Distribución.
Sucedió entonces que, cuando Jesús terminó de decir estas palabras a sus discípulos, María Magdalena se adelantó nuevamente y añadió:
—Señor mío, entonces, aquellos que reciben el misterio de la Luz, ¿en qué condición estarán en medio del último Auxiliador?
Jesús respondió y dijo a María, en medio de los discípulos:
—Aquellos que hayan recibido los misterios de la Luz, cuando salgan del cuerpo material de los Gobernantes, llegarán cada uno a su propia condición, según los misterios que haya recibido.
Los que reciban un misterio elevado permanecerán en la condición elevada. Los que reciban los misterios inferiores estarán en la condición inferior.
En una palabra: cada uno permanecerá en la condición correspondiente al Lugar en el que recibió el misterio, hasta ese mismo Lugar dentro de la Herencia de la Luz.
Por eso os dije una vez: «Donde esté vuestro corazón, allí estará también vuestro tesoro». Es decir, el Lugar en el que cada uno haya recibido el misterio será precisamente el Lugar al que llegará.
Sucedió entonces que, cuando Jesús terminó de decir estas palabras a sus discípulos, se adelantó Juan y dijo a Jesús:
—Señor mío y Salvador mío, concédeme también hablar en tu presencia. No te enojes conmigo por buscar una explicación exacta y segura acerca de todo, porque, Señor mío, me prometiste que revelarías todo aquello que te preguntara.
Ahora, Señor mío, no nos ocultes absolutamente nada de aquello que te preguntaremos.
Pero Jesús respondió con gran misericordia y dijo a Juan:
—Tú también, feliz Juan, el amado, te concedo que pronuncies aquello que quieras decir. Yo te lo revelaré cara a cara, sin parábolas, y te diré todo lo que quieras preguntar, con exactitud y certeza.
Juan respondió y dijo a Jesús:
—Señor mío, entonces, ¿el Lugar en el que cada uno recibe el misterio es el mismo Lugar en el que permanecerá? ¿No tiene autoridad para entrar en otra condición que esté por encima de la suya, ni tiene autoridad para descender a las condiciones que están por debajo de ella?
Jesús respondió y dijo a Juan:
—Bien has preguntado, porque buscáis una explicación exacta y segura acerca de todo.
Ahora, pues, Juan, escucha, para que pueda hablar contigo.
Todo aquel que recibe un misterio de la Luz permanecerá en el Lugar en el que recibe el misterio y no tendrá autoridad para ascender a la Altura, a la condición que está por encima de la suya.
Sin embargo, quien recibe el misterio en el Primer Precepto tiene autoridad para descender a las condiciones que están por debajo de él, es decir, a todas las condiciones del tercer Espacio.
Pero no tiene autoridad para ascender a la Altura, a las condiciones que están por encima de él.
Y aquel que reciba los misterios del Primer Misterio, es decir, los veinticuatro Misterios en total, comenzando desde el exterior —que constituyen la cabeza del primer Espacio exterior—, tendrá autoridad para entrar en todas las condiciones que están fuera de él.
Pero no tendrá autoridad para entrar en los Lugares que están por encima de él [190a] ni para moverse dentro de ellos.
Y aquellos que reciben un misterio en las condiciones de los veinticuatro Misterios permanecerán en el Lugar en el que cada uno recibió el misterio, y tendrán autoridad para desplazarse por todas las condiciones y todos los Espacios que estén fuera de él.
Pero no tendrán autoridad para entrar en las condiciones que están por encima de ellos ni para moverse dentro de ellas.
Y aquel que haya recibido un misterio en las condiciones del Primer Misterio que está en el tercer Espacio tendrá autoridad para entrar en todas las condiciones que están por debajo de él y para desplazarse por todas ellas.
Pero ciertamente no tendrá autoridad para entrar en los Lugares que están por encima de él ni para moverse dentro de ellos.
Y aquel que recibe el misterio del primer Espíritu Triple, que gobierna sobre los veinticuatro [190b] Misterios en su totalidad, los cuales gobiernan sobre el Espacio del Primer Misterio, cuyo Lugar os explicaré en la Distribución del Universo, tendrá autoridad para descender a todas las condiciones que están por debajo de él.
Pero no tendrá autoridad para ascender a la Altura, a las condiciones que están por encima de él, es decir, a todas las condiciones del Espacio de lo Inefable.
Y aquel que haya recibido el misterio del segundo Espíritu Triple tendrá autoridad para entrar en todas las condiciones del primer Espíritu Triple y para desplazarse por todas ellas, junto con todas las condiciones en las que ellos se encuentran.
Pero no tendrá autoridad para entrar en las condiciones [191a] del tercer Espíritu Triple, que están más arriba.
Y aquel que haya recibido el misterio del tercer Espíritu Triple, que gobierna sobre los tres Espíritus Triples y sobre los tres Espacios en su totalidad del Primer Misterio, tendrá autoridad para entrar en todos los Lugares que están por debajo de él.
Pero no tendrá autoridad para ascender a la Altura, a las condiciones que están por encima de él, es decir, a las condiciones del Espacio de lo Inefable.
Y aquel que haya recibido el Misterio absoluto del Primer Misterio de lo Inefable, es decir, los doce Misterios del Primer Misterio en su totalidad, que gobiernan sobre todos los Espacios del Primer Misterio, tendrá autoridad para desplazarse por todas las condiciones de los Espacios de los tres Espíritus Triples y por los tres [191b] Espacios del Primer Misterio, junto con todas sus condiciones.
Tendrá autoridad para desplazarse por todas las condiciones de las Herencias de la Luz, moviéndose desde lo exterior hacia lo interior y desde lo interior hacia lo exterior; desde arriba hacia abajo y desde abajo hacia arriba; desde la altura hacia la profundidad y desde la profundidad hacia la altura; desde la longitud hacia la anchura y desde la anchura hacia la longitud.
En una palabra, tendrá autoridad para desplazarse por todos los Lugares de las Herencias de la Luz.
Y tendrá autoridad para permanecer en el Lugar que quiera dentro de la Herencia del Reino de la Luz.
Y en verdad os digo que, cuando llegue la disolución del mundo, ese hombre reinará sobre todas las condiciones de la Herencia.
Y aquel que reciba el Misterio de lo Inefable, aquel que es el Yo, ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgieron las Tinieblas y por qué surgió la Luz.
Ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgieron las Tinieblas de las Tinieblas y por qué surgió la Luz de las Luces.
Ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgieron los Caos y por qué surgió el Tesoro de la Luz.
Ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgieron los Juicios y por qué surgieron la Tierra de la Luz y el Lugar de las Herencias de la Luz.
Ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgieron los Castigos de los pecadores y por qué surgió el Reposo del Reino de la Luz.
Ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgieron los pecadores y por qué surgieron las Herencias de la Luz.
Ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgieron los impíos y por qué surgieron los buenos.
Y ese Misterio es el que conoce por qué surgieron los Juicios de los Castigos y por qué surgieron todas las emanaciones de la Luz.
Ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgió el Pecado y por qué surgieron los Bautismos con el Misterio de la Luz.
Y ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgió el fuego del Castigo y por qué surgieron [193a] los Sellos de la Luz, para que el Fuego no pudiera dañarlos.
Y ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgió la Ira y por qué surgió la Paz.
Y ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgió la Blasfemia y por qué surgieron los Himnos de la Luz.
Y ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgieron las Oraciones de la Luz.
Y ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgió la Maldición y por qué surgió la Bendición.
Y ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgió la Maldad y por qué surgió el Engaño.
Y ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgió el Asesinato y por qué surgió la Vivificación de las almas.
