ESTE LIBRO
SE LLAMA
SPLENDOR SOLIS
O
ESPLENDOR DEL SOL
Y ESTÁ DIVIDIDO EN SIETE PARTES, EN LAS QUE SE DESCRIBE EL MISTERIO OCULTO DE LOS ANTIGUOS FILÓSOFOS, ASÍ COMO TODO LO QUE LA NATURALEZA REQUIERE PARA LLEVAR A CABO CLARAMENTE LA OBRA COMPLETA, INCLUIDO TODO LO QUE DEBE AÑADIRSE; DESPUÉS DE LO CUAL, NADIE DEBERÁ INTENTAR ABORDAR CON SUS PROPIOS SENTIDOS EL MISTERIO DEL NOBLE ARTE.
YO SOY EL CAMINO Y LA SENDA RECTA; QUIEN PASE POR AQUÍ SIN DETENERSE ENCONTRARÁ UN LUGAR PARA UNA VIDA FELIZ Y, AL FINAL, SERÁ BENDECIDO PARA SIEMPRE.
PREFACIO
ALPHIDIUS, uno de los antiguos filósofos, dijo: «Todo aquel que no quiera tomarse la molestia de obtener la Piedra Filosofal hará mejor en no realizar ninguna investigación que en dedicarse únicamente a investigaciones inútiles».
Lo mismo dice RHASES en su libro La Luz de las Luces: «Que quede dicho, pues, para todos: les advierto encarecidamente que nadie sea tan temerario como para pretender comprender la desconocida mezcla de los elementos». Porque, como dice ROSINUS: «Todos aquellos que se ocupan de este Arte y carecen del conocimiento y de la comprensión de las cosas que los Filósofos han descrito en sus libros se equivocan enormemente; pues los Filósofos han fundado este arte en un principio natural, pero de una operación sumamente oculta».
Aunque es evidente que todas las cosas corpóreas se originan en la Tierra, y se mantienen y existen en ella, de acuerdo con el Tiempo y la Influencia de las Estrellas y los Planetas, como el Sol, la Luna y los demás, junto con las cuatro cualidades de los elementos, que actúan y trabajan en ella sin interrupción, creando así todo aquello que crece y se reproduce, cada cosa en su propia forma, sexo y sustancia, tal como fue creada en un principio por Dios, el Creador; en consecuencia, todos los metales se originan en la Tierra a partir de una materia especial y peculiar, producida por las cuatro propiedades de los cuatro elementos, que, al mezclarse, generan la fuerza metálica bajo la influencia de sus respectivos planetas.
Todo esto está bien descrito por el maestro de la filosofía natural, Aristóteles, en el cuarto libro de los Meteorológicos, cuando dice que el Mercurio es una materia común a todos los metales. Pero debe saberse que, en la Naturaleza, lo primero es la materia compuesta de los cuatro elementos.
Al reconocer esta propiedad de la Naturaleza, los Filósofos llamaron a su Materia Mercurius, o Mercurio.
No es necesario explicar aquí cómo este Mercurius adquiere la forma perfecta del oro, de la plata o de otros metales mediante la acción de la naturaleza. Los maestros de la Filosofía Natural lo describen suficientemente en sus libros.
Sobre estos principios se basa y se fundamenta el Arte de la Piedra Filosofal; pues tiene su origen en la Naturaleza y, a partir de ella, alcanza un fin natural y apropiado mediante medios igualmente justos y naturales.
PRIMER TRATADO
En el siguiente Tratado hablaremos sobre el origen de la Piedra de los Filósofos y el Arte de cómo producirla.
La Piedra Filosofal se produce por medio de la Naturaleza que reverdece y hace crecer. Hali el Filósofo dice acerca de ella: «Esta Piedra surge en las cosas que crecen y reverdecen». Por eso, cuando lo Verde es reducido a su naturaleza anterior, mediante la cual las cosas brotan y aparecen en el momento establecido, debe ser sometido a decocción y putrefacción según el método de nuestro arte secreto. De este modo, mediante el Arte puede ayudarse aquello que la Naturaleza cuece y pudre, hasta que, en el momento adecuado, le otorgue su forma propia; y nuestro Arte no hace más que adaptar y preparar la Materia como corresponde a la Naturaleza para tal obra, proporcionando también, con sabiduría premeditada, un recipiente adecuado para ella.
Pues el Arte no pretende producir de nuevo el Oro y la Plata, ya que no puede conferir a la materia su primer origen, ni es necesario buscar nuestro Arte en los lugares y cavernas de la tierra donde los minerales tienen su primer comienzo. El Arte procede de una manera completamente distinta y con una intención diferente de la Naturaleza y, por ello, también utiliza herramientas e instrumentos diferentes. Por esta razón, el Arte puede producir cosas extraordinarias a partir de los mencionados principios naturales, cosas que la Naturaleza por sí sola nunca sería capaz de crear. Pues la Naturaleza, sin ayuda, no produce cosas mediante las cuales los metales imperfectos puedan hacerse perfectos en un instante; pero, mediante los secretos de Nuestro Arte, esto puede hacerse.
Aquí la Naturaleza proporciona al Arte la Materia, y el Arte proporciona a la Naturaleza los Instrumentos adecuados y el método conveniente para que la Naturaleza produzca tales formas nuevas; y, aunque la Piedra antes mencionada solo puede ser llevada a su forma apropiada mediante el Arte, la forma procede de la Naturaleza. Pues la forma de todo cuanto existe, ya sea viviente, en crecimiento o metálico, llega a existir en virtud de la fuerza interior de la materia, excepto el alma humana.
Pero debe tenerse presente que la forma esencial no puede originarse en la materia si no es por efecto de una forma accidental; no por virtud de esa forma, sino en virtud de otra sustancia real, que es el Fuego o algún otro calor activo accidental.
A modo de alegoría, tomemos un huevo de gallina. En él, la forma del pollo no puede desarrollarse sin la presencia y la ayuda de una forma accidental, que es la mezcla de lo rojo con lo blanco, en virtud del calor procedente de la gallina que incuba. Y aunque el huevo es la materia de la gallina, no puede desarrollar su forma real ni su forma accidental de otro modo que mediante la putrefacción, causada por la influencia del calor. Del mismo modo, ni la forma real ni la forma accidental de la Piedra Filosofal pueden originarse en su materia natural sin la acción de la Putrefacción o la Decocción, de las cuales hablaremos más adelante.
La Putrefacción tiene lugar cuando el calor natural de un cuerpo húmedo es expulsado por un calor externo, o cuando el calor natural del sujeto es destruido por el frío. Entonces el calor natural abandona todas las cosas y deja lugar a la putrefacción.
Los Filósofos no se refieren a esta clase de Putrefacción. Su Putrefacción consiste en humedecer los cuerpos secos para que puedan ser restituidos a su estado anterior de Reverdecimiento y Crecimiento.
En este proceso de Putrefacción, lo húmedo y lo seco se unen y no son destruidos, pero la humedad se separa por completo de la sequedad; entonces es necesario separar las partes secas que se han convertido en cenizas.
Esta Incineración tampoco es la que los Filósofos quieren decir, sino su Putrefacción, que consiste en un secado, una trituración y una calcinación que deben realizarse de tal manera que la humedad y la sequedad naturales permanezcan unidas, pero separadas y secadas de la humedad superflua que es destructiva.
Del mismo modo que el alimento es absorbido al entrar en el estómago de un animal, para que pueda ser digerido y transformado y, posteriormente, proporcionar la fuerza nutritiva y la humedad necesarias para la existencia y el crecimiento de la naturaleza, separándose de sus partes superfluas.
De qué manera, entonces, todo debe ser alimentado conforme a su naturaleza se mostrará en la mencionada Piedra Filosofal.
SEGUNDO TRATADO
MATERIA Y NATURALEZA DE LA PIEDRA FILOSOFAL
MORIENUS dice: «Debes saber que toda la obra de este Arte termina en dos Operaciones que están estrechamente unidas, de modo que, cuando una ha terminado, la otra puede comenzar y concluir, completándose así todo el Magisterio». Pero, como estas operaciones actúan únicamente sobre su propia materia, es necesario dar más detalles acerca de ella.
Geber dice en su Summa Perfectionis Magisterii in Sua Natura que «la Naturaleza produce los Metales a partir del Mercurio y del Azufre». En el mismo sentido habla Ferrarius en su Tratado de Alquimia, en el capítulo 25, donde dice que, desde el origen mismo de los Metales, la Naturaleza emplea también un agua viscosa y pesada, mezclada con una tierra sulfúrica blanca, muy particular y sutil. Esta tierra resuelve la primera sustancia en vapor y emanación, la eleva por las venas o grietas de la tierra y la cuece, evapora y reúne durante tanto tiempo que, finalmente, la sequedad y la humedad se unen por completo. De este modo se forma la sustancia que llamamos Mercurio y que constituye la materia primera, propia y fundamental de todos los metales.
En el capítulo 26 vuelve a tratar este asunto de la siguiente manera: «Quienes quieran imitar a la Naturaleza no deben utilizar solamente Mercurio, sino Mercurio mezclado con Azufre; pero no el Mercurio y el Azufre comunes, sino únicamente aquellos que la propia Naturaleza ha mezclado, preparado y cocido hasta convertirlos en un fluido dulce. En un Mercurio semejante, la Naturaleza ha comenzado su primera operación y ha terminado en una naturaleza metálica; habiendo realizado así su parte, deja el resto al Arte para que complete su obra y la convierta en una Piedra Filosofal perfecta».
De lo anterior se verá que quien quiera proceder correctamente en este Arte debe, según todos los Filósofos, comenzar allí donde la Naturaleza ha dejado su obra, y debe tomar aquel Azufre y aquel Mercurio que la Naturaleza ha reunido en su forma más pura, en los cuales ha tenido lugar la unión inmediata, algo que nadie puede realizar de otro modo sin la intervención del Arte.
Para recibir la fuerza que penetra una materia tan sutil, algunos Alquimistas calcinan el Oro para poder disolverlo y separar sus elementos, hasta reducirlo a un espíritu volátil o a la naturaleza sutil de los vapores grasos del Mercurio y del Azufre. Esta es entonces la materia más cercana, la que se combina más estrechamente con el oro y recibe la forma de la oculta Piedra Filosofal. Esta materia recibe el nombre de Mercurio de los Filósofos. Acerca de él, Aristóteles, hablando con Alejandro, el Rey, dice: «Escoge para nuestra Piedra aquello con lo que se adornan y coronan los reyes».
Aunque este Mercurio es por sí solo la materia y la única cosa, y aunque contiene en sí la combinación de otras cosas, es tan múltiple en sus efectos y en sus nombres que nadie puede descubrir fácilmente su verdadero significado en los escritos de los Filósofos. Y esto se hace, como dice RosiNus, «para que no llegue a conocerlo cualquiera».
Al mismo tiempo, es una vía para producir efectos y un recipiente en el que todas las cosas se multiplican, debido a la disposición y armonización de todo cuanto está comprendido en la Naturaleza.
Por eso los Filósofos dicen: «disuelve la cosa, sublímala, después destílala, coagúlala, hazla ascender, hazla descender, empápala, sécala», y así sucesivamente hasta un número indefinido de operaciones, todas las cuales tienen lugar al mismo tiempo y en el mismo recipiente.
