[DE ASCLEPIO AL REY]
(Texto: R. 354; Pat. al final del último fragmento.)
Asclepio. Si lo consideras, oh Rey, incluso entre los cuerpos existen cosas incorpóreas. 1
El Rey. ¿Cuáles son? —preguntó el Rey.
Asc. Los cuerpos que aparecen en los espejos, ¿no parecen acaso carecer de cuerpo?
El Rey. Así es, oh Asclepio 2; ¡piensas como un Dios 3! —respondió el Rey.
Asclepio. También existen cosas incorpóreas como estas; por ejemplo, las formas 1: ¿no te parece que carecen de cuerpo, pero que aparecen en cuerpos, no solo en los seres animados, sino también en los que carecen de alma?
El Rey. Hablas correctamente, Asclepio.
Asclepio. Así pues, hay reflejos de cosas incorpóreas en los cuerpos, y también de los cuerpos en las cosas incorpóreas; es decir, [reflejos] de lo Sensible en el Mundo Inteligible y del Mundo [Inteligible] en lo Sensible.
Por eso, rinde culto a las imágenes, oh Rey, pues ellas también poseen sus formas procedentes del Mundo Inteligible.
(Entonces Su Majestad se levantó y dijo:)
El Rey. Es hora, oh Profeta, de ocuparnos del bienestar de nuestros invitados. Mañana, pues, retomaremos nuestra conversación sagrada. 2 3

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