[193b]
Y ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgieron el Adulterio y la Fornicación y por qué surgió la Pureza.
Y ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgió la Relación sexual y por qué surgió la Continencia.
Y ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgieron el Orgullo y la Jactancia y por qué surgieron la Humildad y la Mansedumbre.
Y ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgió el Llanto y por qué surgió la Risa.
Y ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgió la Calumnia y por qué surgió la Buena Palabra.
[194a]
Y ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgió la Obediencia y por qué surgió el Desprecio hacia el ser humano.
Y ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgió la Murmuración y por qué surgieron la Inocencia y la Humildad.
Y ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgió la Pecaminosidad y por qué surgió la Pureza.
Y ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgió la Fuerza y por qué surgió la Debilidad.
Y ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgió el Movimiento del cuerpo y por qué surgió su utilidad.
Y ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgió la Pobreza y por qué surgió [194b] la Riqueza.
Y ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgió la Riqueza del mundo y por qué surgió la Esclavitud.
Y ese Misterio, en verdad, es el que conoce por qué surgió la Muerte y por qué surgió la Vida.
Sucedió, por tanto, que Jesús, después de terminar de decir estas palabras a sus discípulos, ellos se llenaron de una gran alegría y estaban encantados al escuchar a Jesús decir estas cosas.
Jesús añadió también estas palabras y les dijo:
«Por tanto, discípulos míos, escuchad ahora, porque voy a hablar con vosotros acerca de todo el conocimiento del Misterio de lo Inefable. Pues este Misterio de lo Inefable es precisamente aquello que conoce por qué surgió la Crueldad y por qué surgió la Misericordia.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió la Destrucción y por qué surgió lo Siempre Eterno.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron los reptiles y por qué serán disueltos.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron las bestias salvajes y por qué serán disueltas.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron los animales y por qué surgieron las aves.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron las montañas y por qué surgieron las piedras preciosas que hay en ellas.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió la materia del oro y por qué surgió la materia de la plata.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió la materia del bronce y por qué surgió también la materia del hierro y del acero.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió la materia del estaño y por qué surgió la materia del plomo.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió la materia del vidrio y por qué surgió la materia de la cera.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió la hierba, es decir, las plantas.
Y por qué surgieron todas las materias.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron las aguas de la tierra y todo lo que hay en ellas, y por qué surgió también la Tierra.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron los mares con las aguas, y por qué surgieron las bestias salvajes del mar.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió la materia del mundo y por qué todo él será disuelto por completo.
Y Jesús añadió también, diciendo a sus discípulos:
«Por tanto, discípulos míos, amigos míos y hermanos míos, que cada uno esté sereno en su espíritu, para que podáis escuchar y comprender cada palabra que os voy a decir. Porque a partir de ahora comenzaré a hablar con vosotros acerca de todo el conocimiento de lo Inefable.
Pues este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió el Occidente y por qué surgió el Oriente.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió el Sur y por qué surgió el Norte.
Por tanto, también vosotros, discípulos míos, escuchad, perseverad y manteneos serenos, y escuchad todo el conocimiento del Misterio de lo Inefable.
Pues este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron los demonios y por qué surgió la humanidad.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió el calor y por qué surgió el aire saludable.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron las estrellas y por qué surgieron las nubes.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué la tierra se hizo profunda y por qué el agua la cubrió.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué la tierra se secó y por qué el agua de la lluvia cayó sobre ella.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron las hambrunas y por qué surgió la abundancia.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió la escarcha y por qué surgió el rocío, que es bueno.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió el polvo y por qué surgió el frescor, que es agradable.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió el granizo y por qué surgió la nieve, que es saludable.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió el viento del Occidente y por qué surgió el viento del Oriente.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió el fuego de las alturas y por qué surgieron también las aguas.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió el viento del Occidente y por qué surgió el viento del Oriente.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió el viento del Sur y por qué surgió el viento del Norte.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron las estrellas del cielo, junto con los discos de los phoster (planetas), y por qué surgió el firmamento con todos sus velos.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron los gobernantes de las esferas y por qué surgió la esfera con todos sus tipos.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron los gobernantes de los eones y por qué surgieron los eones con sus velos.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron los gobernantes de los eones tiránicos y por qué surgieron los gobernantes que se arrepintieron.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron los ministros y por qué surgieron los decanos.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron los ángeles y por qué surgieron los arcángeles.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron los señores y por qué surgieron los dioses.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron también los Celos en las alturas y por qué surgió también la ausencia de Celos.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió el Odio y por qué surgió el Amor.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió la Discordia y por qué surgió la Reconciliación.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió la Codicia y por qué surgió la Renuncia a todo, y por qué surgió el amor a la riqueza.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió el Amor propio y por qué surgió la Satisfacción.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron los Compañeros y por qué surgieron los Compañeros Separados.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió la Impiedad —añadido en el margen— y por qué surgió el Amor de Dios —en el margen inferior—.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron los Phoster (planetas) y por qué surgieron las Chispas (estrellas fijas).
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron los Poderes Triples y por qué surgieron los Invisibles.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió el Antepasado y por qué surgieron las Luces Puras.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió el Gran Autodeterminado y por qué surgieron sus Creyentes.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió el Gran Tríplemente Poderoso y por qué surgió el gran Antepasado Invisible.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió el Decimotercer Eón y por qué surgió el Lugar del Medio (en plural en el manuscrito).
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió el Receptor del Medio y por qué surgieron las Vírgenes de la Luz.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron los Diáconos del Medio y por qué surgieron los Ángeles del Medio.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió la Tierra de la Luz y por qué surgió el Gran Receptor de la Luz.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron los Guardianes del Lugar de los que están a la Derecha y por qué surgieron sus Capitanes Principales.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió la Puerta de la Vida y por qué surgió Sabaoth, el Bueno.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió el Lugar de los que están a la Derecha y por qué surgió la Tierra de la Luz, es decir, el Tesoro de la Luz.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron las emanaciones de la Luz y por qué surgieron los Doce Salvadores.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron las Tres Puertas del Tesoro de la Luz y por qué surgieron los Nueve Guardianes.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron los Salvadores Gemelos y por qué surgieron los Tres Amén.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgieron los Cinco Árboles y por qué surgieron los Siete Amén.
Y este Misterio es precisamente aquello que conoce por qué surgió la Confusión que no llega a existir y por qué surgió aquello que fue purificado.»
Jesús añadió, y dijo a sus discípulos:
—Ahora bien, discípulos míos, manteneos sobrios y que cada uno de vosotros tenga delante de sí el poder de la percepción de la Luz, y escuchad con toda atención; porque desde ahora voy a hablaros de todo el Lugar de la verdad, de lo Inefable y de la manera en que existe.
Sucedió, pues, que los discípulos, después de haber oído estas palabras que dijo Jesús, se retiraron y todos guardaron silencio.
Entonces María Magdalena se adelantó, se postró a los pies de Jesús, los adoró, clamó y lloró. Dijo:
—Ten misericordia de mí, mi Señor, porque mis hermanos han oído y han guardado silencio [201b] ante las palabras que dices. Ahora bien, mi Señor, acerca del conocimiento de todas estas palabras que has dicho, que llegan a realizarse en el Misterio de lo Inefable; porque te he oído decir: «Desde ahora voy a comenzar a hablaros de todo el conocimiento del Misterio de lo Inefable». Por tanto, cuando dices esta palabra, ¿no has llegado entonces a completar lo que querías decir? Por eso mis hermanos, al oírlo, han guardado silencio; han dejado de comprender cómo estás hablando con ellos acerca de las palabras que les dices.