Alphidius confirma esto y dice: «Debes saber que, cuando disolvemos, también sublimamos y calcinamos sin interrupción». Y cuando nuestro Corpus es arrojado al agua con el propósito de disolverlo, primero se vuelve negro; después se separa, se disuelve y se sublima, y finalmente se une con el espíritu que es su origen y nacimiento.
Se lo ha comparado, por analogía, con todas las cosas del mundo, visibles o invisibles, dotadas de alma o carentes de ella, corpóreas o animales, muertas o vivas, minerales o vegetales; con los elementos y sus composiciones, con las cosas calientes y frías, y también con todos los colores, todos los frutos, todas las aves y, en suma, con todas las cosas que existen entre el Cielo y la Tierra.
Y entre todas estas cosas se encuentran las operaciones pertenecientes a este Arte, que los Filósofos explican mediante dos palabras: «Hombre y Mujer», o «Leche y Crema». Quien no comprende estas expresiones no comprende la preparación de este Arte.
EL TERCER TRATADO
AHORA SIGUEN LOS MEDIOS POR LOS CUALES SE PERFECCIONA TODA LA OBRA DE ESTE MAGISTERIO; EXPLICADOS MEDIANTE ALGUNAS ILUSTRACIONES ADECUADAS, PARÁBOLAS Y DIVERSOS AFORISMOS DE LOS FILÓSOFOS
HERMES, Padre de la Filosofía, dice: «Es verdaderamente necesario que, al final de este mundo, el Cielo y la Tierra se encuentren y vuelvan a unirse». Con «Cielo» y «Tierra» se refiere a las dos Operaciones mencionadas anteriormente; pero, antes de que la Obra llegue a su término, surgen muchas dudas. Para que las siguientes Figuras puedan comprenderse mejor, ofrecemos algunas Parábolas a modo de explicación:
ESTA ES LA PRIMERA PARÁBOLA:
Dios creó la Tierra llana y tosca, muy abundante en grava, arena, piedras, montañas y valles; pero, por influencia de los planetas y por la acción de la Naturaleza, la Tierra ha cambiado y adoptado muchas formas.
En el exterior hay piedras duras, altas montañas y profundos valles; y en el interior de la Tierra se encuentran cosas y colores extraordinarios, como minerales y sus primeras formaciones. De este modo, la Tierra se ha apartado de su forma original de la siguiente manera:
Cuando la Tierra comenzó a crecer, expandirse y multiplicarse, la acción constante del calor del Sol formó también en su interior un calor húmedo y vaporoso, de naturaleza sulfurosa, que la penetró por completo.
Esta acción penetrante del calor del Sol provocó, en la frialdad y humedad de la Tierra, la formación de grandes cantidades de vapores, humos, niebla y gases. Con el paso del tiempo, todos ellos se hicieron lo bastante fuertes como para seguir su tendencia natural a elevarse, provocando así en la superficie de la Tierra erupciones que formaron colinas, valles y otras irregularidades.
Donde existen tales colinas y valles, allí la Tierra ha alcanzado una mayor madurez y se ha mezclado de la manera más perfecta con calor y frío, humedad y sequedad; y es allí donde pueden encontrarse los mejores minerales.
Pero donde la Tierra es llana no se ha producido tal acumulación de humos y vapores, y allí no se encontrarán minerales.
En cambio, las partes elevadas del suelo, especialmente aquellas que han sido fangosas, arcillosas y fértiles, y que han quedado impregnadas de humedad procedente de lo alto, volvieron a ablandarse, formando capas semejantes a una masa, una sobre otra. Con el paso del tiempo, bajo la influencia del calor del Sol, estas capas se hicieron cada vez más compactas, duras y cocidas.
Otros terrenos, como la grava y la arena, aunque quebradizos y al mismo tiempo blandos, permanecen unidos como racimos de uvas; pero son demasiado pobres y secos y no han recibido suficiente humedad. Por ello, no pudieron formar capas, sino que permanecieron llenos de huecos, como una papilla mal preparada o como una masa harinosa a la que no se le ha añadido suficiente agua.
Pues ninguna tierra puede convertirse en piedra a menos que sea rica, viscosa y esté bien mezclada con humedad.
Después de que el agua se haya secado por efecto del calor del Sol, la sustancia grasa mantendrá unido el suelo, pues de otro modo este permanecería quebradizo y volvería a desmoronarse.
Aquello que todavía no se haya endurecido por completo puede llegar a hacerlo y convertirse en piedra bajo la influencia constante del calor del Sol y de la Naturaleza, así como de los vapores y gases mencionados anteriormente, que se originan en las propiedades de los elementos y que, por estos medios, siguen siendo transformados en el interior de la Tierra.
Y cuando estos vapores y gases se apoderan de vapores acuosos junto con una sustancia terrestre pura y sutil, entonces forman el Mercurio de los Filósofos; pero cuando son sólidos y son llevados a una dureza ígnea, terrestre y sutil, entonces el resultado será el Azufre de los Filósofos.
Acerca de este Azufre, Hermes dice:
«Recibirá los poderes de los planetas superiores e inferiores y, con su fuerza, penetrará las cosas sólidas, vencerá toda materia y todas las piedras preciosas».
LA SEGUNDA PARÁBOLA
Hermes, el Primer Maestro de este Arte, dice lo siguiente:
«El Agua del Aire, que se encuentra entre el Cielo y la Tierra, es la Vida de todas las cosas; pues, mediante su Humedad y su Calor, actúa como medio entre los dos opuestos, como el Fuego y el Agua. Por eso hace llover agua sobre la tierra. El Cielo se ha abierto y ha enviado su Rocío sobre la tierra, haciéndola dulce como la miel y húmeda.
Por ello, la Tierra florece y produce flores y frutos de múltiples colores; y en su interior ha crecido un gran Árbol con un tronco de plata, que se extiende hasta la superficie de la tierra.
En sus ramas se han posado muchas clases de aves, todas ellas marchándose al amanecer, cuando la Cabeza del Cuervo se volvió blanca.
Este mismo árbol produce tres clases de Frutos.
El Primero son las perlas más finas.
El Segundo es llamado por los Filósofos Terra Foliata.
El Tercero es el Oro más puro.
Este Árbol nos proporciona también el fruto de la Salud: calienta lo que está frío y enfría lo que está caliente; humedece lo que está seco y seca lo que está húmedo; ablanda lo que es duro y endurece lo que es blando. Y esta es la culminación de todo el Arte.
A este respecto dice el Autor de Las Tres Palabras:
“Las Tres Humedades son las Palabras más preciosas de todo el Magisterio”.
Y lo mismo dice Galeno cuando habla de la Hierba Lunatica o Berissa.
Su raíz es una Tierra Metálica; tiene un tallo rojo, salpicado de negro; crece fácilmente y también se marchita con facilidad, y después de tres días adquiere Flores Citrinas.
Si se introduce en Mercurio, se transforma en Plata perfecta; y esta, a su vez, mediante una cocción posterior, se transforma en Oro, que entonces convierte cien partes de Mercurio en el Oro más fino.
De este árbol habla Virgilio en el sexto libro de la Eneida, cuando relata una fábula acerca de cómo Eneas y Silvio llegaron hasta un árbol que tenía ramas de oro; y cada vez que alguien arrancaba una rama, otra crecía en su lugar.
LA TERCERA PARÁBOLA
Avicena dice en el capítulo sobre las Humedades:
«Cuando el Calor actúa sobre un cuerpo húmedo, el primer resultado es la negrura».
Por esta razón, los antiguos Filósofos declararon que vieron elevarse una Niebla que cubría toda la superficie de la tierra. También vieron la impetuosidad del Mar y las corrientes que se extendían sobre la superficie terrestre, y cómo esta última se volvía sucia y maloliente en medio de la oscuridad.
Además, vieron al Rey de la Tierra hundirse y lo oyeron gritar con voz ansiosa:
“Quien me salve vivirá y reinará conmigo para siempre en mi esplendor, sobre mi trono real”.
Y la Noche envolvió todas las cosas.
Al día siguiente vieron sobre el Rey una especie de Estrella de la Mañana, y la Luz del Día disipó la oscuridad. La brillante luz del Sol atravesó las nubes con múltiples rayos de diversos colores y resplandeciente claridad; de la tierra surgió una dulce fragancia, y el Sol brilló con claridad.
Con ello se completó el Tiempo en que el Rey de la Tierra fue liberado y renovado, elegantemente vestido y de gran belleza, hasta el punto de asombrar con su hermosura al Sol y a la Luna.
Fue coronado con tres preciosas coronas: una de Hierro, otra de Plata y la tercera de Oro puro.
En su mano derecha llevaba un Cetro con Siete Estrellas, todas ellas irradiando un Resplandor Dorado; y en su mano izquierda llevaba una manzana de oro, sobre la cual estaba posada una Paloma blanca, con las Alas parcialmente plateadas y parcialmente de color dorado.
De esta Paloma habló tan acertadamente Aristóteles cuando dijo:
«La destrucción de una cosa es el nacimiento de otra».
Con ello quiere decir, en este Arte del Magisterio:
«Priva a la cosa de su Humedad destructiva y renuévala con su propia Humedad Esencial, que se convertirá en su perfección y en su vida».
LA CUARTA PARÁBOLA
Menaldus el Filósofo dice:
«Ordeno a todos mis descendientes que espiritualicen sus cuerpos mediante la Disolución, y que vuelvan a materializar las cosas espirituales por medio de una suave decocción.
A propósito de esto, Senior dice lo siguiente:
“El Espíritu disuelve el cuerpo y, en la Disolución, extrae el Alma del cuerpo; transforma este cuerpo en Alma, y el Alma se transforma en Espíritu; y el Espíritu vuelve a añadirse al cuerpo, pues así adquiere estabilidad”.
Aquí, por tanto, el cuerpo se vuelve espiritual por la fuerza del Espíritu.
Esto es lo que los Filósofos dan a entender mediante la siguiente representación o figura:
Vieron a un hombre negro, como un negro africano, atrapado y pegado en un lodo negro, sucio y de olor desagradable. Para ayudarlo llegó una joven, hermosa de rostro y aún más hermosa de cuerpo, magníficamente adornada con vestidos de muchos colores.
Tenía alas en la espalda, cuyas plumas eran iguales a las del más fino pavo real blanco, y sus cañones estaban adornados con hermosas perlas, mientras que las plumas resplandecían como espejos de oro.
Sobre la cabeza llevaba una corona de oro puro, y encima de ella una estrella de plata. Alrededor del cuello llevaba un collar de oro fino, con un rubí tan precioso que ningún rey podría pagar su precio.
Sus pies estaban calzados con zapatos de oro, y de ella emanaba un perfume magnífico, superior a todos los demás aromas.
Ella vistió al hombre con una túnica púrpura, lo elevó hasta su mayor luminosidad y lo llevó consigo al Cielo».
Por eso dice Senior:
«Es una cosa viviente, que ya no muere; y cuando se utiliza, produce un aumento eterno».
LA QUINTA PARÁBOLA
Los Filósofos atribuyen a este Arte dos cuerpos, a saber: el Sol y la Luna, que son la Tierra y el Agua. También los llaman Hombre y Mujer, y de ellos nacen cuatro hijos: dos varones, que son el calor y el frío, y dos mujeres, que son la humedad y la sequedad.
