CORPUS HERMETICUM V (VI)

AUNQUE EL DIOS NO MANIFIESTO ES LO MÁS MANIFIESTO

DE HERMES A SU HIJO TAT

(Texto: P. 41–48; Pat. 12b–13b.)

1.

También te expondré este discurso (logos), oh Tat, para que dejes de estar ajeno a los misterios de Dios, que está más allá de todo nombre. 1 Y presta mucha atención a cómo aquello que para la mayoría parece no manifiesto llegará a hacerse sumamente manifiesto para ti.

Ahora bien, si fuera manifiesto, no sería lo que es. Porque todo lo que se manifiesta está sujeto al devenir, puesto que ha llegado a manifestarse. Pero lo No Manifiesto existe eternamente, pues no necesita manifestarse. Siempre es y hace manifiestas todas las demás cosas.

Siendo Él mismo no manifiesto, pues existe eternamente y hace manifiesto todo lo demás, Él mismo no es hecho manifiesto. Dios no ha sido hecho por nadie; mediante el pensamiento que manifiesta, 1 Él hace que todas las cosas se manifiesten.

Ahora bien, «pensar-manifestando» se refiere únicamente a las cosas que han sido hechas, porque pensar-manifestando no es otra cosa que hacer.

2.

Por tanto, está claro que Él, el único que no ha sido hecho, está más allá de todo poder de pensar-manifestando y es, en consecuencia, no manifiesto.

Y puesto que Él hace manifiestas todas las cosas mediante su pensamiento, se manifiesta a través de todas las cosas y en todas ellas, y sobre todo en aquellas cosas en las que desea manifestarse.

Tú, pues, Tat, hijo mío, ruega primero a nuestro Señor y Padre, el Uno y Único, de quien procede el Uno, 2 para que tenga misericordia de ti y te conceda el poder de captar un pensamiento de este Dios tan grande: un solo rayo de Él que ilumine tu pensamiento. Porque solo el pensamiento «ve» lo No Manifiesto, ya que él mismo es no manifiesto.

Si tienes ese poder, Él, Tat, se manifestará a los ojos de tu mente. El Señor no se niega a sí mismo ante nada, sino que se manifiesta a través del mundo entero.

Tienes el poder de pensar, de ver y captar ese pensamiento con tus propias «manos», y de contemplar cara a cara la Imagen de Dios. 3 Pero


3.

Pero si quieres «verlo», piensa en el sol, piensa en el curso de la luna, piensa en el orden de las estrellas. ¿Quién es aquel que vela por ese orden? Porque todo orden tiene sus límites determinados por el lugar y el número.

El sol es el mayor de los dioses del cielo; todos los dioses celestiales le ceden su lugar, como a un rey y señor. Y él, este ser tan grande, mayor que la tierra y el mar, acepta tener por encima de él a estrellas menores que giran a su alrededor. ¿Por respeto a quién, o por temor a quién, hijo mío, hace esto?

Tampoco es igual ni semejante el curso que cada una de estas estrellas describe en el cielo. ¿Quién es, entonces, aquel que determina la manera en que cada una recorre su trayectoria y establece sus límites?

4.

Mira la Osa que está allí arriba, que gira sobre sí misma y lleva consigo en su movimiento al cosmos entero. ¿Quién es el dueño de este instrumento? ¿Quién es aquel que ha puesto límites al mar? ¿Quién es aquel que ha establecido la tierra en su lugar?

Porque, Tat, hay alguien que es el Creador y Señor de todas estas cosas. No sería posible que el número, el lugar y la medida se conservaran sin alguien que los hubiera establecido. Ningún orden podría ser producido por aquello que carece de lugar y de medida; más aún, ni siquiera esto carece de un señor, hijo mío. Pues si aquello que carece de orden carece de algo, al no ser señor del camino del orden, también está sometido a un señor: aquel que todavía no le ha dado un orden.

5.

¡Ojalá fuera posible que tuvieras alas y pudieras elevarte por el aire y, suspendido a medio camino entre la tierra y el cielo, contemplaras la solidez de la tierra, la fluidez del mar (el fluir de sus corrientes), la inmensidad del aire, la rapidez del fuego, [y] el recorrido de las estrellas, ¡la rapidez con que el cielo gira alrededor de todo ello!

¡Qué visión tan extraordinariamente bienaventurada sería contemplar todas estas cosas sometidas a un único poder: lo inmóvil en movimiento y lo no manifiesto hecho manifiesto! Así se produce este orden del cosmos y el cosmos que contemplamos, ordenado.

6.