Ahora bien, mi Señor, si el conocimiento de todas estas cosas llega a realizarse en ese Misterio, ¿quién es el hombre que [202a] está en el Mundo y que puede comprender ese Misterio con todos sus conocimientos y la naturaleza de todas estas palabras acerca de las cuales has hablado?
Sucedió, pues, que Jesús, al oír estas palabras que dijo María, comprendió que, después de haberlas escuchado, los discípulos habían comenzado a guardar silencio. Los animó y les dijo:
—No os entristezcáis, pues, discípulos míos, por el Misterio de lo Inefable, pensando que no podréis comprenderlo. En verdad os digo: vuestro es ese Misterio, y también pertenece a todo aquel que os escuche, renuncie a todo el Mundo con toda la materia que hay en él, renuncie a todos los malos pensamientos que surgen en ellos y renuncie a todas las preocupaciones de [202b] este Aeón.
Ahora bien, os digo: todo aquel que renuncie a todo el Mundo y a todas las cosas que hay en él, y se someta a la Divinidad, encontrará que ese Misterio es más fácil de comprender que todos los Misterios del reino de la Luz, y será más apto para comprenderlo que cualquiera de ellos, y será más ligero (levis) que todos ellos.
Aquel que llegue al conocimiento de ese Misterio tendrá que renunciar a todo este Mundo y a todas las preocupaciones que hay en él. Por eso os dije una vez: «Todo aquel que esté agobiado por las preocupaciones y trabaje bajo su carga, venid a mí, para que yo os dé descanso, porque ligera es mi carga y suave es mi yugo».
Ahora bien, aquel que reciba ese Misterio tendrá que renunciar a todo el Mundo y a las preocupaciones por toda la materia que hay en él. Por eso, pues, discípulos míos, no os entristezcáis pensando que no podréis comprender ese Misterio.
En verdad os digo: ese Misterio es más fácil de comprender que todos los Misterios; y en verdad os digo que ese Misterio es vuestro, junto con todo aquel que renuncie a todo el Mundo y a toda la materia que hay en él.
Ahora bien, escuchad, discípulos míos, amigos míos y hermanos míos, para que pueda exhortaros al conocimiento del Misterio de lo Inefable. Estas cosas os las digo [203b] porque he venido a daros todo el conocimiento acerca de la Distribución del Universo, porque la Distribución es conocimiento de él.
Pero ahora escuchad, para que pueda hablaros de antemano acerca del conocimiento de ese Misterio; porque ese Misterio es precisamente el que conoce por qué se despojaron los cinco Auxiliares, por qué salieron de los Sin Padre.
Y ese Misterio es precisamente el que conoce por qué se despojó la gran Luz de las Luces, por qué salió de los Sin Padre.
Y ese Misterio es precisamente el que conoce por qué se despojó el Primer Precepto, por qué separó los siete Misterios y por qué también lo llamaron el Primer [204a] Precepto, y por qué salió de los Sin Padre.
Y ese Misterio es precisamente el que conoce por qué se despojó la gran Luz de las Marcas de Luz, por qué permaneció en pie sin emanación y por qué salió de los Sin Padre.
Y ese Misterio es precisamente el que conoce por qué se despojó el Primer Misterio, es decir, el vigésimo cuarto Misterio (contando hacia afuera), por qué lleva dentro de sí una imitación de los doce Misterios según el número de la cuenta de los Ilimitados Incontenibles, y por qué salió de los Sin Padre.
Y ese Misterio es precisamente el que conoce por qué se despojaron los doce [204b] Inamovibles, por qué los establecieron con todas sus disposiciones y por qué salieron de los Sin Padre.
Y ese Misterio es precisamente el que conoce por qué se despojaron los Inquebrantables, por qué los establecieron divididos en doce disposiciones y por qué salieron de los Sin Padre, aquellos que pertenecen a las disposiciones del Espacio de lo Inefable.
Y ese Misterio es precisamente el que conoce por qué fueron despojados los Inconcebibles que pertenecen al segundo [dos, MS] Espacio de lo Inefable, y por qué salieron de los Sin Padre.
Y ese Misterio es precisamente el que conoce por qué se despojaron los doce [205a] No Designados, por qué los establecieron después de todas las disposiciones de los No Revelados, es decir, también algunos Incontenibles de los Ilimitados, y por qué, en efecto, salieron de los Sin Padre.
Y ese Misterio es precisamente el que conoce por qué se despojaron los No Revelados, aquellos que no se revelaron a sí mismos ni los llevaron a aquello que se manifiesta según la disposición del Único, el Inefable, y por qué salieron de los Sin Padre.
Y ese Misterio [205b] es precisamente el que conoce por qué se despojaron los Más Profundos, por qué los distribuyeron formando una sola disposición y por qué salieron de los Sin Padre.
Y ese Misterio es precisamente el que conoce por qué se despojaron las doce disposiciones de los Inefables, por qué las separaron formando tres Partes y por qué, en efecto, salieron de los Sin Padre.
Y aquel Misterio es, en efecto, el que sabe por qué se despojaron de sí mismos todos aquellos Incorruptibles, que eran doce Lugares; y por qué fueron establecidos, distribuidos uno tras otro en una sola serie; y también por qué fueron separados y dispuestos en diferentes series, siendo ellos mismos los Ilimitados y los Infinitos; y por qué procedieron de los Sin-Padre.
Y aquel Misterio [206a] es, en efecto, el que sabe por qué se despojaron de sí mismos los Infinitos y por qué fueron establecidos como doce Espacios Infinitos; y por qué fueron dispuestos en tres series de Espacios según la disposición del Único, el Inefable; y por qué procedieron de los Sin-Padre.
Y aquel Misterio es, en efecto, el que sabe por qué se despojaron de sí mismos los doce Ilimitados que pertenecen a las series del Único, el Inefable, y por qué procedieron de los Sin-Padre, hasta que los condujeron al Espacio del Primer Misterio, es decir, al segundo Espacio.
Y aquel Misterio es, en efecto, el que sabe por qué se despojaron de sí mismos [206b] los veinticuatro miríadas de cantores, y por qué fueron distribuidos fuera del Velo del Primer Misterio, es decir, de los dos Misterios gemelos del Único, el Inefable: aquel que mira hacia dentro y aquel que mira hacia fuera; y por qué procedieron de los Sin-Padre.
Y aquel Misterio es, en efecto, el que sabe por qué se despojaron de sí mismos todos los Ilimitados de los que he terminado de hablar, aquellos que están en los Lugares del segundo Espacio del Inefable, es decir, en el Espacio del Primer Misterio, y por qué aquellos Ilimitados, junto con aquellos Infinitos, procedieron de los Sin-Padre.
Y aquel Misterio es, en efecto, el que sabe por qué se despojaron de sí mismos [207a] los veinticuatro Misterios del primer Triple Espíritu, y por qué fueron llamados los veinticuatro Espacios del primer Triple Espíritu, y por qué procedieron del segundo Triple Espíritu.
Y aquel Misterio es, en efecto, el que sabe por qué se despojaron de sí mismos los veinticuatro Misterios del segundo Triple Espíritu y por qué procedieron del tercer Triple Espíritu.
Y aquel Misterio es, en efecto, el que sabe por qué se despojaron de sí mismos los veinticuatro Misterios del tercer Triple Espíritu, es decir, los veinticuatro Espacios del tercer Triple Espíritu, y [207b] por qué procedieron de los Sin-Padre.