Estos son los Cuatro Elementos, que constituyen la Quintaesencia, es decir, la verdadera Magnesia blanca, en la cual no hay nada falso.
En conclusión, Senior observa:
«Cuando estos cinco se reúnen, forman una sola sustancia, de la cual se hace la Piedra natural».
Mientras que Avicena sostiene:
«Si conseguimos alcanzar el Quinto, habremos llegado al final».
Procuremos, pues, comprender mejor este significado.
Los Filósofos toman como ejemplo un huevo, pues en él están unidos los cuatro elementos.
La primera parte, es decir, la cáscara, es la Tierra; la clara es el Agua. Pero la membrana que se encuentra entre la cáscara y la clara es el Aire, y separa la Tierra del Agua.
La yema es el Fuego, y también está envuelta en una fina membrana, que representa nuestro aire sutil, más cálido y más sutil porque está más cerca del Fuego, y que separa el Fuego del Agua.
En el centro de la yema se encuentra el Quinto Elemento, del cual nace el polluelo y a partir del cual crece.
Así vemos que en un huevo todos los elementos están combinados con la materia para formar un principio de naturaleza perfecta, exactamente como es necesario en este noble Arte.
LA SEXTA PARÁBOLA
Rosinos cuenta una visión que tuvo de un hombre cuyo cuerpo estaba muerto y, sin embargo, era hermoso y blanco como la Sal.
Su cabeza tenía un hermoso aspecto dorado, pero estaba separada del tronco, al igual que todos sus miembros.
Junto a él se encontraba un hombre de aspecto desagradable, de rostro negro y cruel, con una espada de doble filo manchada de sangre en su mano derecha; él era el asesino del hombre bueno.
En su mano izquierda sostenía un papel en el que estaba escrito lo siguiente:
«Te he matado para que puedas recibir una vida sobreabundante; pero esconderé cuidadosamente tu cabeza, para que los libertinos del mundo no puedan encontrarte y destruir la tierra; y enterraré el cuerpo para que pueda pudrirse, crecer y dar innumerables frutos».
LA SÉPTIMA PARÁBOLA
Ovidio, el antiguo romano, escribió con el mismo propósito cuando mencionó a un antiguo Sabio que deseaba rejuvenecerse.
Se le dijo que debía permitir que lo cortaran en pedazos y que estos fueran sometidos a una decocción perfecta; entonces sus miembros volverían a unirse y recuperarían nuevamente una gran abundancia de fuerza.
EL CUARTO TRATADO
DE LOS MEDIOS POR LOS CUALES LA NATURALEZA ALCANZA SUS FINES
ARISTÓTELES, en el Libro de los Orígenes, dice lo siguiente: «El Sol y el Hombre crean a un Hombre, pues la fuerza y el espíritu del Sol dan vida, y el proceso debe realizarse siete veces, mediante el calor del Sol».
Pero, así como los Filósofos, en su obra, tienen que ayudar a la Naturaleza mediante el Arte, también deben regular el calor de acuerdo con el Sol, para crear la Piedra antes mencionada, la cual asimismo debe pasar por siete procesos.
Pues una obra semejante requiere:
Primero: un calor suficientemente poderoso para ablandar y fundir aquellas partes de la tierra que se han vuelto densas, duras y endurecidas, como menciona Sócrates cuando dice que los agujeros y las grietas de la tierra serán abiertos para recibir la influencia del Fuego y del Agua.
Segundo: el calor es necesario porque, mediante su poder, la tierra queda libre de la oscuridad y, en su lugar, recibe la luz. A este respecto, Senior dice que el calor convierte todo lo negro en blanco, y todo lo blanco en rojo.
Así, mientras el agua blanquea, el fuego desprende luz y también da color a la tierra purificada, que aparece como un Rubí, debido al Espíritu tintóreo que recibe de la fuerza del fuego. Esto hace que Sócrates diga que una luz peculiar será visible en medio de la oscuridad.
Tercero: el calor hace que las sustancias terrestres sean penetradas por una Fuerza Espiritual, acerca de la cual se dice en la Turba: «Espiritualizad los cuerpos y haced Volátil aquello que está Fijo».
Sobre esto, Rhazes recuerda en su Luz de las Luces lo siguiente: «Un cuerpo pesado no puede hacerse ligero sin la ayuda de un cuerpo ligero, ni un cuerpo ligero puede mantenerse sometido a la tierra sin la ayuda de un cuerpo pesado».
Cuarto: el calor purifica aquello que es impuro. Elimina las impurezas minerales y los malos olores, y nutre el Elixir.
Al respecto, Hermes aconseja: «Separad lo grueso de lo sutil, la tierra del fuego».
De esto dice Alphidius: «La tierra puede fundirse y convertirse en fuego».
Y Rhazes dice: «Hay varias Purificaciones que preceden a la preparación perfecta, a saber: Mundificación y Separación».
Quinto: el calor actúa elevando, pues mediante su fuerza los espíritus ocultos en la Tierra son elevados al aire. Por ello, los Filósofos dicen que quien sea capaz de sacar a la luz una cosa oculta es Maestro del Arte.
Lo mismo quiere decir Morienus cuando enseña que «quien puede recrear el Alma es capaz de ver el color», y también Alphidius al decir: «Por eso este Combate eleva hacia arriba; de lo contrario, no obtendrás ningún beneficio de él».
Sexto: el calor calienta la tierra fría, que mientras estaba fría se encontraba medio muerta.
Sobre esto dice Sócrates: «Cuando el Calor penetra, vuelve sutiles todas las cosas terrestres que sirven a la materia, pero que no alcanzan una forma definitiva mientras actúa sobre la materia».
Los Filósofos resumen los calores mencionados con estas breves palabras: «Destilad siete veces y habréis separado la humedad destructible, y esto ocurre como en una sola destilación».
Séptimo: la fuerza del calor se mezcla de tal manera con el calor de la tierra que ha aligerado las partes reunidas y las ha disuelto, de modo que estas llegan a superar a los demás elementos. Por ello, este calor debe ser moderado con la Frialdad de la Luna.
«Extinguid el Fuego de una cosa con la Frialdad de otra», dice Calid.
Octavo: Auctor de Trium Verborum, el autor de Las Tres Palabras, expone en sus escritos un método particular para regular el Calor o el Fuego. Dice:
«Cuando el Sol está en Aries, indica el Primer Calor, o Primer Grado del Fuego, que es débil porque el calor está bajo el dominio del Agua.
Pero cuando el Sol está en Leo, indica el Segundo Grado, que es más caliente, porque la gran frialdad del Agua se encuentra bajo el dominio del Aire.
En el signo de Sagitario está el Tercer Grado; este no es un calor ardiente, y está bajo el dominio o el orden del Reposo y la Pausa».
EL QUINTO TRATADO
SOBRE LAS DIVERSAS OPERACIONES DE TODA LA OBRA
EN CUATRO CAPÍTULOS
PRIMER CAPÍTULO
La Disolución es la primera operación que debe realizarse en el Arte de la Alquimia, pues el orden de la Naturaleza exige que el Cuerpo, la Materia, se transforme en Agua, que es el Mercurio del que tanto se habla. La Plata Viva disuelve el Azufre puro que está unido a ella.
Esta Disolución no es otra cosa que la muerte de lo húmedo por medio de lo seco; en realidad, es una Putrefacción y, por consiguiente, hace que la Materia se vuelva negra.
SEGUNDO CAPÍTULO
La siguiente operación es la Coagulación, que consiste en convertir nuevamente el Agua en el Cuerpo o la Materia; con ello se quiere decir que el Azufre, que antes había sido disuelto por la Plata Viva, la absorbe y la atrae hacia sí.
El Agua que se ha convertido en Tierra, y que el Cuerpo ha absorbido, necesariamente muestra otros y diversos colores. Pues si cambian las propiedades de aquello que actúa, también debe cambiar aquello sobre lo que se actúa.
Esto se debe a que, en la Disolución, la Plata Viva es activa, mientras que en la Coagulación es pasiva: es decir, recibe la acción de la operación.
Por esta razón, este Arte se compara con el juego de los niños, quienes, cuando juegan, ponen abajo lo que antes estaba arriba.
TERCER CAPÍTULO
La tercera operación es la Sublimación, que consiste en destilar la humedad de la tierra mencionada anteriormente; pues, si el Agua se transforma en Tierra, se evapora hasta adquirir la ligereza del Aire y se eleva por encima de la tierra como una pequeña nube alargada, semejante a un huevo.
Esta es el Espíritu de la Quinta Esencia, llamado Tintura, Anima, Fermentum u Óleo, y constituye la materia inmediatamente anterior a la Piedra de los Filósofos.
De la Sublimación quedan las cenizas, que, en virtud de su propio Aire, recibido de Dios, se disuelven por sí mismas mediante un calor moderado. Después de esto, en el fondo del vaso queda una tierra de naturaleza y propiedades ígneas, calcinada.
Esta es la verdadera Sublimación filosófica, mediante la cual se lleva a cabo el método perfecto. Y por esta razón este Arte se compara con el trabajo de las mujeres, que consiste en cocinar y asar hasta que la preparación esté lista.
CUARTO CAPÍTULO
El cuarto capítulo muestra que la última o cuarta cosa, perteneciente a esta Agua que ha sido separada de la Tierra, debe volver a unirse a la Tierra. Una cosa debe realizarse con la otra si se quiere perfeccionar la Piedra.
La razón por la que todas las cosas naturales se reúnen en un solo cuerpo es que pueda formarse una composición unificada.
En estos últimos cuatro capítulos está contenido todo aquello con lo que los Filósofos han llenado el mundo entero de innumerables libros.
DESCRIPCIÓN DE LAS IMÁGENES DEL SPLENDOR SOLIS
LA PRIMERA IMAGEN
Dos hombres se acercan a una puerta arqueada situada en el lado izquierdo de la imagen. Dejan atrás un paisaje para entrar en el interior del edificio, en cuya estancia pueden verse dos hermosos soles dorados.
Uno de los hombres va ligeramente por delante del otro y se dirige a él. Está vestido sencillamente con una túnica roja y medias azules. El otro viste de manera más lujosa, aunque de negro, y lleva a su lado derecho una espada o un bastón.
El suelo bajo el arco está embaldosado o decorado con un diseño de mosaico, mientras que el terreno está cubierto de césped verde.
Desde este arco hacia la parte delantera de la imagen se extiende el espacio hasta el primer plano, donde hay tres escalones planos de piedra. Sobre ellos descansa un escudo azul celeste, de tipo heráldico. En este escudo está pintado el Sol dorado inferior, sobre el cual se superpone un casco o yelmo negro, coronado por un paño azul que cae desde arriba y está adornado con estrellas doradas.
Este Sol inferior y el escudo están colocados en diagonal, aproximadamente a 45 grados.
La boca del Sol está redondeada y está pintada de manera que parece un rostro humano; cada uno de sus ojos presenta la misma característica. De este modo, aparecen tres rostros en uno solo.
Los ojos parecen estar llenos de lágrimas; la boca parece mostrar ligeramente la lengua, seca y reseca; y el rostro está manchado o moteado, como si estuviera marcado por la viruela o por los efectos de una vida impura.
Los rayos que rodean la circunferencia están agrupados y se proyectan formando curvas:
[Aquí, en el original, aparece una representación gráfica de la disposición de los rayos.]
