EL MAYOR MAL ENTRE LOS SERES HUMANOS ES LA IGNORANCIA DE DIOS
(Texto: P. 54, 55; Pat. 18a.)
1.
¿Adónde van tambaleándose, insensatos, ustedes que han bebido hasta saciarse el vino puro de la ignorancia, y que ni siquiera pueden contenerlo, sino que ya lo están vomitando?
Deténganse, recobren la sobriedad y miren hacia arriba con los verdaderos ojos del corazón. Y si no todos pueden hacerlo, al menos háganlo aquellos de ustedes que sí pueden.
Porque el mal de la ignorancia se derrama sobre toda la tierra y abruma al alma que está encerrada dentro del cuerpo, impidiéndole llegar a puerto en los refugios de la Salvación.
2.
No se dejen arrastrar, entonces, por la violenta corriente; sino que, ustedes que pueden, sirviéndose de la corriente cercana a la orilla, 1 diríjanse hacia el puerto de la Salvación y, una vez allí, busquen a alguien que les tome de la mano y los conduzca 2 hasta las puertas de la Gnosis.
Allí resplandece una Luz clara, libre de toda oscuridad; allí ninguna alma está ebria, sino que todas, sobrias, contemplan con los ojos de su corazón a Aquel que desea ser visto.
Ningún oído puede escucharlo, ningún ojo puede verlo y ninguna lengua puede hablar de Él; solo pueden hacerlo la mente y el corazón.
Pero primero debes arrancarte el manto que llevas puesto: la trama de la ignorancia, el fundamento del mal, la cadena de la corrupción, la coraza de la oscuridad, la muerte viviente, el cadáver de la sensación, la tumba que llevas contigo, el ladrón que está en tu propia casa, que, mediante las cosas que amas, te odia y, mediante las cosas que odias, te guarda rencor.
3.
Tal es el odioso manto que llevas puesto: te estrangula y [te mantiene] sujeto a él, para impedirte mirar hacia arriba y, después de haber contemplado la Belleza de la Verdad y el Bien que habita en ella, detestar su maldad; para impedirte descubrir la trama que ha urdido contra ti, al privar de sentido aquellas cosas aparentes que los seres humanos consideran objetos de los sentidos.
Porque la ha obstruido y la ha llenado por completo con una enorme masa de materia y con deseos repugnantes, de modo que no puedas escuchar acerca de las cosas que deberías escuchar ni ver las cosas que deberías ver.

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