Y aquel Misterio es, en efecto, el que sabe por qué se despojaron de sí mismos los cinco Árboles del primer Triple Espíritu, y por qué fueron dispuestos uno tras otro, estando también unidos entre sí, con todas sus series, y por qué procedieron de los Sin-Padre.
Y aquel Misterio es, en efecto, el que sabe por qué se despojaron de sí mismos los cinco Árboles del segundo Triple Espíritu y por qué procedieron de los Sin-Padre.
Y aquel Misterio es, en efecto, el que sabe por qué se despojaron de sí mismos los cinco Árboles del tercer Triple Espíritu y por qué procedieron [208a] de los Sin-Padre.
Y aquel Misterio es, en efecto, el que sabe por qué se despojaron de sí mismos los Pre-Ilimitados del primer Triple Espíritu y por qué procedieron de los Sin-Padre.
Y aquel Misterio es, en efecto, el que sabe por qué se despojaron de sí mismos los Pre-Ilimitados del segundo Triple Espíritu y por qué procedieron de los Sin-Padre.
Y aquel Misterio es, en efecto, el que sabe por qué se despojaron de sí mismos todos los Pre-Ilimitados del tercer Triple Espíritu y por qué procedieron de los Sin-Padre.
Y aquel Misterio es, en efecto, el que sabe por qué se despojó de sí mismo [208b] el primer Triple Espíritu desde abajo, que pertenece a las series del Único, el Inefable, y por qué procedió del segundo Triple Espíritu.
Y aquel Misterio es, en efecto, el que sabe por qué se despojó de sí mismo el tercer Triple Espíritu, es decir, el primer Triple Espíritu desde lo Alto, y por qué procedió del duodécimo Triple Espíritu, que es el último Lugar de los Sin-Padre.
Y aquel Misterio es, en efecto, el que sabe por qué fueron distribuidos todos los Lugares que están en el Espacio del Inefable, junto con todos los que están en ellos, y por qué procedieron del último miembro [209a] del Inefable.
Y aquel Misterio es, en efecto, el que se conoce a sí mismo y sabe por qué se despojó de sí mismo para proceder del Inefable, aquel que gobierna sobre todos ellos y que los distribuyó a todos según sus series.
Todo esto, por tanto, os lo diré en la Distribución del Universo; en una sola palabra, todas las cosas de las que os he hablado: las que sucederán y las que vendrán, las que emanan y las que proceden, las que están fuera de ellas y las que están implantadas en ellas; aquellas que contendrán el Lugar —en copto— del Primer Misterio, y aquellas que están en el Espacio del Inefable. Todo esto os lo diré, porque os lo revelaré y os lo expondré [209b] según los Lugares y según las series en la Distribución del Universo.
Y os revelaré todos sus misterios, que gobiernan sobre todos ellos, junto con sus espíritus pretriples y sus espíritus hipertriples, aquellos que gobiernan sus misterios junto con sus series.
Ahora bien, el Misterio del Inefable es aquel que sabe por qué llegaron a ser todas estas cosas de las que os he hablado, y por medio de qué poder llegaron todas ellas a ser.
Y él es el Misterio que está en todas estas cosas; y él es toda su salida, todo su retorno y todo su establecimiento.
Y el Misterio del Inefable es el Misterio que está en todas estas cosas de las que os he hablado [210a], así como en aquellas de las que os hablaré en la Distribución del Universo; y él es el Misterio que está en todas ellas. Él es el único Misterio del Inefable y el conocimiento de todas estas cosas que os he dicho, así como de aquellas que os diré y de aquellas que aún no os he dicho. Todo esto os lo diré en la Distribución del Universo, con todo su conocimiento, una cosa sobre otra, y os mostraré por qué llegaron a ser.
Esta es la única Palabra del Inefable.
Y os diré la Distribución de todos sus misterios, con la forma de cada uno de ellos y con el modo en que se completan en todas sus figuras. Y os diré el misterio del Único [210b], el Inefable, con todas sus formas, con todas sus figuras y con todas sus disposiciones; y os diré por qué procedió del último miembro del Inefable, porque aquel misterio es el fundamento de todos ellos.
Y aquel misterio del Inefable es también la única Palabra que existe en el lenguaje del Inefable, y esa es la disposición que explica cada palabra que os he dicho.
Y quien reciba la única Palabra de aquel misterio, de la que ahora os voy a hablar, con todas sus formas, con todas sus figuras y con el modo en que se completa su misterio, la recibirá porque vosotros sois los perfectos entre todos los perfectos.
Y vosotros sois quienes completarán todo el conocimiento [211a] de aquel misterio con toda su disposición y con sus…; porque sois aquellos a quienes se confiaron todos los misterios.
Escuchad ahora, pues, para que os diga cuál es aquel misterio:
Quien reciba la única Palabra del misterio de la que os he hablado y, cuando salga del cuerpo de la materia de los Gobernantes, vengan los Receptores de los Contenciosos y lo desprendan del cuerpo de la materia de los Gobernantes de los Receptores de los Contenciosos —pues ellos acostumbran a desprender a toda alma que sale del cuerpo—, si, por tanto, los Receptores de los Contenciosos desprenden del cuerpo al alma que ha recibido este único Misterio del Inefable, del que ahora he terminado de hablaros, [211b] entonces, en el mismo momento en que la desprendan del cuerpo de la materia, se convertirá en una gran efusión de luz en medio de aquellos Receptores.
Y los Receptores sentirán un gran temor ante la luz de aquella alma; quedarán debilitados, caerán y permanecerán completamente en silencio por el miedo que les inspirará la gran luz que han visto.
Y el alma que haya recibido este Misterio del Inefable volará hacia lo Alto, convertida en una gran efusión de luz.
Y los Receptores no podrán apoderarse de ella, ni sabrán por qué camino irá, porque se habrá convertido en un gran Rayo de luz y volará hacia lo Alto. Ningún poder podrá retenerla en absoluto, ni siquiera podrá acercarse a ella.
Pero atravesará todos los Lugares de los Gobernantes y todos los Lugares de las emanaciones de la Luz, y no tendrá que responder en ningún Lugar, ni dar defensa alguna, ni presentar ninguna señal. Porque ningún poder de los Gobernantes ni ningún poder de las emanaciones de la Luz podrá acercarse a aquella alma.
Y todos los Lugares de los Gobernantes, junto con todos los Lugares de las emanaciones de la Luz, la celebrarán con himnos, cada uno desde su propio Lugar, llenos de temor ante la luz de la efusión que envuelve al alma, hasta que [212b] haya pasado a través de todos ellos y llegue al Lugar de la Herencia del misterio que recibió, es decir, al misterio del Único, el Inefable, y quede unida a sus miembros.
Amén, os digo: atravesará todos aquellos Lugares en el tiempo que tarda un hombre en disparar una flecha.
Y ahora también, Amén, os digo: todo hombre que reciba aquel Misterio del Inefable y sea perfecto, o lo complete en todas sus formas y en todas sus figuras, será un hombre que vive en el Mundo, pero superará a todos los Ángeles y será más excelso que todos ellos.
Será un hombre que vive en el Mundo, pero superará a todos los Arcángeles y será más excelso que todos ellos.
[213a] Será un hombre que vive en el Mundo, pero superará a todos los Tiranos y será exaltado por encima de todos ellos.
Será un hombre que vive en el Mundo, pero superará a todos los Señores y será exaltado por encima de todos ellos.