El Sol superior se encuentra más arriba, suspendido en el aire, y es radiante, pero tiene una expresión pensativa y seria.
El halo dorado que lo rodea alterna rayos rectos y ondulados:
[Aquí, en el original, aparece una representación gráfica del halo.]
El rayo inferior de todos ellos es más largo que los demás y apunta hacia el centro de tres medias lunas oscuras:
[Aquí, en el original, aparece una representación gráfica de las tres formas.]
Cada una de las medias lunas situadas debajo es más grande que la anterior.
La imagen está coronada por el lema:
ARMA ARTIS
(Las armas del arte).
El lema está escrito en rojo y adornado con un borde dorado, sobre el cual están representados dos monos: uno de ellos entrega un pez a una garza, mientras que el otro toca una guitarra. También aparecen un búho, una abubilla y otras aves, junto con frutas y flores que completan la decoración.
LA SEGUNDA IMAGEN
Un hombre vestido con una túnica roja, un gorro rojo y una capa exterior de color púrpura.
En su mano izquierda sostiene un recipiente de cuello largo —una calabaza, cucurbitácea o redoma de vidrio de tipo alquímico— que está lleno hasta aproximadamente un tercio de su capacidad con un líquido amarillento y transparente, parcialmente luminoso.
Con el dedo índice de la mano derecha señala el líquido con expresión pensativa, mientras camina por el primer plano de un hermoso paisaje.
El borde de la imagen muestra un fondo dorado, sobre el cual están representados un ciervo, un pavo real, una abeja, una mariposa, aves, grosellas rojas y flores.
Del cuello de la cucúrbita cuelga una cinta negra, sobre la cual están escritas en letras doradas las palabras:
“Eamus Quesitum Quatuor Elementorum Naturas”
(“Vayamos a buscar las naturalezas de los cuatro elementos”).
LA TERCERA IMAGEN
Un caballero vestido con una armadura oscura adornada con oro. En su mano derecha sostiene una espada desenvainada y en la izquierda lleva un estandarte o escudo rojo, sobre el cual aparece escrita en letras doradas la siguiente inscripción:
“Ex DuABus Aqui Unam Facite, Qui Quaeritis Sole ET Luna Facere et Date Bibere Inimico Vino. Et ViDEBiTis Cum Mortuum. Deinde de Aqua Terra Facite, et Lapidem Multiplicastis”
(“De dos aguas haced una sola, vosotros que buscáis hacer el Sol y la Luna, y dad de beber al enemigo el vino. Y veréis qué ocurre con el muerto. Después, haced tierra a partir del agua, y multiplicaréis la piedra.”)
LA CUARTA IMAGEN
Se encuentra de pie sobre dos fuentes, con un pie en cada una. La fuente de la derecha está coronada por una pequeña figura desnuda de un niño, de la que brota un líquido negro que desborda y, a través de un conducto que la conecta con la otra fuente, pasa a la fuente de la izquierda. Esta, a su vez, está coronada por una pequeña figura desnuda de una niña, de la que brota un líquido dorado que cae en el recipiente situado debajo. Al mezclarse con él, este líquido transforma por completo la corriente negra en agua dorada.
La fuente desborda y forma un gran lago dorado que se extiende a lo lejos. Alrededor del lago se ve una aldea y un hermoso paisaje, etc.
LA CUARTA IMAGEN
Representa, en el lado derecho, a un Rey vestido con ropajes rojos y dorados, con una corona de oro sobre la cabeza, de pie sobre un fuego ardiente y sosteniendo un cetro en la mano. En el cetro hay un pergamino con la inscripción, en letras doradas:
«CoAGULA Masculinum»
El Rey habla con una Reina vestida de azul, con el forro de su vestido de color rojo. Ella sostiene un pergamino azul en el que está escrito, con letras doradas:
«Lac virginis»
La Reina está de pie con ambos pies sobre una Luna llena y oscura. Sobre su cabeza, suspendido en el aire, hay un Sol plateado y tenue, cuyos ojos están dirigidos hacia el Rey, con una expresión interrogante y esperanzada.
Sobre la cabeza del Rey hay un Sol de color rojo dorado, cuyos ojos están dirigidos hacia la Reina con una expresión de tristeza.
Al fondo se extienden una ciudad y un paisaje. Alrededor del borde de la imagen aparecen aves y flores sobre un fondo dorado.
En la parte superior de la imagen está el lema:
«Particularia.»
En la parte inferior está escrito:
«Via Universalis, Particularibus Inclusis.»
LA QUINTA IMAGEN
Representa a dos hombres trabajando en una cantera, excavando una roca y buscando oro. En primer plano, flotando sobre el agua, hay una Luna creciente de color bronce.
Debajo aparece la palabra:
«Esther,»
Y debajo de ella se muestra el interior del palacio del rey Asuero, que está sentado en su trono mientras entrega su cetro a la Reina.
En la parte superior de la imagen aparecen dos figuras desnudas de niños. Uno sostiene un ave en la mano; el otro, situado en la esquina opuesta, está alimentando a otra ave.
LA SEXTA IMAGEN
Contiene un árbol con ramas y frutos de oro, cuya raíz está rodeada por una corona dorada.
Apoyada contra el árbol hay una escalera de siete peldaños. Sobre ella se encuentra un hombre, situado entre el sexto y el séptimo peldaños, vestido de negro y con polainas o botas doradas. Sostiene una rama y se la tiende a un hombre que está abajo, vestido con una túnica roja, cubierta por otra túnica de color blanco violáceo.
Anteriormente, este hombre había entregado una rama semejante a otro hombre vestido con una túnica de color blanco violáceo, cubierta por una túnica roja.
Debajo de la imagen hay un baño abierto en el que se están bañando cuatro mujeres. Una fuente dorada arroja un chorro de agua al baño. Cerca de este hay dos mujeres de pie: una vestida de amarillo y la otra de rojo. Cada una sostiene en sus manos un objeto redondo y negro, semejante a un sombrero o a un plato.
A través de la puerta situada a la derecha se ven dos hombres, uno vestido de azul y otro de púrpura. A la izquierda de la imagen aparecen otros dos hombres vestidos de verde.
En una galería situada arriba y al fondo hay un hombre vestido de azul que se asoma para mirar. Frente a él se encuentra un Rey vestido de rojo, acompañado por sus asistentes: uno vestido de verde y otro de negro. Ellos también miran hacia abajo, en dirección al baño.
Cada una de las mujeres que se están bañando lleva alrededor del cuello dos hileras de cuentas de oro (amuletos).
Sobre el árbol hay posado un gran pájaro negro con la cabeza blanca, picoteando los frutos. Trece aves de distintos colores están emprendiendo el vuelo y alejándose por el aire.
Al fondo se extiende un paisaje sencillo, con una humilde cabaña a cierta distancia. Detrás se levantan montañas, y del suelo brotan ramas y flores doradas que completan la imagen.
LA SÉPTIMA IMAGEN
Representa a una reina, o a un joven rey, envuelto en una túnica de armiño y oro, bordada, suelta y fluida. En la mano derecha sostiene un cetro coronado por siete estrellas doradas, y en la izquierda, una esfera de oro.
En un plano más alejado se ve a un rey nadando o ahogándose en el mar, extendiendo los brazos como si pidiera ayuda para salvar la vida. Un Sol dorado brilla en lo alto y proyecta sus rayos hacia la reina. A la izquierda del Sol hay una estrella luminosa rodeada por un halo dorado, que también dirige sus rayos hacia la reina, o joven rey.
El marco es dorado y está decorado con una mariposa, fresas, pájaros y flores.
En la parte inferior hay dos pequeñas imágenes en forma de entaglio, de tonos gris azulado. La de la izquierda representa a un hombre desnudo que golpea con una porra a una mujer sentada en el suelo junto a un sátiro; ambos levantan los brazos para protegerse del golpe. A su lado crece un árbol.
La imagen de la derecha es muy parecida, pero aparece una cuarta figura masculina, de pie, que intenta impedir que el hombre de la porra golpee a las otras dos personas.
El paisaje, con sus colinas, el sendero en primer plano y la vista a lo lejos, es extraordinariamente hermoso. Flores con puntas doradas sobresalen por encima de la vegetación, y toda la escena es tan perfecta que nadie sentiría el deseo de cambiarla ni de intentar mejorarla.
LA OCTAVA IMAGEN
Representa a una reina con alas de ángel, vestida con extraordinaria magnificencia. Lleva una corona de oro y adornos dorados alrededor del cuello, junto con cadenas de oro. Sus mangas son amarillas y su falda, amplia y fluida, está decorada con un motivo de follaje verde y flores rojas y azules.
De su hombro izquierdo cuelga un drapeado azul con bordes dorados. Sus zapatillas son rojas y doradas.
En la mano sostiene una túnica carmesí con bordes dorados, que extiende hacia un hombre negro desnudo que está de pie hasta las rodillas en un charco de barro negro.
Su brazo izquierdo es blanco y está ligeramente manchado. Su brazo derecho, el cuello y la cabeza son de color rojo sangre. Mantiene la mano derecha sobre el muslo derecho, como si intentara cubrir su desnudez.
Está de pie con el lado derecho vuelto hacia nosotros y, de perfil, se ve una esfera circular de cristal transparente que cubre la cabeza, dejando visible solamente el perfil. A través de esta esfera pueden verse, en el órgano de la autoestima, situado en el pómulo derecho y por encima del ojo derecho, tres puntos luminosos; en cada uno de ellos aparece una pequeña cruz roja.
La reina parece animarlo y mostrar compasión por él.
Al fondo se observa un paisaje con un lago. Se distinguen una aldea, un camino por el que caminan algunas personas a lo lejos y una barca navegando por el lago, con islas en el extremo más distante.
Sobre la corona de la reina hay una estrella plateada.
En la parte inferior aparecen dos ciervos, dos monos y un loro. Flores sobre un fondo dorado en el marco completan la imagen.
LA NOVENA IMAGEN
En primer plano, sobre un paisaje magnífico, de aspecto casi claudesco, se encuentra una figura masculina de formas exquisitas, vestida de negro con bordes dorados y con hileras de botones en forma de cruz, rojos y dorados, en la parte delantera.
Lleva una banda roja y dorada alrededor de la cintura, adornada con una franja de borlas u ornamentos dorados.
Tiene dos cabezas y dos cuellos. Una de las cabezas es la de un hombre de cabello castaño claro y ojos azules, sin barba ni bigote; la otra es un hermoso rostro femenino de ojos azules y cabello rubio o rojizo.
Una emanación o halo dorado irradia desde la cabeza masculina, mientras que de la femenina emana una radiación plateada.
El rostro del hombre mira hacia la izquierda de la imagen, mientras que el de ella mira hacia la derecha. El perfil de él se superpone a la parte posterior de la cabeza de ella hasta llegar aproximadamente al borde de su ojo derecho, de modo que ambos rostros pueden verse con bastante claridad.
En el hombro derecho del hombre hay una ala carmesí, mientras que ella tiene un ala tenue, de tonos púrpura y blanco.
En la mano izquierda sostiene un huevo dorado, en el que ambos están concentrados, y en la mano derecha sostiene un escudo circular.
El borde del escudo está rodeado de oro y naranja. A continuación hay un círculo interior de aspecto grisáceo, moteado o marmóreo; después, otro círculo, más estrecho, de color verde oscuro y azul. Dentro de este hay un pequeño paisaje, semejante a uno visto a través de una lente de doble concavidad dentro de un tubo.