Si también quieres «verlo» a través de las cosas que mueren, 2 tanto en la tierra como en las profundidades, 3 piensa en cómo se forma un ser humano en el vientre, hijo mío, y examina cuidadosamente el arte de Aquel que lo forma. Aprende quién es quien forma esta hermosa y divina imagen del Hombre. 4

¿Quién es, entonces, aquel que traza los círculos de los ojos? ¿Quién es aquel que abre las fosas nasales y los oídos? ¿Quién es aquel que abre [la entrada de] la boca? ¿Quién es aquel que extiende y une los nervios? ¿Quién es aquel que traza los conductos de las venas? ¿Quién es aquel que endurece los huesos? ¿Quién es aquel que cubre la carne con piel? ¿Quién es aquel que separa los dedos y las articulaciones? ¿Quién es aquel que ensancha el apoyo de los pies? ¿Quién es aquel que excava los conductos? ¿Quién es aquel que extiende el bazo? ¿Quién es aquel que da forma al corazón como una pirámide? ¿Quién es aquel que une las costillas? ¿Quién es aquel que da al hígado su amplitud? ¿Quién es aquel que hace que los pulmones tengan forma de esponja? ¿Quién es aquel que hace que el abdomen pueda expandirse tanto? ¿Quién es aquel que hace prominentes las partes más nobles, para que puedan verse, mientras oculta de la vista aquellas que lo son menos?

7.

Contempla cuántas artes intervienen en una sola materia, cuántos trabajos en un único diseño; y todos son extraordinariamente bellos, todos están en perfecta proporción y, sin embargo, todos son diferentes. ¿Quién los hizo todos? ¿Qué madre o qué padre, aparte de Dios, el No Manifiesto, que ha hecho todas las cosas mediante su Voluntad?

8.

Nadie dice que una estatua o una pintura pueda existir sin un escultor o sin un pintor. ¿Puede entonces existir una obra de semejante perfección sin un Artífice? ¡Qué profunda ceguera, qué profunda impiedad, qué profunda ignorancia!

Mira, pues, [que] nunca, hijo Tat, prives a las obras de su Artífice.

Más bien, Él es mayor que todos los nombres, tan grande es Él, el Padre de todos ellos. 1 Porque, en verdad, Él es el Único, y su obra consiste en ser Padre.

9.

Así pues, si me permites hablar de una manera un tanto atrevida, su ser consiste en concebir todas las cosas y hacerlas. 2

Y así como es imposible que algo exista sin su hacedor, Él tampoco existe sin estar haciendo eternamente todas las cosas: en el cielo, en el aire, en la tierra, en las profundidades, en todo el cosmos, en cada parte de todo cuanto existe y de todo cuanto no existe. Porque no hay nada en todo el mundo que no sea Él.

Él mismo es tanto las cosas que existen como las que no existen. Las cosas que existen las ha hecho manifiestas; las que no existen las conserva dentro de sí.

10.

Él es el Dios que está más allá de todo nombre; Él es el No Manifiesto y Él es lo más manifiesto; Él es aquel que solo puede ser contemplado por la mente y que también es visible para los ojos; Él es el que no tiene cuerpo, el que tiene muchos cuerpos y, más bien, el que está en todo cuerpo.

No existe nada que Él no sea. Porque todos son Él y Él es todo. 1 Y por eso posee todos los nombres, porque todos pertenecen a un solo Padre. Y por eso Él mismo no tiene nombre, porque es el Padre de todos. 2

¿Quién, entonces, puede cantarte alabanzas, o cantar alabanzas a Ti?

¿Hacia dónde, además, debo dirigir mis ojos para cantar tu alabanza: arriba, abajo, dentro, fuera?

No hay camino, no hay lugar [en el que estés] alrededor de Ti, ni existe ninguna otra cosa entre las cosas que existen.

Todo está en Ti; todo procede de Ti, oh Tú que lo das todo y nada tomas, porque lo tienes todo y no hay nada que no tengas.

11.

Y ¿cuándo, oh Padre, podré cantarte un himno? Porque nadie puede conocer tu momento ni tu tiempo.

¿Y qué he de cantar? ¿Las cosas que has hecho o las que no has hecho? ¿Las cosas que has manifestado o las que has ocultado?

¿Y cómo, además, he de cantarte? ¿Como si yo existiera por mí mismo? ¿Como si poseyera algo propio? ¿Como si fuera distinto de Ti?

Porque Tú eres todo aquello que yo puedo ser; Tú eres todo aquello que puedo hacer; Tú eres todo aquello que puedo decir.

Porque Tú eres todo, y no existe nada que Tú no seas. Tú eres todo lo que existe y eres también lo que no existe: eres Mente cuando piensas, Padre cuando haces, Dios cuando actúas, y eres el Bien y el Creador de todas las cosas.

(Porque la parte más sutil de la materia es el aire; del aire, el alma; del alma, la mente; y de la mente, Dios.)

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Sappho, spelled (in the dialect spoken by the poet) Psappho, (born c. 610, Lesbos, Greece — died c. 570 BCE). A lyric poet greatly admired in all ages for the beauty of her writing style.

Her language contains elements from Aeolic vernacular and poetic tradition, with traces of epic vocabulary familiar to readers of Homer. She has the ability to judge critically her own ecstasies and grief, and her emotions lose nothing of their force by being recollected in tranquillity.

Marble statue of Sappho on side profile.

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