Será un hombre que vive en el Mundo, pero superará a todos los Dioses y será exaltado por encima de todos ellos.
Será un hombre que vive en el Mundo, pero superará a todas las luminarias y será exaltado por encima de todas ellas.
Será un hombre que vive en el Mundo, pero superará a todas las Luces puras y será exaltado por encima de todas ellas.
Será un hombre que vive en el Mundo, pero superará a todos los Poderes triples y será exaltado por encima de todos ellos.
Será un hombre que vive en el Mundo, pero superará a todos los Antepasados y será exaltado por encima de todos ellos.
Será un hombre que vive en el Mundo, pero superará a todos los Invisibles y será exaltado por encima de todos ellos.
Será un hombre que vive en el Mundo, pero superará al gran Antepasado Invisible y será exaltado también por encima de él.
Será un hombre que vive en el Mundo, pero superará a todos los que pertenecen al Medio y será exaltado por encima de todos ellos.
Será un hombre que vive en el Mundo, pero superará a las emanaciones del Tesoro de la Luz y será exaltado por encima de todas ellas.
Será un hombre que vive en el Mundo, pero superará a la Confusión y será exaltado por encima de toda ella.
Será un hombre que vive en el Mundo, pero superará todo el Lugar del Tesoro y será exaltado por encima de él.
Será un hombre que vive en el Mundo, pero llegará a ser Rey conmigo en mi reino.
Será un hombre [214a] que vive en el Mundo, pero llegará a ser Rey en la Luz.
Será un hombre que vive en el Mundo, pero no será uno del Mundo.
Y, Amén, os digo: ese hombre soy yo y yo soy ese hombre.
Y en la disolución del Mundo, es decir, cuando el Universo sea recogido y sea recogido todo el número de las almas perfectas, y yo llegue a gobernar en medio de los últimos Ayudantes, gobernando sobre todas las emanaciones de la Luz y gobernando sobre los siete Aménes, junto con los cinco Árboles, los tres Aménes y los nueve Guardianes; y gobernando sobre el hijo del hijo, es decir, sobre los Salvadores Gemelos; y gobernando sobre los doce Salvadores, junto con todo el número de las almas perfectas que recibirán el misterio de la Luz.
Y todo hombre que reciba el misterio del Inefable llegará a ser correy conmigo: se sentará a mi derecha y a mi izquierda en mi reino.
Y, Amén, os digo: esos hombres son yo y yo soy ellos.
Por eso os dije una vez: «Os sentaréis en vuestros tronos, a mi derecha y a mi izquierda, en mi Reino, y reinaréis conmigo».
Por eso no me contuve ni me avergoncé de llamaros mis hermanos y mis amigos, porque llegaréis a ser correyes conmigo en mi reino.
Estas cosas os las digo sabiendo que os daré el Misterio del Inefable, y ese Misterio soy yo, y yo soy ese Misterio.
Ahora bien, no solo vosotros reinaréis conmigo, sino que todo hombre que reciba el Misterio del Inefable llegará a gobernar conmigo en mi reino. Yo soy ellos y ellos son yo.
Pero mi trono será más excelso que los suyos, porque vosotros sufriréis en el Mundo más que ningún otro hombre, hasta que prediquéis cada palabra que os diré. Sin embargo, vuestros tronos quedarán unidos al mío en mi reino.
Por eso os dije [215b] una vez: «En el lugar donde yo esté, estarán también conmigo mis doce Diáconos».
Pero María Magdalena y Juan el Virgen superarán a todos mis discípulos.
Y todo hombre que reciba el Misterio del Inefable estará a mi izquierda y a mi derecha; y yo soy ellos y ellos son yo.
Y serán iguales a vosotros en todo. Sin embargo, vuestros tronos serán más excelsos que los suyos, y mi trono, el mío, será más excelso que los vuestros.
Y todo hombre que encuentre la Palabra del Inefable, Amén, os digo, conocerá aquella Palabra; conocerá el conocimiento de todas estas palabras que os he dicho: las de la profundidad y las de la altura, las de la longitud y las de [216a] la anchura.
En una sola palabra: conocerán el conocimiento de todas estas palabras que os he dicho y también de aquellas que no os he dicho, las cuales os expondré según el Lugar y según la serie en la Distribución del Universo.
Y, Amén, os digo: sabrán de qué manera está dispuesto el Mundo, sabrán bajo qué forma están dispuestas todas las cosas de lo Alto y sabrán por qué causa llegó a existir el Universo.
Después de que el Salvador hubo dicho estas cosas, María Magdalena se adelantó y dijo:
—Señor mío, ten paciencia conmigo y no te enojes conmigo por buscar comprender cada cosa con exactitud y certeza. Ahora, pues, Señor mío, ¿hay una sola palabra del Misterio del Inefable y una sola palabra del conocimiento del Universo?
El Salvador respondió:
—Sí: uno es el Misterio del Inefable y una es la palabra del conocimiento del Universo.
Pero María respondió y dijo al Salvador:
—Señor mío, ten paciencia conmigo y no te enojes conmigo por preguntarte. Ahora, pues, Señor mío, si no vivimos y conocemos toda la palabra del Inefable, ¿no podremos heredar el reino de la Luz?
Pero el Salvador respondió a María:
—Sí. Porque todo aquel que reciba el Misterio del reino de la Luz irá y heredará hasta el Lugar para el cual recibió el misterio. Pero no conocerá el conocimiento del Universo, es decir, por qué llegaron a existir todas estas cosas, a menos que conozca la única palabra del Inefable, a saber, el conocimiento del Universo.
Y, además, yo soy el conocimiento del Universo. Tampoco es posible conocer la única palabra del conocimiento si antes no se recibe el Primer Misterio del Inefable. Pero todo hombre que reciba un misterio en la Luz irá y heredará hasta el Lugar para el cual recibió el misterio.
Por eso os dije una vez: «El que recibe a un profeta recibirá recompensa de profeta, y el que recibe a un justo recibirá recompensa de justo»; es decir, cada uno irá hasta el Lugar para el cual recibe el misterio.
Aquel que recibe un misterio estando preparado heredará el misterio que es menor; y aquel que reciba un misterio más excelente heredará los Lugares que son más elevados. Y cada uno permanecerá en su propio Lugar, en la Luz de mi reino.
Cada uno tendrá autoridad sobre el orden que está por debajo de él, pero no tendrá autoridad para pasar al orden que está por encima de él. Permanecerá en el Lugar de la Herencia de la Luz de mi reino, convirtiéndose en una gran luz cuya magnitud no pueden medir los dioses ni todos los Invisibles, y estará en una gran alegría y en un gran deleite.
Ahora, pues, escuchad también, para que pueda hablaros acerca de la gloria de aquellos que reciban asimismo el misterio del Primer Misterio.
El que reciba el misterio de ese Primer Misterio, cuando llegue el momento en que salga del cuerpo material de los gobernantes, vendrán los Receptores de los Contendientes y sacarán el alma de aquel hombre de su cuerpo. Entonces esa alma se convertirá en un gran desbordamiento de luz entre los Receptores de los Contendientes.
Y aquellos Receptores temerán ante la luz de esa alma. Entonces el alma ascenderá a lo Alto y atravesará todos los Lugares de los gobernantes, junto con todos los Lugares de las emanaciones de la Luz. No tendrá que dar respuesta, ni defensa, ni presentar ningún signo en ningún Lugar de la Luz ni en ningún Lugar de los gobernantes. Atravesará todos los Lugares, los superará a todos e irá a reinar sobre todos los Lugares del Primer Salvador.