Pájaros, flores y uvas sobre un fondo dorado completan la imagen.
LA DÉCIMA IMAGEN
Representa a un hombre feroz y de aspecto siniestro, con el cabello negro, salvaje y despeinado. Está vestido de rojo, con una prenda exterior blanca sombreada en púrpura pálido, y sostiene una espada desenvainada en la mano derecha.
En la mano izquierda sostiene la cabeza dorada de un cadáver de piel clara y hermosa. El cuerpo yace a sus pies, recién mutilado. Los brazos y las piernas están separados del cuerpo y muestran la carne roja, limpia y recién cortada.
La escena está representada en unos terrenos abiertos junto a un palacio. Un río pasa por allí y por él navegan góndolas. Al fondo se ven castillos y magníficas mansiones, como en la época de esplendor de Venecia, cuando la ciudad era una ciudad de palacios.
Varias personas pasean y permanecen en los terrenos, dentro del campo de visión, pero no parecen darse cuenta de la escena que tiene lugar allí.
Sobre la vegetación en la que se representa esta escena macabra pueden verse varias puntas doradas.
En la parte inferior aparecen dos pequeñas imágenes doradas.
La de la izquierda representa a un rey conduciendo cuatro caballos de río. Detrás de ellos hay una figura femenina en una barca, que sostiene dos riendas unidas a los caballos y, de este modo, hace que la barca avance.
La imagen de la derecha representa a una mujer en una barca que sostiene en la mano derecha un tenedor de tres puntas, un tridente, sin mango, y en la izquierda las riendas con las que guía a tres caballos de río.
Un sátiro y dos mujeres avanzan delante de ella; detrás vienen otras dos figuras, una de las cuales está sentada sobre la espalda de un tritón.
Pájaros y flores sobre un fondo dorado completan la imagen.
LA UNDÉCIMA IMAGEN
En el patio de un magnífico palacio, y bajo una galería, hay un horno circular sobre el cual se encuentra un recipiente de hierro o una caldera de cobre llena de agua. Dentro de ella hay un hombre desnudo, de piel roja, sumergido hasta el pecho. Sobre su cabeza se posa una paloma de alas blancas extendidas, sombreadas de azul.
Un hombre aviva el horno con un par de fuelles, con gran atención y ansiedad. Lleva una prenda interior roja, una prenda inferior azul, un abrigo negro ribeteado de azul, zapatillas negras y un delantal blanco. Tiene el cabello algo largo y descuidado. Toda su apariencia delata que es un trabajador o artesano.
En una galería elevada y distante se observan dos figuras. Una es una mujer vestida de rojo que lleva un matraz en la mano; la otra es un hombre vestido de color púrpura pálido, que mira hacia el hombre que se encuentra en el baño caliente.
Junto al trabajador hay una cucúrbita o retorta de vidrio, unas tenazas y carbón para el fuego.
En dos nichos de la pared pueden verse las figuras de Mercurio y Júpiter.
En la base o pedestal de una columna hay un intaglio o bajorrelieve de Vulcano trabajando como herrero, con un ayudante que tiene un brazo levantado y sostiene un martillo, como si estuviera ayudándolo.
Aves y flores sobre un fondo dorado completan el borde de esta imagen.
LA DUODÉCIMA IMAGEN
Representa, como elemento principal de la composición, un gran nicho muy ornamentado que contiene una gran cucúrbita o retorta de vidrio colocada verticalmente y herméticamente sellada. La retorta se encuentra sobre una guirnalda verde y está rodeada, en su parte más estrecha, por una corona roja y dorada que llega aproximadamente hasta una cuarta parte de la altura desde la parte superior.
Dentro de esta cucúrbita se ve un niño desnudo que sostiene en la mano derecha un frasco o crisol negro, cuyo contenido está vertiendo en la garganta de un dragón o de algún monstruo acuático de aspecto horrible, provisto de garras, escamas y alas semejantes a aletas. Sus patas y su pecho están cubiertos de manchas parecidas a ojos de plumas de pavo real.
En la mano izquierda, el niño sostiene un pequeño par de fuelles, que dirige hacia el corazón del monstruo.
Sobre el nicho aparece una figura alegórica de Mercurio sentado en un carro. Lleva en la mano izquierda un caduceo y en la derecha una hoz. Delante de él hay un niño recostado sobre el carro, mientras Mercurio conduce dos dragones o monstruos verdes y dorados.
En la parte inferior de la imagen se ve un río del que un anciano extrae agua y la vierte en un barril; sin embargo, el agua sale del barril tan rápidamente como él consigue llenarlo.
Un hombre con las piernas desnudas está pisoteando pieles de animales dentro de una tina, mientras un curtidor, situado delante de él, está raspando el pelo de una piel.
Un anciano encorvado por la edad pide limosna a un hombre de mediana edad, acomodado y bien vestido.
En el margen derecho, más allá del río, aparece una mujer alimentando a un cerdo. Un hombre está sujetando a otro cerdo por una pata con una mano y por la oreja con la otra, mientras otro cerdo aparece encerrado en una caja, como si estuviera destinado a ser transportado o sacrificado.
Más allá se ve a un hombre con un tiro de cuatro caballos que arrastra un arado, mientras otro hombre está golpeando a uno de los animales, uno de color marrón. Tres de los caballos son marrones y uno es blanco; este último parece tirar con mucha disposición.
Más lejos todavía, un hombre está golpeando con un garrote a otro hombre cuyas manos están atadas a la espalda. Y, aún más lejos, se ve una gran multitud de personas alrededor de una horca donde un hombre está siendo ahorcado.
En el margen izquierdo aparecen dos personas con discapacidades que buscan y reciben limosna de un caballero. Más allá de ellas se ve un cortejo fúnebre que entra en un cementerio situado junto a una gran catedral.
Cuatro personas vestidas de negro, que guardan silencio, siguen el ataúd, que es llevado por cuatro hombres. El ataúd tiene forma de techo de cabaña, está pintado de blanco y lleva dos bandas negras que lo atraviesan.
LA DECIMOTERCERA IMAGEN
Es otro nicho similar, con una cucúrbita coronada de la misma manera por una corona o diadema dorada.
Dentro del recipiente de vidrio hay tres palomas o aves. Una es roja, otra blanca y la tercera negra. Las dos primeras están ocupadas picoteando o atacando a la negra, que ha quedado tendida de espaldas y levanta las patas en defensa propia.
La paloma blanca la picotea debajo de la cola, mientras que la roja la picotea en la cabeza.
En la superficie exterior del vidrio, frente a la cabeza del ave roja, aparecen destellos dorados.
Debajo de la base del nicho hay una gran y ancha escalera situada en el interior del Vaticano. A mitad de la escalera hay un amplio rellano, sobre el cual se encuentran una mesa y dos baúles o cajas negras.
Sobre la mesa hay una balanza, dos montones de oro, frascos de tinta, un escritorio y un documento impreso que cuelga por un lado de la mesa.
Un hombre vestido de rojo y azul, con un gorro azul, está sentado a la mesa sobre una silla negra y examina un libro grande. Dos hombres están de pie junto a la mesa y aparentemente conversan entre sí.
Uno de ellos está vestido con una túnica azul, lleva un gorro escarlata y una especie de bufanda que cuelga por la espalda. El otro viste una túnica carmesí ribeteada de oro, lleva la cabeza descubierta y sostiene en la mano un libro iluminado.
Dos escalones más arriba, a la izquierda, hay un hombre arrodillado sobre una alfombra carmesí. Está vestido con ropas rojas y doradas.
Dos escalones más arriba todavía se encuentra sentado el Papa, vestido de rojo y oro y llevando su triple corona dorada, en el acto de colocar una corona sobre la cabeza del hombre arrodillado.
El Papa está rodeado por numerosos cardenales y otras personas. Más atrás se ven otros personajes que parecen estar conversando.
En el patio cuadrangular se observan dos personas trabajando con un alambique o una retorta, mientras a lo lejos aparecen una jauría de perros y personas participando en una cacería.
Cerca, se ve a un humilde suplicante arrodillado sobre una rodilla, como si estuviera solicitando algún favor a estos caballeros que se encuentran fuera del lugar y que evidentemente poseen cierta autoridad.
Sobre el nicho hay una escena mitológica en la que aparece un hombre con dos flechas en la mano, sentado en un carro tirado por dos pavos reales. En una de las ruedas del carro aparece Sagitario y en la otra Piscis.
Un caballero está arrodillado sobre una rodilla y le ofrece un plato, etc.
El resplandor del Sol aparece detrás de él.
Júpiter en Sagitario y Piscis.
LA DECIMOCUARTA IMAGEN
Una cucúrbita de vidrio similar, situada en un nicho dorado. Dentro del vidrio, erguida, hay un ave blanca sombreada de azul, con tres cabezas, cada una de ellas adornada con una corona de oro.
Sobre el nicho aparece una representación mitológica de Marte, con escudo y lanza, sentado en un carro delante del cual hay una serpiente enroscada. En la rueda delantera aparece Capricornio y en la trasera, Cáncer. El carro está tirado por dos zorros.
Debajo y alrededor del margen se desarrolla una guerra entre jinetes con casco y armadura, vestidos por encima de esta con faldas rojas y doradas, y la población a pie, armada con lanzas, etc. A lo lejos pueden verse casas ardiendo y el ganado siendo capturado. Posiblemente se pretende representar escenas de la guerra suiza de emancipación.
LA DECIMOQUINTA IMAGEN
Una cucúrbita similar, colocada en un nicho carmesí, cuyo borde está decorado con fresas, vainas de guisantes, flores y un pájaro.
Dentro de la cucúrbita hay un monstruoso dragón de tres cabezas, con largos cuellos unidos a un solo cuerpo, similar al que aparece en la duodécima imagen. Las cabezas están orientadas hacia la derecha: la más cercana a nosotros es blanca, la del centro es roja y la más alejada es negra; los cuellos están todos salpicados de verde.
El nicho está coronado por una representación alegórica de un Rey vestido de oro y sentado en un carro de dos ruedas de color verde claro, tirado por dos caballos con arneses dorados, sobre nubes con bordes dorados. En la rueda aparece la figura de Leo. Delante del Rey hay un Sol dorado, inclinado y situado a la altura de su rostro, cuya influencia le permite irradiar a su alrededor una emanación o halo dorado. Sol en Leo.
Debajo de la cucúrbita aparece un Rey vestido con ropajes reales rojos y dorados, con vestimenta interior y gorro negros, sentado sobre un estrado en un prado. Delante de él y a su alrededor hay diez cortesanos con vestimentas magníficas y variadas; otro está montado sobre un caballo espléndidamente engalanado.
La continuación del paisaje en el margen derecho muestra a hombres bien vestidos practicando diversos ejercicios atléticos: lanzamiento de piedras, lucha, tiro con arco, etc. En el margen izquierdo aparece un Rey con corona, vestido con túnicas azules y púrpuras, observando a dos hombres que practican con espadas. Dos muchachos permanecen junto a ellos, sosteniendo en sus manos otras dos espadas, como si estuvieran allí para atenderlos. Al fondo pueden verse otras personas practicando con espadas. El paisaje muestra un río y castillos a lo lejos.
LA DECIMOSEXTA IMAGEN
Un nicho dorado similar, aunque más imaginativo. La parte superior tiene una abertura circular que permite que la punta superior de la cucúrbita de vidrio sobresalga a través de ella. Desde este punto cuelgan dos cadenas de oro, cuyos otros extremos están sujetos a dos pilares situados a los lados del nicho, aproximadamente a tres cuartas partes de su altura.
Dentro de la cucúrbita hay un pavo real bellamente pintado, mirando hacia abajo a un grupo de músicos que se encuentra debajo. Uno de ellos toca una guitarra y otro una viola. Una dama vestida de rojo y oro también toca una viola, mientras que otra dama, vestida de azul y oro, y una tercera, vestida de amarillo y oro, cantan juntas.
En el lado izquierdo de la imagen hay dos caballeros y una dama sentados a la mesa, bebiendo vino y comiendo uvas. En el lado derecho se extiende un paisaje, donde se ven varios hombres y mujeres caminando en parejas. A la izquierda aparece un arroyo en el que muchas personas se están bañando.
El nicho está coronado por la figura de una dama vestida con ropajes rojos y dorados, sosteniendo una flecha de oro en la mano y sentada en un carro rojo y dorado. En una de las ruedas aparece Aries y en la otra Libra: Venus en Aries y Libra. El carro está tirado por dos palomas que avanzan sobre nubes con bordes dorados.
Delante de ella, sobre el carro, se encuentra una pequeña figura de Cupido con arco y flecha, en el acto de disparar, mientras ella lo sujeta por detrás con un cordón de oro. En el cielo, sobre él, aparece un corazón rojo, radiante de oro y atravesado por una flecha roja. Un Sol dorado y radiante descansa sobre el corazón; su parte superior queda cortada por el borde superior de la imagen.
LA DECIMOSÉPTIMA IMAGEN
Una cucúrbita y un nicho dorado similares a los de la imagen número catorce. Dentro de la cucúrbita aparece la figura de una Reina, con la parte superior del cuerpo desnuda, pero con una túnica de color azul pálido que le cubre holgadamente el resto del cuerpo, excepto los pies y los tobillos, que están desnudos. A su alrededor hay un halo ovalado semejante a un arco iris azul y amarillo.
Debajo de sus pies se encuentra una representación dorada, de perfil, del Sol. Sobre el borde dorado del nicho hay flores pintadas, y el nicho está coronado por la figura azul de un hombre sobre un carro azul, que sostiene en la mano una vara caducea radiante. El carro es tirado por dos gallos; en una de las ruedas aparece Géminis y en la otra, Virgo. Mercurio en Géminis y Virgo.
Debajo de la base del nicho hay dos filósofos estudiando un globo terráqueo. Otro está escribiendo en un escritorio, mientras que otro se encuentra sentado a la mesa, contando oro y colocándolo en bolsas.
A la derecha de la mesa hay un antiguo órgano, que está siendo accionado por un hombre situado detrás, junto a los fuelles, mientras el organista manipula las teclas por delante. Dos cantores y un hombre que toca un instrumento de viento de metal completan este grupo, que representa el Comercio, la Ciencia, la Literatura y la Música, mientras que la Escultura está representada por dos hombres que trabajan con martillos y cinceles sobre un pedestal de piedra bajo y corto.
El fondo representa una ciudad comercial muy activa y próspera, posiblemente Venecia.
LA DECIMOCTAVA IMAGEN
En otro nicho dorado, rodeado de pájaros y flores sobre un fondo dorado, se encuentra una cucúrbita de vidrio similar.
En su interior aparece un joven Rey, vestido de rojo y oro. Tiene las piernas desnudas desde la parte superior de las rodillas hasta la parte inferior de las pantorrillas. Lleva botas rojas y doradas. Sostiene una esfera dorada en la mano izquierda y un cetro en la derecha.
Está de pie sobre una luna creciente, con el lado convexo hacia arriba, y un halo ovalado de luz lo rodea, proyectando una gran luminosidad en todas direcciones, formada por intensas emanaciones amarillas y doradas.
El nicho está coronado por un carro dorado tirado por dos figuras femeninas vestidas de rojo y oro. En el carro está sentada una figura femenina que sostiene en la mano una Luna creciente, con el lado cóncavo hacia arriba. En la rueda del carro aparece el signo de Escorpio (la Luna en Escorpio).
Debajo de la base del nicho hay un río, sobre cuya superficie se ven aves acuáticas. Aparecen pescadores en una barca lanzando redes; otros pescan con cañas y otros disparan. También se ven personas practicando la cetrería, lavando ropa en el río, cazando, montando a caballo y navegando en barca. Más lejos, y hasta el extremo del paisaje, aparecen barcos navegando. Cerca del primer plano, una rueda de molino es movida por la corriente del río.
LA DECIMONOVENA IMAGEN
Es un tema sumamente sombrío, de aspecto extraño y casi siniestro.
Se representa un paisaje desolado y árido, con árboles negros, raquíticos, marchitos y secos en primer plano. En el centro del paisaje, en la zona intermedia, hay un monstruoso Sol negro, cuya mayor parte se encuentra hundida bajo tierra, aunque todavía es visible y emerge parcialmente sobre el terreno.
El ascenso de este Sol negro, semejante a una masa erizada y fúnebre, cubre y oculta por completo el cuerpo del verdadero Sol, que se encuentra detrás. Más allá puede verse la radiación dorada del verdadero Sol, cuya luz, teñida de oro, ilumina un hermoso paisaje situado en la extrema distancia.
Las nubes que aparecen arriba son rojas, y los edificios que se distinguen a lo lejos, en el extremo del paisaje, también son rojos y resplandecientes.
A través de toda esta oscuridad del primer plano pueden verse débiles rayos dorados que la atraviesan, como si emanaran del verdadero Sol oculto, situado detrás de todo.
El borde de la imagen está decorado con orugas, mariposas, pequeños pájaros, caracoles, flores, etc., sobre un fondo dorado, completando así la composición.
LA VIGÉSIMA IMAGEN
En una habitación alargada se ven diez niños de distintas edades jugando. Seis de ellos están desnudos, tres están vestidos de azul y uno de amarillo.
Entre sus principales entretenimientos hay caballitos de juguete sin patas, pequeños molinos de viento de papel, un cojín convertido en carro para que los niños puedan dar paseos, y otros juguetes similares.
La madre está sentada en el extremo más alejado de la habitación, dando de mamar a un bebé que tiene en el regazo y vigilando atentamente a toda la familia. Está vestida de rojo y oro y lleva una capa negra.
Se ve una grajilla caminando por el suelo. El gato está en un rincón. En el suelo hay una bañera y una palangana, preparadas para ser utilizadas, y sobre una repisa situada encima de la puerta hay dos botellas que contienen un líquido amarillento.
A través de la puerta se ve a una criada en otra habitación, ocupada en sus tareas.
LAS IMÁGENES VIGÉSIMA PRIMERA Y VIGÉSIMA SEGUNDA
Mariposas, orugas, polillas, moscas, caracoles, frutas y flores sobre un fondo dorado completan esta imagen.
LA VIGÉSIMA PRIMERA IMAGEN
Presenta un río y un paisaje. En primer plano hay un caldero con fuego debajo, rodeado de algunos recipientes de barro negro.
En el primer plano aparecen nueve mujeres lavando y escurriendo ropa, tendiéndola, poniéndola a secar y blanqueándola.
Casas, castillos con minaretes, etc., embellecen el paisaje. Pájaros, bayas, mariposas y flores, sobre un fondo dorado, completan el borde de la imagen.
LA VIGÉSIMA SEGUNDA IMAGEN
Muestra el Sol recién salido, de color rojo dorado, con una expresión seria, pensativa y severa. Sus ojos parecen tan penetrantes que dan la impresión de querer explorar y cuestionar lo más profundo del alma.
Sobre el paisaje pesa la quietud sagrada de la noche, y todo presenta una tonalidad grisácea y negruzca. Se distingue una ciudad sobre la colina, justo debajo de la barbilla del Sol. Sin embargo, parece estar todavía envuelta en la noche.
No hay nada que indique actividad o movimiento; todo parece sumido en la noche y el sueño, como si el Sol hubiera aparecido silenciosamente, SIN QUE NADIE SE DIERA CUENTA, A PRIMERÍSIMA HORA DE LA MAÑANA, y no pudiera dar ninguna luz a la Tierra ni despertar a sus habitantes.
SOBRE EL GOBIERNO DE LOS FUEGOS
Unos pocos árboles quemados, en primer plano y a media distancia, muestran por sí solos leves matices de oro.
Aves, fresas y flores sobre un fondo dorado, en el margen, completan la imagen, que está llena del MÁS PROFUNDO MISTERIO que puede ser conocido por el ser humano, aquí o en el más allá.
SOBRE EL GOBIERNO DE LOS FUEGOS
Si una cosa es privada de su calor, entonces deja de haber movimiento en ella. En el orden de la naturaleza, el padre se transforma en el hijo, lo que significa que lo espiritual se materializa y que lo volátil se vuelve permanente; o que el Sol y la Luna han regresado a su morada. De estos dos planetas también habla Senior:
«Yo soy un Sol caliente y seco, mientras que tú, Luna, eres fría y húmeda; y cuando nos elevemos según el orden de nuestra más antigua nobleza, una luz ardiente será derramada sobre nosotros».
Con ello indica que, mediante el conocimiento y el dominio de los antiguos, se recibirán las renovaciones de las humedades, y el Sol y la Luna se volverán transparentes.
La Scala Philosophorum trata del fuego de la siguiente manera:
«El calor o fuego de toda la obra es uniforme, pues algunos dicen que el calor del primer régimen debe ser como el calor de una gallina que empolla; otros, que debe ser como el calor natural de la digestión de los alimentos y de la nutrición del cuerpo; mientras que algunos consideran apropiado el calor del Sol cuando se encuentra en el signo de Aries».
Aunque la piedra se obtiene mediante una sola operación, el funcionamiento del Fuego debe, sin embargo, cambiar tres veces.
En la primera operación de la obra, el calor debe ser suave, moderado y cálido, hasta que la materia se vuelva continuamente negra, y después hasta que vuelva a hacerse blanca. Este calor se compara con el calor del Sol cuando está en Aries y comienza a avanzar hacia Tauro.
Cuando aparece el Blanco, el Fuego debe aumentarse y mantenerse hasta que se produzca el secado completo o la calcinación de la Piedra; este calor se compara con el calor del Sol cuando está en Tauro y se dirige hacia Géminis.
Y cuando la piedra está perfectamente seca y calcinada, el fuego debe hacerse todavía más intenso, hasta que la piedra se vuelva perfectamente roja y quede revestida por el fuego con un manto real. Este calor se compara con el calor del verano, cuando el Sol está en Leo; es decir, cuando se encuentra en su máxima dignidad, en su propia casa.
Esto es suficiente en cuanto al gobierno del Fuego.
EL QUINTO TRATADO
SEGUNDA PARTE
SOBRE LOS COLORES QUE APARECEN EN LA PREPARACIÓN DE LA PIEDRA
MIRALDO, el filósofo, dice en la «Turba»: «Se vuelve negra dos veces, amarilla dos veces y roja dos veces; por tanto, cuécela, pues durante el proceso de cocción aparecen muchos colores, y según estos debe modificarse el grado de calor. Y aunque aparecen todos los colores, solo hay tres que sean los más importantes entre todos ellos».