Del mismo modo, aquel que reciba el segundo misterio del Primer Misterio, junto con el tercero, el cuarto y así sucesivamente hasta recibir el duodécimo misterio del Primer Misterio, cuando llegue el momento en que salga del cuerpo material de los gobernantes, vendrán los Receptores de los Contendientes y sacarán el alma de aquel hombre del cuerpo de materia.
Y esas almas se convertirán en un gran desbordamiento de luz entre los Receptores de los Contendientes. Aquellos Receptores temerán ante la luz de esas almas; quedarán debilitados y caerán de bruces.
Entonces esas almas volarán hacia lo Alto y, en aquel momento, atravesarán todos los Lugares de los gobernantes y todos los Lugares de las emanaciones de la Luz. No tendrán que dar respuesta, ni defensa, ni presentar ningún signo en ningún Lugar. Atravesarán todos los Lugares, los superarán a todos y reinarán sobre todos los Lugares de los doce Salvadores.
Así, aquellos que reciban el segundo misterio del Primer Misterio reinarán sobre todos los Lugares del segundo Salvador, en las Herencias de la Luz.
Del mismo modo, aquellos que reciban el tercer misterio del Primer Misterio, junto con el cuarto, el quinto, el sexto y así sucesivamente hasta el duodécimo, cada uno reinará sobre todos los Lugares del Salvador cuyo misterio haya recibido.
Y aquel que reciba doce misterios, uno tras otro, del Primer Misterio —es decir, el Misterio absoluto, acerca del cual estoy hablando con vosotros—, cuando llegue el momento en que salga del Mundo, atravesará todos los Lugares de los gobernantes y todos los Lugares de la Luz, acompañado de una gran abundancia de Luz.
También reinará sobre todos los Lugares de los doce Salvadores.
Pero ellos no serán iguales a aquellos que reciben el único Misterio del Inefable. El que reciba ese Misterio permanecerá en aquellos órdenes que están por encima de todos ellos, porque los supera, y permanecerá en los órdenes de los doce Salvadores.
Cuando Jesús terminó de decir estas palabras a sus discípulos, María Magdalena se adelantó, besó los pies de Jesús y dijo:
—Señor mío, ten paciencia conmigo y no te enojes conmigo por preguntarte. Ten misericordia de nosotros, Señor mío, y revélanos todo aquello que deseemos conocer.
Ahora, pues, Señor mío, ¿cómo es que el Primer Misterio tiene doce misterios, mientras que el Inefable tiene solamente un misterio?
Jesús le respondió:
—En efecto, tiene un solo misterio. Sin embargo, ese misterio produce tres misterios, siendo uno solo, pero cada uno de ellos tiene una forma diferente.
También puede producir cinco misterios, siendo todavía un solo misterio, pero cada uno de ellos tiene una forma diferente. De este modo, los cinco misterios son iguales entre sí en cuanto al misterio del reino, en las Herencias de la Luz.
Sin embargo, la forma de cada uno es diferente, y su reino es superior y está más elevado que todo el reino de los doce misterios, uno tras otro, del Primer Misterio. Pero no son iguales en el reino al único misterio del Primer Misterio, dentro del reino de la Luz.
Del mismo modo, tampoco los tres misterios son iguales entre sí en el reino que está en la Luz, sino que la forma de cada uno es diferente. Y tampoco son iguales en el reino al único misterio del Primer Misterio, dentro del reino de la Luz.
También la forma de cada uno de los tres es diferente, y las figuras de cada uno de ellos varían unas de otras.
El primero, si completas su misterio por entero y permaneces firme, completándolo correctamente en todas sus figuras, hasta que salgas del cuerpo presente y te conviertas en un gran desbordamiento de luz y de resplandor, entonces pasarás —tú, es decir, el alma— por todos los Lugares de los gobernantes, junto con todos los Lugares de la Luz, mientras todos temen ante la luz de esa alma, hasta que llegue a los Lugares de su reino.
Asimismo, respecto del segundo misterio del Primer Misterio: si completas correctamente su misterio en todas sus figuras, el hombre que haya completado ese misterio, cuando vea salir del cuerpo a cualquier hombre, deberá pronunciar ese misterio sobre la cabeza de aquel hombre y decirlo en sus dos oídos.
Si el hombre que sale del cuerpo de materia ha recibido anteriormente el misterio y se ha hecho partícipe de la palabra de la verdad, en verdad os digo que, cuando ese hombre salga del cuerpo de materia, su alma se convertirá en un gran resplandor de Luz y atravesará todos los Lugares, hasta llegar al reino de ese misterio.
Pero si aquel hombre no ha recibido el misterio ni se ha hecho partícipe de las palabras de la verdad, entonces quien haya completado ese misterio, cuando lo pronuncie sobre la cabeza del hombre que sale del cuerpo, de aquel que no recibió el misterio de la Luz y que no participó de la palabra de la verdad, en verdad os digo que, cuando ese hombre salga del cuerpo, no será juzgado en ningún Lugar de los gobernantes, ni ellos podrán castigarlo en ningún Lugar, ni el fuego lo tocará, gracias al gran misterio del Inefable que estará con él.
Entonces se apresurarán y se lo entregarán unos a otros, conduciéndolo de un Lugar a otro y de un orden a otro, hasta llevarlo cerca de la Virgen de la Luz.
Todos los Lugares temerán ante el misterio y ante el signo del reino del Inefable que estará con él.
Y cuando lo hayan llevado cerca de la Virgen de la Luz, la Virgen verá el signo del misterio del reino del Inefable que está con él. La Virgen de la Luz se maravillará y lo pondrá a prueba.
Pero no hará que lo lleven a la Luz hasta que haya completado todas las obligaciones sagradas de la Luz correspondientes a ese misterio, que son las purificaciones de la renuncia al Mundo y de toda la materia que hay en él.
Entonces la Virgen de la Luz lo sellará con un sello más excelente —cuya forma no se proporciona— y hará que lo arrojen, en cualquiera de los meses en que haya salido del cuerpo de materia, a un cuerpo que está destinado a convertirse en justo, destinado a encontrar la divinidad de la verdad, junto con los misterios elevados, y a heredarlos, y a heredar la Luz por toda la eternidad; es decir, recibirá los dones del segundo misterio del Primer Misterio del Inefable.
El tercer Misterio del Inefable es también para el hombre que complete ese Misterio. No solo porque, cuando salga del cuerpo, esté destinado a heredar el reino del Misterio, sino porque, cuando haya realizado y completado este Misterio con todas sus fórmulas, sucederá lo siguiente: cuando realice ese Misterio y lo complete correctamente, y pronuncie el nombre de ese Misterio sobre un hombre que esté saliendo del cuerpo y que haya conocido ese Misterio, este hombre no será retenido; o, mejor dicho, no será retenido en los castigos crueles de los Gobernantes, ni en sus crueles juicios, ni en sus fuegos de diversas clases.
En verdad os digo: cuando salga del cuerpo el hombre por cuyo bien se haya pronunciado este Misterio, ellos se apresurarán rápidamente, lo retirarán y lo entregarán unos a otros, hasta que lo lleven cerca de la Virgen de la Luz. Y la Virgen de la Luz lo sellará con un sello más excelente, que es este (la forma del sello no se proporciona). Y, en cualquier mes, hará que sea arrojado al cuerpo de un hombre justo, aquel que encontrará la Divinidad de la verdad mediante el Misterio más excelente y heredará el reino de la Luz.
Este, por tanto, es el don gratuito del tercer Misterio del Inefable.
Ahora bien, todo aquel que reciba uno de los cinco Misterios del Inefable, cuando salga del cuerpo y herede el Lugar de ese Misterio y el reino de esos cinco Misterios,[114] [223b] será igual a los demás en su reino, pero no será igual a los tres Misterios del Inefable.
Asimismo, quien reciba uno de los tres Misterios del Inefable, cuando salga del cuerpo, heredará el reino de ese Misterio. Y esos tres Misterios son iguales entre sí: están en el reino y son más excelentes y más elevados que los cinco Misterios del Inefable dentro del reino. Pero no son iguales al único Misterio del Inefable.
Quien reciba también el único Misterio del Inefable heredará el Lugar de todo el reino, conforme a toda la gloria de este, tal como terminé de deciros en otra ocasión.
Y todo aquel que reciba el Misterio que se encuentra en el Espacio del Universo del Inefable, junto con todos los demás Misterios que están unidos a los miembros del Inefable [224a], estos sobre los cuales todavía no os he hablado acerca de su distribución, de la manera en que están dispuestos y de la forma de cada uno tal como es, y acerca de por qué lo llamaron «el Inefable», o por qué está dispuesto y distribuido con todos sus miembros, y cuántos miembros llegan a formar parte de él, junto con todas sus disposiciones, todo esto no os lo diré ahora.
Pero cuando llegue el momento de hablaros de la Distribución del Universo, os diré todo, uno por uno: sus distribuciones, su forma y las palabras con las que se expresa acerca de sí mismo, tal como es, junto con la unión de todos sus miembros, pertenecientes al orden del único Dios de la verdad, el inaccesible.
El Lugar, por tanto, en el que cada uno reciba el Misterio dentro del Espacio del Inefable será el Lugar que heredará. Y los que pertenecen a todo el Lugar del Espacio del Inefable no suelen dar respuesta en cada Lugar, ni ofrecer defensa, ni dar símbolo, pues son seres sin símbolo; tampoco tienen un Receptor, sino que atraviesan todos los Lugares hasta llegar al Lugar del reino del Misterio que recibieron.
Del mismo modo, quienes reciban el Misterio en el segundo Espacio no tienen respuesta ni defensa, pues son seres sin símbolo en ese Mundo, es decir, en el Espacio del primer Misterio del Primer Misterio.
Y los del tercer Espacio, que es el Espacio exterior, es decir, el tercer Espacio contado desde el exterior, tienen en cada Lugar de ese Espacio sus propios Receptores, con su respuesta, [225a] su defensa y su símbolo. Todo esto os lo diré en el momento en que os hable de ese Misterio, es decir, cuando haya terminado de hablaros de la Distribución del Universo.
Sin embargo, en la disolución del Universo, es decir, cuando se haya completado el número de las almas perfectas y se haya completado el Misterio mediante el cual llegó a existir todo el Universo, pasaré mil años, según los años de la Luz, reinando sobre todas las emanaciones de la Luz y sobre todo el número de las almas perfectas, aquellas que recibieron todos los Misterios.
Sucedió entonces que, después de que Jesús terminara de decir estas palabras a sus discípulos, María Magdalena se adelantó y dijo:
—Mi Señor, ¿cuántos años, según los años de este Mundo, equivale a un año de la Luz?
Jesús respondió y dijo a María :
—Un día de la Luz equivale a mil años del Mundo, de modo que treinta y seis mil quinientos años del Mundo equivalen solamente a un año de la Luz.
Pasaré, por tanto, mil años de la Luz reinando en medio del último Ayudante, reinando sobre todas las emanaciones de la Luz y sobre todo el número de las almas perfectas, aquellas que recibieron los Misterios de la Luz.
Y vosotros, mis discípulos, junto con todo aquel que reciba los Misterios del Inefable, permaneceréis conmigo a mi derecha y a mi izquierda, reinando conmigo en mi reino.
Y también aquellos que reciban los tres Misterios de los cinco Misterios de ese Inefable serán corregentes con vosotros en el reino de la Luz. Y ellos no serán iguales a vosotros, sino que vosotros, junto con aquellos que reciban el Misterio del Inefable, estáis destinados a permanecer también después de ellos, reinando.
Y aquellos que reciban los cinco Misterios del Inefable permanecerán también después de aquellos que reciban los tres Misterios, reinando igualmente.
Y también aquellos que reciban los doce Misterios del Primer Misterio permanecerán todavía después de aquellos que reciban los cinco Misterios del Inefable y también reinarán, según el orden correspondiente a cada uno de ellos.
Y todos aquellos que reciban los Misterios en todos los Lugares del Espacio del Inefable también reinarán y permanecerán dentro de aquellos que reciben también los Misterios del Primer Misterio, distribuidos según la gloria de cada uno.
De modo que quienes reciban el Misterio más excelente permanecerán en el Lugar más excelente. Y quienes reciban el Misterio inferior permanecerán en el Lugar inferior, [226b] reinando en la Luz de mi reino.
Estos son solamente los lotes del Reino del Primer Espacio del Inefable. Aquellos que reciben también todos los misterios del Segundo Espacio, es decir, el Espacio del Primer Misterio, permanecerán igualmente en la Luz de mi Reino, distribuidos según la gloria de cada uno de ellos; cada uno permanecerá en el Lugar del Misterio que haya recibido.
Y aquellos que reciban los misterios que son más excelentes permanecerán también en el Lugar que está más alto; y aquellos que reciban los misterios que son inferiores permanecerán en el Lugar más bajo, en la Luz de mi Reino.
Este es el lote del Segundo Reino (Rey, MS) de aquellos que reciben el misterio del Segundo Espacio del Primer Misterio.
Aquellos que reciben también los misterios del Segundo Espacio, del Primer Misterio, es decir, el Primer Espacio (contando desde el exterior), también ellos permanecerán después del Segundo Reino (Rey, MS), distribuidos igualmente en la Luz de mi Reino según la gloria de cada uno de ellos. Permanecerán en el Lugar correspondiente a los misterios que hayan recibido, de modo que aquellos que reciban los misterios que son elevados permanecerán también en los Lugares elevados; y aquellos que reciban los Misterios que son inferiores permanecerán igualmente en los Lugares inferiores.
Estos son los tres lotes del Reino de la Luz. Los misterios de estos tres lotes de la Luz son muy, muy numerosos. Los encontraréis en los dos grandes libros de Ieou. Pero yo os daré y os explicaré los grandes misterios de cada lote, aquellos que son más excelentes que cada Lugar; es decir, los principios de cada Lugar y de cada ordenación, aquellos que conducirán a toda la raza de la humanidad hacia los Lugares elevados, según el Espacio de la Herencia.
Por lo tanto, no necesitáis los misterios restantes que son inferiores; los encontraréis en los dos libros de Ieou, aquellos que escribió Enoc, mientras yo hablaba con él desde el Árbol del Conocimiento y desde el Árbol de la Vida, en el paraíso de Adán.
Ahora bien, cuando haya terminado de explicaros la Distribución del Universo, os daré y os explicaré los grandes misterios de los tres lotes de mi Reino, es decir, los principios de los misterios que os daré y que os explicaré con todas sus figuras, con todos sus tipos, con todos sus signos (piedras, MS), y con los sellos del último Espacio, es decir, el Primer Espacio (contando desde el exterior).
Y os explicaré las respuestas, las defensas y los símbolos de ese Espacio.
Pero en cuanto al Segundo Espacio (contando hacia el interior), no tienen respuesta, ni defensa, ni símbolo, ni signo, ni sello; solamente tienen tipos con figuras.