Los colores principales son el negro, el blanco y el rojo; entre estos aparecen muchos otros. Uno de ellos es un color amarillento que aparece después del blanco o después del primer rojo. MIRALDO lo considera un color perfecto, mientras que CONCILIATOR lo considera imperfecto y dice que permanece tan poco tiempo sobre la materia que apenas puede verse.
Pero el otro color amarillento que aparece después del blanco perfecto y antes del primer rojo puede observarse durante algún tiempo y, por ello, es un color perfecto. Este es el mismo que MIRALDO menciona anteriormente. Sin embargo, estos colores no permanecen tanto tiempo como el negro, el blanco o el rojo, que permanecen en la materia durante cuatro días; aunque el negro y el rojo aparecen por segunda vez en estado perfecto.
Pero el primer color perfecto es el negro, que resulta del calor más suave.
Según CONCILIATOR, el Blanqueamiento debe realizarse con un calor moderado, hasta que desaparezca el negro. Mientras que LUCAS, el filósofo, dice en la «Turba»:
«Guárdate de un calor excesivo, porque si haces el fuego demasiado intenso al principio, entonces aparecerá el rojo antes de tiempo, lo cual es inútil; pues al comienzo de su tratamiento debe aparecer primero el negro, después el blanco y, por último, el rojo».
BALEO, el filósofo, dice en la «Turba»:
«Cuece tu composición hasta que la veas blanca, y apágala en vinagre; después separa el blanco del negro, pues el blanco es señal de que se aproxima la Fijación. Debe extraerse del negro mediante el fuego de la calcinación, pues el aumento del calor separa las partes superfluas, dejándolas como una tierra gruesa debajo de la Materia, semejante a una bola negra y áspera, incapaz de mezclarse con la materia pura y sutil de la Piedra».
Esto es lo que dicen los Filósofos: «El rojo debe extraerse del blanco», pues en él no hay nada superfluo ni nada que deba separarse, sino que todo se vuelve perfectamente rojo; para ello ordenan aumentar la intensidad del fuego.
Por esta razón, PITÁGORAS dice:
«Cuanto más cambien los colores, más fuerte debes hacer el fuego, y no debes tener miedo de ello. Pues la Materia está fijada en el Blanco, y sus especies no se escapan de él».
Sobre estas palabras, el filósofo LUCAS dice:
«Cuando nuestra Magnesia se vuelve blanca, no pierde sus especies».
Esto puede ser suficiente acerca de los Colores de la Obra Filosófica Secreta. Ahora sigue la conclusión de la misma.
HERMES, padre de los Filósofos, dice que:
«No se debe sacar la Magnesia blanca mencionada anteriormente hasta que todos los colores sean perfectos; entonces se convertirá en un Agua que se divide en otras cuatro Aguas, a saber: una en dos y tres en una. Una tercera parte de ella pertenece al calor y dos terceras partes a la humedad. Estas Aguas son los Pesos de los Filósofos».
También debe saberse que la Vid, que es una Savia de los Filósofos, se extrae en el Quinto, pero su Vino debe abrirse (¿terminarse?) en el Tercero, y mediante la preparación adecuada.
Pues durante la Cocción disminuye, mientras que durante la Trituración adquiere su propia forma. En todo esto están contenidos el principio y el fin.
Por ello los Filósofos dicen que fue perfeccionada en siete días; otros dicen que en cuatro días; algunos dicen que en tres tiempos, otros en cuatro tiempos, otros en diez días, otros en cuarenta días, y otros en un año.
La Turba y Alfidio dicen: en las cuatro estaciones del año, es decir, primavera, verano, otoño e invierno. Otros dicen de nuevo que en un día, una semana o un mes.
Geber y Aristóteles, estos Filósofos, dicen: en tres años.
Todo esto no es sino una misma cosa en otra cosa, pues los Filósofos dicen que las operaciones son múltiples, y del mismo modo lo son los tiempos, los pesos y los nombres en consecuencia. Todo ello debe conocerlo bien un Artista inteligente; de lo contrario, no podrá producir nada.
SEXTO TRATADO
SOBRE LAS PROPIEDADES DE LA OBRA COMPLETA EN LA PREPARACIÓN DE LA PIEDRA FILOSOFAL
La CALCINACIÓN se coloca al principio de la Obra como el Padre de una generación, y es de tres clases, dos de las cuales pertenecen al Cuerpo o Materia, y la tercera al Espíritu.
La primera es una preparación de la Humedad Fría, que protege la madera para que no se queme, y constituye el comienzo de nuestra Obra. La segunda es una humedad grasa, que quema la madera.
La tercera es una incineración de la tierra seca, y produce una humedad verdaderamente fija y sutil; es pequeña en cantidad y no produce llamas, sino que proporciona un cuerpo tan transparente como el vidrio.
Así ordenan los Filósofos que se realice la Calcinación, y se lleva a cabo con aqua permanente, o con aceto ACCERRIMA [vinagre muy fuerte]. Tales humedades se encuentran en los metales, pues son el principio de la fusión.
Esto lo demuestra Hermes cuando dice:
«El agua es el principio de todas las sustancias blandas».
Por tanto, la Calcinación es la manifestación de una humedad destructiva y de la aplicación de una sustancia húmeda y ardiente, extraña al cuerpo, de la cual procede su esencia y su vida.
Por esta razón se la llama una fusión de la incineración, que tiene lugar con el Agua de los Filósofos; en realidad, esta es la Sublimación, o Solución Filosófica, pues transforma la dureza seca en una suavidad seca. De este modo se extrae la QUINTA ESENCIA y se produce la separación de los elementos.
Esto ocurre para que aquellas partes que habían quedado secas y compactadas por el Fuego sean hechas sutiles por medio del Espíritu, que es un agua resolvente. Esta humedece el cuerpo incinerado, disminuye y transforma el calor destructivo introducido en una resolución aérea, que es propia de ese elemento.
Por eso se llama sublimación: porque mediante este proceso la tierra grosera se vuelve fina o sutil y se transforma en la humedad del agua; y el frío de esta agua, junto con el calor del aire y la humedad del aire, se transforma en el calor del fuego. Esta es una reversión de los elementos y la extracción de la QUINTA ESENCIA de las impurezas elementales.
Y esta QUINTA ESENCIA es una humedad radical de naturaleza elevadísima, que tiñe de manera infinita.
Es además la verdadera Fijación, de la cual dice Geber:
«Lo que se vuelve fijo se ilumina y se transforma en una sustancia bella y transparente».
De ella surge el SULPHUR PHILOSOPHORUM, o azufre de los Filósofos, es decir, la ceniza extraída de la ceniza, sin la cual toda la Obra resulta inútil.
Pues es un agua metálica, generada en el cuerpo, que le da vida. Es un Elixir de la Tinción roja y blanca, y un espíritu volátil que tiñe.
En esta Obra tiene lugar también la verdadera Ablución, o limpieza de la negrura y del hedor. Y los Muertos volverán a vivir mediante la introducción de un calor puro e indestructible y de una humedad metálica que proporciona la fuerza tintórea. Por medio de esto se efectúa también la Putrefacción de los Filósofos, de la que se habló al principio de este libro: esta restaura lo que existía antes y saca a la luz aquello que estaba oculto.
Por eso dice la Turba:
«La Putrefacción es lo primero y exige el máximo secreto».
Es la verdadera separación de los elementos, invirtiéndolos en esta Operación. La Turba dice además:
«Invierte los elementos; haz seco lo húmedo y fija aquello que es volátil; pulverízalo y prepáralo todo cuidadosamente».
Esta es la Trituración de los Filósofos.
Por ello, Senior declara que la Calcinación es inútil si el resultado no queda reducido a polvo.
Es también la Decocción de la que hablan todos los Filósofos, especialmente Alberto Magno, cuando dice que, entre todas las artes, ninguna sigue a la naturaleza tan de cerca como la Alquimia, debido a la decocción y a la formación.
La primera tiene lugar en aguas ígneas, rojas y metálicas, que poseen mucho de forma y poco de materia.
Es asimismo la Asación filosófica, o tostado, pues la humedad accidental se consume mediante un fuego suave, y debe tenerse muchísimo cuidado de que el espíritu que seca el cuerpo no escape de él; de lo contrario, la operación no sería perfecta.
Es también la Destinación de los Filósofos, o clarificación, que no es otra cosa que unir una cosa con su propia humedad esencial.
Y mediante la Coagulación, los Filósofos completan toda la Obra.
De esto dice Hermes que la Tierra es su nodriza, con lo cual quiere decir que su poder queda completo cuando se transforma en una tierra permanente, capaz de producir innumerables efectos, como veremos más adelante.
Nada puede realizarse de una manera más natural que este Arte, siempre que se siga en verdad y no solamente en su forma y apariencia exterior.
Esto mismo lo confirma Senior al decir:
«No existe hombre alguno capaz de practicar este Arte sin la naturaleza. Sí, y con aquella naturaleza que nos ha sido dada por el Cielo para unirse con la naturaleza».
SÉPTIMO TRATADO
DE LOS MÚLTIPLES EFECTOS DE TODA LA OBRA, Y DE POR QUÉ LOS FILÓSOFOS INTRODUCEN TANTOS NOMBRES Y ALEGORÍAS EN ESTE ARTE DE LA PREPARACIÓN DE LA PIEDRA DE LOS FILÓSOFOS
Es un dicho común entre los Filósofos que quien sabe cómo matar la plata viva es maestro de este arte. Pero hay que prestar muchísima atención a su Mercurio, pues lo describen de maneras muy diversas y bajo numerosos nombres.
Senior dice así:
«Nuestro Fuego es Agua. Si puedes dar Fuego al Fuego y Mercurio al Mercurio, entonces ya sabes lo suficiente».
Y añade:
«El Alma se extrae mediante la Putrefacción, y cuando ya no queda nada más del Alma, entonces has lavado bien el Cuerpo, de modo que ambos vuelvan a ser uno».
Entonces se le llama quinta essentia, la Quintaesencia, o un Espíritu, Agua Permanente o Menstruo.
La TURBA dice también:
«Toma Mercurio y coagúlalo en el cuerpo de Magnesia, o en el Azufre que no arde, y disuélvelo en el Vinagre más fuerte; y en este Vinagre no se volverá ni negro, ni blanco, ni rojo, y así se convierte en Mercurio muerto, y es de color blanco, y antes de acercarlo al fuego se vuelve rojo».
La TURBA habla de ello de la siguiente manera:
«Ponlo en Oro y se convertirá en un Elixir, es decir, en su Tintura; es una hermosa agua extraída de muchas tinturas, que da vida y color a todos aquellos a quienes se administra».
Además, la Turba continúa:
«El color rojo tirio es el mejor de todos; después viene un costoso color Púrpura, y este es el verdadero Mercurio; produce un dulce aroma y es una verdadera Tintura».
De esto se puede ver claramente que todos los Filósofos no solo atribuyen a Mercurio el comienzo del arte, sino también su etapa intermedia y su perfecto final.
Hermes, padre de los filósofos, habla de él de esta manera:
«He estado observando un ave llamada el órsan de los Filósofos, que vuela cuando se encuentra en los Signos de ARIES, CÁNCER, LIBRA o CAPRICORNIO, y esta ave puedes recibirla para toda la eternidad a partir de verdaderos minerales y preciosas piedras de las montañas.
Debes separar las partes, y especialmente aquello que queda después de la separación, y que es llamado de la complexión de la Tierra. Verás que aparece en muchos colores; entonces los sabios lo llamarán “ceram sapientae” y “plomo”».
En relación con esto, los Filósofos hablan de tostar y destilar durante días de tiempo, según el Número y la División de las Partes, diciendo:
«Sublima, rectifica, fija hasta que se adhiera al suelo; después calcina e imbibe hasta que fluya; hazlo muerto y vuelve a darle vida; lima y rompe hasta que el secreto quede revelado y el secreto revelado vuelva a ser separado.
Separa los Elementos y únelos nuevamente; extrae el Alma del Cuerpo. Después rectifica el Cuerpo y el Espíritu; haz blanco a Venus, priva a Júpiter de su rayo, endurece a Saturno y ablanda a Marte; haz que Luna tome un color citrino, y disuelve todos los cuerpos en el agua que los hace perfectos».
También enseñan a tostar el Azufre negro hasta que se vuelva rojo. Cuando lo destilan, obtienen una sustancia blanca, transparente y semejante a la goma, como aquella cosa tan alabada y llamada lac virginis.
Después mezclan el agua que se extrae de la Leche Virginal y la transforman en una goma roja y dorada y en un agua blanca y transparente. Esta debe dejarse coagular; después de este proceso la llaman Tintura de los Sabios, tinctura sapientiae, y un fuego para los colores, un Alma y un Espíritu que vuelven a llevar a casa aquello que, después de haber vagado muy lejos, había quedado separado.
Además:
sulphur rubeum, gummi aureum, aureum apparens, corpus desideratum, aurum singularum, aqua sapientiae, especialmente si posee una gran blancura.
La Turba dice también:
«Debes saber que, a menos que primero hagas blanco el Oro, jamás podrás obtener de él las aguas roja, negra y pura; la sustancia cristalina aparecerá a partir del rojo citrino».
Por eso dice Senior:
«Es algo extraordinario que, si lo arrojas sobre los otros tres, que ya están mezclados, ayudará al blanco sobre el citrino y el rojo y transformará su color en el de la plata; después ayudará al rojo sobre el Citrino y lo hará blanco; sobre el blanco y el rojo lo hará Citrino, de color dorado; y también ayudará al rojo sobre el Citrino y lo hará de color blanco».
Sobre estas cosas Morienus habla así:
«He aquí el Citrino perfecto y aquello cuya Citrinidad ha sido disminuida; el rojo perfecto y aquel al que le falta parte de su rojez; y además el negro perfecto en su negrura».
Por lo tanto, queda claro que el Oro de los Filósofos es diferente del Oro o la Plata comunes; aunque algunos Filósofos lo comparan, por ciertas razones, no solo con el Oro o la Plata comunes, sino incluso con todos los metales.
SENIOR dice:
«Yo soy un Hierro seco y duro, y nada se parece a mí, pues soy una coagulación del Mercurio de los Filósofos».
La TURBA dice:
«El Cobre y el Plomo se convierten en una preciosa Piedra de los Filósofos».
El Plomo que los Filósofos llaman Plomo Rojo es el comienzo de toda la Obra, y nada puede hacerse sin él. Por eso algunos dicen:
«Del Plomo Rojo haz Hierro, o Crocum; del Plomo Blanco haz una Tintura Blanca, o Estaño; del Estaño haz Cobre; del Cobre haz Plomo Blanco; del Plomo Blanco haz Minium; del Minium haz una Tintura, y habrás comenzado la Sabiduría».
Aunque el Filósofo dice que nada se acerca tanto al Oro como el Plomo, pues en él se encuentran la Vida y todo el Secreto oculto, esto no se refiere al Plomo común.
Además, la marcasita, de cuya tierra maloliente brotan destellos dorados, como dice Morienus, también es comparada con el Arsénico, el Oropimente y la Tutía.
Otros, por su parte, la comparan con muchas cosas que ni siquiera son minerales, como las Cuatro Complexiones, la Teriaca, el Basilisco, la sangre y otras cosas semejantes e innecesarias; y, entre los minerales, con la Sal, el Alumbre, el Vitriolo y otras sustancias, debido a sus múltiples propiedades.
Por encima de todo, Alphidius nos advierte de la siguiente manera:
«Hijo querido, guárdate de los espíritus, cuerpos y piedras que están muertos, como se ha dicho, pues en ellos no hay camino ni encontrarás orientación para tu propósito. Su fuerza no se multiplica, sino que, por el contrario, termina desapareciendo; mientras que la Sal de los Filósofos es una Tintura extraída y absorbida de los cuerpos de los metales, del mismo modo que otras sales alcalinas son absorbidas de otros cuerpos».
Sobre esto SENIOR dice:
«Al principio se convierte en ceniza; después se convierte en Sal; y finalmente, con muchísimo trabajo, se convierte en el Mercurio de los Filósofos».
Pero el mejor y más noble de todos es el sal amoniac, como confirma ARISTÓTELES en su libro de los siete mandamientos, donde dice:
“almisadir”, es decir, sal amoniac, debe servirte únicamente a ti, pues disuelve los cuerpos y los vuelve blandos y espirituales.
Lo mismo dice la Turba:
«Debes saber que el cuerpo no se tiñe a sí mismo a menos que el Espíritu que está oculto en su interior sea extraído; entonces se convertirá en agua y en un cuerpo de naturaleza espiritual, porque la sustancia terrestre y espesa no puede teñir.
La sustancia apropiada, en cambio, es de naturaleza sutil y colorea el Espíritu tintóreo de naturaleza acuosa hasta convertirlo en un Elixir, porque se ha extraído una fijación blanca y roja, de coloración perfecta, y una Tintura que penetra en todas partes, la cual, mezclada con todos los metales…»
FIN DEL SPLENDOR SOLIS
LA PERFECCIÓN DE TODA LA OBRA DEPENDE DE ESTOS POCOS PUNTOS
Que el azufre sea extraído de los cuerpos perfectos. Estos contienen el MARTE fijo, que es su azufre, su parte más noble y sutil: una sal cristalina, dulce y agradable al gusto, y una humedad radical que, aunque permaneciera durante un año entero sobre el fuego, conservaría siempre la consistencia de la cera fundida. Por ello, una pequeña cantidad puede elevar una gran cantidad de Mercurio común hasta convertirlo en verdadero Oro.
Por esta razón, la humedad o el agua que se extrae de los cuerpos metálicos recibe el nombre de Alma de la Piedra, o Mercurio; pero sus fuerzas reciben el nombre de Espíritu cuando actúan sobre cosas de naturaleza Sulfurosa; mientras que la tierra sólida es el Cuerpo, y la quintaesencia es la Tintura final. Las tres forman una sola cosa, procedente de una única raíz, aunque produzcan muchos efectos y reciban innumerables nombres que, aun teniendo todos el mismo significado, están enlazados unos con otros como los eslabones de una cadena, de modo que allí donde termina uno comienza el otro.
En la última parte deben observarse las virtudes y poderes de la noble Tintura, que frente a sus adversarios es como una torre fuerte. Los antiguos Sabios descubrieron en ella cuatro virtudes principales.
En primer lugar, proporciona salud y cura al hombre de diversas enfermedades.
En segundo lugar, perfecciona los cuerpos metálicos.
En tercer lugar, transforma todas las piedras comunes en piedras preciosas.
Y en cuarto lugar, ablanda toda clase de vidrio.
Respecto de la primera virtud, los Filósofos dicen que, tomada en una bebida caliente de vino o de agua, cura inmediatamente la parálisis, la hidropesía, la lepra, la ictericia, las palpitaciones, el cólico, la fiebre, la parálisis y muchas otras enfermedades internas, así como las externas cuando se utiliza como ungüento. Fortalece un estómago débil, elimina el reumatismo y cura toda clase de enfermedades mentales; alivia el catarro y las afecciones de los ojos, fortalece el corazón, devuelve la capacidad de oír y renueva los dientes; restaura los miembros paralizados, cura las quemaduras y la gangrena, así como los abscesos. Puede tomarse o emplearse como ungüento o en polvo para toda clase de heridas externas, fístulas, cánceres e hinchazones.
Senior dice que hace al hombre alegre, vigoroso y saludable, que lo rejuvenece por dentro y por fuera, pues es una medicina superior a todas las demás medicinas de Hipócrates, Galeno, Constantino, Alejandro y Avicena, y que supera a todos los médicos eruditos. Esta medicina también debe mezclarse con otras, según la enfermedad concreta que se quiera tratar, o con agua.
Respecto de la segunda virtud, está escrito que transforma todos los metales imperfectos en Oro, y esto es evidente; pues todo lo que es de plata se convierte en Oro en cuanto a color, sustancia, peso y consistencia, así como en naturaleza, capacidad de fusión, blandura y dureza.
En tercer lugar, según está escrito, esta medicina transforma todas las piedras en piedras preciosas, como el jaspe, el coral blanco y rojo, la esmeralda, el crisólito y los zafiros; además, transforma los cristales en granates, rubíes y topacios, que son mucho más poderosos que los naturales. Ablanda y funde tanto las piedras comunes como las preciosas.
Y EN CUARTO LUGAR, al mezclar esta medicina con vidrio fundido, este puede cortarse y transformarse en todos los colores.
El resto puede aprenderse mediante la experiencia, por cualquier artista hábil.
El noble Arte de la Alquimia, consuelo de los pobres y superior a todas las artes naturales que el hombre pueda poseer en la tierra, debe ser considerado un don de Dios; pues en su mayor parte está oculto en numerosos proverbios, expresiones figuradas y parábolas de los antiguos Sabios.
Así lo dice el filósofo Senior:
«Un hombre sensato, si tan solo intenta practicar este arte, pronto podrá comprenderlo a partir de los libros y adquirir conocimiento de él, si su mente y su intelecto reciben la iluminación necesaria.»
Por lo tanto, quien quiera actuar sabiamente debe buscar la Sabiduría de los antiguos Filósofos, que se encuentra expresada en el ingenio y la habilidad de sus numerosas parábolas y de sus dichos indirectos, mediante los cuales ocultaron las operaciones propiamente dichas, haciendo así difícil descifrarlas.
Reflexionar sobre estas cosas requiere una mente extremadamente sutil, y solo aquellos que poseen las facultades y los conocimientos adecuados encontrarán esta labor fácil y natural.
Pero, como dice Senior:
«Para quienes no poseen una comprensión natural de estas cosas, no existe en la Naturaleza nada tan precioso como aquel que posee este Arte. Es como quien tiene una piedra de la que puede sacar fuego y entregarlo a quien quiera, sin que la piedra disminuya por ello. Es como regalar Oro fino en abundancia.»
Este Arte es también superior a todo comercio, al Oro y a la Plata, y sus frutos son más valiosos que las riquezas de todo el mundo.
Pues mediante este Arte se obtiene aquello que prolonga la vida y conserva la salud; y su fruto más joven es el verdadero AURUM, el bálsamo más poderoso y el don más precioso de Dios, que los antiguos Filósofos pudieron encontrar en la Naturaleza mediante su Arte.
FIN DEL SPLENDOR SOLIS

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