Después de que el Salvador hubo terminado de decir todas estas cosas a sus discípulos, Andrés se adelantó y dijo:
—Señor mío, no te enojes conmigo, sino ten piedad de mí y revélame el misterio de la palabra que te estoy preguntando; de lo contrario, se me ha hecho difícil y no la he comprendido.
El Salvador le respondió:
—Busca aquello que deseas, y te lo revelaré cara a cara, sin parábola.
Pero Andrés respondió y dijo:
—Señor mío, estoy muy sorprendido y maravillado de que los hombres que están en el Mundo, que están en el cuerpo de esta materia, cuando salgan de este Mundo, puedan atravesar estos firmamentos con todos estos Gobernantes, con todos los Señores, con todos los Dioses, con todos estos grandes Invisibles, con todos los que están en el Lugar de los del Medio y con todos los que están en el Lugar completo de los de la Derecha, junto con todas las grandes Emanaciones de la Luz, y que todos ellos entren y hereden el Reino de la Luz.
Por eso, Señor mío, esto me resulta difícil de comprender.
Después de que Andrés hubo dicho estas cosas, el espíritu del Salvador se movió dentro de él y exclamó:
—¿Hasta cuándo tendré que soportaros? ¿Hasta cuándo tendré que sufrir por vosotros, si ni siquiera hasta este punto habéis comprendido y estáis sin conocimiento?
Entonces, ¿no sabéis vosotros, y no comprendéis, que vosotros, junto con todos los Ángeles, con todos los Arcángeles, con los Dioses, con los Señores, con todos los Gobernantes, con todos los grandes Invisibles, con todos los que están en el Medio, con todos los que están en el Lugar completo de los de la Derecha, y con todas las grandes Emanaciones de la Luz, con toda su gloria, todos vosotros, unos y otros, procedéis de la misma masa, de la misma materia, de la misma sustancia, y todos procedéis de la misma Confusión?
Y por mandato del Primer Misterio, la Confusión fue obligada a permanecer así hasta que todas las grandes Emanaciones de la Luz, con toda su gloria, fueran purificadas, y hasta que fueran purificadas de la Confusión.
Y no fueron purificadas por sí mismas, sino que fueron purificadas por obligación, conforme al ordenamiento del Único, el Inefable.
Y ellas no sufrieron en absoluto; tampoco las trasladaron de sus Lugares, ni las despojaron de nada, ni las fundieron en cuerpos diversos, ni llegaron a encontrarse en ninguna aflicción.
Sí, verdaderamente, vosotros sois las escorias del Tesoro; sois las escorias del Lugar de los de la Derecha; sois las escorias del Lugar de los del Medio; y sois las escorias de todos los Invisibles, junto con todos los Gobernantes. En una palabra, sois las escorias de todos ellos.
Y llegasteis a encontrarnos en grandes tribulaciones y grandes aflicciones, durante el cambio de unos cuerpos por otros en el Mundo.
Y después de todas estas tribulaciones, por vosotros mismos luchasteis y os esforzasteis, habiendo renunciado a todo el Mundo y a toda la materia que hay en él.
Y no dejasteis de buscar hasta que encontrasteis todos los misterios del Reino de la Luz, aquellos que os purificaron, os hicieron luz pura y os purificaron en gran medida; y llegasteis a ser luz purificada.
Por esto os dije una vez: «Buscad para que podáis encontrar» las cosas que os he dicho.
Os dije: «Buscaréis los misterios de la Luz, aquellos que acostumbran a purificar el cuerpo de la materia y a convertirlo en luz pura, completamente purificada».
En verdad os digo: por causa de la raza de la humanidad, porque es material, me despojé de mí mismo y llevé a los hombres todos los misterios de la Luz, para purificarlos, porque son las escorias de toda su materia.
De otro modo, ninguna alma de toda la raza de la humanidad habría sido salvada.
Y no heredarían el Reino de la Luz, excepto porque les llevé los misterios de la purificación.
Pues las Emanaciones de la Luz no necesitan los misterios, porque ya están purificadas; pero la raza de la humanidad es la que los necesita, porque todos son escorias materiales.
Por esto os dije una vez: «Los que están sanos no necesitan médico, sino los que están enfermos».
Del mismo modo, los de la Luz no necesitan los misterios, porque son luz y están purificados; pero la raza de la humanidad es la que los necesita, porque son escorias materiales.
Por esto, predicad a toda la raza de la humanidad: «No dejéis de buscar, de día y de noche, hasta que encontréis los misterios de la purificación».
Y decid a la raza de la humanidad:
«Renunciad a todo el Mundo y a toda la materia que hay en él. De otro modo, aquel que recibe y aquel que da en el Mundo, y aquel que come y bebe de su materia, y aquel que vive ocupado en todas sus preocupaciones y en toda su vida (politeia, MS), acumula para sí más materia sobre la materia que ya tiene.
Porque todo este Mundo, con todas las cosas que hay en él, con toda su vida (politeia, MS), son escorias materiales, y cada uno de ellos tendrá que responder por su purificación».
Por esto os dije una vez:
«Renunciad a todo el Mundo y a toda la materia que hay en él, para que no acumuléis para vosotros más materia sobre la materia que ya está en vosotros».
Por esto, predicad a toda la raza de la humanidad:
«Renunciad a todo el Mundo y a toda su vida (politeia, MS), para que no acumuléis para vosotros más materia sobre la materia que ya está en vosotros.
Y decidles:
No dejéis de buscar, de día y de noche, y no dejéis de renovar vuestra búsqueda, hasta que encontréis los misterios de la purificación, aquellos que os purificarán y os harán luz pura.
Entonces subiréis a la Altura y heredaréis la Luz de mi Reino».
Ahora, por tanto, también tú, Andrés, junto con todos tus hermanos y tus compañeros de discipulado, acerca de vuestras renuncias, con todas las tribulaciones que recibisteis de un lugar a otro, y con vuestros diversos cambios de cuerpo, y con todas vuestras aflicciones; y después de todo esto recibisteis los misterios de la purificación y llegasteis a ser luz pura, grandemente purificada. Por esto, pues, subiréis a la Altura y entraréis en todos los Lugares de las emanaciones de la Luz; y llegaréis a ser reyes en el reino de la Luz por toda la eternidad. Esta es la respuesta a las palabras que buscáis.
Ahora, por tanto, también tú, Andrés, ¿sigues todavía en la incredulidad y en la ignorancia? Pero cuando salgáis del cuerpo, vayáis a la Altura y lleguéis al Lugar de los Gobernantes, todos los Gobernantes sentirán vergüenza ante vosotros, porque sois las heces de su materia y habéis llegado a ser una Luz purificada más que todos ellos. Y cuando lleguéis al Lugar de los grandes Invisibles, al Lugar de los que están en el Medio, de los que están a la Derecha, y al Lugar de todas las grandes emanaciones de la Luz, recibiréis gloria junto con todos ellos, porque sois las heces de su materia y habéis llegado a ser una luz excelente, superior a todos ellos. Y todos los Lugares cantarán himnos ante vosotros, hasta que lleguéis a los Lugares del reino.
Después de decir esto, el Salvador supo claramente que Andrés no era el único, sino que también sabía con certeza que todos los discípulos heredarían el reino de la Luz. Todos se postraron, uno tras otro, a los pies de Jesús; clamaron, lloraron y suplicaron al Salvador, diciendo:
«Oh Señor, perdona el pecado de la ignorancia de nuestro hermano».
El Salvador respondió y dijo:
«Lo perdono y lo perdonaré. Por esto, pues, el Primer Misterio me envió para que perdonara los pecados de todos».
